SPRINT!!!!
Hoy posteo desde casa, antes de empezar a hacer mi maleta para los próximos 10 días. Va a hacer frío, nos han advertido. Quien sabe si veremos la primera nevada de este año en la ciudad. Sería la nevada más especial de mi vida.
Pero, para llegar hasta ahí, pasado mañana, el camino está siendo durillo: fin de mes, pagos, nóminas y dejar todas las cosas encaraditas para poder no estar todos estos días y que el curro se haga.
Mi borderío tiene su razón: creo que estoy hasta el c. de las tonterías y me estoy volviendo eminentemente práctica. Si ayer tuve que ser borde después de que una de mis empleadas prácticamente me insistiera en que lo dejara todo para hacerle una cosa, hoy ya ha sido mi sarcasmo en estado puro cuando ha preguntado qué hacía con un rollo de precinto que había dentro de una caja de un cliente extranjero (¿se habrá planteado enviar un transporte internacional para devolver algo que vale literalmente dos pelas?). La respuesta ha provocado las carcajadas ahogadas de todas sus compañeras: llévatelo para casa, para quitarte las motitas de la ropa...
La cuestión (y yo también hago muchas veces esas cosas) es que cuando estás preparando un proyecto para un nuevo cliente (que no nos iría mal unas perrillas a todas, ella incluida), la verdad que este tipo de preguntas son para dar hachazos.
Reconozco que muchas veces interrumpo trabajos a las chicas, pero suele ser para pasar faenas de cierta urgencia...
La cosa es que uno tiene que pensar lo que hace o lo que dice, por eso ayer, después de que se haya tirado TODA LA SEMANA reclamándome una carta de urgencia más que dudosa, hasta cuatro veces por día (al entrar y al salir; por la mañana y por la tarde), salté. Ya íbamos por la doceaba vez que me lo repetía. Y, para la respuesta que le podía haber dado, demasiado suave fuí.
A decir verdad, es que me importa un güevo si su alma cuadriculada (juro por Dior que tenía apuntado en la agenda cuando reclamarme la dichosa carta) se haya sentido herida. Debo estar convirtiéndome en una jefa hijaputa. No sé debe ser eso.
A lo mejor podría haber dejado todo, hacerle la p. carta y pagar las nóminas el día 11, que es cuando vuelvo de viaje. Sí. Eso hubiera sido la releche. Y no decir nada y cuando la gente me preguntara, decir que no me dió tiempo porque tenía que hacer la cartita de marras. JAJAJAJAJAJA. ¡Qué malvada! Esta me la apunto para la próxima vez.
Bueno, mañana sólo me queda una mañana para tener diez días por delante y disfrutar con mi chica de mi ciudad favorita.
Me muero de ganas de verle la cara cuando la vea. Espero que entremos como yo lo hice en su día: le dimos la vuelta entera y aluciné... ¡Se me llenaron los ojos de lágrimas de la emoción! Y eso que soy un cacho de leña expresando mis sentimientos.
El viaje previo a nuestro sexto aniversario. Seis años ya. Que fuerte. Que paciencia (por su parte).
Te quiero, princesa...
Pero, para llegar hasta ahí, pasado mañana, el camino está siendo durillo: fin de mes, pagos, nóminas y dejar todas las cosas encaraditas para poder no estar todos estos días y que el curro se haga.
Mi borderío tiene su razón: creo que estoy hasta el c. de las tonterías y me estoy volviendo eminentemente práctica. Si ayer tuve que ser borde después de que una de mis empleadas prácticamente me insistiera en que lo dejara todo para hacerle una cosa, hoy ya ha sido mi sarcasmo en estado puro cuando ha preguntado qué hacía con un rollo de precinto que había dentro de una caja de un cliente extranjero (¿se habrá planteado enviar un transporte internacional para devolver algo que vale literalmente dos pelas?). La respuesta ha provocado las carcajadas ahogadas de todas sus compañeras: llévatelo para casa, para quitarte las motitas de la ropa...
La cuestión (y yo también hago muchas veces esas cosas) es que cuando estás preparando un proyecto para un nuevo cliente (que no nos iría mal unas perrillas a todas, ella incluida), la verdad que este tipo de preguntas son para dar hachazos.
Reconozco que muchas veces interrumpo trabajos a las chicas, pero suele ser para pasar faenas de cierta urgencia...
La cosa es que uno tiene que pensar lo que hace o lo que dice, por eso ayer, después de que se haya tirado TODA LA SEMANA reclamándome una carta de urgencia más que dudosa, hasta cuatro veces por día (al entrar y al salir; por la mañana y por la tarde), salté. Ya íbamos por la doceaba vez que me lo repetía. Y, para la respuesta que le podía haber dado, demasiado suave fuí.
A decir verdad, es que me importa un güevo si su alma cuadriculada (juro por Dior que tenía apuntado en la agenda cuando reclamarme la dichosa carta) se haya sentido herida. Debo estar convirtiéndome en una jefa hijaputa. No sé debe ser eso.
A lo mejor podría haber dejado todo, hacerle la p. carta y pagar las nóminas el día 11, que es cuando vuelvo de viaje. Sí. Eso hubiera sido la releche. Y no decir nada y cuando la gente me preguntara, decir que no me dió tiempo porque tenía que hacer la cartita de marras. JAJAJAJAJAJA. ¡Qué malvada! Esta me la apunto para la próxima vez.
Bueno, mañana sólo me queda una mañana para tener diez días por delante y disfrutar con mi chica de mi ciudad favorita.
Me muero de ganas de verle la cara cuando la vea. Espero que entremos como yo lo hice en su día: le dimos la vuelta entera y aluciné... ¡Se me llenaron los ojos de lágrimas de la emoción! Y eso que soy un cacho de leña expresando mis sentimientos.
El viaje previo a nuestro sexto aniversario. Seis años ya. Que fuerte. Que paciencia (por su parte).
Te quiero, princesa...
LA ABUELA ESTÁ REFUNFUÑONA
Para variar, hoy estoy de mala luna. Debe ser que hoy es un día de noviembre (casi diciembre) de lo más normal. Y es que, por fin, hace frío.
La cosa es que, a excepción de los achuchones que me está dando mi chica (gracias, pequeñita), hoy todo me sienta con el culo.
Debe ser, también, que ayer fui de culo, visitas para arriba y para abajo y parece que la gente que está aquí se crea que me he ido de picos pardos o algo así.
Si hay algo que me joroba es que me manden. Y menos a los que yo mando. Estoy apañada. Tengo una empleada que me está generando un tremendo estrés: me tengo que inventar trabajo para que lo haga, puesto que es absolutamente incapaz de generar algún tipo de trabajo por su propia iniciativa. Esto está ayudando a mi ingenio, pero también es un pelín estresante.
La cosa es que me he convertido en una especie de PDA que le tiene que recordar, incluso, los trabajos que tiene en curso.
