Ser gay no es un privilegio
Una visión del mundo gay zerolamente incorrecto.
Acerca de
Que de cosas estoy descubriendo esta noche de insomnio, no sabía que esto del blog tuviese tantas cosas. Bueno, está claro que mi foto no la pienso poner porque perdería mis lectores, que aunque sean pocos les debo un respeto jajaj. Que aburrido es poner una descripción de uno mismo, con lo bonito que es que otros hablen de ti. Pero más o menos diré que soy un chico gay de casi 25 años que desde los 17 años estoy vagando por muchos rincones de España por culpa del trabajo, también de los estudios, qué sé yo... como soy feo estoy soltero, y como estoy soltero tengo mucho tiempo para escribir, algo que es mi pasión desde los 13 años, qué precoz fui para algunas cosas, aunque para otras sigo siendo virgen.
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LOS FEOS TAMBIÉN TENEMOS COSAS BUENAS
Sé muy bien que a día de hoy quien es feo es o porque no tiene dinero (las cirujías hacen milagros), o porque realmente no le importa. Yo más bien soy de los primeros, aunque envidio a los segundos. Es verdad que según me han contado algunos cuyos nombres no revelaré hay centros de cirujía estética que te dejan pagar el o los arreglos a plazos, como si la letra de un coche se tratase. Yo, ante esto, decidí gastarme una millonada en el coche de mis sueños, creyendo que aparte de conducirlo iba a poder ligar con él. Esto fue, claro, antes de comprender que eso de que se fijen en ti porque vayas en un Mercedes o en un BMW, por ejemplo, está bastante limitado al campo de las mujeres, y a día de hoy a veces ni eso.

Pero yo quisiera, desde aquí, hablar un poco de nosotros, los feos, para reivindicar en la modestia de mis posibilidades mediáticas, casi inexistentes, que los feos también tenemos cosas buenas. Y no, no me refiero a los feos que tienen un rabo de 23 centímetros. No, no, porque en parte eso es trampa, además, no va a ir el feo con el rabo fuera todo el día.... pues eso.

Dejando a un lado que nadie por ser feo es, de manera automática, buena persona, hay cosas que la mayoría de los feos, por naturaleza, tenemos más acentuadas que los guapos. Por ejemplo: la tranquilidad a la pareja. Me explico. Si tú estás saliendo con un prototipo similar a Rafa Nadal, estás todo el día inquieto pensando en que alguien te lo puede quitar. Y si ya alguna noche sale sin ti, los cuernos brotan de manera autoinducida del ataque de histeria. En cambio, si tu pareja es feo, ¿quién te lo va a quitar?, nadie, por eso uno está más tranquilo, y no pensando contínuamente si alguna víbora ha conseguido hipnotizarlo con sus poderes eróticos y ahora mismo estamos en un estado de transición de hombre a hombre-ciervo.
Luego, también muchos feos en la cama son auténticos máquinas. Claro, como pillan de tarde en tarde, llevan tanto dentro para dar que echan cada polvo como si fuera el último. Y esta pasión díficilmente se encuentra en el típico mírame y no me toques que me rompo.
Y qué decir ya del siempre recurrido tópico cuando un hombre es feo. "Él es simpático", le decimos a nuestro amigo cuando queremos endosarle a un cayo. Peor es que te digan que "él tiene mucho dinero", porque ya ni guapo ni gracioso. En parte, quizás, esto del feo pero simpático es un tópico, pues yo he conocido a feos con una mala leche que no había quien los aguantara, pero en parte es un recurso bastante recurrido o potenciado por gente fea que no tenemos más armas que hacer reir a los demás a ver si alguno con el jiji y el jaja le da por echarnos un polvo.

Mi caso, no obstante, es difícil. Hace unos minutos leía el blog de mi amigo Davichini hablando de, entre otras cosas, el enamorarse de una mujer o de un hombre. A mí es que las mujeres nunca me han gustado. Es verdad que a los 14 años o así estuve pesadamente detrás de una chica de mi clase, de una manera, la verdad, bastante absurda, totalmente pueril, íntimamente inocente. Y digo inocente porque yo no pensaba en ella y me hacía pajas, como sí hacían los demás compañeros de clase, yo pensaba en ella, pues no sé, de manera idílica, casi cinematrográfica. No obstante poco me duró esa tontería porque los vestuarios del equipo de fútbol del colegio me abrieron los ojos, desgraciadamente no el culo, de una manera bastante evidente.

Pero mi relación con las mujeres no se quedó ahí, sino que ya en 1º de BUP o así, una de las chicas más guapas del instituto, por la que suspiraban todos los morenazos del curso y del no curso, estaba enamorada de mí. Dios mío, lo que hubiese dado por ser ella una noche, la noche de la cena de fin de curso, me hubiese tirado a todos. Pero estos cambios corpóreos solamente pasan en algunas peliculas, bastante malas por cierto.
Yo poco hice por aclararle por qué pasaba de ella y lo nuestro no podía ser, pero tenía un hermano un año menor que nosotros que creo que quizás algún día le explicó como se me iban los ojos a su paquetón cada vez que íbamos juntos a la piscina.

Y así ya de los 16 en adelante, hasta hoy, he notado muchas veces como algunas chicas me miraban pues raro, algunas me sonreían, algunas dependientas de alguna tienda donde iba mucho se ponían más pesadas de lo habitual, en fin, no una lista interminable, que parece que soy aquí el nuevo Casanova pero gay, pero sí digamos una lista que supera con creces a los tíos que, simplemente, han pasado por mi boca. Y digo mi boca porque el otro sitio, ya sabéis, soy virgen.
No os podéis imaginar hasta qué punto esto me ha atormentado. El que haya tías que se fijen en mí, no el ser virgen. Porque no lo entiendo, el feo es feo para hombres, mujeres, perros y gatos. ¿Por qué hay un número aceptable al año de tías que me miran?, y algunas bastante guapas, por cierto. ¡Si a mí no me gustan las tías!. Y esto, además te crea un estado de nervios muy peligroso. No hace mucho, en la gasolinera donde reposto(echo gasóil) habitualmente, había una rubia de estas despanpanante, operada yo creo que hasta del coño, que dejó hipnotizado al dependiente, y este me dijo "puff joder, ¿no le echabas un buen polvo?", y yo, que ese día estaba muy muy quemado, le contesté algo que aún a día de hoy me parece increible: "¿es que sabes lo que pasa? que a mi me gustan los buenos rabos" y tras esto, el dependiente se quedó pálido, me cobró y hasta hoy, que nos hemos visto un par de veces y ya se limita al "hola" "adiós" "gracias". Confieso que jamás en mi vida he tenido un arranque similiar, además de que es una ordinariez impropia de mi cultura y mis curriculums académicos jajaj.

Yo, la verdad, como siga sin echar un polvo (ya ni en sueños porque padezco insomnio) y me siga mirando alguna que otra chica tendré que acabar en el Opus Dei que allí dicen que entras Paco Clavel y sales Arnold Swarseneguer(o como coño se escriba).
 
A VECES YO NO ME COMPRENDO....
Hace ya algunos años, cuando yo aún creía en el amor gay como algo natural y no como un milagro del Señor, un gran amigo mío, al cual quiero como un padre, me decía que no siempre lo que nos gustaba era lo que nos convenía, refiriéndose a los tíos, claro está.

Lo que voy a contar no solamente me ha pasado, me pasa, a mí, sino que he conocido a varias personas que también han sufrido, o sufren, el no querer a quien te quiere de verdad y el estar perdidamente enamorado de alguien que no se lo merece. Y, desde luego, este mal no es exclusivo de los gays, ni tampoco se ha inventado con la llegada del matrimonio gay, sino que es algo que por difícil explicación mucha gente se lo toma como algo intrínseco y natural de la especie humana sobre lo cual no merece la pena debatir, y no digamos ya combatir. Somos así, y qué se le va a hacer....

Pero es complicado saber que alguien te quiere de verdad, que te ofrece su vida entera, y tú no poder corresponderle de igual manera. No es tan doloroso como el estar perdidamente enamorados de un tío que no nos quiere, pero cuando uno tiene un mínimo de sentido común y comprende lo realmente complicado que es encontrar a alguien que te quiera de verdad, a veces se desespera porque no alcanza a encontrar el modo de enamorarse de aquel que sí está enamorado, hasta los huesos, de nosotros.

¿Qué nos hace enamorarnos de alguien?, ¿dónde reside la diferencia entre sentir algo y no sentirlo?. Muchos dirán, y seguramente para ellos será así, en el físico, porque un tío o nos gusta o no nos gusta, aunque siempre hay matices, o mejor dicho, siempre hay planos de paquetes o culos que nos hacen decir sí o no. Pero aquí yo hablo de sentir algo por alguien, y aunque el sentir ganas de tirarse a un tío puede entrar dentro de este significado, yo me refiero a lo que llaman, llamamos, amor.

Lógicamente, a la hora de hablar de esto, es muy complicado intentar hacer aptoximaciones generales a lo que puedo considerar yo como verdad, porque cada persona es un mundo y de sentimientos es muy arriesgado hacer doctorados. Así que yo hablaré un poco por mí mismo y por lo que he visto en la gente que me ha rodeado, sin ánimo de excluir otras opciones ni de elevar a categoría de tesis las mías.

En primer lugar, creo que todos, de una manera o de otra, fabricamos en nuestra cabeza, o en nuestro subconsciente, la figura, la pose, el modo de ser, de nuestro tío ideal. Y, a partir de ahí, el listón sube o baja dependiendo de muchas cosas. Es verdad que siempre se ha dicho que el amor es ciego, pero yo creo que los gays tenemos una concepción de nuestra pareja ideal, o deseada, bastante rígida. Es decir, a alguien que le gusten delgados es muy difícil que pueda llegar a enamorarse de alguien gordo, o viceversa. ¿Es esta la razón de que la superficialidad esté muy por encima de los sentimientos sinceros en el mundo gay?, quizás, el qué dirán a veces empuja a tomar decisiones que no deseamos ni sentimos, pero que los demás van a ver mejor.

En segundo lugar, también juega una parte importante la fe en los milagros que tenemos muchas veces, es decir, la fe a que ese al cual queremos un buen día, porque sí, cambie y se arroje en nuestros brazos de manera incondicional. Pero es difícil que las personas cambiemos porque sí, y esperar que un amor fracasado, o imposible, o un desamor que nos consume, se solucione porque la otra persona se da cuenta de que somos el amor de su vida, es, en la mayoría de casos, una pérdida de tiempo que además nos deja heridas de muy compleja curación.

