Ser gay no es un privilegio
Una visión del mundo gay zerolamente incorrecto.
Acerca de
Que de cosas estoy descubriendo esta noche de insomnio, no sabía que esto del blog tuviese tantas cosas. Bueno, está claro que mi foto no la pienso poner porque perdería mis lectores, que aunque sean pocos les debo un respeto jajaj. Que aburrido es poner una descripción de uno mismo, con lo bonito que es que otros hablen de ti. Pero más o menos diré que soy un chico gay de casi 25 años que desde los 17 años estoy vagando por muchos rincones de España por culpa del trabajo, también de los estudios, qué sé yo... como soy feo estoy soltero, y como estoy soltero tengo mucho tiempo para escribir, algo que es mi pasión desde los 13 años, qué precoz fui para algunas cosas, aunque para otras sigo siendo virgen.
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NUNCA PENSÉ QUE LLEGARÍA
No sé por qué pero ahora que la ola de frío polar ha inundado nuestras vidas, la soledad se siente aún más desoladora. Será que nunca el otoño y el anochecer prematuro de todos sus días ayudaron a levantar cabeza a muchos, o algunos, que viven y sobreviven dando ciertos tumbos por la oscuridad. Porque vivir sin ilusiones, sin esperanzas y sin amor es, en gran medida, vivir en la oscuridad.
Claro que ya se sabe que en la noche todos los gatos son pardos, pero no hay mayor estafado que nosotros mismos cuando tratamos de vivir engañando a los demás. No hablo ya de no salir del armario, sino de no asumir deseos y anhelos que llevamos guardados adentro pero que tratamos de reprimir porque no sería lo políticamente correcto en nuestro entorno o lo divinamente correcto en nuestro ambiente.
Pero el tiempo pasa, y nadie envejece eternamente, porque llega un día donde la edad deja de existir y el vacío se asoma para muchos. Es cuando todos aquellos que han vivido de manera superficial, buscando el mejor polvo posible cada sábado, se transforman de manera casi paranormal a la búsqueda del amor, a poder ser jóvenes musculosos aunque de todo hay, para poder pasar ya sus días sin el mono irresistible de no poder foyar cuando se ha foyado tanto.
Yo, en parte, comprendo también esta postura. Y yo tampoco soy el más indicado para dar lecciones de nada porque estoy solo y lo estoy porque me lo he ganado a pulso.
Hace un año, más o menos, me hice un perfil en el gaydar, portal pionero de contactos y cuartos oscuros virtuales. Lo tuve muy poco tiempo, días diría yo, pero lo justo para conocer a alguien que, desde entonces y hasta hoy, me ha ido demostrando que alguien normal y corriente se puede llegar a enamorar de verdad de mí. Y qué hay más bonito que encontrar a esa persona que quisiera pasar toda su vida contigo. Y qué mayor pecado que no poder compartir tu vida con esta persona. En el pecado va la penitencia, eso sí.
Yo no me merezco a alguien como tú, me merezco a alguien mucho peor. Yo no me merezco tener a mi lado a un chico que cuando dormimos se abraza a mí y no quiere soltarme. Lo que yo me merezco es alguien que después de echar un polvo, se levante y se vaya a su cama. También sé que no me merezco un amor que está siempre pendiente e mí, y que sólo basta que yo le pida algo para que él me lo de. Lo que yo me merezco es un pseudo ligue que haga conmigo lo que le dé la gana y yo me muera por tener, solamente, una mirada suya. Porque sé bien que no merezco a alguien que piensa que la vida puede cambiar y el destino acabar juntándonos, y está dispuesto a esperarme aunque se marchite en la espera. Lo que yo me merezco es enamorarme hasta los huesos de alguien para que después de jugar un par de meses conmigo me deje tirado como a un perro sin amo.


Ya lo sé que tú no aceptas estas cosas, y sigues diciéndome tantas palabras que sé que son palabras porque el amor no tiene otra forma en la distancia, no porque la mentira sea más fácil decirla. Pero es verdad, y tienes que creerme. Yo sé que lloraré ese día que tú encuentres a ese chico que te haga todo lo feliz que te mereces. Quizás lloraré cuando me despierte y no vea un mensaje tuyo pidiéndome que me vaya a tu camita a estar los dos juntos. Pero en el fondo yo sé lo que soy, y asumo mis errores, aunque el error de no poder enamorarme de ti no sea simplemente un error sino una catástrofe que aún no sé de las dimensiones que llegará a ser en el mañana.
Tampoco vayas a creerte que te cambiaría por un polvo con el tío más bueno de mi gimnasio. Yo te llevo dentro de mí y eso nada ni nadie lo cambiará. Por eso te escribo esto, porque ahora mismo estoy oyendo esta canción y no puedo dejar de pensar en ti y no puedo dejar de llorar. ¿Por qué lloro?, por ti. ¿Por qué no puedo enamorarme de ti?, por mí. No hay más…