Me parece muy lamentable que una persona con pelos en el culo tenga esta actitud y tengo muy claro que tengo que hablar con ella, pero si lo hago hoy, seguramente montaré un pollo (porque me conozco, cuando estoy de esta leche me transformo en un ogro capaz de morder...).
Si, es cierto, la semana que viene nos vamos toda la semana de viaje de placer. Pero, al fin y al cabo nos lo merecemos. El último mes y medio ha sido muy jodido para mi, porque me resulta sumamente difícil centrarme cuando no hago otra cosa que entrar y salir del despacho.
He contado veintitantas visitas, y alucino de donde hemos podido sacar todo el tiempo para verlos a todos. Y esto provoca que el envío de propuestas y presupuestos se incorpore de más en mi ya enorme lista de trabajos pendientes.
Además, no sé si es general, pero puedo decir que hay una pasa de gripe entre todos los departamentos de marketing de Barcelona. El moco es tan generalizado que no puedo ponerme en contacto con nadie para discutir las propuestas que ya he enviado.
Entonces me concentro y pienso en mis propias palabras. "El ritmo de las cosas". A ver, no se me va la mala hostia, porque hoy estoy de mala hostia y ya está, pero intento armarme de paciencia y espera a que el frenadol y todos los antigripales del mundo hagan su efecto y, por fin, pueda hablar con alguien y el tapón se suelte y todo el agua fluya.
Debo decir que ayer fue un día muy bueno, entre el artículo del periódico en el que sale mi chica a medias y un cliente que parece muy interesado en currar con nosotras.
Así que llego a otra conclusión: esto es un leve bajón, después de un día de subidón. Y otra: el curro debe ser como la cocaína.
Y la últmima: ¿me estaré haciendo vieja?
La cosa es que, a excepción de los achuchones que me está dando mi chica (gracias, pequeñita), hoy todo me sienta con el culo.
Debe ser, también, que ayer fui de culo, visitas para arriba y para abajo y parece que la gente que está aquí se crea que me he ido de picos pardos o algo así.
Si hay algo que me joroba es que me manden. Y menos a los que yo mando. Estoy apañada. Tengo una empleada que me está generando un tremendo estrés: me tengo que inventar trabajo para que lo haga, puesto que es absolutamente incapaz de generar algún tipo de trabajo por su propia iniciativa. Esto está ayudando a mi ingenio, pero también es un pelín estresante.
La cosa es que me he convertido en una especie de PDA que le tiene que recordar, incluso, los trabajos que tiene en curso.
Me parece muy lamentable que una persona con pelos en el culo tenga esta actitud y tengo muy claro que tengo que hablar con ella, pero si lo hago hoy, seguramente montaré un pollo (porque me conozco, cuando estoy de esta leche me transformo en un ogro capaz de morder...).
Si, es cierto, la semana que viene nos vamos toda la semana de viaje de placer. Pero, al fin y al cabo nos lo merecemos. El último mes y medio ha sido muy jodido para mi, porque me resulta sumamente difícil centrarme cuando no hago otra cosa que entrar y salir del despacho.
He contado veintitantas visitas, y alucino de donde hemos podido sacar todo el tiempo para verlos a todos. Y esto provoca que el envío de propuestas y presupuestos se incorpore de más en mi ya enorme lista de trabajos pendientes.
Además, no sé si es general, pero puedo decir que hay una pasa de gripe entre todos los departamentos de marketing de Barcelona. El moco es tan generalizado que no puedo ponerme en contacto con nadie para discutir las propuestas que ya he enviado.
Entonces me concentro y pienso en mis propias palabras. "El ritmo de las cosas". A ver, no se me va la mala hostia, porque hoy estoy de mala hostia y ya está, pero intento armarme de paciencia y espera a que el frenadol y todos los antigripales del mundo hagan su efecto y, por fin, pueda hablar con alguien y el tapón se suelte y todo el agua fluya.
Debo decir que ayer fue un día muy bueno, entre el artículo del periódico en el que sale mi chica a medias y un cliente que parece muy interesado en currar con nosotras.
Así que llego a otra conclusión: esto es un leve bajón, después de un día de subidón. Y otra: el curro debe ser como la cocaína.
Y la últmima: ¿me estaré haciendo vieja?
UN SALUDO DESDE LA LUNA
Mientras a mi chica la entrevista un periódico, la menda andaba por estas cataluñas de Dior vendiendo la Palabra de idem... Llevo más de un mes dando vueltas por fábricas, vendiendo "nuestros servicios".
Es algo me resulta agobiante y algo estresante, puesto que tengo una permanente tensión y estoy a la que salto para ver por dónde puedo "enganchar" a nuestro interlocutor.
El caso es que desde que estoy en este "sinvivir" vivo como en la luna: estoy que no estoy. Apenas le cojo el gusto a mi silla, que estoy tres días sin poner mi culo. Consigo encontrar mi preciosa mesa de cristal debajo de un montón de papeles, que cojo el listado de posibles clientes y, hala, a hacer la calle de nuevo. Y en mis ratitos vuelvo a desordenarla todo lo que puedo.
De esta manera pasan los días y voy perdiendo los pocos hilos de vuestros blogs. Apenas puedo leer nada y menos postear (lo reconozco: no soy de las de postear en blogs ajenos). No me lo tengáis en cuenta, prometo volver en cuanto mi ritmo de vida me lo permita.
Ya tengo una de las cosas que voy a hacer en año nuevo. Al contrario que toda la humanidad, por esas fechas, VOY A BORRARME DEL GIMNASIO.
Otra cosa me la ha dicho mi chica y lo voy a cumplir: VOY A ENGORDAR.
Así las cosas, desde que salgo y entro por el despacho continuamente (y no me quedo un ratito, digamos, de unas doce horas), el mundo se ha vuelto del revés. Se ha vuelto completamente loco y mis los deseos y decisiones para el año nuevo no van al paso de la humanidad...
Por último y a santo del post de ayer, tengo que decir que me siento tremendamente orgullosa de mi madre. Ayer me encontré con unos amigos mega-pijos de mis padres y mi madre les ha contado que estoy con una chica y que me va muy bien. Que la chica es maravillosa (en eso estamos completamente de acuerdo, mami).
Mi madre es como la madre de Mickie de Queer As Folk, con la diferencia que en lugar de peluca, tiene pelucón (ese castizo crepado teñido, tan característico de nuestro país y que no tiene parangón en el mundo mundial) y la bata no está llena de chapas pro-gay: gasta esas batas de buatiné que, por otro lado, también son muy castizas.
Gracias, mamá, por ser como eres. Por estar orgullosa de lo que soy y por querer con locura a la persona con quien estoy. Por decirlo abiertamente, sin tapujos. Que soy lo que soy y no pasa nada. Por verlo con esa normalidad serena de los años.
Eso, mami, me vale más que todas tus rabietas y tus ataques de ansiedad de niña pequeña. Pero bueno, es que ya estás mayor.
Prometo quererte mucho cuando vuelva de la luna.
Y eso, también va por tí, princesa.