Yo comprendo que muchos de nosotros vivimos y crecemos esperando un amor que no va a llegar nunca, porque las películas son eso, y es malo confundir los deseos idílicos con lo que realmente hay, vamos, con lo que podemos alcanzar. También es verdad que cuando uno ve todo lo que ve en la tele, en la calle, en la piscina, en el gimnasio, pues empieza a hacer promesas a todo tipo de santos y vírgenes para que alguno de esos tantos morenazos acabe con nosotros camino al altar. Puede ser. Claro que no todos somos así, hay gente que busca cosas más normalitas, más reales, más para toda la vida. Y digamos que es en esta lucha donde reside el secreto de poder ser feliz sin necesidad de lipoesculturas u hormonas de musculación, en saber enamorarnos de lo que nos conviene y no de lo que nos gusta en el caso de que ambas cosas sean incompatibles.

Empero, dichosos aquellos que sienten o han sentido la llamada del amor y ha coincidido con lo que deseaban. No siempre, en esta vida, transitamos el camino más jodido y más complejo.
 
SEGURIDAD VIAL GAY
Precisamente esta mañana estaba en mi cama aburrido y sin saber qué hacer, porque sí, desgraciadamente, no tenía un buen morenazo a mi lado para entretenerme. Y entonces fue cuando pensé en que la DGT debería de inciar lo antes posible una campaña de seguridad vial dirigida exclusivamente para los gays. Porque los gays, cuando conducimos, también tenemos lo nuestro. Es verdad que las mujeres tienen la fama pero los homosexuales presentamos peculiaridades bastante llamativas. Veamos.

En primer lugar empecemos por la divina, la divina que conduce. ¿Cómo sabemos que quien conduce es una divina? muy sencillo: van peinados hasta el último pelo de las cejas, con un bote de gomina entero gastado antes de subirse al coche. Van, además, con camisa/camiseta/jerseys/y o variantes superiores que parecen sacados de un catálogo del corte inglés: perfectamente colocados y sin una arruga, oye, ni una sola arruga. Pero el rasgo más significativo de la divina es que la posición para conducir la consiguen tan rígida, que parece que se ha subido al coche con el pepino dentro, pero no un pepino cualquiera, no, no, un pepino largo, tipo holandés. Bueno, el pepino por el ángulo del asiento y el imán magnético por la superficie craneal, que parece que están imantados al techo del vehículo, aunque este último rasgo es variable porque también hay divinas bajitas que no llegan a acoplar su cabeza al techo del coche.
Luego ya si los observas conducir te darás cuenta que no mueven la cabeza para nada: curva, cabeza rígida; badén, cabeza rígida; que atropellan a un gato, cabeza rígida y una leve mueca de sonrisa(ya se sabe, el pepino), y así sucesivamente. Y esto, esta rigidez, además de ser un peligro para ellos, también lo es para el conductor que vaya pararelo a ellas y se quede hipnotizado por esa manera tan mágica de conducir, porque hay que reconocer que conducir rígido también tiene su arte.

Luego, después de las divinas, están los gays faltos de cariño, como yo, que estamos algo despistados al volante. Por ejemplo.
Hace no mucho llegué a repostar(echar gasolina) a una gasolinera que no había estado nunca, y mientras dejo el coche al lado del surtidor(el cacharro donde están las magueras colgadas), veo que viene hacia mí, bueno, hacia mi coche, el tío con más morbo que había visto en meses, y en carne y hueso, no en las peliculas de Eurocreme. Era algo, puff, es que de recordarlo me entran escalofríos: morenazo, pelo cortito en cresta, unos labios carnosos, fibradisimo, con un tatuaje chino en el brazo(con lo que eso me pone), unos anillitos de estos de plata que cagó la gata en las manos(puff con lo que eso me poneee), y un paquetón... ¡dios mío que paquetón! ¡ni con una faja de vieja aristócrata del siglo XVIII lo hubiera podido disimular! claro entonces uno se baja del coche ya totalmente aturdido, cachondo como una perra, si, si, es la verdad, y el morenazo le pregunta algo tan inocente pero a la vez tan peligroso:
MORENAZO: hola, que te pongo
YO: (totalmente descompuesto): hola, pues ponme 20 centímetros de diesel
MORENAZO: (desconcertado): como???
YO:(rojo como un tomate) ehh no, perdón, quería decir 20 euros claro jejeje
MORENAZO:(se parte el culo de risa) ya, ya, 20 euros.... de diesel no? (sigue riéndose)
YO: sí, sí, de diesel sí

bueno, pocas veces en mi vida he pasado peor rato, yo quería que me tragase la tierra ahí mismo. Bueno, no, en realidad quería que el morenazo me enchufase a mí su manguera, pero bueno, en fin, está claro que a esa gasolinera no he vuelto aún, ni creo que lo haga. La dignidad, la compostura de uno mismo, están por encima de todas las cosas... pues eso.

Pero este desliz verbal no es tan peligroso como la distracción al volante en ciudad. Y ya no digamos si es zona de playa y verano... pufffff los esfuerzos que tiene que hacer uno para no mirar a esos cuerpazos bronceados, que parecen sacados de una revista de esculturas griegas, y esos bañadores mojaditos que dejan entrever todo, y con ciertas cosas que dios mio.. ¡ni los pepinos holandeses!. Porque no hay nada más ridículo que quedarte mirando embobado a un niñato o a un tiazo como la coma de un pino y de repetende comerte al coche de delante que ha frenado de golpe y tú ni te has enterado ¡Qué vergüenzaaaa! bueno, que conste que a mi, esto, no me ha pasado, pero sé de gente que sí.

También le damos los gays un uso al vehículo que también existe en el mundo hetero, pero en menor medida, y es el coche como picadero sin ataduras. Aunque peor que usar el coche como picadero es llevarlo de cruising, que casi siempre se encuentran en zonas de descampados o parques naturales donde los bajos del vehículo tienen todos los números de fallecer en cualquier intento. Y ya si el coche es de alguna maricona hambriente que se tira horas y horas dando vueltas y no pilla nada, cuando decide ya irse va por esos caminos dando unos botes y unos porrazos al coche que se oyen en kilómetros a la redondo, porque claro, uno no puede poner el coche a 140 km/h por mucho que se vaya quemado, en todos los sentidos, a su casa.

No obstante siempre se ha dicho que un coche bueno, o caro, o llamativo, servía para ligar mucho. Ya se sabe la típica tontería de que uno se compra un Mercesdes deportivo o un BMW y le dicen los amigos: wuahhh con ese carraco la de tias que te vas a follar.
Bueno, pues los gays también funcionamos distinto. Yo, por lo que he podido ver, no somos los gays excesivamente amantes de los coches, ni siquiera a la hora de fijarnos en alguien hace más o menos el coche, bueno, a lo mejor me equivoco, pero por lo que yo he visto...

Y esto, en el fondo, es una discriminación al feo. Porque ya ni teniendo un coche de 7 millones va a poder follar. En fin, la vida es dura, ya se sabe, pero yo creo que los coches son una manera muy bonita de poder disfrutar también en ciertos momentos de la vida, porque a mí, que en mi vida había cogido un coche hasta los 18 y en la autoescuela, ahora me encanta conducir y perderme por ahí. También es verdad que muchos dirán que las posibilidades de ligue que te da el autobus, el ten o el avion, no te las da el coche. Bueno, yo como nunca en mi vida he ligado, me da igual, pero también en coche se puede ligar, que conste.

Otro día, no obstante, os contaré mi etapa en la autoescuela porque no fue, ni mucho menos, un camino de rosas. Es lo malo de ponerte de compañero de clases a un niñato que crujía por todos lados y a un profesor un viejo homófobo que solamente sabía gritar. Ah, y por cierto, aunque parezca lo contrario, yo no estoy salido como el pico de una plancha, sí que estoy muy falto de cariño, pero nada más. Ay, el cariño, ese algo tan necesario en la vida de un hombre....
 
YO NO SALÍ, ME SACARON DEL ARMARIO
No sé por qué pero las noches de verano me ponen nostálgico. Será el calor, o el aire acondicionado que no soporta mi garganta, o la luna llena que hay esta noche, que no me transforma ni en lobita, aunque algo de zorrita alguna vez he sido. Ya no, hace algunos meses que decidí abonarme a la castidad.

A lo largo de mi vida fuera del armario, he conocido a tantos gays, que hace años que perdí la cuenta, sus nombres y sus caras. Pero si algo se repite de manera casi inevitable en todo gay y su experiencia vital es la importancia que le dan a su salida del armario o su preocupación por cómo saldrán. Qúizás el salir del armario sea el paso más complicado que existe para un homosexual. Luego, ya una vez salidos, el problema se transforma en problemas, pero es otra cuestión.

Hace algunos meses, una noche que no podía dormir ni contando ovejas, ni contando paquetes, tuve la idea de irme a ver un rato la televisión. Y apareció "el diario de patricia", ya sabéis, en mi televisión está antes Antena 3 y sus variantes en TDT que los canales locales donde aparecen rabos de 20 cm pajeándose mientras se van sucediendo mensajes de todo tipo y tipas. En ese programa iban a hablar de como fue la salida del armario de unos cuantos gays, y alguna que otra lesbiana.

Cuál fue mi sorpresa que todos contaban historias idílicas, fabulosas, de celebración familiar como si de una lotería se tratase. Y claro, yo me pregunté, ¿tan mala suerte tuve yo?. Pero haciendo memoria comprobé que no era así, porque cuántos gays llegué a conocer que lo habían pasado realmente mal en su salida de armario e, incluso, los padres los habían abandonado totalmente a su suerte. Es verdad que, en ocasiones, el victimismo puede sonar como un arma o una estrategia para conseguir ciertas cosas o cierta compasión, tal vez incluso cierta permisión. Pero las historias reales de la gente, historias reales que yo he conocido, y algunas hasta comprobado, no son creadas con intención melodramática, sino que son situaciones que reflejan un precio que, para algunas personas, nos sale demasiado caro para pagar.

