Niño del Sur en ciudad del Norte
Pues esta es la simple historia de un chico sureño en una lejana ciudad norteña.
Sindicación
 
Vacaciones en Europa. II entrega. Hamburg-Kolding-Billund.
Pues en Hamburgo nos quedamos a dormir en casa de Juanjo, que vive en una especie de residencia. Es un edificio con una sola ducha que va con unas moneditas que tiene que comprar. Cada monedita te da derecho a 6 minutos de agua caliente. Todo un lujo. Bueno, pues eso, que llegamos a casa de Juanjo, que por cierto, el Juanjo no está nada mal, es supermono con el pelito largo y rizado. Dejamos las cosas y nos fuimos de parranda mientras Claudia dormía un rato.

En el metro nos encontramos con una pandilla de jóvenes y jóvenas alemanes haciendo botelleo (que en sureño quiere decir botellón) y con la música del móvil a todo trapo. Cuando llegamos a la calle aquello era un auténtico caos. Vimos a un chino yendo tras una pareja de policías que llevaban un bate de baseball. Silvia me tradujo lo que el chino decía: "Anda, devuélveme el bate, que te prometo que no te voy a reventar la cabeza". La calle por la que nos dimos un voltio estaba llena de bares chungos y shows con streapers. La gente era muy rara, había góticos, punkies y gente chunga, todo muy mezclado. Y todo esto al lado de una feria con familias. Nos metimos a cenar a un chino, que estaba de puta madre y el precio fue hiperbarato (vivir en el Norte es lo que tiene, que todo lo encuentras tirado de precio).

Después nos fuimos a la zona de garitos, que estaban todos a reventar. A Pere le dio por entrar al único bar que estaba vacío, para tomarnos un "algo tranquilamente". El sitio era la caña. Había un tío tomándose una cerveza y tras la barra una mujer de setenta años con sonotone haciendo crucigramas. Tenía toda la pinta de llamarse Concha, os lo juro, con su pelo cardado y el tinte colorao. Le pedimos unas cervezas y Pere le tuvo que alcanzar un vaso porque no llegaba. Tenemos la teoría de que nunca le habían pedido tantas cervezas en una noche y que nunca había tenido que alcanzar ese vaso. Cada quince minutos entraba un alemán, le pedía cuatro chupitos y por aprovechar, ella se ponía uno. La mujer era un personaje.

Tras flipar un rato y hacerle fotos, nos fuimos a dormirla. Éramos cinco y una cama y yo tuve que dormir en el suelo. Me metí en mi saco y pensé "A tu edad y con tu sueldo, eso no tienes porque pasarlo. No vas a dormir nada en toda la noche". Lo siguiente que recuerdo son los rayos del sol entrando por mi ventana. Hacía mucho tiempo que no dormía tan bien. Nos levantamos, desayunamos cortesía Chez Juanjo y nos fuimos a ver la ciudad. Los alemanes tienen mucho peor humor que los norteños y se ponen como motos como no sepas hablar alemán. Sin embargo, la ciudad es preciosa, el ayuntamiento mola que te cagas y los canales son una pasada. Me gustó mucho más que Colonia. Fuimos a un museo donde relatan cómo fue el bombardeo que destruyó la ciudad en la II Guerra Mundial. Quedó totalmente destruida, pero luego la reconstruyeron a imagen y semejanza de la ciudad antigua. Comimos en la estación de tren, salchicas y patatas, of course. Y luego Silvia se cogió su tren a su ciudad. Por la tarde, Pere,Claudia y yo nos despedimos de Juanjo y nos fuimos rumbo a Dinamarca, que es muy plana y con poca chicha. Nos dijeron que lo bonito de Dinamarca es la costa y debe ser así, porque el interior es sólo una llanura verde (o blanca si nieva).

Paramos en un pueblo llamado Kolding que tiene puerto, pero que no vale mucho la pena. Cenamos allí y cuando íbamos conduciendo empezó a nevar. Claudia no había puesto neumáticos de invierno ni llevaba cadenas, por lo que el coche no le obedecía. Pere le dijo "¿Quieres que conduczca yo?" y antes de acabar la frase ella ya estaba en la puerta del copiloto esperando que Pere se pusiera al volante. Él estaba mucho más tranquilo que ella y condujo con mucha más calma. A 30km/h pero más calmado. A Claudia y a mí nos sorprendió el aplomo que tenía. Cuando llegamos a nuestro destino, Billund, y encontramos el hotel me di cuenta de que Pere estaba tan tranquilo porque se suponía que no iba a conducir y en la cena se había ventilado casi un litro de cerveza. Cuando lo comenté soltó un "Ah, claro, por eso tenía tantas ganas de mear". Vamos, borracho, con neumáticos de verano y conduciendo de noche bajo la nieve en Dinamarca. Aún no sé cómo estoy vivo.

A la mañana siguiente nos acercamos al aeropuerto, desayunamos allí y despedimos a Pere, que se volvía a España. Claudia casi llora pensando en qué iba a ser de nosotros ahora que no teníamos un conductor borracho. Yo le consolé diciendo que seguro que habían sacado las máquinas quitanieves y que ya no sería tan peligroso conducir, o que bien, podíamos comprar una botella de vodka para el viaje. Pero esa es otra historia que conoceréis mañana.
 
Comentario:
Pues mira que me han dicho que Dinamarca es super cuqui, con grandes hombres y tal...

Menos mal que tenemos a un chico objetivo desmontando mitos...

P.D. Muchas veces la incomodidad hace que duermas mejor. La vez que mejor dormí fue en un sofá destartalado que olía a perro mojado... Jate!
 
Comentario:
Y dormir en el suelo es lo mejor. Sobre todo esas maravillosas noches de verano en el sur del sur en plena ola de calor a 30ºC in the night
 
Comentario:
Como me recuerda todo a la visita q hice a Berlín. Sobre todo los botellones en el metro de kinkis alemanes. Lo q aun no comprendo es pq algunos hacían el botellón solos

Lo de conducir borracho es bueno según q condiciones
 
Comentario:
Qué guay. ¿Ves como no era tan terrible el lanzarse a descubrir Alemania con solo un billete de avión?
No