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EL MUNDO ENTRE HETEROS
Uno de los inconvenientes de ser gay es que vive entre heteros. Y digo inconvenientes porque a veces nos enamoramos de heteros aún a sabiendas que le gustan tanto los coños como a nosotros los rabos. Pero así es el ser humano. No diré que a mis 25 y poco me haya enamorado ahora de un hetero, pero sí que es verdad que uno de mis compañeros de trabajo es el príncipe azul que siempre soñé. No sólo porque esté que cruje por todos los lados, que lo está, sino porque tiene una voz, una forma de mirar, una manera de ser, un todo, que no me extrañar que a su paso vaya dejando chorreones de aceite de los tíos que nos licuamos y charquitos de pis que se hacen las mujeres encima. Como suele pasar tiene novia. Y, como suele pasar, seguro que es una de estas cursis y feas que le molesta comerse una poya porque es muy sucia y huele a orina. Menos mal que yo no la conozco, ni creo que la conoceré jamás.
Pero vivir entre heteros no solamente es poder enamorarse de alguno de ellos y derretirse con muchos de ellos, sino que también tiene un componente de pánico, de miedo y de riesgo a su vez que todo gay que lo ignore o mucha suerte tiene o tarde o temprano acaba lamentándose de su ignorancia. Y me refiero, como no, a decir abiertamente que uno es gay en el lugar donde estudia o trabaja, o intentar llevarlo con mayor o menor discreción, que no siempre se consigue. Yo, lo confieso, con mi compañero de trabajo estoy al límite entre tirarme directamente a su cuello o quedarme algún día tonto de reprimir tanto las subidas de tensión que me produce. ¡Por no hablar del día que vino conmigo de copiloto a visitar una cantera y yo aún no sé cómo no nos matamos, porque yo iba pendiente de todo, y menudo todo tan grande tenía, menos de la carretera!, Hombre, quién va a mirar a la carretera teniendo a tamaño ejemplar ahí, al lado, abierto de patas y con esos aires de machito, de pijito, de morboso, de todo, porque él tiene aires de todo lo que pueda acabar poniéndola dura.
Dejando ya a mi compañero a un lado, volvamos al factor riesgo de ser gay y decirlo. No es lo mismo salir del armario en casa o con los amigos, que allí donde trabajas, por ejemplo. Y más si uno trabaja en sectores tan machistas como la construcción, como podría ser mi caso. O el ejército, que también vale de ejemplo. Sí, ya sé que hay muchos relatos de obreros con rabazos dispuestos a descargarse en gays y militares encantados de encular a un tío, vale, pero yo hablo de la vida real, de lo mayoritario, dejando a un lado esas fantasías o milagros que de vez en cuando provoca la naturaleza, aunque yo, como de costumbre, nunca me haya tocado ninguno.
En primer lugar hay siempre una pregunta clave que tiene distintas respuesta: la necesidad de no ocultar uno que es gay. ¿Existe esa necesidad o sólo es parte de un futuro anuncio de coca-cola “zero”?. Ya se sabe que lo políticamente correcto es decir que a nadie le importa con quien se acueste el otro, pero en una sociedad tan criticona, tan cotilla y tan sexual como la española, esto es bastante difícil.