Precisamente a mí me sacaron del armario el día siguiente de volver de mi fin de semana de Madrid, en Chueca, ese fin de semana que ya he contado en este blog. A veces he pensado que la justicia divina me impuso dicho castigo, pero siempre he acabado rechazando esta idea por haber sido el castigo de una magnitud que superaba con creces mi capacidad humana de aguante. Aunque, es verdad, que sobreviví.
Tuve la malísima suerte de cambiarme, con 16 años, de ciudad. Lógicamente, donde llegué no conocía a nadie, y mi manera de soportar la soledad abrumadora era escribirme asiduamente con tantos amigos que dejé en mi anterior ciudad, que fueron muchos. Y no sé por qué pero me dió por salir del armario a través de las cartas, y contarle a mis amigos más allegados que yo era gay. Luego, conforme me respondían yo iba guardando mis cartas en un cajón, sin ningún tipo de seguridad ni Antrax preventivo que castigase a intrusos impertinentes. Y ese fin de semana, mientras yo estaba por Chueca, mis padres decidieron leer mis cartas. El resultado fue nefasto.

Yo creo que si llegan a descubrir que tienen un hijo drogadicto o terrorista, se lo hubiesen tomado mejor. El drama que se formó fue realmente insoportable. A partir de ahí me quitaron Internet, me quitaron el móvil, lógicante me mandaron a una psicóloga, y su manera de comportarse conmigo digamos que a veces rozaba el código penal. Me encontré con 17 años, solo, sin amigos y con unos padres que me trataban peor que si fuese un criminal, y a todo esto sin más camino que soportar todo aquello porque sí, porque no quedaba otra. Los meses que yo pasé hasta que hice la selectividad fueron muy duros, durísimos, y son meses que nunca en la vida podrán borrarse de mi memoria. Coincidió, además, que la psicóloga a la segunda sesión llamó a mis padres para decirles que ser gay era algo totalmente normal y que el psicólogo lo necesitaban ellos para ayudarles a aceptarlo. Échale guindas al pavo....

Dentro de la tormenta y del estado de sitio permanente en el que vivía, logré hacer algunos amigos, gays, que me iban ayudando poco a poco, y así con 17 años, justo al terminar la selectividad y saber mi nota, una buena tarde me escapé de casa sin nada. Pero sin nada. Bueno, con mi DNI y mi tarjeta de crédito, a casa de un amigo que decició "adoptarme". A estas alturas de la vida no sé si me equivoqué, pero aquella decisión marcó totalmente mi vida y mi destino. Además de poner en serias dificultades a mis padres, pues se le había ido de casa su hijo de 17 años y la familia y los amigos cercanos iban a preguntar por el motivo.

Con el paso del tiempo, y poco a poco, volví a verlos. Sí, volví a casa. Poco a poco ellos intentaron reparar el mal, el gran mal, que me habían hecho, aunque incluso a día de hoy el tema de la homosexualidad crea algo de tensión.

Y aquí viene el gran dilema, la gran encrucijada. ¿Qué siente uno después de todo eso?, ¿amor, odio, desconfianza?. Yo, y lo digo como lo siento, he vuelto a querer a mis padres, y vuelvo a ver en ellos a mis padres. Yo daría mi vida por ellos, si hicese falta. Sin embargo, aún después de tantos años, no he podido olvidar todo lo que viví a mis 17 años. Hay quien dice que para perdonar hay que olvidar, y que si uno perdona sin olvidar no vuelve a querer libremente, o con todo su ser. Puede ser, pero en mi caso no es así. He conseguido lo más difícil, que es perdonar, no olvidar, y volver a querer como antes, y sin reservas. Ya sé que en esta frase anterior hay cosas muchas veces incompatibles, pero así ha sido.

He escrito esto no porque mi "salida del armario" sea digna de escribirse en los anales de la historia, sino por si da la casualidad de que alguien que lo está pasando mal o se plantea salir del armario necesita algún tipo de referencias. No siempre salen las cosas así, y también debo decir que he conocido a gente que su salida del armario ha sido placentera, y que en su casa y familia los han apoyado sin reservas ni condición. Mi consejo, y lo que siempre pretendí, es contar a la familia que uno es gay en el momento que pueda ya valerse por sí mismo, que no dependa del apoyo o del sustento de la familia, pues así en el caso de que la reacción sea virulenta, uno se levanta, coge la puerta y se marcha. Sufrir, qué duda cabe, sufriríamos igualmente. Pero no estaríamos vendidos al sufrimiento.

Hay una canción de Marcos LLunas, el hijo de Dyango, que no es muy conocida pero que se titula "se lleva la libertad con él", y es una balada preciosa donde el novio, o amigo, de un gay va a contarles a los padres que su hijo se va de casa. Yo no sé si aconsejarla, no desde luego a los de lágrima fácil. O sí. Es verdad que se han grabado muchas canciones relacionadas con la temática gay, pero para mí ninguna tan acertada como esta, "se lleva la libertad con él". Y es que la libertad es el primer paso que todos los gays necesitamos para poder ser felices. Bueno, todos los gays y todas las personas.
 
MAMMA MIA, MEJOR QUE HAIRSPRAY
Jamás pensé que lo diría, pero he visto un musical que supera al mítico y eterno "hairspray", en su versión cinematográfica, claro está. Ya sabéis que a mi me encanta el cine, incluso a día de hoy, aunque a este paso ir al cine cueste lo mismo que irse de putas.

Este sábado decidí ir a ver Mamma Mía, con algo de reparos. No soy yo un gran amante de los musicales, y el último que vi, el de Jonny Deep barbero, no recuerdo el título, no fue, desde luego, una buena idea. No ya por las canciones en sí, sino porque tenían un horno de pasteleria donde iban cociendo a todos aquellos que mataba Jonny Deep para luego servirlos en pastelitos rellenos de carne y variantes. Os podéis imaginar los días siguientes que pasé cada vez que me ponían algo de carne para comer. Y yo que odio el pescado...

Cuando vi "HairSpray" por primera vez, recuerdo que fue en Madrid, en los Yelmo del H2O de Rivas. Salí totalmente extasiado. No solamente por el argumento de la película, extraordinario y girando en torno a algo tan superficial como una laca; Y no solamente por las canciones del musical, que hay musicales que tienen una BSO que es para cortarse las orejas. Sino también por ese tremendo moreno que salía como estrella y sueño dorado de la gordita hija de Jhon Travolta travestido, un sueño que muchos maricas de los 70´s jamás pensaron ver cumplido. Y qué decir del mulato que acaba con la amiga de Tracy(hija gorda de Jhon Travolta), que derrocha morbazo por todos lados. Luego me he enterado que algunos de los bombones de HairSpray han acabado en el High school music, del cual solamente pude ver un video promocional de la canción "what time is it" y casi acabo en urgencias de la subida de tensión que me dió. Hay ciertas cosas que no podemos consumir los feos en sequía pertinaz.

Pero aunque "HairSpray" era un musical mucho más simple y llevadero que "dreamgirls"(menudo pastelazo para ponerse a llorar una tarde entera de cualquier domingo otoñal), "Mamma mía" ha superado con creces a todos.
Ya sé que muchos pensaréis que el novio de la hija de Merly Streep bate records de morbazo, infartos anales y chillidos ahogados de los maricones en la sala del cine. Sí, es verdad. Pero no es él por lo que me decanto por Mamma mía, sino por la actuación estelar de Meryl Streep.
Yo, lo confieso, tenía mis dudas acerca de un musical cantado por Meryl Streep y Pierce Brosman, pero la verdad es que Meryl Streep es tan divina, que así saliese tirándose un pedo lo haría con tanto glamour que no tendríamos más remedio que rendirnos ante tanto arte. Es evidente que todas las canciones son de Abba, un grupo al que yo no le había prestado demasiada atención pero que ahora he descubierto en todos los sentidos. Son canciones realmente extraordinarias, algunas muy gays la verdad, y ya la escena donde sale Merly Streep y sus dos amigas de la infancia cantando Super Trouper, parece una escena travesti sacada del mejor local gay newyorkino de los 80´s. Ah, y la pelicula también tiene una historia gay, pero que no revelaré, no soy tan cabrón.

Pero el momento totalmente estelar, de esos momentos históricos donde es imposible hacerlo mejor, que se supere a la mismísima perfección de la interpretación, es cuando Meryl Streep canta ante Pierce Brosman "The Winner Takes It All". Yo, la verdad, había oído muchas veces esta canción en la radio. Me encantaba, pero no sabía de quién era. Y, además, como yo de inglés no tengo ni idea (sí, no soy bilingüe como las divinas), pues tampoco pude conseguirla.
El problema vino cuando empezó a sonar la canción, a cantarla Meryl Streep y a aparecer la traducción al español en subtítulos, como es normal. En ese momento, cuando empecé a leer lo que decía la canción, yo pensé que le iba a dar el infarto definitivo a mi pobre y roto corazón que hace casi 3 años lo consiguieron partir. Sé que suena cursi decirlo así, pero cuando se habla de sentimientos a veces es complicado no caer en cursilerías. Además, que yo no sé hablar ni escribir de otra manera.

La letra es, realmente, terrible, no apta para mariconas muertas de amor, o vivas de desamor. Son de esas canciones que deberían de parar la película y advertir al espectador que si sufre de mal de amores, abandone la sala o se ponga unos tapones de cera para que así no empiece a sufrir espasmos de dolor y escalofrios de depresión. En mi caso hacía muchísimo tiempo que jamás sentía tal necesidad de ponerme a llorar y a gritar como una loca. Y lo peor es que no podía hacerlo, porque además de que estaba la sala llena, detrás tenía a dos heteros machitos con sus dos novias que se reían cada vez que Meryl Streep empezaba una canción. ¡Como para ponerse a llorar cual plañidera en entierro! no creo que esos machisimos comprendiesen mi entierro, el de mi corazón.

Pero ya conforme se iba terminando la canción, se le unió a mi factor emocional, tan personal, una interpretación desgarradora de Meryl Streep, con un dramatismo que hasta las piedras de la película aparecían llorando. Es más, hasta los árboles de la isla se sonaban los mocos compunjidos. Sinceramente, Meryl Streep se merece el oscar por esa interpretacion realmente sobrehumana que supera, con creces, los límites que ella misma tiene como cantante y que mucho de su público fiel y enamorado sabía que iba a tener. Yo llego a ser Pierce Brosman y en esa escena me desmayo y me despeño hacia atrás sobre el acantilado.