Es algo me resulta agobiante y algo estresante, puesto que tengo una permanente tensión y estoy a la que salto para ver por dónde puedo "enganchar" a nuestro interlocutor.
El caso es que desde que estoy en este "sinvivir" vivo como en la luna: estoy que no estoy. Apenas le cojo el gusto a mi silla, que estoy tres días sin poner mi culo. Consigo encontrar mi preciosa mesa de cristal debajo de un montón de papeles, que cojo el listado de posibles clientes y, hala, a hacer la calle de nuevo. Y en mis ratitos vuelvo a desordenarla todo lo que puedo.
De esta manera pasan los días y voy perdiendo los pocos hilos de vuestros blogs. Apenas puedo leer nada y menos postear (lo reconozco: no soy de las de postear en blogs ajenos). No me lo tengáis en cuenta, prometo volver en cuanto mi ritmo de vida me lo permita.
Ya tengo una de las cosas que voy a hacer en año nuevo. Al contrario que toda la humanidad, por esas fechas, VOY A BORRARME DEL GIMNASIO.
Otra cosa me la ha dicho mi chica y lo voy a cumplir: VOY A ENGORDAR.
Así las cosas, desde que salgo y entro por el despacho continuamente (y no me quedo un ratito, digamos, de unas doce horas), el mundo se ha vuelto del revés. Se ha vuelto completamente loco y mis los deseos y decisiones para el año nuevo no van al paso de la humanidad...
Por último y a santo del post de ayer, tengo que decir que me siento tremendamente orgullosa de mi madre. Ayer me encontré con unos amigos mega-pijos de mis padres y mi madre les ha contado que estoy con una chica y que me va muy bien. Que la chica es maravillosa (en eso estamos completamente de acuerdo, mami).
Mi madre es como la madre de Mickie de Queer As Folk, con la diferencia que en lugar de peluca, tiene pelucón (ese castizo crepado teñido, tan característico de nuestro país y que no tiene parangón en el mundo mundial) y la bata no está llena de chapas pro-gay: gasta esas batas de buatiné que, por otro lado, también son muy castizas.
Gracias, mamá, por ser como eres. Por estar orgullosa de lo que soy y por querer con locura a la persona con quien estoy. Por decirlo abiertamente, sin tapujos. Que soy lo que soy y no pasa nada. Por verlo con esa normalidad serena de los años.
Eso, mami, me vale más que todas tus rabietas y tus ataques de ansiedad de niña pequeña. Pero bueno, es que ya estás mayor.
Prometo quererte mucho cuando vuelva de la luna.
Y eso, también va por tí, princesa.
NORMALIDAD Y ROLES, O LA HISTORIA DE LA TIJERETA BIRMANA
Este fin de semana una personaja, cuyo cargo no recuerdo, decía que la adopción entre gays conducía inexorablemente al maltrato infantil. La causa era completamente cafkiana: al haber un personaje masculino con rol femenino, el que tenía el rol masculino maltrataría al niño. En el caso de las lesbiana, la señora (por decir algo) declaraba "no saber" como funcionaba el tema.
La cosa es que las motivaciones son extraordinariamente cretinas, puesto que si el rollo de los roles es cierto, en una pareja hetero sí que hay un rol completamente y claramente masculino. Y, claro, según el sesudo análisis de esta gran científica, ese rol es equivalente a... ¿maltratador?
Y es que muchas veces me resulta gracioso (y otras lamentablemente triste) el temita de la normalidad (ser hetero) y lo de los roles. Lo de los roles es completamente ridículo. Desde este análisis psico-hetero , se supone que en nuestra pareja (y cuidado, que lo dicen gente muy cercana a nosotras), Blondie es la hembra y yo soy el macho. Y, claro, siempre estamos haciendo la tijereta birmana. Supongo que esa es la manera de convertir nuestra "anormalidad" lésbica en "normalidad" heterosexual.
Pero la cosa se lía cuando amigos nuestros, gays ellos y con pareja, que rechazan de plano el tema de que en sus respectivas relaciones uno de ellos tenga el rol femenino, contemplen las relaciones lesbianas con esta perspectiva de leñador - princesita. Por no hablar de la tijereta birmana.
Personalmente, si yo tengo la relación que tengo, no creo que sea porque tengo un trauma con la franela, ni con la motosierra... Resulta que un buen día, una preciosidad rubia, de enormes ojos verdes y de personalidad arrolladora, entró en mi vida y me enamoré como jamás me había enamorado, ni me enamoraré nunca más en mi vida...
Decidí dejarlo todo para centrarme en crear una vida con ella. Estaba dispuesta de dejarlo todo por ella... y sigo estando dispuesta a dar hasta la última gota de mi sangre o el último aliento de mis pulmones...
Me parece que, visto esto, la cosa es de lo más normal: dos personas que se enamoran y deciden emprender una vida en común, con sus buenos y malos momentos, con su sexo (señores... hay algo más que la tijereta birmana!!!!), su convivencia (pelos en la ducha, calcetines en el pasillo, etc.), sus crisis, sus éxtasis, etc., etc., etc.
Mi vida no dista demasiado de la vida de cualquier hetero. Tengo una familia, compuesta por mi pareja y, de momento, mis gatinos; con las posibilidades futuras de tener una criatura, a la cual malcriaremos de la misma manera que se malcrían a los hijos de cualquier pareja "normal"; lo querremos con la misma locura que se quiere a los niños en una pareja normal (con el añadido de ser dos madres, o sea que el/la pobre va a tener ración doble de mamá); jugaremos a lo que tengamos que jugar, sin que el gusto por las muñecas, el fútbol, el rosa o el azul condicionen su futuro o su normalidad.
Y que sea lo que quiera, porque no va a ser un trauma que sea "anormal" o "normal", que sea femenino cuando le toque ser masculino o masculina cuando le toque ser femenina. Y si eso puede acabar siendo un problema para él / ella, intentaremos ayudarle y defenderle en todo lo que podamos.
Y está claro que, como madres nos equivocaremos en algo. Porque seas "normal" o "anormal" te puedes equivocar. Y yo sé que no me equivoco en mi "anormalidad", porque es mi manera de amar.
Y amar es lo mejor.
(TE AMO BLONDIE, QUE HACE DÍAS QUE NO TE LO DIGO)
La cosa es que las motivaciones son extraordinariamente cretinas, puesto que si el rollo de los roles es cierto, en una pareja hetero sí que hay un rol completamente y claramente masculino. Y, claro, según el sesudo análisis de esta gran científica, ese rol es equivalente a... ¿maltratador?
Y es que muchas veces me resulta gracioso (y otras lamentablemente triste) el temita de la normalidad (ser hetero) y lo de los roles. Lo de los roles es completamente ridículo. Desde este análisis psico-hetero , se supone que en nuestra pareja (y cuidado, que lo dicen gente muy cercana a nosotras), Blondie es la hembra y yo soy el macho. Y, claro, siempre estamos haciendo la tijereta birmana. Supongo que esa es la manera de convertir nuestra "anormalidad" lésbica en "normalidad" heterosexual.
