VEINTIUNO...
Bueno, aquí estamos para celebrar que quedan seis días menos desde la última vez que anduve por aquí.
El trabajo ha tenido la culpa y pronto volverá de nuevo, el aluvión.
Este fin de semana he visto una peli que me ha encantado. Se llama "¿¡Y tú que sabes!?" y me ha dejado pensando desde el sábado por la noche. Pensando en muchísimas cosas.
Para más inri, ayer tuve una conversación muy interesante con dos amigos sobre la confianza. Y el caso es que llevo dándole vueltas a la cabeza sobre ello.
Mis amigos se conocieron en una zona de cruising, que es algo muy gay y, por lo que creo, nada bollo. Resultan curiosas como son los tipos de relación entre heteros, gays y bollos (lo soy, ergo para mí no es nada despectiva, esta expresión). Tienen diferencias bastante marcadas.
Por la experiencia vital que tengo, aparte de que todo el mundo que no pertenece al mundo lésbico, especialmente el hetero, cree que nuestras relaciones sexuales se fundamentan en la única postura de la tijereta birmana (ahora entiendo por qué les tuvieron que escribir el kama-sutra... si es por ellos, siguen como los perrines).
En el mundo gay, por lo que mi modesta experiencia entiende, parece que el cruising y las saunas están al orden del día.
Por lo que explican mis amigos, los cuernos, la infidelidad, también es algo muy extendido entre las parejas gays (evidentemente, no todas), aunque creo, a estas alturas, que el tema de la fidelidad, si bien tiene mucho de masculino, también es usual en todo el mundo (tengo amigas que lo son y lo han sido, y no por ello se les tiene que calificar de putas, porque no cobran).
Se dice que en el mundo bollo, la prostitución no está extendida, aunque no hace mucho una amiga me habló de páginas de contactos "de pago" y de gente que hace de madames de chicas, especialmente para mujeres honorablemente casadas y muy ricas que viven en un acogedor armario de barrio alto, junto con maridos que enseñan las fotos de sus hijos en saunas o bares de chaperos.
Esta es la cosa, la de las relaciones. Con mis amigos hablábamos, también, de la confianza. Al haberse conocido haciendo cruising, les preguntábamos si ellos confiaban en que el otro o se fuera a hacer cruising al irse a casa o el otro no salía para hacerlo.
Y nos decían, tanto el uno como el otro, que muchas veces habían tenido la reticencia, el uno del otro sobre este tema.
Y, bueno, en la peli de la que hablaba al principio, se venía de decir algo como que la experiencia es la que nos hace ver las cosas. Está claro que esa desconfianza viene de la experiencia, porque ambos habían conocido a gente haciendo esto que se la había pegado. Y que si el otro le era infiel, esperaba no enterarse. Claro, lógico, para no tener otra experiencia de infidelidad y dejar de creer en la pareja.
En la peli, a la prota le habían puesto los cuernos en su boda y había dejado de creer en el amor, porque su experiencia con él había sido mala.
Me doy cuenta que no hay nada peor en una pareja que la desconfianza. Creer que el amor todo lo puede solo es propio de los que no saben o no han tenido una experiencia como las de mis amigos o la de la prota de la peli.
Llegado el punto, creo que debiéramos plantear nuestra vida en pareja desde nuestro propio yo. Desde lo que haríamos y lo que nos haríamos que perjudicara al otro. Si, si, la carne es débil, pero cuántas veces no nos ha pasado algo apetecible por delante y... no hemos podido resistirnos.
En fin, que es cuestión de aclararse. De lo que uno quiere. Pareja, soltería, promiscuidad... De ser honesto, llegado el momento, con uno mismo y ser capaces de llegar o no llegar a un punto determinado como el de la hipocresía del que engaña, miente, silencia o esconde.
Porque estas últimas cuatro cosas suponen el final de todo.
Y mientras estas cosas están aquí, no hay relación, no hay confianza, no hay nada. En fin, al fin y al cabo, si hacemos esto quiere decir que no estamos del todo bien con la persona a la que nos hemos unido. ¿No sería mejor que lo dejáramos y fuéramos honestos no con nuestro par... sinó CON NOSOTROS MISMOS?¿O es que esto lo hacemos por deporte?¿Y si nos lo hicieran a nosotros?
En fin, que aquí dejo esta reflexión, cuando apenas quedan veintiún días, quince de ellos laborables, tres semanas y una quincena y media para dejar de tener la mente en tremenda tensión...
Mmmmmmmmmm y con ella... ESO SÍ QUE ME APETECE.
El trabajo ha tenido la culpa y pronto volverá de nuevo, el aluvión.
Este fin de semana he visto una peli que me ha encantado. Se llama "¿¡Y tú que sabes!?" y me ha dejado pensando desde el sábado por la noche. Pensando en muchísimas cosas.