Luego, para terminar la noche, y después de ese baño emocional de depresión y ganas de llorar, me fui empapado al "Piscis", lugar de ambiente gay de Murcia por escelencia. Y no, no se parece en nada a una pecera. Es más, ni hay peces.
Como es evidente, ni falta hace decirlo, no ligué. Es normal, los feos no ligamos en el ambiente. Pero la verdad es que esa noche, así se me hubiese presentado el nadador este de Baltimore que está que cruje por todos los costados de su cuerpazo, no le hubiese hecho ni caso. Porque el problema ya no es el ligar o no ligar, es algo que casi asumo, porque los feos pues no tenemos mucho que hacer. Pero lo realmente inconveniente es tener lugar para pensar sobre nuestras necesidades, sobre nuestros sentimientos, sobre ese desamor que llevo a cuestas desde hace 3 años, y que no parece tener fin.

A nadie le importa que sufra otro. Es más, muchos de los que dicen ser amigos nuestros no les importa demasiado. Y aunque los amigos de verdad te escuchen y dejen que llores una y mil veces sobre su hombro y siempre por el mismo tío, la sensación de vacío, de desconsuelo siempre está ahí. Ya sé que hablar de estos sentimientos en el mundo gay es algo que está totalmente mal visto. Aquí lo suyo es contar como tenia el rabo nuestro ultimo ligue de este fin de semana. O como me puso a 4 patas el albañil heterazo de la obra de al lado. Ojalá pudiese yo contar algo así jajaja
Fuera de bromas, yo creo que no es malo hablar de nuestros sentimientos. Primero, porque los tenemos. Segundo, porque lo necesitamos. Y tercero porque puede haber alguien que se sienta así y quizás al descubrir que no es el único en chueca que sufre pues se encuentre más aliviado.

Una vez leí que aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta. Quizás esta sea la explicación más sencilla de por qué me enamoré hace 3 años y no he podido volver a enamorarme.
 
LA PRIMERA PIEDRA
Hoy he vuelto a recordar la primera vez que estuve yo en Chueca, cuando tenía 17 años, allá por.... pufff.... bueno, no tanto, en el 2000. Fue un fin de semana que pasé en Madrid y aproveché para conocer en persona a tanta gente con la que llevaba hablando meses por el chat y de los cuales muchos eran algo más que nicks. Eran los tiempos dorados del chat, cuando la mayoría de gays, la inmensa mayoría, solamente teníamos internet para intentar ser libres e ir procurándonos una vida mejor, cada uno a su manera y según sus necesidades.

En ese fin de semana conocí a mucha gente, y muchos de ellos fueron mi grupo de amigos cuando a los pocos meses me fui a Madrid a estudiar, en la universidad. Pero ese fin de semana se quedará siempre grabado en mi cabeza con dos personas, y por algo que pasó. Esas dos personas eran uno de los mejores amigos que he podido tener en mi vida, y la otra su novio de entonces. ¿Lo que pasó?, pues os lo podéis ir imaginando, y no precisamente un trío.

Cuántos errores cometemos en nuestra vida, cuántas jilipolleces hacemos que tiempo después nos dan ganas de abrirnos la cabeza contra la pared, pero sin embargo ahí están. Lo que yo hice aquel fin de semana fue algo de lo que me arrepentiré toda mi vida y toda mi muerte, si es que la hay, pero que en aquel entonces, aquella noche, aquel sábado, no me hubiese arrepentido así me hubiesen fusilado.

Bien es verdad que muchas veces cuando nos damos cuenta de que la hemos cagado, y bien gorda, intentamos buscar excusas que nos eximan de nuestra responsabilidad, de nuestra idiotez muchas veces. A veces esas excusas son verdad, y otras no. No es que yo a estas alturas de mi vida y después de haber pagado todos los platos rotos de mi error de entonces necesite consolarme con excusas cuando recuerdo lo que pasó, pero bien es verdad que a lo largo de la vida de una persona siempre hay una pauta más o menos estable de comportamiento, ya sabemos, o somos unos hijos de puta, o somos tontos, pero o se es bueno, con sus excepciones, o se es malo, con menos excepciones.

Cuando yo llegué a Madrid con 17 años prácticamente en mi vida había salido de mi casa, y aunque no era lo que se podría llamar un pardillo de la vida, sí que es verdad que no me había comido un rabo ni había tenido contacto alguno con un chico. Contacto carnal, se entiende.
Yo, aunque no era un pardillo, sí que tenía un concepto de ciertas cosas de la vida algo idílico, algo equivocado, y una de mis grandes lagunas de inocencia e ingenuidad eran las relaciones sentimentales entre dos personas, y digo entre dos personas porque en aquel entonces creía que las normas emocionales que regían en los heterosexuales también se aplicaban en los gays, ¡crasso error!.

Entonces, entre risas y flautas, llegó el sábado por la noche, y el que era mi mejor amigo por aquel entonces se fue a su casa, y yo me quedé con su novio. Bueno, y con un grupo de amigos. Pero por cosas que tiene la vida, putadas que te gasta el diablo cuando sabe que no has pecado nunca, su novio y yo acabamos perdiéndonos por las calles de Chueca y él acabó besándome. Es así, fue él quien empezó. Claro que yo no me pensé mucho en seguirle. Era la primera vez que un tío me besaba, y encima el tío me encantaba. Sobran los detalles, pero acabamos en la habitación de mi hotel, aunque yo seguí siendo virgen después de esa noche, que conste. Con el pedazo de rabo que tenía, como para haberme penetrado. Vamos, es que no hubiese vuelto a casa. O en flotador, seguramente.

La cuestión es que mi mejor amigo y su pareja se enteró, y en fin, aunque él me perdonó y cuando yo fui a la universidad estuvo a mi lado muchos meses dándome muchisimo cariño y muchisimo apoyo, al final acabé perdiéndole. Qué duda cabe que aquello que le hice fue una herida que jamás sanó, que se resistió a su infección, eso sí, pero que terminó por infectar y liquidar nuestra amistad, nuestra gran amistad.
Muchos diréis, ¿pero que clase de cerdo es este que encima de hacerle eso a su mejor amigo habla de la gran amistad que le unía?. Es verdad, ni yo mismo podría defenderme, así me fusilaran al amanecer. Merecería ser fusilado. Ya sé que cosas como la que cuento están a la orden del día e incluso son hasta pecata minuta entre los gays modernos y divinos de ahora, pero yo, desde aquel día, desde aquella noche, llevo algo dentro de mí que me pesa, que llega de vez en cuando y me amarga un poco el día. Yo creo que jamás superaré lo que le hice a mi mejor amigo de entonces, porque lo que le hice ni tiene nombre ni yo puedo perdonarme.

Podría decir que yo era un chico de provincias que se quedó asombrado ante Chueca, y ya cuando un tío como ese se me tiró encima, ¿qué iba a hacer?, estaba tan necesitado de tener algo con alguien que olvidé todo lo demás. Podría decir cosas así, y que son verdad, pero que no tienen bálsamo alguno para hacer de consuelo.
Creo, de verdad, a mis casi 25 años y aún virgen, que la amistad es lo más importante que puede haber entre dos personas, y entre dos gays ni te cuento. El amor de verdad y duradero entre gays entra dentro del género de la ciencia ficción, pero poder hacer amigos que nos apoyen, que nos ayuden y que nos quieran de verdad, aunque es también difícil, entra dentro de lo posible. Muchos serán, la vida es así, quienes se acerquen a nosotros con intereses ocultos. Otros muchos nos traicionarán y otros incluso se acostarán sin pudor alguno con nuestros novios. Pero también está esa gente que se merece nuestro cariño, nuestra fildelidad, nuestra atención y, sobre todo, todo nuestro tiempo. Poner a los tíos por encima de la amistad, es un error no solamente de juventud, sino un error que en muchas ocasiones va más allá de los 15 años dominados por las hormonas.

Yo, desde aquí, me gustaría deciros a todos los que me léeis, que seréis pocos me imagino, que jamás cometáis el error que yo cometí y que, además, muchas veces en la vida se nos presenta como tentación. Y ya si nos movemos mucho por Chueca y todos nuestros amigos son gays, la ocasión de liarte con el novio de un amigo no es que sea abundante, sino que salen hasta de debajo de las piedras. Ya sé que hay amigos que tienen novios tremendísimos que se nos hace el culo, y lo que no es el culo, agua, que hasta soñaremos con ellos. Bueno, puede que sea algo feo soñar que te pone a 4 patas el novio de tu amigo, pero en sueños no le hacemos mal a nadie. Lo malo es cuando lo queremos hacer realidad. Tarde o tamprano, llegará el arrepentimiento, y tarde o temprano comprenderemos lo asquerosos y cabrones que hemos sido. Ya se sabe aquello de "quien esté libre de culpa que lance la primera piedra", cita bíblica y canción de Raphael. Pero una cosa es no poder tirar la primera piedra y otra tener todo un terraplén en nuestro trasero.
 
YO LO QUISE TANTO....... Y AÚN SIGO ENAMORADO
"Él, como os diría, era toda mi ocupación..." Hace poco descubrí esta canción, "palabras de amor", de Serrat, una de las canciones más bonitas que se han escrito en nuestra música. Lo que pasa es que como Serrat no es demasiado santo de mi devoción, tardé siglos en encontrarme con este éxito que desprende, además, tantísimos sentimientos.

Las canciones, también, nos suelen traer recuerdos, para algunos el momento en que se empiezan a comer la boca con el ligue del sábado pasado, y para otros el tiempo donde creyeron ser felices al lado de alguien.
Ya casi en mi carta de presentación en este blog hablaba un poco acerca del amor, y de mi primer amor. En mi caso, mi primer y único amor, y ya tengo casi 25 años. Un bagaje que no es, precisamente, un record en la vida de un gay, aunque también es verdad que aquellos, con 25 años, que nos cuentan por decenas los novios que han tenido apenas han estado enamorados de un par como mucho, si es que han estado enamorados.