Pero la cosa se lía cuando amigos nuestros, gays ellos y con pareja, que rechazan de plano el tema de que en sus respectivas relaciones uno de ellos tenga el rol femenino, contemplen las relaciones lesbianas con esta perspectiva de leñador - princesita. Por no hablar de la tijereta birmana.
Personalmente, si yo tengo la relación que tengo, no creo que sea porque tengo un trauma con la franela, ni con la motosierra... Resulta que un buen día, una preciosidad rubia, de enormes ojos verdes y de personalidad arrolladora, entró en mi vida y me enamoré como jamás me había enamorado, ni me enamoraré nunca más en mi vida...
Decidí dejarlo todo para centrarme en crear una vida con ella. Estaba dispuesta de dejarlo todo por ella... y sigo estando dispuesta a dar hasta la última gota de mi sangre o el último aliento de mis pulmones...
Me parece que, visto esto, la cosa es de lo más normal: dos personas que se enamoran y deciden emprender una vida en común, con sus buenos y malos momentos, con su sexo (señores... hay algo más que la tijereta birmana!!!!), su convivencia (pelos en la ducha, calcetines en el pasillo, etc.), sus crisis, sus éxtasis, etc., etc., etc.
Mi vida no dista demasiado de la vida de cualquier hetero. Tengo una familia, compuesta por mi pareja y, de momento, mis gatinos; con las posibilidades futuras de tener una criatura, a la cual malcriaremos de la misma manera que se malcrían a los hijos de cualquier pareja "normal"; lo querremos con la misma locura que se quiere a los niños en una pareja normal (con el añadido de ser dos madres, o sea que el/la pobre va a tener ración doble de mamá); jugaremos a lo que tengamos que jugar, sin que el gusto por las muñecas, el fútbol, el rosa o el azul condicionen su futuro o su normalidad.
Y que sea lo que quiera, porque no va a ser un trauma que sea "anormal" o "normal", que sea femenino cuando le toque ser masculino o masculina cuando le toque ser femenina. Y si eso puede acabar siendo un problema para él / ella, intentaremos ayudarle y defenderle en todo lo que podamos.
Y está claro que, como madres nos equivocaremos en algo. Porque seas "normal" o "anormal" te puedes equivocar. Y yo sé que no me equivoco en mi "anormalidad", porque es mi manera de amar.
Y amar es lo mejor.
(TE AMO BLONDIE, QUE HACE DÍAS QUE NO TE LO DIGO)
ENSALADILLA DE AGOBIOS Y ALIVIOS
El tema central del blog de ayer, esa persona que me ha defraudado, va a desaparecer definitivamente de mi vida. Es un alivio, porque, la verdad, cuando una relación se enrarece es como una helada: el paisaje queda frío, árido.
La cosa es que, como existía una cierta relación por motivos de trabajo, no tenía más remedio que mantener las formas. Ahora ya no, porque se va de la empresa y como no soy una persona dada a las escenas y a los pollos, no voy a montar ningún drama, miraré hacia otro lado y, para mi, esa persona es como si hubiera dejado de existir.
Ni siquiera le pido al destino que tenga que volver llamando a mi puerta para tener esa venganza, tomada por cubitos, que por otro lado, me parece un pelín teatral de más. Pero si así fuera, no creo siquiera que le abriera la puerta. Le hablaría sin abrir, desde dentro, como el que no quiere recibir una visita indeseable.
En cierta manera, ya que se me acusó de ser propensa a montar un circo, ahora sería un buen momento. Lástima que no sea cierto. Pero bueno, han sido muchos los contrasentidos y las contradicciones en las que ha entrado esta persona: lo de mantenerse al margen de cierta situación, lo de que yo llevaba mi odio personal al trabajo, lo de humilde que él era, lo de que siempre iba a derechas y le decía a la gente lo que sentía...
Desde que ayer al mediodía recibí la noticia de que se iba, mucha gente me ha expresado su inmensa alegría por que esto pase y que se largue bien lejos, gente de todos lados, incluido de su propia oficina.
En los últimos meses he podido ver que detrás de su aparente integridad, simpatía y su real cara de niño se escondía, ni más, ni menos que un completo cabrón sin escrúpulos capaz de criticar y de meter malos rollos porque sí. Un auténtico follonero capaz de mentir para tener la satisfacción de ver como mi socio se enfadaba (y mucho) con uno de sus odiados colaboradores.
No me gusta la gente que no va de cara. Este es uno de los personajes que no ha ido de cara en los últimos meses, pero todavía quedan más ratas por saltar del barco. Y ya me consta que les queda muy poquito crédito. Siguen ahí, básica y literalmente (en palabras de mi hermano mayor postizo) porque darles la patada resulta muy caro.
Recuerdo hace unos meses, cuando nuestro propio tete nos decía que no existían conflictos en su estructura. Recuerdo, también, la cara de incredulidad de los que sabemos que cuando alguien manda a alguien, hay muchas posibilidades de que el conflicto aparezca. Resulta matemático. Y eso es lo jodido de mandar. Que cuando tienes que ejercer "de jefe" siempre habrá un momento en el que tengas que tragar bilis y ser un cabrón, aunque no nos guste.
Me dicen mis chicas que somos unas jefas diferentes y que las tratamos muy bien. Es esta empresa se curra. Y mucho. Y también se ríe. Pero también tenemos, Blondie y yo, que realizar funciones de cabronas cuando la cosa se desmadra o, como nos sucede ahora, que hay una persona que cree que nos está tomando el pelo y no nos enteramos.
Si, tenemos una persona trabajando aquí que se está pegando la columpiada de la vida de la mano de la imposibilidad que tenemos de ponerla de patitas en la calle. Y no es por dinero, por lo que no podemos darle la patada. Vive al amparo del convenio. Un convenio, eso sí, en el que sólo tiene derechos y no existen sus obligaciones (y, para colmo, no las cumple).
Personalmente, no tengo nada contra ella, pero profesionalmente creo que su actitud es muy poco responsable.
Ella verá. Pero os aseguro que me muero de ganas de poder facturarla de una vez, que es su futuro a medio plazo.
Pero bueno, iremos por partes y seguro que en medio año, nos hemos quitado todas esas rémoras y ya nada nos detendrá...
La cosa es que, como existía una cierta relación por motivos de trabajo, no tenía más remedio que mantener las formas. Ahora ya no, porque se va de la empresa y como no soy una persona dada a las escenas y a los pollos, no voy a montar ningún drama, miraré hacia otro lado y, para mi, esa persona es como si hubiera dejado de existir.
Ni siquiera le pido al destino que tenga que volver llamando a mi puerta para tener esa venganza, tomada por cubitos, que por otro lado, me parece un pelín teatral de más. Pero si así fuera, no creo siquiera que le abriera la puerta. Le hablaría sin abrir, desde dentro, como el que no quiere recibir una visita indeseable.
