DIECINUEVE
En apenas cuatro días, faltarán dos semanas para poder descansar nuestros maltrechos cerebros. Hace muchos meses que preveíamos que esto iba a ser duro, pero aunque lo tengas claro y vayas mentalizado, sucede que muchas veces las cuestas se hacen difíciles, cuando llevas mucho tiempo corriendo. En fin, tal vez esta sea la maratón de la vida. O, tal vez, nos hemos hecho tanto a la idea de que esta traca final iba a ser potente que nos hemos agobiado antes de encender la mecha.
Entre ayer y hoy han pasado muchas cosas que me hacen reflexionar. Los problemas se juntan a todo nuestro estado ansiolítico y hay que ser muy fuerte para superarlos.
La mala luna generalizada en toda la gente que me rodea empieza a causar estragos en mí. A lo pocha que anda Blondie, hay que sumar que mi madre está especialmente tocahüevos, con sus chantajes morales. Como un bebé, intenta captar toda la atención de sus hijos, de su pareja y de sus nietas. Su agobio es otro más dentro de este montón de agobios que me está salpicando y está haciendo mella en mi.
La cosa está en un punto delicado, en este sentido, porque no puedo con los chantajes morales y con la gente que va de víctima por la vida. Últimamente, las víctimas me rodean y sus mierdas me salpican. Me están afectando a mis amistades, a mi trabajo, a mis relaciones familiares, a mi pareja y a mi misma.
La víctima tiene un patrón de conducta muy marcado. Se trata de una persona inmadura, sin capacidad de afrontar ningún tipo de problema, pero que consigue todo lo que quiere.
¿Cómo? Llorando y autofustigándose. Regodeándose en su falsa desgracia, puesto que la víctima se caracteriza por no tener el más mínimo de los problemas.
Suele tratarse de personas caprichosas, que disfrutan de todos los placeres y comodidades de la vida: coche, moto, casa, fiestas e incluso una madre que les pone el plato en la mesa y que constantemente les repite el mensaje que quieren escuchar: "¡pobrecillo/a!"
Y ese es el mensaje que se encargan de transmitir: soy un pobrecillo/a, que estoy solo/a en la vida, que todo me sale mal, nadie me quiere, sólo tú, porque tú eres especial, tanto que no te merezco como amigo/a.
De su pena y de la supuesta reafirmación de su amistad hacia tí se despierta un tremendo sentimiento de ternura y de piedad que hace que te concentres en ayudarlos y pierdas totalmente el sentido de la realidad.
Esa realidad es la de unas personas sin amigos. ¿Os habéis fijado como sus amistades van y vienen? ¿Os habéis fijado la cantidad de malos rollos y peleas que generan?
Ayer, por culpa de una víctima, nos metieron en un pequeño problema. No es demasiado grande, pero no acabo de entender la mala hostia de la víctima al meter en un berenjenal a nuestros amigos, para ponelos de culo con otra persona.
Esta es una nueva prueba más de la cantidad de problemas que generan las víctimas y su presión para que les hagamos caso.
Porque este es otro patrón de las víctimas: ese eterno victimismo y colegueo, esa presión cuando no les haces caso, ese constante llamarte la atención, llamadas, llantos, confesiones, ataques de ansiedad, resoplidos, mensajes, e-mails...
Realmente les importa un carajo las consecuencias de sus actos: que el hecho de acompañarte a buscar y llevar el coche de tus padres al pueblo porque se ha estropeado el tuyo (existe el autocar igual que la "autoresolución" de los problemas propios) haga que tu pareja (lógicamente) se enfade por no poder estar un día tranquilo juntas; que tenga que salir corriendo ante un forzadísimo ataque de ansiedad porque no has conseguido lo que quieres, a sabiendas de que tu hija se la está jugando en estos momentos; que todo el mundo que tiene una relación con una persona que aborreces acabe peleada con esta persona, porque le tienes celos o vete a saber qué; que dos personas acaben peleadas y que tengas el SANTO MORRO de decir que te sabe tan mal que la que te importa un huevo esté sufriendo y que pobre, que gran persona es...
¡Venga, por favor! ¡Basta ya! ¡Si vivís como reyes!
¿Por qué os gusta tanto sentiros una mierda?
¿Tal vez porque, en realidad, es eso lo que sóis?
No puedo dejar de pensar en todos los que murieron en Valencia, en Madrid, en Nueva York, ayer en la India, en todo el mundo. Los que sufren tortura, maltrato. A los que asesinan en nombre de Dios, del dinero. Los que luchan cada día para sacar adelante a su famila. Los que tienen que cuidar a un enfermo, a un moribundo. Los mismos moribundos.