Cuando yo conocí a Sebas, la noche anterior había quedado precisamente con uno para echar un polvo. Es decir, era una etapa de mi vida en la que ya no pensaba en el amor, y ni mucho menos enamorarme. Bueno, y también era una etapa de mi vida en la que echaba polvos, por lo menos, no como ahora.
Era un medio día de finales de agosto cuando nos conocimos. Como hacía un calor infernal yo decidí ponerme una camiseta negra normal, lisa, sí, de esas que te quitan el calor. Así que entre el calor, todo lo negro que llevaba, y cuando lo vi, quizás fueron esas combinaciones las que hicieron que mi mente se derritiese a la par que yo. Él era un chico alto, delgado, guapo, como hay tantos, no era el tipico morenazo con unos brazos que le van a reventar, pero a mí, la verdad, es que me gustó mucho.
Lógicamente fuimos a comer y lo tuve que invitar yo. Ahora comprendo como el destino ya empezó a repartir los papeles en nuestra relación: él comía y yo pagaba. Claro que entonces, ese día, estaba yo como para ponerme reflexivo y profundo. Yo, lo único profundo que tenía aquel día, eran las ganas de que me echase un buen polvo. Pero no me lo echó. Bueno, yo es que tampoco me insinué, ni lo llevé a ningún sitio propicio. ¿Qué me estaba pasando?, era evidente que aquello no era, para mí, una simple cita con el objetivo de acabar llenándome la boca, así que tras comer decidimos ir a tomar un café antes de que él cogiese el autobus de vuelta a su pueblo. Sí, yo tenía ya coche, pero me pareció excesivo llevarlo de vuelta en la primera cita. Imaginaos luego con mis amigos, "oye marc has hechado un polvo??? no, pero lo he llevado a su pueblo que está a 90km" pues hubiese sido un poco el cachondeo de los demás.

Ya ese mismo día me mandó un mensaje, de esos que todos los feos como yo, cuando quedamos con alguien que nos encanta, estamos locos por recibir. Menudo subidón me dió cuando lo leí, y eso que ya tenía casi 22 años, que yo me creía ya de vuelta de todo, pero en fin, "cuando el amor llega de esta manera uno no tiene la culpa". Ya lo dice Julio Iglesias.

Y así fueron pasando los días y una noche me tocó ir a recogerlo a la salida de su trabajo, y después nos fuimos a la orilla de la playa, y nos liamos por primera vez. La verdad es que fue algo muy romántico, también bastante divertido, pero luego te tiras 4 días seguidos masticando arena y dejando rastros de arena allá por donde vas. En fin, para qué mentir, me encantaba dejar arena en todos sitios. Ya, más que perder aceite, esos días perdía arena. Ni qué decir tiene que esa primera vez, esa noche, en esa playa, fue para mí lo más hermoso que me había pasado con un maricón. Bueno, fue y eso, porque desde entonces jamás he vuelto a vivir algo parecido, y ya hace casi casi 3 años.

3 años es mucho tiempo, o poco, según para qué. En el mundo gay 3 años es una eternidad a la hora de hablar de novios, de ligues, de amor o de sexo. En 3 años cualquier gay normal se puede tirar, no sé, a 30 tíos como mínimo. Yo, la verdad, tengo una cifra muy muy alejada de ese mínimo. No me siento orgullo de seguir enamorado, después de 3 años, de alguien que me engañó y que hasta me puso los cuernos con uno de mis mejores amigos. Sí, es que así fue. Pero el amor, la vida, es muy complicada, y uno también tiene en la mente momentos felices vividos, donde sus palabras y los detalles que tenía me hacían pensar que realmente estaba enamorado de mí. No sé si fue tan buen actor o que presentó una doble personalidad como Ortega y Gasset, que a veces era Ortega y otras Gasset. Pero sí es verdad que hubo algo de mí que se quedó con él y aún no ha renacido en mi vida: las ganas de conocer a un chico y hacer como que vuelvo a enamorarme. Conocer a un chico y sentir esa necesidad de estar con él más horas que las del café. En fin, todas esas cosas.

Quizás algún día la vida crea que es hora de darme algún tipo de tregua en mi sequía pertinaz, como se decía en el franquismo cuando no llovía. Lo malo es que en mi vida ni pantanos he podido construir. Vivir sin amor, se puede. Ser feliz sin tener con quien dormir algunas noches, es más difícil, pero también se puede. Jamás he pensado en volver con Sebas, ni que él vuelva conmigo. También es verdad que si hoy lo encontrase y me pidiese volver no sé qué le diría.

"él, donde andará, tal vez aún me recuerda, un día se marchó y jamás volví a verlo. Pero cuando oscurece, lejos se escucha una canción, vieja música que acuna viejas palabras de amor...."
 
LA DIVINA, ESA ESPECIE
No cabe duda que vivimos en un mundo que ya de por sí es muy hipócrita, una sociedad que puede permitir que un chico muera desangrado en plena gran vía de Madrid sin que nadie se pare a ayudar, pero que sufre mucho por el maltrato a la lagartija común de Somalia, algo inaceptable para la humanidad.

Si ya de por sí esto es así, la hipocresía y el cinismo que yo me he encontrado en el ambiente gay, y lo conozco muy bien, han sido de unas cantidades industriales. Lo que pasa es que en muchos casos, y este no es la excepción, o juegas con las reglas que hay o te quedas al margen. Es decir, ser sincero y uno mismo cuesta demasiado en el mundo gay. Paradojas de la libertad y la liberación.

Dentro del mundo gay, no obstante, se puede observar una división de maricones como si de clases sociales en el antiguo régimen se tratase, con la diferencia que en el mundo gay si vas al gimnasio, te hormonas y te depilas, puedes subir de categoría. En la época medieval era muy difícil que un siervo pasara a noble. Y los gimnasios, ni existían, así que os podéis imaginar. Claro que por entonces el símbolo fálico por excelencia era la espada, en una cultura donde todo lo sexual era pecado y condena. Además de ir fraguándose la santa Inquisición.

A mí me gustaría hoy hablar de las divinas, como el más alto escalafón dentro de la pirámide social homosexual. Ay, las divinas, qué sería del show businness sin las divinas, esos maricones perfectos que cuando llegan a la tele, a algún programa, fingen ser más sensibles que una amapola y más sufridores que los mártires cristianos cuando los sacaban a la arena del circo romano. Porque si algo caracteriza a las divinas es que se llevan super bien osea con todas las tías, para ellos un chocho es el motivo perfecto para ser todo lo tiernos y sentimentales que no son con la mayoría de homosexuales, inferiores a ellos e indignos de una sola mirada suya.

Algunas divinas que lean esto dirán que escribo desde el resentimiento, o que estaré mal follado, qué se yo. Bueno, yo tuve mi época donde estaba bien follado y pensaba exactamente lo mismo. Y también tuve mi época donde las divinas me aceptaban como uno de ellos, y también pensaba lo mismo. El problema vino cuando decidí dar rienda suelta a mi sinceridad y decir todo lo que se me pasaba por la cabeza, y claro, la sinceridad, insisto, es perjudicial para la salud, y no digamos para el caché social en Chueca. Ya lo dijo Rafaella Carrá: "y es sabido que es peligroso decir siempre la verdad".
Es evidente que todas las personas, a la hora de estar con alguien como pareja o como ligue, buscamos, como mínimo, alguien que nos despierte, además de emociones, pues deseo, pasión. A todos nos importa el físico a nuestra manera, es decir, nadie puede enamorarse o acostarse con alguien que no le ponga nada, vamos, digo yo. Pero las divinas van más allá. Porque para ellos el físico es importante hasta para la amistad. Ya no es solamente que no piensen acostarse con un tío que no esté fibrado y no le mida 20 cm, no, no, es que les causa pavor pensar en estar tomando un café con alguien que sea normalito, o gordo, o medio calvo, o que no vista de Hugo Boss. Y ya si no está en la lista VIP del Cool, pues apaga y vámonos...

Y yo no puedo entender la razón de despreciar a las personas por su físico o su condición de vestir o económica. Sin embargo las divinas hacen esto de manera natural, como el respirar.
También se caracterizan porque van siempre como si llevasen un palo permanente metido en el culo, es decir, estiradas como si quisieran alargar su cuello cual jirafa africana, animal milenario que inspiró a Darwin en su teoría de la evolución. Es que por entonces no había divinas que medían dos palmos más que su estatura en reposo. Pero es que además de ir estiradísimas, hasta conduciendo parece que van a romper el techo del coche con los cuernos, van siempre a la última moda y ¡planchadísimos! oye, ni una arruga en la ropa, vamos, ni un triste pliegue en el pantalón. ¡Y qué decir de sus peinados!, ¡y de su olor! claro, a bote diario de gomina y de perfume, es normal que su tarjeta de crédito esté siempre al límite, hay vidas que son muy caras de mantener.

Empero, lo mejor de todo es su relación sexual o sentimental con los tíos. A la hora de elegir con quien echan el polvo, vamos. O bueno, con quien se van a vivir a un ático/ estudio ideal en pleno corazón de Chueca. Ya ahí el amor se desata, normal. Son las parejas ideales, televisivas como ellas solas, y ya si tienen contactos en la jet set mariconil, como Jesús Vázquez o Zerolo, a veces te suelen escupir cuando pasan a tu lado por Chueca. Ellos, faltaría más, son felices así y ven muy normal todo lo que hacen, todo lo que dicen, como sienten y como tratan a los demás. Incluso algunos, cuando se aburren, juegan con gente normal que no ha visto, por ejemplo, un Armani en su vida. Ese tipo de gente normal que además de soler enamorarse parece ser que creen, de manera autoinducida, en los cuentos de adas y princesas. Y cuentos, en el ambiente, hay muchos, pero no precisamente de este estilo.

No voy a negar que las divinas son divinas porque se hacen, porque pueden serlo y porque el ambiente les ha reservado un lugar privilegiado en su circo contínuo. Pero a mí, desde siempre, me han causado una depresión enorme el ver como las divinas son, cada vez, más crueles y más histéricas en aparentar ser perfectas por fuera. Porque esto también acaba afectando a personas que son normales y que salen a la calle, ven esos ejemplares, y claro, con cosas así, pues donde vamos a ir los feos...
Quizás la vida acabe dándole a cada uno lo que se merece, y hay más de un caso, más de dos, de divinas históricas y míticas que han acabado solas cuando las pilas de las hormonas y la firvolidad se acaban. También otras no, depende de la calidad de las hormonas y la cirujía.
Puede ser que la sociedad que hemos creado, el ambiente que se ha ido formando en torno a ese ideal de la liberación gay que lo mismo vale para un roto que para un descosido, no permita otra cosa que caminar cada vez con paso más firme y cada vez con menos margen para los desertores, hacia un futuro donde la divina no será la clase noble sino la clase, en mayúsculas. Una sociedad cada vez más superficial y perfeccionista del físico donde aquel que ose no fibrarse o no hormonarse, tendrá su lugar en el cubo de la basura, próxima discoteca de apertura gay. Ya sé que quizás exagero demasiado, en parte todos tenemos nuestras deformaciones profesionales o personales a la hora de analizar la realidad. Aún así, y admitiendo que puedo exagerar algo, no creo que haya demasiada mentira en lo que he escrito. La divina, esa especie; los demás, esos orcos.
 
