MAYO ESTA JUNIEANDO
Y ya estamos entrando en el segundo verano en este local. La puerta del patio ya está abierta y hemos estrenado la apertura de una ventana del fondo para que corra el aire y estemos fresquitas, como podrían estar los que vivieron en esta casa en sus dos siglos de vida.
(Cielos, tengo que reclamar el presupuesto del aire acondicionado).
Ya hace muchos días que no posteo, y no estoy posteando porque me apetezca demasiado, pero como no he declarado mi cierre de este blog, tampoco quiero que me lo cierren. Yo soy así, siempre he tenido que decir la última palabra. No sé como me lo haré cuando me muera, puesto que tampoco tengo muy claro como voy a morirme, si tengo que decir la última palabra...
Reflexiones estúpidas. Siempre me pasa. De golpe me quedo clavada en este tipo de pensamientos. Cuando ya llevo un rato dale que te dale, me doy cuenta de lo absurdo de mi pensamiento y empiezo a partirme el pecho de mi misma.
Tengo las imágenes de ayer noche clavadas en la retina: una directora de márketing de revista independiente abriéndose de patas en medio del trece. Que flexibilidad, coño. El top iba con mi grupo y flipaba con la flexibilidad marketiniana. Luego, fuera, confesiones de un futurible pasado. Pasó su tren con nuestro destino. De momento. Hay que ser un poco capullo para quejarse de lo que se queja. Eso se veía venir.
Joder, esto parece un post de la Ricci....
Hoy tengo un montón de cosas colgadas y nadie me las resuelve. Todo depende de que me llamen. Y no me llaman. Santa Paciencia.
Y mucho morro.
Mayo ya está junieando, queda un mes para que nos podamos quitar el sayo. Ya casi.
A las buenas tardes.
(Cielos, tengo que reclamar el presupuesto del aire acondicionado).
Ya hace muchos días que no posteo, y no estoy posteando porque me apetezca demasiado, pero como no he declarado mi cierre de este blog, tampoco quiero que me lo cierren. Yo soy así, siempre he tenido que decir la última palabra. No sé como me lo haré cuando me muera, puesto que tampoco tengo muy claro como voy a morirme, si tengo que decir la última palabra...
Reflexiones estúpidas. Siempre me pasa. De golpe me quedo clavada en este tipo de pensamientos. Cuando ya llevo un rato dale que te dale, me doy cuenta de lo absurdo de mi pensamiento y empiezo a partirme el pecho de mi misma.
Tengo las imágenes de ayer noche clavadas en la retina: una directora de márketing de revista independiente abriéndose de patas en medio del trece. Que flexibilidad, coño. El top iba con mi grupo y flipaba con la flexibilidad marketiniana. Luego, fuera, confesiones de un futurible pasado. Pasó su tren con nuestro destino. De momento. Hay que ser un poco capullo para quejarse de lo que se queja. Eso se veía venir.
Joder, esto parece un post de la Ricci....
Hoy tengo un montón de cosas colgadas y nadie me las resuelve. Todo depende de que me llamen. Y no me llaman. Santa Paciencia.
Y mucho morro.
Mayo ya está junieando, queda un mes para que nos podamos quitar el sayo. Ya casi.
A las buenas tardes.