Porque esos son, realmente, las verdaderas víctimas, y no vosotros, los que jugáis con nuestros sentimientos.
Entre ayer y hoy han pasado muchas cosas que me hacen reflexionar. Los problemas se juntan a todo nuestro estado ansiolítico y hay que ser muy fuerte para superarlos.
La mala luna generalizada en toda la gente que me rodea empieza a causar estragos en mí. A lo pocha que anda Blondie, hay que sumar que mi madre está especialmente tocahüevos, con sus chantajes morales. Como un bebé, intenta captar toda la atención de sus hijos, de su pareja y de sus nietas. Su agobio es otro más dentro de este montón de agobios que me está salpicando y está haciendo mella en mi.
La cosa está en un punto delicado, en este sentido, porque no puedo con los chantajes morales y con la gente que va de víctima por la vida. Últimamente, las víctimas me rodean y sus mierdas me salpican. Me están afectando a mis amistades, a mi trabajo, a mis relaciones familiares, a mi pareja y a mi misma.
La víctima tiene un patrón de conducta muy marcado. Se trata de una persona inmadura, sin capacidad de afrontar ningún tipo de problema, pero que consigue todo lo que quiere.
¿Cómo? Llorando y autofustigándose. Regodeándose en su falsa desgracia, puesto que la víctima se caracteriza por no tener el más mínimo de los problemas.
Suele tratarse de personas caprichosas, que disfrutan de todos los placeres y comodidades de la vida: coche, moto, casa, fiestas e incluso una madre que les pone el plato en la mesa y que constantemente les repite el mensaje que quieren escuchar: "¡pobrecillo/a!"
Y ese es el mensaje que se encargan de transmitir: soy un pobrecillo/a, que estoy solo/a en la vida, que todo me sale mal, nadie me quiere, sólo tú, porque tú eres especial, tanto que no te merezco como amigo/a.
De su pena y de la supuesta reafirmación de su amistad hacia tí se despierta un tremendo sentimiento de ternura y de piedad que hace que te concentres en ayudarlos y pierdas totalmente el sentido de la realidad.
Esa realidad es la de unas personas sin amigos. ¿Os habéis fijado como sus amistades van y vienen? ¿Os habéis fijado la cantidad de malos rollos y peleas que generan?
Ayer, por culpa de una víctima, nos metieron en un pequeño problema. No es demasiado grande, pero no acabo de entender la mala hostia de la víctima al meter en un berenjenal a nuestros amigos, para ponelos de culo con otra persona.
Esta es una nueva prueba más de la cantidad de problemas que generan las víctimas y su presión para que les hagamos caso.
Porque este es otro patrón de las víctimas: ese eterno victimismo y colegueo, esa presión cuando no les haces caso, ese constante llamarte la atención, llamadas, llantos, confesiones, ataques de ansiedad, resoplidos, mensajes, e-mails...
Realmente les importa un carajo las consecuencias de sus actos: que el hecho de acompañarte a buscar y llevar el coche de tus padres al pueblo porque se ha estropeado el tuyo (existe el autocar igual que la "autoresolución" de los problemas propios) haga que tu pareja (lógicamente) se enfade por no poder estar un día tranquilo juntas; que tenga que salir corriendo ante un forzadísimo ataque de ansiedad porque no has conseguido lo que quieres, a sabiendas de que tu hija se la está jugando en estos momentos; que todo el mundo que tiene una relación con una persona que aborreces acabe peleada con esta persona, porque le tienes celos o vete a saber qué; que dos personas acaben peleadas y que tengas el SANTO MORRO de decir que te sabe tan mal que la que te importa un huevo esté sufriendo y que pobre, que gran persona es...
¡Venga, por favor! ¡Basta ya! ¡Si vivís como reyes!
¿Por qué os gusta tanto sentiros una mierda?
¿Tal vez porque, en realidad, es eso lo que sóis?
No puedo dejar de pensar en todos los que murieron en Valencia, en Madrid, en Nueva York, ayer en la India, en todo el mundo. Los que sufren tortura, maltrato. A los que asesinan en nombre de Dios, del dinero. Los que luchan cada día para sacar adelante a su famila. Los que tienen que cuidar a un enfermo, a un moribundo. Los mismos moribundos.
Porque esos son, realmente, las verdaderas víctimas, y no vosotros, los que jugáis con nuestros sentimientos.
Comentario:
Cuando ellos vean el sufrimiento de cerca caerán de la parra de golpe y la hostia será tan grande que se quedarán agilipollaos...
Niñas, pa'lante! Besazos!
Niñas, pa'lante! Besazos!