En cierta manera, ya que se me acusó de ser propensa a montar un circo, ahora sería un buen momento. Lástima que no sea cierto. Pero bueno, han sido muchos los contrasentidos y las contradicciones en las que ha entrado esta persona: lo de mantenerse al margen de cierta situación, lo de que yo llevaba mi odio personal al trabajo, lo de humilde que él era, lo de que siempre iba a derechas y le decía a la gente lo que sentía...
Desde que ayer al mediodía recibí la noticia de que se iba, mucha gente me ha expresado su inmensa alegría por que esto pase y que se largue bien lejos, gente de todos lados, incluido de su propia oficina.
En los últimos meses he podido ver que detrás de su aparente integridad, simpatía y su real cara de niño se escondía, ni más, ni menos que un completo cabrón sin escrúpulos capaz de criticar y de meter malos rollos porque sí. Un auténtico follonero capaz de mentir para tener la satisfacción de ver como mi socio se enfadaba (y mucho) con uno de sus odiados colaboradores.
No me gusta la gente que no va de cara. Este es uno de los personajes que no ha ido de cara en los últimos meses, pero todavía quedan más ratas por saltar del barco. Y ya me consta que les queda muy poquito crédito. Siguen ahí, básica y literalmente (en palabras de mi hermano mayor postizo) porque darles la patada resulta muy caro.
Recuerdo hace unos meses, cuando nuestro propio tete nos decía que no existían conflictos en su estructura. Recuerdo, también, la cara de incredulidad de los que sabemos que cuando alguien manda a alguien, hay muchas posibilidades de que el conflicto aparezca. Resulta matemático. Y eso es lo jodido de mandar. Que cuando tienes que ejercer "de jefe" siempre habrá un momento en el que tengas que tragar bilis y ser un cabrón, aunque no nos guste.
Me dicen mis chicas que somos unas jefas diferentes y que las tratamos muy bien. Es esta empresa se curra. Y mucho. Y también se ríe. Pero también tenemos, Blondie y yo, que realizar funciones de cabronas cuando la cosa se desmadra o, como nos sucede ahora, que hay una persona que cree que nos está tomando el pelo y no nos enteramos.
Si, tenemos una persona trabajando aquí que se está pegando la columpiada de la vida de la mano de la imposibilidad que tenemos de ponerla de patitas en la calle. Y no es por dinero, por lo que no podemos darle la patada. Vive al amparo del convenio. Un convenio, eso sí, en el que sólo tiene derechos y no existen sus obligaciones (y, para colmo, no las cumple).
Personalmente, no tengo nada contra ella, pero profesionalmente creo que su actitud es muy poco responsable.
Ella verá. Pero os aseguro que me muero de ganas de poder facturarla de una vez, que es su futuro a medio plazo.
Pero bueno, iremos por partes y seguro que en medio año, nos hemos quitado todas esas rémoras y ya nada nos detendrá...
THINKS CAN CHANGE
Oí una vez por ahí que las cosas cambian, pero que la gente no suele hacerlo. Ni siquiera recuerdo quien lo dijo, pero lo que sí que es, aunque no es una verdad absoluta, sí tiene bastante parte de razón.
Mi vida ha cambiado mucho desde que era una niña, hasta ahora... y, por lo que a mí respecta, me doy cuenta que sigo siendo bastante parecida a lo que he sido toda mi vida, si acaso he cambiado pequeños detalles, como mi capacidad a no recoger nada de lo que uso (ahora soy mucho más recogida, incluso cuando cocino) y otros pequeños detalles, que pese a que puedan parecer absurdos, pueden convertir la palabra convivencia en una auténtica guerra mundial.
Pero la esencia de mí misma sigue estando ahí, sigo siendo bastante confiada y le otorgo bastantes oportunidades a la gente, siempre y cuando me demuestren que puedo confiar.
Y, cuando alguien me decepciona, lo nomino y expulso de mi vida. Sin peleas, sin aspavientos. Simplemente lo introduzco en el cajón del olvido y echo la llave.
Puede ser que la vida y las hostias me hayan hecho desconfiada, pero me doy cuenta que siempre he tenido ese puntillo de esperar a ver que me da la gente. Y cuando me da, me ha ganado para siempre.
Por eso, cuando la gente que me ha ganado, me decepciona, me siento fatal.
Esta semana he estado en contacto con una persona con la que he tenido esa experiencia. Hace algo más de un año, creí que esa persona valía la pena. Pero después han pasado cosas que me han hecho darme la enésima hostia de mi vida.
Jamás pensé que una persona a la que apreciaba mogollón pudiera volverse tan en mi contra, hasta el punto de meterse en mi relación de pareja y querer destruirla.
Querer destruir mi pareja y quererme destruir a mí. ¿Por qué? ¿Te manipularon? Te hicieron creer que iba en tu contra, simplemente porque me limité a pedirte un buen trabajo (que, por otra parte, entonces creía que podías hacer, pero ahora, después de todo me estoy dando cuenta de que no es así).
Ahora veo tu mirada de odio hacia mí y alucino. Miro tus acciones, tus actitudes y tus gestos, tu falsedad... Y no te entiendo. Has perdido el norte, pero no sé si es por tu amante o por tu amiga. Quiero encontrar una razón, porque no quiero no tenerte el respeto que no te mereces.
Pero, de golpe, recuerdo la frase que empieza este post: las cosas cambian, la gente no.
Y entonces, la rabia recorre mi cuerpo...
Porque lo que más me jode en este mundo es que me mientan...
P.D.: Blondie, la espuesta es SÍ, QUIEROOOOOOO
Mi vida ha cambiado mucho desde que era una niña, hasta ahora... y, por lo que a mí respecta, me doy cuenta que sigo siendo bastante parecida a lo que he sido toda mi vida, si acaso he cambiado pequeños detalles, como mi capacidad a no recoger nada de lo que uso (ahora soy mucho más recogida, incluso cuando cocino) y otros pequeños detalles, que pese a que puedan parecer absurdos, pueden convertir la palabra convivencia en una auténtica guerra mundial.
Pero la esencia de mí misma sigue estando ahí, sigo siendo bastante confiada y le otorgo bastantes oportunidades a la gente, siempre y cuando me demuestren que puedo confiar.
Y, cuando alguien me decepciona, lo nomino y expulso de mi vida. Sin peleas, sin aspavientos. Simplemente lo introduzco en el cajón del olvido y echo la llave.
Puede ser que la vida y las hostias me hayan hecho desconfiada, pero me doy cuenta que siempre he tenido ese puntillo de esperar a ver que me da la gente. Y cuando me da, me ha ganado para siempre.
Por eso, cuando la gente que me ha ganado, me decepciona, me siento fatal.
Esta semana he estado en contacto con una persona con la que he tenido esa experiencia. Hace algo más de un año, creí que esa persona valía la pena. Pero después han pasado cosas que me han hecho darme la enésima hostia de mi vida.