APRENDIZ DE CABALLERO
Me encanta el cine, reconozco que es una de mis pasiones, y cuando digo cine no me refiero a la oscuridad de la última fila. También es verdad que el cine se ha convertido, a día de hoy, en una afición cara, y eso que hace apenas 10 años nos costaba ir a ver una película 300 pesetas. Si nos dicen por entonces que años más tarde nos iba a costar más de 1000 pesetas ir al cine, nos hubiésemos escojonado de la risa, pero así son las cosas. Bueno, y eso sin contar las palomitas, las coca colas o esas cosas que venden a la entrada del cine, que venden de todo, hasta perritos calientes y cosas así. ¡Ay los perritos calientes, que gran invento! pensarán muchos/as.

Precisamente anoche estuve en el Nuevo Condomina, de Murcia, viendo "Aprendiz de caballero", una película que fuimos a verla porque el protagonista estaba bueno, así de simple. Es que cruje por todos lados, es uno de los pocos rubitos que me sacan de mis casillas, por todos es sabida mi debilidad por los morenazos. Pero este es algo distinto. Precisamente cuando llegamos a la sala pudimos observar una serie de familias con niños pequeños. En fin, algo un poco extraño.

Pero al poco tiempo de comenzada la película, la cosa ya se puso fea. Y digo que se puso fea para esos padres de familia, no para mí que estaba en el paraiso, viendo a Hayden Cristensen, el rubiazo protagonista, como se quedaba desnudo en una tinaja de bañera, con esos pectorales y ese morbazo que desprendía sexualidad por todos sus poros. Pero claro, el problema ya venía cuando las monjas que lo habían adoptado como jardinero en el convento se desnudaban y se metían con él haciendo una especie de mini orgía en esa tinaja de madera que yo no sé como no reventaba de la calentura que habría en esa escena.

Las madres, escandalizadas. Los padres, bueno, ya no te cuento. Y los niños... los niños... los niños preguntando a grito limpio que por qué se desnudaban las monjas. Lo único que acertó a decir un padre es que eso era un sueño del rubiazo. jajajaja que fuerte, los padres que estarían extasiados con esas monjas jovencitas, lolitas puras, que vamos, ya a esas edades que tenían como no las viesen en un puti clu!!! y qué decir de las madres, ellas todas indignadas por ese espectáculo pero que seguro que estaban más indignadas al ver a la mierda de tío que tenían como marido que no se parecía al rubiazo ni en el blanco de los ojos!! oíga, señora, que la vida es dura, ¡ni que los demás tuviésemos en casa a uno como Hayden!

Claro que aquí no acaba la historia, porque el punto cúspide de la película llegó cuando una supuesta "virgen" del pueblo, en esa película todas son vírgenes eso sí, no aguantaba más y se liaba con su novio tremendísimo por cierto en pleno bosque y con la fricción le hacía una paja al novio hasta que este se corría en la mano de la "virgen" y esta, toda indignada y chorreándole el semen por los dedos, preguntaba que qué era eso. ¡Pues ija, pruébaloooo, si no sabes lo que es pruebalooo! bueno, esto último decía yo mentalmente. Pero aquí ya fue cuando las madres se pusieron en su sitio y se fueron con toda la familia dando gritos. ¡Qué vergüenza, y la taquillera no nos dijo nada de los niños!, ¡esto es un escándalo, esto es pornografía! jajaja anda que si viese esas películas del eurocreme que me bajo yo, a veces eso sí, del emule con esos rabazos y esas corridas no precisamente taurinas, ya se desmayaba. ¡Pornografía decía la tía!, está claro que su vida sexual debía de ser más pobre que la mía, que ya es decir.

La verdad es que la película, todo hay que decirlo, está algo subida de tono. Pero yo aconsejo a todos los gays, y a los fans de hayden, que vayan a verla, y que vayan a verla con un cubo de palomitas para tener las manos ocupadas, ah! y ya eso de ir la última sesión, en la última fila y con un ligue o amigo que esté buenísimo, ¡ni pensarlo!.
El cine es algo más que una última fila a oscuras. Eso. quizás, antes tenía sentido, pero ahora que hay habitaciones de hoteles muy bien puestos por 60 euros, pues hombre, uno se estira algo y se disfruta más.... vale, sí, es verdad, nunca me he liado con nadie en un cine, bueno, vale, a lo mejor es el desconocimiento, de acuerdo. Pero hombre, ya que nos gastamos más de 6 euros pues por lo menos hay que disfrutar de la película.

"Aprendiz de caballero" es, en definitiva, una de esas películas prescindibles, pero que vienen como mecha en gasolina para las parejas así algo indecisas, y como tortura masoquista para los salidos que no se comen un rabo ni a la de 3 y salen de esa película listos para la vacuna contra el celo, si es que la hay para animales y variantes.
Pronto iré a ver, creo, Mamma mía, que además de salir uno que está muy bueno también sale Merly Streep, maravillosa ella, aunque dudo que esté tan bien como en "el diablo viste de prada" o "leones por corderos"(bueno, más o menos se llamaba así).

Si algo he aprendido de "aprendiz de caballero" no es, precisamente, a ser más caballero, aunque en estos tiempos no tenga ningún tipo de sentido.
Lo que he aprendido es que aún existe una moral un poco rara, un poco doble y mucho de ínfulas opusdeistas, en algunas familias aparentemente normales, modernas, pero que se escandalizan y le tapan los ojos a sus hijos porque salen tetas en la película o se intuye como fornican dos personas. Bueno, en la película hasta 3 a la vez. Pero digamos que no tiene mucho sentido mirar hacia otro lado ante estas cosas y presentárselas a los niños como algo prohibido, anti natural. Quizás si se tomasen los papas las cosas de una manera más normal, sus criaturas crecerían de una manera más sana. Yo, personalmente, nunca he recibido en mi casa una educación sexual, todo lo he tenido que buscar yo solito, por eso creo que no es nada malo que niños de 10, 11 años vean pues dos tetas, o un coño, o un rabo. ¡Si es algo nuestro!. Sí, lógicamente no van a poner a niños de 10 años a ver películas porno de verdad. Pero hombre, muchas veces la clave de nuestra felicidad está en el conocimiento, y conocer nuestra sexualidad es algo inevitable. Retrasar ese conocimiento, algo absurdo. Y ya evitar ese conocimiento, pues para qué contar.... no por taparles los ojos a los niños les ayudan a crecer más "puros". No hay nada más corrupto que la censura. Y ya se sabe, no hay nada más deseado que lo prohibido.... bueno sí, Hayden Cristensen.
 
NO NOS ENSEÑARON A SOÑAR
Crecemos sin darnos cuenta que crecemos, hasta ese momento que uno quiere ser más mayor. Luego, con el paso de los años, maldeciremos cada cumpleaños, faltaría más, pero con 12 años quién no ha querido dar un salto evolutivo y levantarse al día siguiente con 18. Igual que cuando muchos llegan a los 40, pero al revés, estos se van a corporación dermoestética a ver si salen del quirófano con 23 años.

Quizás el paso de los años le pesen a algunos como cuando nos cagamos encima, pero tal vez el tiempo se haga más pesado conforme tenemos en nuestra cabeza demasiados sueños sin cumplir o muchos sueños que sabemos que jamás se cumplirán. No voy a ser yo el que diga que pensar y reflexionar sobre la vida de uno mismo es algo de mal gusto que solamente hacen los amargados y los feos que necesitan un buen rabo como agua de mayo los trigales, pero sí que es verdad que más tarde o más temprano todos terminamos frente a frente con nosotros mismos, y es cuando sin maquillaje algunos se ven más horrorosos que Kete Moss recién levantada y con resaca.

Hace unos años alguien me dijo que la felicidad estaba en función del listón que tengamos, así si nos hace feliz el vuelo de una mosca, tendremos más fácil ser feliz que aquel que busque la felicidad, pues no sé, en un yate y un apartamento sencillito en Marbella de 400 m2. Visto así tiene lógica, pero a mí me pareció algo absurdo. Comprendo que uno no tiene que marcarse su felicidad en llegar a la luna en monopatín, pero devaluar algo para poder conseguirlo solamente es aceptar una mentira como si fuese verdad.

Yo, que tengo casi 25 años, me veo a día de hoy como alguien que ha dejado muchos sueños en el camino, otros tantos están bastante jodidos de cumplir y algunos, muy pocos, que ya están cumplidos. La culpa es de mi madre, que no me advirtió de pequeñito que los sueños, cuando no son pesadillas, no deben de recordarse. Hay sueños que hacen mucho daño, los sueños más reales. Comprendo que muchos gays su mayor sueño es echar cuantos más polvos, mejor, y cuánto más rabo tenga el otro, para qué hablar... pero la vida creo que es algo más, incluso en la vida de un gay, sí, y aunque muchos se resistan a aceptarlo ya les llegará el día en que lo verán.

Pero luchar por nuestros sueños es casi la obligación de todo hombre, mujer, que quiera ser feliz, comprendiendo que la suerte es algo que existe, pero que también hay que buscarla. Vale que conocemos a gente que la suerte le busca a ellos, pero como eso sucede en muy pocas ocasiones, no hay más remedio que partirse la cara por llamar a nuestra propia suerte. Sí, de acuerdo, cuántas veces nos quedamos afónicos y la puta suerte no viene... vamos, que nos da la espalda, con lo pasivas que somos algunas como para que nos de nada la espalda, que cosa más insulsa.

El ambiente gay, sin embargo, es poco propicio para los sueños, porque suele ser muy cruel, sobre todo con aquellos que no son unas divinas o unas putas descarriadas. Porque es legítimo hacerse divina de profesión, o puta no de profesión, es decir sin cobrar. Pero matar la forma de ver la vida o de buscar la felicidad de otras personas que piensan que ser gay es algo más de uno y no lo único que tiene uno, es algo que no entra dentro de esa libertad que tanto reclamamos en múltiples ámbitos los gays.
A mí me da la sensación de que si apareciera un Luther King en Chueca, diría eso de he tenido un sueño, pero con rabos, corridas y músculos durísimos. Imagínate, un negro maricón diciendo eso en Chueca, qué griterío se formaría... pero yo en Chueca, que me la conozco bien, he visto muchos sueños rotos, mucha gente que ya renunció a soñar y se consume en la mayor mediocridad posible, y otros muchos que piensan que por vestir Armani o tener el teléfono de Jesús Vázquez son de una clase superior que no merecen mezclarse con la chusma que ni viste Armani ni va a gimnasios de 200 euros mensuales.

