ASÍ ES RAJUELA
(Y yo me la encontré en la calle)
Acerca de
Soy más sosa que las acelgas, me encanta dormir como un lirón, pero salgo y trasnocho porque no tengo cerebro, pero sí pareja... Quién, por cierto es mi razón para salir, pero también para vivir. Me encantaría estar jubilada ya, pero la cosa tiene para su tiempo. Aparte de las mujeres y el vino (un Rivera, por ejemplo) tengo otros vicios que NO PIENSO ABANDONAR: fumar, morderme las uñas, motear... Si alguien encontró a una neurona solitaria, que me avise...
Sindicación
 
DÍAS DE BREGA
Andamos por aquí, mi chica y yo, absolutamente concentradas en nuestras cosas.
Ayer tuve un bajón. No dejé en ningún momento de ser optimista, pero se me hizo un día un tanto duro, un poco una montaña. Pero no hay nada como un arrechucho del ser más amado para darse cuenta que hay que seguir luchando, contra viento y marea. Y aunque pueda tener estos momentos de bajón, voy a intentar llevarlo bien y con los mínimos agobios posibles, que, al fin y al cabo, nosotras dos solitas nos metimos en este lío. Nadie nos obligó, más que nuestra propia ambición y ganas de salir del agujero.
También me ayudó mucho mi amiga la pequeña, recordándome que hay que llamar a muchas puertas (y, si hace falta, dejarse los nudillos) para que se abran.
Esta semana también vamos a llamar a puertas, en nuestra nueva constumbre "Avon llama", a ver si le interesamos a alguien y así la rubia deja de aburrirse en el trabajo...
En el resto de cosas, bien, si no fuera por el cansancio podría rozar la perfección. Todo es esta vida es mejorable, está claro.
El resultado de Blondie cocinillas es más que aceptable y comestible: la verdad es que TODO ESTÁ BUENÍSIMO. Ojo, porque tengo la sensación que llega la chef del momento y pronto veremos en los kioskos su libro de "Tupperwares sanos para llevar al curro" (tiembla, Arrierita...), que se convertirá en libro de cabezera de todos los que tenemos que comer en el curro por "guevos" (con la ilu que me hace ser una mantenida... vamos, es la ilusión de mi vida...).
Los días pasan y con ellos esos maravillosos quehaceres diarios (hacer la cena -función que, en breve, delegaré en mi chica-cocinillas-, ir a buscar la ropa al tinte, hacer la compra del carrefour y comprar arena o comida -o las dos cosas- de nuestros caseros los gatos -que tienen a bien tenernos en casa-) y la reflexión de hoy es lo jodido que resulta llevar todas estas cosas al mismo tiempo. Este mediodía, sin ir más lejos, hemos tenido un nuevo sprint, consistente en ir a la esteticista (en nuestro barrio), hacer los tratamientos correspondientes y volver al curro para comer en el suspiro de dos horas.
Y cuando no ha sido eso, ha sido hacer la compra u otros miles de millones de cosas que nos recuerdan la utilidad de una madre (aparte de la de dar cariñitos y dejar pasta) o padre a la hora de hacer esos recados que nunca vas a tener tiempo de hacer. El caso es que, cuando no dispones de este tipo de beneficios (mis padres viven en el pueblo, con Heidi y Pedro), tienes que buscarte la vida.
Total, que al final pasan las semanas y sigues sin tener el plus, que un día se estropeó y que no hay manera de que lo vengan a reparar porque, mira tú por donde, resulta que los instaladores sólo trabajan entre semana (me pregunto quién está entre semana en casa en horas de oficina... bueno, sí, los que tienen padre o madre que les cubra...); y con ese clásico derrengue que te coje, en forma de modorra el viernes cuando sales del curro, y que toma su máximo apogeo los lunes por la mañana, después de haber pasado un fin de semana en un puñetero suspiro.
En fin, que hoy estoy cascarrabias, pero bueno, estoy segura que no me daré ni cuenta y volverá a llegar ese estado catatónico y feliz, llamado fin de semana.
Mientras tanto, no tendremos otro remedio que ir tragándonos los días, para luego devorar el fin de semana...
Feliz semana, pues.
 
Comentario:
Me encanta cocinar para ti...
No