Jamás pensé que una persona a la que apreciaba mogollón pudiera volverse tan en mi contra, hasta el punto de meterse en mi relación de pareja y querer destruirla.
Querer destruir mi pareja y quererme destruir a mí. ¿Por qué? ¿Te manipularon? Te hicieron creer que iba en tu contra, simplemente porque me limité a pedirte un buen trabajo (que, por otra parte, entonces creía que podías hacer, pero ahora, después de todo me estoy dando cuenta de que no es así).
Ahora veo tu mirada de odio hacia mí y alucino. Miro tus acciones, tus actitudes y tus gestos, tu falsedad... Y no te entiendo. Has perdido el norte, pero no sé si es por tu amante o por tu amiga. Quiero encontrar una razón, porque no quiero no tenerte el respeto que no te mereces.
Pero, de golpe, recuerdo la frase que empieza este post: las cosas cambian, la gente no.
Y entonces, la rabia recorre mi cuerpo...
Porque lo que más me jode en este mundo es que me mientan...
P.D.: Blondie, la espuesta es SÍ, QUIEROOOOOOO
REDIO(R), QUE ESPESURA...
No sé si estoy pagando la falta de horas de sueño o que, pero me duele el cuerpo y la tripa. Mecachis. Gripe a la vista.
Tengo escalofríos y las manos como témpanos.
Me gustaría estar en mi camita, debajo del edredón y abrazadita a mi señora...
El caso es que no puede ser: tenemos a la mujer de la limpieza en casa y esta noche toca fiesta. La idea es ir de cena por ahí (a ver a quien le endoso el solomillo para compartir del vinotinto esta noche), un ratito de nuestro bar y luego picos pardos.
Para colmo, tengo depilación, pero calculo que estaré lista a eso de las cuatro. Espero que Blondie no tenga para mucho rato más y así nos vamos más bien prontito para casa y me echo una siesta en el sofá.
Hoy tengo un día tontín. Por fin solucionamos el asunto de las deudas de un cliente (espero), pero mi madre ha vuelto a la carga y me ha metido la presión de sus chantajes morales rastreros.
Ha llamado directamente al móvil de Blondie y, cuando le he dicho que este finde no le íbamos a hacer el canguro de sí misma, me ha puesto ese clásico hilillo de voz trémula con el que siempre pretende conmoverme y hacérmelo pasar mal. Porque consigue hacer parecer que está a punto de llorar.
Y ahora, aquí estoy, requeterrallada y triste, porque mi madre, cuando se pone así, siempre consigue dejarme hecha polvo.
No es justo. ¿Por qué demonios no hace eso con el capullo de mi hermano?
Mientras sigo rallada por el temita, me doy cuenta de lo espesilla que estoy hoy. Claro, no me extraña: si es que desde el miércoles que andamos yendo a dormir a las mil y luego madrugando para ir a currar...
Bueno, la cosa es que, en un ratín se acabó de una puñetera vez esta semana.
Y mañana será otro día...
Tengo escalofríos y las manos como témpanos.
Me gustaría estar en mi camita, debajo del edredón y abrazadita a mi señora...
El caso es que no puede ser: tenemos a la mujer de la limpieza en casa y esta noche toca fiesta. La idea es ir de cena por ahí (a ver a quien le endoso el solomillo para compartir del vinotinto esta noche), un ratito de nuestro bar y luego picos pardos.
Para colmo, tengo depilación, pero calculo que estaré lista a eso de las cuatro. Espero que Blondie no tenga para mucho rato más y así nos vamos más bien prontito para casa y me echo una siesta en el sofá.
Hoy tengo un día tontín. Por fin solucionamos el asunto de las deudas de un cliente (espero), pero mi madre ha vuelto a la carga y me ha metido la presión de sus chantajes morales rastreros.
Ha llamado directamente al móvil de Blondie y, cuando le he dicho que este finde no le íbamos a hacer el canguro de sí misma, me ha puesto ese clásico hilillo de voz trémula con el que siempre pretende conmoverme y hacérmelo pasar mal. Porque consigue hacer parecer que está a punto de llorar.
Y ahora, aquí estoy, requeterrallada y triste, porque mi madre, cuando se pone así, siempre consigue dejarme hecha polvo.
No es justo. ¿Por qué demonios no hace eso con el capullo de mi hermano?
Mientras sigo rallada por el temita, me doy cuenta de lo espesilla que estoy hoy. Claro, no me extraña: si es que desde el miércoles que andamos yendo a dormir a las mil y luego madrugando para ir a currar...
Bueno, la cosa es que, en un ratín se acabó de una puñetera vez esta semana.
Y mañana será otro día...
QUIEN ESTÉ LIBRE DE PECADO...
Siempre me ha gustado que la gente me hable de mis defectos. De hecho, siempre me he reído de ellos.
Aparte de las cosas visibles, como ir muchas veces hecha una fistra, moderme las uñas, hablar por los codos hasta aburrir, hablar MÁS por los codos cuando estoy pedo (y ser ese clásico: la borracha broncas)... tengo una serie de problemas que me gustaría mejorar.
Me gustaría no ser tan tranquila, aunque debo confesar que no me ha ido muy bien siendo nerviosa. No recuerdo la primera vez que me convertí en tranquila. Creo que fue a partir de empezar a estar con Blondie. Si hubiera sido una histérica hubiera acabado con un ataque al corazón, puesto que nuestra vida era un contínuo salto de vallas, entre nuestra casa y nuestra empresa.
Siempre me han dicho que no me quiero lo suficiente. Que debería ser más egoísta y pensar más en mi. Pero no puedo. No me sale. Y mira que lo he intentado. Muchos amigos me lo dicen. Me dicen que si hiciera eso me iría mucho mejor en todos los planos de mi vida. Pero tal vez me marcó demasiado lo de querer ser monja de pequeña...
A veces me dicen que soy una sobrada y que mis consejos no son ley. Realmente, no creo que sea cierto, porque entiendo que a la gente, la mayor libertad que tienes que darle es la de equivocarse. Y, si me paro a pensar, creo que trato de dar consejos a la gente que aprecio y porque no quiero que les pasen las cosas que me han pasado, ni los fracasos que he tenido, ni los desengaños con la gente... Porque quiero que los que quiero sean felices y que nadie les haga daño. Esto debe tener que ver con esa gilipollez mía de pensar más en los demás que en mi misma... en fin.
No creo en absoluto que lo que yo piense sea verdad absoluta. La vida me ha dado muchas hostias como para darme cuenta de que esto no es así. De manera que trato de proteger a los que quiero de los golpes de la vida.
Ese es mi gran problema. Me doy cuenta.
Me pasa con mi chica. No puedo evitar protegerla, hasta el punto de que sería capaz de dar mi vida por ella.
No puedo evitar sentirme responsable de muchas cosas que ha perdido por estar conmigo. Para mi eso es mi compromiso, el compromiso de ser la pareja de alguien que lo ha dejado todo por una. No puedo más que corresponderle.
