ASÍ ES RAJUELA
(Y yo me la encontré en la calle)
Acerca de
Soy más sosa que las acelgas, me encanta dormir como un lirón, pero salgo y trasnocho porque no tengo cerebro, pero sí pareja... Quién, por cierto es mi razón para salir, pero también para vivir. Me encantaría estar jubilada ya, pero la cosa tiene para su tiempo. Aparte de las mujeres y el vino (un Rivera, por ejemplo) tengo otros vicios que NO PIENSO ABANDONAR: fumar, morderme las uñas, motear... Si alguien encontró a una neurona solitaria, que me avise...
Sindicación
 
CERO!!!!
Ya quedan, por fin, cero días del mes de julio. La verdad es que, para acabar, este mes ha sido un verdadero cabrón. Bueno, creo que me estoy equivocando de cabrón, la verdad, porque el que ha sido un poco cabrón ha sido el del banco.
Resulta que me han cambiado el tipo que me lleva las cuentas y me han cambiado un tipo muy mono, con aspecto de pijo surfero esquiador de baqueira por una especie de friki catalanufo seguidor estricto de las reglas. La cosa es que, alquien, en central, todavía no me ha ingresado un par de remesas y no había saldo para las nóminas hasta que eso no pasara y, según él, "las normas dicen que a final de mes el saldo tiene que estar cubierto". "Pues ingresadme la remesa y ya veréis que no está cubierto, sino chapado, querido", le espeto yo. "Es que la remesa está en central y son ellos los que la tienen que abonar", me dice. "Pues ese es tu problema". Le cuento. "Tal vez si me ingresas algo del plan de inversión, queda cubierto y ya está". "Mira, no voy a hacer eso porque, en cuanto al capullo de central le de la gana estará requetecubierto y me habréis cobrado la comisión de liberar el fondo y mañana lo voy a volver a incresas, con lo que me volveréis a cobrar comisión... ¿te vas a hacer cargo tú de las dos comisiones o tengo que hablar con tu director?".
Fin del problema, nóminas ingresadas. ¿Tanto costaba?
O sea, que, por las normas y su estricto cumplimiento, y más teniendo en cuenta que eran ellos los que la estaban cagando, casi se quedan sin cobrar mis chicas (y, que narices, yo misma).
De verdad, me encantaría vivir como vive este señor. Yo, haciéndome mala sangre para que mañana todo el mundo tuviera su pasta en su banco y él seguro que, cuando me ha colgado, se ha ido a desayunar y ha estado comentando la jugada de todos los fichajes del Barça con sus compañeros de trabajo.
Ni siquiera se ha tomado la molestia de descolgar el teléfono y ver por qué no se había ingresado el dinero en la cuenta. Porque realmente le daba igual. Porque él ya tiene su nominaza ingresada desde el viernes pasado y, la verdad, las nóminas de mis chicas les traían sin cuidado.
Y todo esto me viene a la cabeza, no sólo porque muchas veces preferiría una nómina que tener que discutir con Cristo y la madre, llevar todo al pelo, ver como la gente se hace la loca con el curro, que tu familia se piense que tienes TOOOOOOOODO el tiempo del mundo para hacer recaditos y faltar a la ofi en cuanto te venga en gana, que tus amigos y tus no amigos se piensen que te enciendes los cigarrillos con billetes de cien, que la gente que mal te quiere piense que tu vida gira en torno a tu trabajo y a amasar dinero y nada más...
Si, la verdad. Me encantaría salir por esa puerta y que todo se quedara ahí.
Pero me doy cuenta que, aparte que yo estoy aquí por loca, más que por tonta, no podría hacerlo.
Llega un punto en el que te das cuenta que no puedes volver atrás, si no es que las cosas se ponen feas.
Si tienes la suerte de que las cosas van mejorando te das cuenta que desarrollas una especie de cosa, llamada ambición que va creciendo día a día. Es como un gusanillo que te va picando.
Y si acabas unida a una persona que es igual de ambiciosa que tú, las cosas son inmejorables.
Muchas veces, Blondie y yo hemos estado tentadas de abandonar, pero luego nos damos cuenta que preferimos intentar seguir construyendo nuestro destino que limitarnos a dejar que otros lo construyan y limitarnos a poner la mano para que caiga la nómina.
Tanto ella como yo acabaríamos con nuestros curros carcomiéndonos la cabeza. Enfadándonos por como otros llevan su destino (aunque no sea el nuestro), y vinculándonos hasta las trancas en un proyecto que es de otro.
Porque, en nuestros casos, siempre ha sido así. Tanto ella como yo siempre hemos vivido laboralmente "los colores", sea en curros de mierda como en curros más especiales.
Así que, al fin y al cabo, puede que haya un poco más de tensión en lo que hacemos, pero, al menos, la mala sangre que nos podemos llevar es por algo que es realmente nuestro y sobre lo que podemos ejercer todos los cambios que queramos y dirigirlo todo a nuestra manera y no a la de otro. Dejarnos la piel, para nuestra piel. Cuando piensas todo esto, y las posibilidades que esto tiene para el futuro, te das cuenta que vale la pena seguir luchando, porque tienes muchas piezas del futuro en tus manos y puedes construirlo.
Si yo estuviera contratada por otra empresa haciendo lo mismo, no podría decir lo mismo. No podría hacer las cosas a mi manera y soñar que algún día podemos ser muy muy grandes.
Y lo más importante de todo es que me doy cuenta de que eso está ahí y que no voy a dejar que condicione el resto de mi existencia.
Así que, en cuanto salga hoy aquí, aquí déjare mi trabajo y me dedicaré a disfrutar de una hermosa tarde con mi chica y a darle mimos, que está pocha.

No