Para más inri, ayer tuve una conversación muy interesante con dos amigos sobre la confianza. Y el caso es que llevo dándole vueltas a la cabeza sobre ello.
Mis amigos se conocieron en una zona de cruising, que es algo muy gay y, por lo que creo, nada bollo. Resultan curiosas como son los tipos de relación entre heteros, gays y bollos (lo soy, ergo para mí no es nada despectiva, esta expresión). Tienen diferencias bastante marcadas.
Por la experiencia vital que tengo, aparte de que todo el mundo que no pertenece al mundo lésbico, especialmente el hetero, cree que nuestras relaciones sexuales se fundamentan en la única postura de la tijereta birmana (ahora entiendo por qué les tuvieron que escribir el kama-sutra... si es por ellos, siguen como los perrines).
En el mundo gay, por lo que mi modesta experiencia entiende, parece que el cruising y las saunas están al orden del día.
Por lo que explican mis amigos, los cuernos, la infidelidad, también es algo muy extendido entre las parejas gays (evidentemente, no todas), aunque creo, a estas alturas, que el tema de la fidelidad, si bien tiene mucho de masculino, también es usual en todo el mundo (tengo amigas que lo son y lo han sido, y no por ello se les tiene que calificar de putas, porque no cobran).
Se dice que en el mundo bollo, la prostitución no está extendida, aunque no hace mucho una amiga me habló de páginas de contactos "de pago" y de gente que hace de madames de chicas, especialmente para mujeres honorablemente casadas y muy ricas que viven en un acogedor armario de barrio alto, junto con maridos que enseñan las fotos de sus hijos en saunas o bares de chaperos.
Esta es la cosa, la de las relaciones. Con mis amigos hablábamos, también, de la confianza. Al haberse conocido haciendo cruising, les preguntábamos si ellos confiaban en que el otro o se fuera a hacer cruising al irse a casa o el otro no salía para hacerlo.
Y nos decían, tanto el uno como el otro, que muchas veces habían tenido la reticencia, el uno del otro sobre este tema.
Y, bueno, en la peli de la que hablaba al principio, se venía de decir algo como que la experiencia es la que nos hace ver las cosas. Está claro que esa desconfianza viene de la experiencia, porque ambos habían conocido a gente haciendo esto que se la había pegado. Y que si el otro le era infiel, esperaba no enterarse. Claro, lógico, para no tener otra experiencia de infidelidad y dejar de creer en la pareja.
En la peli, a la prota le habían puesto los cuernos en su boda y había dejado de creer en el amor, porque su experiencia con él había sido mala.
Me doy cuenta que no hay nada peor en una pareja que la desconfianza. Creer que el amor todo lo puede solo es propio de los que no saben o no han tenido una experiencia como las de mis amigos o la de la prota de la peli.
Llegado el punto, creo que debiéramos plantear nuestra vida en pareja desde nuestro propio yo. Desde lo que haríamos y lo que nos haríamos que perjudicara al otro. Si, si, la carne es débil, pero cuántas veces no nos ha pasado algo apetecible por delante y... no hemos podido resistirnos.
En fin, que es cuestión de aclararse. De lo que uno quiere. Pareja, soltería, promiscuidad... De ser honesto, llegado el momento, con uno mismo y ser capaces de llegar o no llegar a un punto determinado como el de la hipocresía del que engaña, miente, silencia o esconde.
Porque estas últimas cuatro cosas suponen el final de todo.
Y mientras estas cosas están aquí, no hay relación, no hay confianza, no hay nada. En fin, al fin y al cabo, si hacemos esto quiere decir que no estamos del todo bien con la persona a la que nos hemos unido. ¿No sería mejor que lo dejáramos y fuéramos honestos no con nuestro par... sinó CON NOSOTROS MISMOS?¿O es que esto lo hacemos por deporte?¿Y si nos lo hicieran a nosotros?
En fin, que aquí dejo esta reflexión, cuando apenas quedan veintiún días, quince de ellos laborables, tres semanas y una quincena y media para dejar de tener la mente en tremenda tensión...
Mmmmmmmmmm y con ella... ESO SÍ QUE ME APETECE.
Comentario:
Muy buena tu reflexión...si señor muy buena.
Por cierto al hilo de tu reflexión te diré que si "el sentido común es el menos común de los sentidos" tu eres la excepción.
Bién, bién.
PD. Habrá que ver la peli.
Por cierto al hilo de tu reflexión te diré que si "el sentido común es el menos común de los sentidos" tu eres la excepción.
Bién, bién.
PD. Habrá que ver la peli.
Comentario:
Muy fuerte la peli, yo también os pido encarecidamente que la veais, un besin!