LA DURA VIDA DEL INMIGRANTE TURISTA
Retomando la historia de antes de ayer.
Es que ayer no pude bloguear, porque llegamos a las once y pico: descarga el coche (más o menos) y busca un sitio en donde cenar (genial).
A las dos y media iniciábamos camino, metiendo el coche en el Almoina dos (¿o era otro nombre?). Salida, con retraso (a las tres y media) y un mar de pena (unos saaaaltoooos). Un barco que parecía el chiquipark lleno de los niños más histéricos y de unos padres más pasivos que nunca.
La tele, proyectando una peli para niños de Disney a todo trapo y el barco dando saltos.
Resultado: una rubia hecha una auténtica sopa y una morena que tragaba bilis, intentando aguntar el tipo y el tirón (dos horas abanicando a la pobre rubia, mientras la azafata de transmediterránea repartía gentilmente hielo entre casi todos los pasajeros, rubia incluida).
Finalmente, la última hora y media, Pinocho y calma. Los niños también cayeron. Medio silencio, un par de tónicas y el estómago que vuelve, poco a poco, a su sitio original (después de estar como tres horas subiendo y bajando violentamente del cuello a los tobillos).
El temporal provocó "cierto" retraso de como dos horas, pero a las nueve sacábamos el coche de la tripa del Almudaina Dos (almoina, en catalán, quiere decir limosna y a fe de Dior que casi la dejamos en el inodoro).
Y resulta que no nos daba tiempo de ir a Ciudadella, dejar los trastos y volver a por nuestro Tete y su chica, así que directamente para el aeropuerto, que está justo al lado de Maó.
Los chicos llegaron superpuntuales, pero nacía un nuevo problema: meter sus maletas en nuestro abarrotado coche.
Y, nuevamente, conseguimos vencer a los "imprevistos" colocando sus maletorros en el asiento de delante y la rubia y los chicos, bien sentaditos atrás y haciéndome de retrovisor posterior y derecho, puesto que los maletorros habían anulado completamente la posibilidad de... ver algo. Yo creo que nos para la Guardia Civil y nos mete un purazo que nos quita todos los puntos a los presentes.
Por fin conseguimos cruzar toda la isla (creo que la llaman la isla de la calma, pero os aseguro que estos días lo de la calma es un mito) y llegar a Ciudadella, en plan patera de turistorros.
Hoy hemos recogido al piña y ya estamos todos.
Os escribo porque los chicos se han llevado las dos copias de llaves de la casa y me he quedado al cargo, mientras ellos se han ido a ver el atardecer.
Pero no me importa, esta semana y la que viene voy a estar en las islas con los atardeceres más hermosos. Y, al fin y al cabo, aunque no lo estoy viendo al borde del mar, desde la terraza es muy bonito y me acompaña un tema maravilloso de Coco Rosie: By your side.
Os dejo.
Yo también pido este deseo a este atardecer: I always be by your side...
Es que ayer no pude bloguear, porque llegamos a las once y pico: descarga el coche (más o menos) y busca un sitio en donde cenar (genial).
A las dos y media iniciábamos camino, metiendo el coche en el Almoina dos (¿o era otro nombre?). Salida, con retraso (a las tres y media) y un mar de pena (unos saaaaltoooos). Un barco que parecía el chiquipark lleno de los niños más histéricos y de unos padres más pasivos que nunca.
La tele, proyectando una peli para niños de Disney a todo trapo y el barco dando saltos.
Resultado: una rubia hecha una auténtica sopa y una morena que tragaba bilis, intentando aguntar el tipo y el tirón (dos horas abanicando a la pobre rubia, mientras la azafata de transmediterránea repartía gentilmente hielo entre casi todos los pasajeros, rubia incluida).
Finalmente, la última hora y media, Pinocho y calma. Los niños también cayeron. Medio silencio, un par de tónicas y el estómago que vuelve, poco a poco, a su sitio original (después de estar como tres horas subiendo y bajando violentamente del cuello a los tobillos).
El temporal provocó "cierto" retraso de como dos horas, pero a las nueve sacábamos el coche de la tripa del Almudaina Dos (almoina, en catalán, quiere decir limosna y a fe de Dior que casi la dejamos en el inodoro).
Y resulta que no nos daba tiempo de ir a Ciudadella, dejar los trastos y volver a por nuestro Tete y su chica, así que directamente para el aeropuerto, que está justo al lado de Maó.
Los chicos llegaron superpuntuales, pero nacía un nuevo problema: meter sus maletas en nuestro abarrotado coche.
Y, nuevamente, conseguimos vencer a los "imprevistos" colocando sus maletorros en el asiento de delante y la rubia y los chicos, bien sentaditos atrás y haciéndome de retrovisor posterior y derecho, puesto que los maletorros habían anulado completamente la posibilidad de... ver algo. Yo creo que nos para la Guardia Civil y nos mete un purazo que nos quita todos los puntos a los presentes.
Por fin conseguimos cruzar toda la isla (creo que la llaman la isla de la calma, pero os aseguro que estos días lo de la calma es un mito) y llegar a Ciudadella, en plan patera de turistorros.
Hoy hemos recogido al piña y ya estamos todos.
Os escribo porque los chicos se han llevado las dos copias de llaves de la casa y me he quedado al cargo, mientras ellos se han ido a ver el atardecer.
Pero no me importa, esta semana y la que viene voy a estar en las islas con los atardeceres más hermosos. Y, al fin y al cabo, aunque no lo estoy viendo al borde del mar, desde la terraza es muy bonito y me acompaña un tema maravilloso de Coco Rosie: By your side.
Os dejo.
Yo también pido este deseo a este atardecer: I always be by your side...