Yo, la verdad, nunca soñé ser gay. Bueno, polvazos con tíos tremendísimos con unos rabazos bien juguetones, pufff para qué contar. Y lo malo es que son tan reales los sueños que te preguntan por el último polvo a la mañana siguiente y les dices que esa misma noche.
Fuera de bromas, nunca soñé ser gay pero sí he soñado cosas, situaciones, momentos, que veo difíciles que lleguen. En un ambiente tan encorsetado como es el gay, soñar es, directamente, consumirte casi en pesadillas. LLegados a este caso, y ya despiertos por los palos de la vida, quizás es mejor guardar los pocos sueños que nos quedan en un baul bajo siete llaves. Nadie debería renunciar a sus sueños, pero cuando muchas veces tenemos que renunciar a nosotros mismos, como para encima cargar con la persona que debemos fingir y los sueños que llevamos en nuestro corazón desde siempre. Creo que sería un ejercicio de cinismo, hipocresía y autodestrucción que nadie soportaría más de una semana, como mucho. ¿Soñar siendo uno mismo o fingir y aceptar lo que los demás quieran para nosotros?. Esta es la cuestión.
 
IGUALDAZZZZZ .... LIBERTAZZZZZ.....
Bueno, después de escribir varios días sobre tonterías, graciosas, eso sí, pero tonterías, ya es hora de que escriba sobre algo más profundo, sobre algo que provoca el bostezo general, pero también desata esas pasiones totalitarias e intolerantes que todo gay zerolamente correcto lleva siempre dentro, y es, como no, la política. Pero la política de verdad, no la que hace Zerolo.

Hace algunos meses pude ver a nuestro presidente de entonces y de ahora, hablar sobre una serie de cosas, entre otras la libertazzz y la igualdazzz en un spot de estos electorales que intentan presentarnos al ignorante como sabio y al despotín como un ser humano entrañable.
Pero digamos que en España con ese juego de palabras se puede definir, a groso modo, el comportamiento de los dos partidos mayoritarios: PSOE y PP. Digamos que el PSOE quiere que seamos todos iguales pero sin ser demasiado libres, mientras que el PP quiere libertad para todos pero sin que seamos iguales.

Por ejemplo. El PSOE ha traído a nuestro estado de derecho la figura del matrimonio gay y la adopción, con el consiguiente enfado monumental de organizaciones tan libertarias y revolucionarias como Hazteoir.org, nido incalculable de comerabos reprimidos. Así el partido socialista ha conseguido que, sobre la ley, heterosexuales y homosexuales sean iguales en todo, hasta en el matrimonio. Sin embargo, con el PSOE se ha recortado la libertad de conciencia, al intentar imponer la educación por la ciudadanía que es un adoctrinamiento en toda regla. Además se ha instalado el carné por puntos, de una manera que nos hace que seamos el estado europeo con mayor riesgo de multa cada vez que uno tiene la osadía de coger el volante. Y, por si fuera poco, en ciertos lugares de España no hay libertad para hablar y aprender en español. Algo verídico que sé a ciencia cierta, no por lo que he podido leer en "el Mundo" o ha podido decir Pedro J.

Sin embargo el PP es, tal vez, mucho peor, porque quiere que todos seamos libres, sí, pero sin ser iguales. ¿Cómo va a ser igual un maricón que un ciudadano decente?, diría perfectamente Fraga, ese centrista a sus años. Por esto mismo el PP no dudó en abrazarse al brazo armado más radical y montaraz de la iglesia para rechazar el matrimonio homosexual, siendo además recurrido al TC por una decisión "personal" que el propio Rajoy se encargó de asumir unilateralmente. Sobra decir que a día de hoy ni Rajoy sabe lo que piensa sobre los maricones. Bueno, sí, pero de este tema tan espinoso nos ocuparemos otro día. Yo he oído a muchos gays que dicen que no votan al PP porque son homófobos, pero que si apoyasen el matrimonio gay sí votarían al PP. Aunque, y estadísticas en mano lo confirman, hay mucho más maricón que vota a la derecha de lo que muchos están dispuestos a admitir en público. En parte es normal, decir que eres gay y del PP te puede suponer el repudio social de manera inmediata, a menos que estés buenísimo, entonces algunos pueden "olvidar" ese pequeño defectillo, oye, con lo bueno que está, pues perfecto no puede ser, chica....

Personalmente creo que no puede existir una sociedad libre si no existe igualdad, aunque en ocasiones hay más igualdad en dictaduras que en democracias, por lo menos en las dictaduras todos estamos sometidos al yugo absolutista. Pero nadie puede ser libre si no tiene la opción que ser igual que el vecino. Ya sabemos que en España hay una excepción obligada, la familia real, pero digamos que en el resto de la sociedad todos deberían de disfrutar del mismo sistema de oportunidades. Precisamente esto de lo que hablo, igualdad de oportunidades, está bastante desarrollado en EEUU, por mucho que les pese a la legión de anti americanos que existe. También es verdad que todo lo que han tenido que luchar negros, indios, latinos, homosexuales, etc.. para lograr esto, ni está escrito ni se podrá escribir jamás.

En España los homosexuales nunca han existido demasiado hasta hace bien poco. El PP siempre los ha despreciado, pero es que para el PSOE no han existido hasta que hicieron un estudio electoral y asistieron cual buitre con gula al granero de votos. Se podría decir que el único partido que le han preocupado desde tiempos lejanos los gays ha sido IU, partido marginal por otro lado que nunca ha pintado nada, excepto cuando Anguita, hace tanto tiempo ya. Por esto mismo me causa asombro, en ocasiones risa, el ver como ahora aparecen personajes como setas que se cuelgan la medalla de haber luchado a favor de la liberación gay. Y yo creo, sinceramente, que la lucha por la libertad y la igualdad de los homosexuales la empezaron los propios gays de entonces, la hemos seguido, cada uno a su manera, los propios gays de ahora, y a esto se le ha sumado el oportunismo de algunos políticos como Zerolo que lo único que han hecho para estar donde están es aprovecharse de la cuota necesaria gay de Zapatero y casarse para promocionar así el matrimonio emanado de su líder, que le provoca muchos orgasmos. Claro que él dice que lo hace por luchar por nuestros derechos, pero pocas veces se ha aprovechado tanto y manipulado tanto un sentimiento y una necesidad social, como lo ha hecho el Partido Socialista con la lucha por la libertad y la igualdad del colectivo gay.

Qué duda cabe que si yo fuese famoso y esto que escribo lo leyese mucha gente, se iniciaría ipso facto una campaña de insultos y descrédito contra mí. Bueno, es más, a lo mejor alguno por aquí me insulta o me llama facha, algo normal. Yo no defiendo a día de hoy al PP, ni mucho menos, y tampoco le voto ni soy afiliado. Pero yo siempre he visto claro la manipulación de los gays por parte del partido socialista y de algunos colectivos que a costa del rollo de la liberación y la igualdad pretenden seguir chupando del bote hasta Dios sabe cuándo. Es verdad que una sociedad como la española está ampliamente influenciada por la moral católica, pero también es verdad que las nuevas generaciones, y las venideras, cada vez se alejan más de la iglesia y su doctrina reaccionaria contra todo aquello que no pueda controlar o sacar dinero. No voy a negar que el matrimonio homosexual como ley ha supuesto un empujón importante en la lucha por la tolerancia. Y en este caso lo ha hecho el partido socialista. Yo, simplemente, lo que no veo bien es la manipulación y la esclavitud de la sociedad gay a unas siglas o a unos grupos de influencia como si la deuda con el PSOE por hacer lo que cualquier partido moderno y decente habría hecho, supusiera la supresión de nuestra personalidad y el derecho a la libertad de cada cual de elegir el criterio social y político que crea conveniente. Por algo se dice en Madrid que gay es todo aquel que sale por chueca y vota PSOE. Los demás: fachas reprimidos o maricas homófobos. Y esta división no puede ser.

 
HARRY POTTER O EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
Son las tantas de la madrugada y como no puedo dormir, he decidido darme a la bebida. Pero a la bebida peligrosa, es decir, un pedazo de vaso de coca cola con cubitos. Coca cola normal, con azúcar, la de toda la vida. Sí, sí, lo confieso, ya estoy harto de hacerme creer que la coca cola ligth o la Zero están más buenas que la normal, la de toda la vida. Lógicamente la coca cola Zero se creó especialmente para el consumo de la sociedad homosexual, aunque abierta a cualquier comprador hetero. En mi caso, aunque me gusta más que la ligth, aún no ha podido ocupar el espacio que ocupa en el corazón de mi paladar la coca cola normal, con azúcar, la de toda la vida...

Mira que nos lo dicen los dietistas, nuestras amigas musculocas del gym, los machitos heteros de las pesas, el monitor gay que se cree que es hetero de turno, NADA de coca cola normal, a lo sumo ligth, o Zero, si eres discípulo de Zerolo, pero esa coca cola con azúcar, la que siempre has tenido en casa, olvídate, porque es veneno para el corazón. Bueno, para los michelines más bien. Yo reconozco que asisto estupefacto a esta lucha sin cuartel contra la coca cola de toda la vida por parte de los obsesionados con el gimnasio y los que viven de su cuerpo, a falta de cerebro. Más que nada porque de toda la vida he visto morenazos esculturales, sacados directamente de los moldes de Miguel Ángel, bebiendo coca cola normal. Sí, sí, ¡hasta los he visto en un mac donalds! Y seguían estando igual de buenos. Yo no sé si ya estamos perdiendo un poco la cabeza con este más que afán, estrato social, donde la gente, los homosexuales, se nos divide en clases según tengamos cierto peso, cierta edad o cierto pelo. ¿Quién ha dicho que en Chueca todos somos iguales?, quizás todos seremos libres, pero eso de iguales es otra cosa... pero para otro día dejaré este debate sobre libertad-igualdad, dos componentes esenciales de una democracia verdadera pero que no siempre van cogidos de la mano en nuestra ambiente, me refiero el homosexual.