En fin, que la vida me dirá si me estoy equivocando o no, tan solo pienso los malos ratos de los que me habría librado si los que me rodeaban en esos momentos no hubieran ido a la suya y no me hubieran dado ningún consejo.
Me hubiera gustado, en definitiva, tener a alguien que me hubiera aconsejado, ayudado y protegido.
Pero, tal vez, ese es mi mayor error: pensar y creer que lo que hubiera sido bueno para mi, sea bueno para los demás.
Y, es que, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra...
Aparte de las cosas visibles, como ir muchas veces hecha una fistra, moderme las uñas, hablar por los codos hasta aburrir, hablar MÁS por los codos cuando estoy pedo (y ser ese clásico: la borracha broncas)... tengo una serie de problemas que me gustaría mejorar.
Me gustaría no ser tan tranquila, aunque debo confesar que no me ha ido muy bien siendo nerviosa. No recuerdo la primera vez que me convertí en tranquila. Creo que fue a partir de empezar a estar con Blondie. Si hubiera sido una histérica hubiera acabado con un ataque al corazón, puesto que nuestra vida era un contínuo salto de vallas, entre nuestra casa y nuestra empresa.
Siempre me han dicho que no me quiero lo suficiente. Que debería ser más egoísta y pensar más en mi. Pero no puedo. No me sale. Y mira que lo he intentado. Muchos amigos me lo dicen. Me dicen que si hiciera eso me iría mucho mejor en todos los planos de mi vida. Pero tal vez me marcó demasiado lo de querer ser monja de pequeña...
A veces me dicen que soy una sobrada y que mis consejos no son ley. Realmente, no creo que sea cierto, porque entiendo que a la gente, la mayor libertad que tienes que darle es la de equivocarse. Y, si me paro a pensar, creo que trato de dar consejos a la gente que aprecio y porque no quiero que les pasen las cosas que me han pasado, ni los fracasos que he tenido, ni los desengaños con la gente... Porque quiero que los que quiero sean felices y que nadie les haga daño. Esto debe tener que ver con esa gilipollez mía de pensar más en los demás que en mi misma... en fin.
No creo en absoluto que lo que yo piense sea verdad absoluta. La vida me ha dado muchas hostias como para darme cuenta de que esto no es así. De manera que trato de proteger a los que quiero de los golpes de la vida.
Ese es mi gran problema. Me doy cuenta.
Me pasa con mi chica. No puedo evitar protegerla, hasta el punto de que sería capaz de dar mi vida por ella.
No puedo evitar sentirme responsable de muchas cosas que ha perdido por estar conmigo. Para mi eso es mi compromiso, el compromiso de ser la pareja de alguien que lo ha dejado todo por una. No puedo más que corresponderle.
En fin, que la vida me dirá si me estoy equivocando o no, tan solo pienso los malos ratos de los que me habría librado si los que me rodeaban en esos momentos no hubieran ido a la suya y no me hubieran dado ningún consejo.
Me hubiera gustado, en definitiva, tener a alguien que me hubiera aconsejado, ayudado y protegido.
Pero, tal vez, ese es mi mayor error: pensar y creer que lo que hubiera sido bueno para mi, sea bueno para los demás.
Y, es que, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra...
VOY A ESTRANGULAR A ALGUIEN
Esta semana parece que todo se ha confabulado para ir de culo. No sé que le pasa a la gente, pero es que todo el mundo está de mala hostia.
Para postre, como cada año el mundo se acaba el 31 de diciembre (también tiene la mala costumbre de acabarse a finales de julio), y a la mala hostia se suman los nervios, dando una combinación digna de enviarlo todo a tomar por el culo.
Esta mañana he estado al borde del ataque de nervios. No sé, creo que llevo seis años a velocidad de hiperespacio y he hecho en ellos lo que la gente tarda décadas: coger un piso de alquiler para empezar una nueva vida, arrancar un proyecto profesional desde el más absoluto de los ceros, comprarnos una casa, convertir mi profesión en empresa, viajar a un montón de sitios, salir de fiesta...
Ahora, me encuentro que desde hace un año, decidimos rehacer todo lo profesional y, claro, esto necesita su tiempo. Tenemos la base, pero ahora tiene que llegar el negocio.
También nuestra vida común sufrió un terremoto del que parece que hemos salido vivas y las heridas han curado.
En fin, que hasta crisis hemos tenido. Laborales, personales, de identidad, psicológicas y de todos los sentidos.
Por todo lo que me ha pasado y por cosas que he ido viendo en toda mi vida, creo que la vida hay que tomársela lo menos posible a la tremenda. Es así. Así tiene que ser, porque hacer de tu vida un sinvivir es no vivir. Hay que dejar que las cosas vengan, porque la vida fluye y no hay que pretender que no lleguen a la velocidad que las cosas van. Lo demás es precipitarse.
He descubierto que, cuanto más gritas, cuanto peor hablas, el efecto que causas en los demás es más dañino. O sea, que si queremos conseguir algo, cuando más histérico estás, más transmites tu histerismo y menos consigues tu objetivo.
Pierdes el mundo de vista, se te nubla la visión y sólo consigues que los demás no te escuchen o piensen que eres algo que en realidad no eres.
Tampoco vale hundirse. Y no lo voy a hacer. Y, aunque me estoy muriendo de ganas de estrangular a mogollón de gente, clientes, proveedores, empleados, contables varios, familia, etc. voy a meterme los puños en la boca y a morder fuerte.
Tengo muy claro que llegaré a donde quiera llegar y NADIE va a poder destrozarme mi sueño.
Eso lo tengo clarísimo.
Para postre, como cada año el mundo se acaba el 31 de diciembre (también tiene la mala costumbre de acabarse a finales de julio), y a la mala hostia se suman los nervios, dando una combinación digna de enviarlo todo a tomar por el culo.
Esta mañana he estado al borde del ataque de nervios. No sé, creo que llevo seis años a velocidad de hiperespacio y he hecho en ellos lo que la gente tarda décadas: coger un piso de alquiler para empezar una nueva vida, arrancar un proyecto profesional desde el más absoluto de los ceros, comprarnos una casa, convertir mi profesión en empresa, viajar a un montón de sitios, salir de fiesta...
Ahora, me encuentro que desde hace un año, decidimos rehacer todo lo profesional y, claro, esto necesita su tiempo. Tenemos la base, pero ahora tiene que llegar el negocio.
También nuestra vida común sufrió un terremoto del que parece que hemos salido vivas y las heridas han curado.
En fin, que hasta crisis hemos tenido. Laborales, personales, de identidad, psicológicas y de todos los sentidos.
Por todo lo que me ha pasado y por cosas que he ido viendo en toda mi vida, creo que la vida hay que tomársela lo menos posible a la tremenda. Es así. Así tiene que ser, porque hacer de tu vida un sinvivir es no vivir. Hay que dejar que las cosas vengan, porque la vida fluye y no hay que pretender que no lleguen a la velocidad que las cosas van. Lo demás es precipitarse.
