ESCUCHÁNDOME A MI MISMA
Se acaba el día y todo lo que se planteó, ha salido. He hablado con los unos y con los otros y, bueno, ya estoy pensando en el otoño y el invierno que se avecina. Y esta vez creo que, en lo referente a mi vida, el invierno acabó.
Ya no me preocupan muchas cosas, porque vuelvo con más determinación, si cabe, de dejar lastres acumulados de un año y pico, casi dos, hasta la fecha.
Y es que el que es mi lema, ha vuelto a revelarse como algo fundamental: el movimiento se demuestra andando.
Durante todo este tiempo de crisis personal, creo que me he parado mucho y apenas he caminado. Me he equivocado. Tal vez hayan sido mis miedos los que me han hecho parar, o tal vez darle demasiada importancia a los que la gente decía de mí (realmente llegué a dudar qué y quién era yo, pensando que, a lo mejor, era cierto que lo que más me preocupaba en este mundo era mi empresa y el dinero) y de lo que tenía que hacer, o lo que opinaba la gente sobre mi relación.
Finalmente, quien quería que se acercara se ha vuelto a acercar a mi y realmente me importa un botijo quien se le acerque, porque ella, aparte de ser más especial de la tierra, es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que un cúmulo de excusas son la consecuencias de un cúmulo de metidas de pata, mentiras u opiniones gratuitas.
La reflexión de estos días de pausa me ha llevado a una conclusión: que uno ni puede, ni debe opinar, ni aconsejar, ni nada de nada que no sea su propia vida.
Tengo una amiga que se consume en una relación que quiere salvar, pero me veo en la obligación de ser consecuente y no puedo ni decirle que siga, ni decirle que corte.
Porque esa es la más rotunda de las verdades: no me veo capaz a estas alturas de decirle a nadie si su vida es una mierda o no, si su pareja es guay o no, o si lo que hace está bien o no.
Lo único que puedo aportarle a la gente que me rodea son mis orejas para escuchar, mi hombro para que lloren, mis brazos para arroparlos y mi voz para que se sientan escuchados por un amigo...
Y eso es todo lo que yo puedo dar, para poder recibir el valos más importante del mundo: la amistad.
Llamadme chocha o lo que sea, pero esto es lo que hay y lo que siente un corazón repleto de amor hacia unos ojos verdes que me vuelven loca...
Ya no me preocupan muchas cosas, porque vuelvo con más determinación, si cabe, de dejar lastres acumulados de un año y pico, casi dos, hasta la fecha.
Y es que el que es mi lema, ha vuelto a revelarse como algo fundamental: el movimiento se demuestra andando.
Durante todo este tiempo de crisis personal, creo que me he parado mucho y apenas he caminado. Me he equivocado. Tal vez hayan sido mis miedos los que me han hecho parar, o tal vez darle demasiada importancia a los que la gente decía de mí (realmente llegué a dudar qué y quién era yo, pensando que, a lo mejor, era cierto que lo que más me preocupaba en este mundo era mi empresa y el dinero) y de lo que tenía que hacer, o lo que opinaba la gente sobre mi relación.
Finalmente, quien quería que se acercara se ha vuelto a acercar a mi y realmente me importa un botijo quien se le acerque, porque ella, aparte de ser más especial de la tierra, es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que un cúmulo de excusas son la consecuencias de un cúmulo de metidas de pata, mentiras u opiniones gratuitas.
La reflexión de estos días de pausa me ha llevado a una conclusión: que uno ni puede, ni debe opinar, ni aconsejar, ni nada de nada que no sea su propia vida.
Tengo una amiga que se consume en una relación que quiere salvar, pero me veo en la obligación de ser consecuente y no puedo ni decirle que siga, ni decirle que corte.
Porque esa es la más rotunda de las verdades: no me veo capaz a estas alturas de decirle a nadie si su vida es una mierda o no, si su pareja es guay o no, o si lo que hace está bien o no.
Lo único que puedo aportarle a la gente que me rodea son mis orejas para escuchar, mi hombro para que lloren, mis brazos para arroparlos y mi voz para que se sientan escuchados por un amigo...
Y eso es todo lo que yo puedo dar, para poder recibir el valos más importante del mundo: la amistad.
Llamadme chocha o lo que sea, pero esto es lo que hay y lo que siente un corazón repleto de amor hacia unos ojos verdes que me vuelven loca...
Comentario:
ole, ole y ole! De chocha na, stoy de acuerdo contigo en un 100%!!