Hoy es más necesario hablar del eterno debate que siempre ha anidado en mi cabeza, y también mi corazón, desde hace varios años: ¿Harry Potter o el Señor de los anillos?.
Qué duda cabe que para Hollywood la sentencia es muy fácil, no hay más que contar los Óscars de unos y otros. Pero si se celebrasen los oscars gays, que en España se podrían llamar, no sé, los Izaguirres o los Zerolos, a lo mejor el guión cambiaba un poco. Y es que después de que se le haya pedido a Rubalcaba, ministro del Interior, la creación de una policía gay, ¿por qué no pedir a la Ministra de cultura unos premios de cine internacional gays?.

En primer lugar, tenemos el debate de los símbolos fálicos y su protagonismo en las dos películas. En Harry Potter tenemos la varita, esa varita mágica tan esencial como clave en la supervivencia de los magos. ¿Algo más parecido al pene en muchos homosexuales?. Empero, en el señor de los anillos tenemos a la espada, aunque esta es actor secundario en deferencia del anillo. Tal vez el anillo, seamos sinceros, se parezca más a un símbolo vaginal que a un pene, no hay más que recordar esos aritos vibratorios de masturbación femenina, que una vez me dijeron que también se podían meter por el culo. Lo dudo, sinceramente.

Despues de esta ligera ventaja en símbolo fálico para Harry Potter, ya tenemos que entrar en materia de personajes. ¿Dónde hay más personajes gays, o que emanen homosexualidad por todos los poros de su piel?. Bueno, aquí está claro que gana el señor de los anillos. Tenemos a las dos parejas de medianos(sam, frodo, pipin y merry) que desprenden tensión sexual en cada segundo que respiran, sobre todo Pipin y Merry, que no ocultan su relación tan especial cuando uno le jura a otro entre sus brazos que lo cuidará toda su vida. ¡Si solamente falta que se besen!, es más, creo que en una versión censurada que saldrá a la luz dentro de algunas décadas, veremos alguna escena homoerótica entre pipin y merry encima de uno de esos árboles que hablan, caminan pero no follan, porque noooo, ¿cómo van a follar dos árboles?, como no se metan una rama por algún nido que tengan....
También tenemos, como no, al mago protagonista, Gandalff. Yo supe que era gay no por la manera que tenía de mirar la boca de Golum, sino cuando vuelve toda vestida de blanco, hasta en un caballo blanco. No me negaréis que no parece la infanta Elena el día de su boda, pero este sin afeitar claro. Y ya, como colofón, también aparece una lesbiana, la hija del rey de Rohan, que como es una tía la verdad no me acuerdo como se llama. Ojo que yo adoro a las mujeres pero cuando uno está totalmente hipnotizado de Legollas, esos cabellos rubios, esos aires de macho, esas manazas, ese rabazo que tiene que tener, pues claro, se le escapan detalles.
Ya en Harry Potter los personajes son más encorsetados. Es verdad que todos pensamos en los primeros capítulos que Harry y Ron iban a terminar como los amantes de de Albacete, uno que se agacha y el otro que la mete. Por no hablar del lesbianismo arrebatador de Hermione. Pero la posterior historia da para pocas especulaciones, llevando nuestro gozo a un pozo y dejando como único posible homosexual a Dumbledore, el gran mago y director de Howards. Sí, ya sé que es un pez gordo, pero hombre, es evidente que después de ir con esas túnicas que parecen sacadas de un día de jaqueca de Agatha Ruiz de la Prada, lo de menos es que Dumbledore fuese maricón!!! Es verdad que se comenta que el profesor enano de Howards tuvo sus pinitos homosexuales con Hagrid, pero este último decidió pasar de los encantos ocultos de los enanitos y se entregó en cuerpo y alma a los animales salvajes, como dragones, por ejemplo.

Ya para acabar, toca analizar las tramas, el argumento, y aquí vendrá el desempate. Aunque es difícil este análisis, yo me inclinaría por Harry Potter como el argumento con más esencia homosexual. ¿Por qué?, porque Harry Potter vive, en un principio, en un mundo normal, donde en su casa le tachan de raro, lo ocultan, no le dejan apenas salir a la calle, en fin, Harry Potter era un niño que se sentía solo y raro, hasta que llegó Hagrid para llevárselo y descubrió que había un mundo lleno de gente como él. Y es que así pasa con muchos gays antes de salir del armario, que hasta que llega pues no sé, Hagrid no, desde luego, que hasta que no llega el cuarto de baño del corte inglés, o el bakala, o yo que sé, pues no descubren un mundo donde hay muchos como él que también usan varita jajajjaj.
En el señor de los anillos, en cambio, es distinto, porque todos son raros, todos tienen poderes, el que no vuela, desaparece, el que no se tira pedos con aroma a pétalos, en fin, que no hay nadie normal. Bueno, sí, los hombres, pero estos son uno más del mundo mágico de la tierra media.

Así pues, por poco, pero Harry Potter es más cercano a los gays que el señor de los anillos. Yo espero haber llevado consuelo a muchas almas homo, que como yo tenían esa desazón desde que salieron a la luz ambas series de películas. Es extraño, no obstante, que en ninguna histórica épica o mágica, aparezcan homosexuales. Como mucho, eunucos. Ay, el eunuco, ese precursor de políticos metidos en el armario en leal servicio a su partido y a su país. Pero de esto hablaremos otro día.
 
TE DESEAN.... CLARO QUE SÍ QUE TE DESEAN....
Lo confieso, la nueva canción de Luis Miguel, "te desean", me arrebata, me tiene totalmente enloquecido. No paro de oírla, día y noche. Supongo que lo mismo le pasará a muchos gays con las nuevas de Madonna o de Cher, pero yo es que soy bastante más senil en cuestiones de gustos musicales.

Porque esto del deseo tiene su cosa, y aunque parezca mentira hay gente que no se ha sentido, ni se siente, deseada. Para algunos la sensanción de sentirse deseados es como para la mayoría el imaginarnos si hubiésemos nacido hijos de Esther o Alicia Koplovich, o ahijados de Carlos Slim, ese amigo de Felipe González. es decir, toda una fantasía sensorial que se pierde en la censura de los placeres prohibidos, esos placeres inconfesables pero que todos sabemos cuales son.

Yo sé que si algún día me encontrase una lámpara y de ella saliese un genio, o una genia, uno de los deseos que le pediría es el sentirme tan deseado como uno de los camareros del Mystic de Chueca, un morenazo espectacular que sólo por verlo ya te pides un té con aromas de vagina si hiciese falta. Y es que, la verdad, nunca he sido alguien muy deseado por el sexo masculino, porque lo que es chicas que tonteaban conmigo cuando tenía unos 15 ó 16 años y aún no había decidido hacer oficial mi homosexualidad, para qué contar...

Me acuerdo como si fuese ayer cuando en 2º de BUP, una de las chicas más guapas de donde yo vivía estaba obsesionada conmigo, ya ves, si yo era aún más feo que ahora, que ya es decir, pero bueno, misterios que tiene el universo femenino. Pues uno de mis compañeros de clase estaba como loco por follársela y me decía a mí que cómo no me la tiraba. Y claro, mientras me lo decía se le notaba ese paquetón que tenía, ese morbazo, ese cuerpo musculado de jugar en el equipo de balonmano, con esos brazos, que yo no sé como no se me escapó, sin querer eso sí, "no ijo yo me lo pasaría bien si me follases a mí ahora y aquí mismo, encima de los pupitres si hace falta". No obstante, gracias a mi autocontrol sobrehumano, lograba cambiarle de tema como podía y cambiarme de pensamientos como podía, porque la imaginación en la variante de fantasía sexual es algo muy recurrido en el español, no digamos ya con 15 años, maricón perdido y aún sin haber catado un rabo.

Desgraciadamente también recuerdo que uno de mis mejores amigos tenía la costumbre de ir enseñando el rabo por ahí o alardeándo de las pajas que se hacía, todo esto con 15 años, que ya se sabe cómo están las hormonas en esa edad. Bueno, algunos con 40 las siguen teniendo igual pero ya la cosa necesita de viagra. Yo lo pasaba muy mal cuando decía: puff vengo de hacerme una pedazo de paja porque estoy de salido... y yo mirando su bultaco, porque este era otro que calzaba XXXL, y diciendome a mí mismo: ¿a que cuando tengas 20 años, estés liberado y no temas que te peguen un ùñetazo, nadie te dice esto a la cara?.. efectivamente, nadie me lo ha vuelto a decir con 20 años.

Pero bueno, a lo que íbamos, que es el deseo, el sentirse deseado. A mí me encantaría saber qué se siente cuando uno es deseado por un morenazo cuyo paquete es de paquetería azul. Debe ser bonito saber que alguien a quien quieres comerle el rabo también desea que tú se lo comas, más que nada porque de desear comer y no comer está el mundo mental lleno.

No obstante, la canción de Luis Miguel no solamente habla de un deseo carnal, sexual, canino, sino también de un deseo humano, sentimental, espiritual. Claro, es que esto último es, más o menos, el amor: el desear a alguien en todos los sentidos. Visto así, está claro que en el mundo gay hay mucho más deseo canino que humano, es decir, más deseo carnal que sentimental. Vamos, no conozco a nadie que vea a un chico en la mesa de al lado hablando, yo que sé, de lo preocupado que está con su examen de historia de España, y diga: ay, que mono, que sensible, jo, que listo, quiero conocerlo.... vamos, el día que vea algo así, quizás me rape la cabeza, a modo de promesa vamos.
Lo más normal, no nos engañemos, es ir por la calle y ahora en verano ver a un rubiazo sin camiseta todo fibrado, con unos speedos blancos y que tengamos que llamar al SAMUR del ataque de celo que nos puede dar. Y es que, por desgracia, así funcionan las cosas. Por desgracia para los feos claro, si yo estuviese bueno seguramente ahora ni estaría escribiendo estas cosas porque andaría por alguna cala de alguna playa nudista probando el sexo con arena, siempre incómodo, eso sí, que luego te sigue saliendo arena hasta de la pituitaria, y si encima el polvo no fue bueno te estás acordando del polvo una semana.

En fin, la vida es dura, ya estamos en Agosto y ya queda menos para navidad, aunque este año los reyes vendrán pobres, pobres, pobres. Vamos, a este paso a lo mejor es que ni vienen. Yo de todos modos estoy deseando que empiece ya a llegar el frío, ya queda menos que en Junio, que aunque digan que el calor enciende el deseo yo estoy igual de deseoso todo el año.