He descubierto que, cuanto más gritas, cuanto peor hablas, el efecto que causas en los demás es más dañino. O sea, que si queremos conseguir algo, cuando más histérico estás, más transmites tu histerismo y menos consigues tu objetivo.
Pierdes el mundo de vista, se te nubla la visión y sólo consigues que los demás no te escuchen o piensen que eres algo que en realidad no eres.
Tampoco vale hundirse. Y no lo voy a hacer. Y, aunque me estoy muriendo de ganas de estrangular a mogollón de gente, clientes, proveedores, empleados, contables varios, familia, etc. voy a meterme los puños en la boca y a morder fuerte.
Tengo muy claro que llegaré a donde quiera llegar y NADIE va a poder destrozarme mi sueño.
Eso lo tengo clarísimo.
LLEGÓ EL INVIERNO... SIN ENTRETIEMPOS
Hoy hace un frío que pela. Bueno ya era hora. He tenido que desempolvar mi barbour para poder ir en la moto y me temo que no falta mucho para tener que ponerle el forro polar con el cual completo mi pose de robocopmotero (la moto es una kaka, pero con la chaqueta tengo más "porte" y doy el pego).
El caso es que tengo que buscar los guantes de invierno, porque con los de verano no puedo andar. A ver si me acuerdo esta noche, que me va a pillar el toro...
En el despacho, todas estamos muy sonrientes: se ha estropeado la caldera... Espero que venga pronto el técnico, porque ahora vamos a ir de bajada (de temperaturas) y no es cuestión de andar por la oficina con el uniforme de motera (vamos, que una tiene un prestigio).
Desde el viernes que estamos dándole la bienvenida al otoño-invierno y, claro, ayer estábamos un tanto catatónicas. El sábado hice una jornada de ocho horas a los mandos de la tabla de mi chica y la cosa fue divertidisima. Bien, tengo que decir que la cosa no debió venir por la calidad de la DJ, sino más bien porque llevábamos desde las dos de la tarde bebiendo como bestias. La fiesta duró hasta las cuatro de la mañana, catorce horas non stop de fiesta (sin otro apoyo que el alcohol etílico. Vamos, que si me descuido con el mechero al encenderme un cigarro, podía haber tenido un pequeño "problemilla" de inflamación espontánea y haber salido del bar en llamas...
A quienes piensen que las cuatro de la mañana es una hora indecente para irse a dormir (por tempranera), tengo que decir en mi defensa que:
- La noche anterior me fui a dormir a las cinco y pico
- Esa mañana me desperté a las nueve
- Antes de llegar al restaurante para la comida habíamos hecho miles de recados.
La cosa es que Blondie y yo decíamos "uf que sueño, comemos y nos vamos". Y vamos, si comimos. De hecho, cenamos sin parar la fiesta, en el mismo local, lo cual ya es de un vicio tremendo.
Gracias a Dior que ayer, pese a los ocho cubatas a cara de perro, la resaca brillaba por su ausencia. Eso sí, después de comer me quedé roque en el sofá...
En fin, que llega el invierno y no he podido aprovechar mis maravillosos anoraks retro de entretiempo de adidas original. Cada invierno me pasa lo mismo: antes del día uno de noviembre no me los puedo poner, porque hace mucha calor, demasiada; y, después, paso directamente a la fase barbour.
Entretiempo. Esa maravillosa palabra. Vas a una tienda y te dicen "esa chaqueta es perfecta para el entretiempo". Te la compras y allí se queda, colgada porque el invierno decidió venir de golpe, sin "entretiempos" que valgan y tienes que tirar de forro polar y bufanda de un día para el otro.
¿Por qué será que el invierno siempre nos sigue sorprendiendo de esta manera? La cosa es sencilla: en noviembre TIENE que hacer frío. ¿Cómo es posible que no estemos al loro? ¿Cómo es posible que, a estas alturas, después de treinta y pico noviembres todavía siga creyendo en el "entretiempo"?
Empiezo a creer que, al igual que el Día del Padre o de la Madre, el "entretiempo se lo inventó El Corte Inglés...
El caso es que tengo que buscar los guantes de invierno, porque con los de verano no puedo andar. A ver si me acuerdo esta noche, que me va a pillar el toro...
En el despacho, todas estamos muy sonrientes: se ha estropeado la caldera... Espero que venga pronto el técnico, porque ahora vamos a ir de bajada (de temperaturas) y no es cuestión de andar por la oficina con el uniforme de motera (vamos, que una tiene un prestigio).
Desde el viernes que estamos dándole la bienvenida al otoño-invierno y, claro, ayer estábamos un tanto catatónicas. El sábado hice una jornada de ocho horas a los mandos de la tabla de mi chica y la cosa fue divertidisima. Bien, tengo que decir que la cosa no debió venir por la calidad de la DJ, sino más bien porque llevábamos desde las dos de la tarde bebiendo como bestias. La fiesta duró hasta las cuatro de la mañana, catorce horas non stop de fiesta (sin otro apoyo que el alcohol etílico. Vamos, que si me descuido con el mechero al encenderme un cigarro, podía haber tenido un pequeño "problemilla" de inflamación espontánea y haber salido del bar en llamas...
A quienes piensen que las cuatro de la mañana es una hora indecente para irse a dormir (por tempranera), tengo que decir en mi defensa que:
- La noche anterior me fui a dormir a las cinco y pico
- Esa mañana me desperté a las nueve
- Antes de llegar al restaurante para la comida habíamos hecho miles de recados.
La cosa es que Blondie y yo decíamos "uf que sueño, comemos y nos vamos". Y vamos, si comimos. De hecho, cenamos sin parar la fiesta, en el mismo local, lo cual ya es de un vicio tremendo.
Gracias a Dior que ayer, pese a los ocho cubatas a cara de perro, la resaca brillaba por su ausencia. Eso sí, después de comer me quedé roque en el sofá...
En fin, que llega el invierno y no he podido aprovechar mis maravillosos anoraks retro de entretiempo de adidas original. Cada invierno me pasa lo mismo: antes del día uno de noviembre no me los puedo poner, porque hace mucha calor, demasiada; y, después, paso directamente a la fase barbour.
Entretiempo. Esa maravillosa palabra. Vas a una tienda y te dicen "esa chaqueta es perfecta para el entretiempo". Te la compras y allí se queda, colgada porque el invierno decidió venir de golpe, sin "entretiempos" que valgan y tienes que tirar de forro polar y bufanda de un día para el otro.
¿Por qué será que el invierno siempre nos sigue sorprendiendo de esta manera? La cosa es sencilla: en noviembre TIENE que hacer frío. ¿Cómo es posible que no estemos al loro? ¿Cómo es posible que, a estas alturas, después de treinta y pico noviembres todavía siga creyendo en el "entretiempo"?
Empiezo a creer que, al igual que el Día del Padre o de la Madre, el "entretiempo se lo inventó El Corte Inglés...