Pongamos un ejemplo. Tenemos un caso de alguien que no cree necesario decir que es gay, pero en su trabajo cada dos por tres sus compañeros lo ponen en compromisos al hacer comentarios groseros y pervertidos de todo coño andante que se encuentren por la calle, sin distinción de sexo, raza o religión. ¿Qué hace el gay: se ríe, calla, les sigue el juego, o simplemente explota y confiesa que a él lo que le gustan son los rabos? Yo siempre he optado por callar, o sonreír, pero es verdad que en ocasiones uno termina bastante saturado, porque muchos dirán que yo estoy más salido que una perra en celo, pero es que la mayoría de heteros, muchísimos casados y con hijas, están peor que yo. Incluso ya los cincuentones reventados que cada vez que ven a una chica que podría ser hasta su hija no falla que nos digan la lechada que le echaría él encima. Bueno, más que leche, le echaría una cuajada, porque a su edad ya la fermentación está más que pasada. Pero claro, uno no puede soltarle esta verdad como un puño si no quiere problemas. Así que a callarse y a sonreír.
Claro que más ridículo queda el maricón que se lo nota que es maricón nada más con mirarlo, y que decide en su trabajo seguir el rollo de los comentarios sexuales a mujeres. Y así ves al típico gay de anuncios, películas y sucedáneos, diciendo con esa voz tan dulce y delicada y con una pose ligeramente amanerada, o muy amanerada si intenta forzar una pose de macho: uy sí, yo se la metería entera y se la sacaría por la boca de la fuerza con que la follaría. Y claro, en ese momento siempre está la mala de turno, el que se entera de todo, que susurra por lo bajini: “ si hija sí, eso es lo que te gustaría que te hicieran a ti”, con las risas cómplices de unos cuantos que han oído ese comentario lo suficientemente bajo como para que el maricón no lo oiga pero que dos o tres lo escuchen perfectamente.
Y por último tenemos al liberado de turno, ese que acaba tirándose en la comida de navidad al compañero hetero que de siempre le había gustado, y que con unas cuantas copas y la abstinencia de una semana ya hasta ve guapos a los tíos. El problema es que para ser un gay liberado en tu trabajo hay que tener muchos cojones, no valor, no, no, cojones directamente, y mucha personalidad y determinación.
Aunque parezca mentira no es fácil ser gay viviendo entre heteros. No es fácil porque la sociedad se divide en grupos y en cada grupo existe un porcentaje de homofobia que no siempre se puede torear con éxito y acaba cortándote a ti el rabo y las orejas. Claro que lo ideal sería poder ser uno libremente, no ocultarse, no fingir, no hacer el ridículo en muchos casos. Pero la realidad siempre supera a la ficción, y por esto mismo no siempre se puede actuar o se puede ser conforme a los ideales o los valores que cada uno tenga. Lo que sí creo, claramente, es que la carroza del orgullo gay donde salen tíos varios en poses varias, no ayuda a la integración en muchas capas sociales donde no aceptarán la homosexualidad hasta que la dejen de ver como una amenaza a su biosfera.


P.D: os dejo como video una de las mejores canciones que se han hecho, a mi me enkanta.


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UNA CONEJITA EN EL CAMPUS
La verdad es que el título, me imagino, lo compartirá con varias películas X, pero yo me refiero a la que acaban de estrenar en los cines, claro, es decir, la que es difícil de acertar para bajarse del emule.

Aunque parezca mentira esta película en sí misma encierra una reflexión bastante aplicable al mundo gay, y no sería de extrañar una producción paralela que se titulase: un feo en chueca, por ejemplo, más o menos el guión sería el mismo, pero en vez de tetas y coños serían penes y anos, todas partes nobles de la anatomía humana. ¿Por qué son nobles?, ah, no sé, es algo que escuhé hace algún tiempo u me hizo bastante gracia. En parte tiene sentido, cuanto más grande tiene un tío el rabo más de la "nobleza" es, en esta sociedad superficial que se estructura según la apariencia física, en su gran mayoría, no digamos ya en el mundo gay.

La película, por supuesto, tiene unos puntazos increibles, pero una de sus mejores estampas es una chica de las inicialmente feas que transforma luego la conejita y que es, claramente, un tío sudamericano preferentemente, de estatura escasa, con un pelucón del 13, es tremendo de verdad, es tan claramente un tío que llego a pensar que es un homenaje a esos travestis americanos que tan injustamente deben ser tratados en los campus.

Pero, la verdad, es que la película demuestra hasta qué punto la imagen, el físico, la superficialidad, es el pan nuestro de cada día, sobre todo en las nuevas generaciones. No voy a negar que últimamente tengo la desgracia de ver a tíos feos con novios que son hasta monos, y digo la desgracia porque a mí no me toca. Pero, quitando estas visiones que yo creo que el Señor me las produce para castigarme por no ir a misa los Domingos, es verdad que una persona cualquiera puede pasar de ser marginada, repudiada y apartada socialmente, a ser deseada, venerada y peloteada por todos los demás. Y todo esto, en su mayoría, no por hacer una tesis doctoral ni descubrir alguna vacuna, no, no, simplemente por ponerse en manos de profesionales, estéticos o del bisturí, que cambien su imagen física lo necesario para ser "otra persona".

Claro que ya sé que muchos pensarán que queda muy bonito escribir estas cosas pero que luego cuando uno sale al ambiente se le cae la baba con tantos monumentos y dioses carnales que pasean a su lado sin que sean una fantasía, son reales. Y esto, no obstante, es legítimo. El problema empieza cuando el listón para aceptar o sentirte agusto con una persona debe pasar antes por el escaner de lo zerolamente aceptable y follablemente potable. Yo he conocido a algunas personas que se han negado el estar con otra persona porque no era el prototipo de novio gay que gustaba pasear por las pasarelas del Long Play o del Ohm. Y esas personas, además, estaban enamoradas del "feo" o del gay "no divina". Claro que al final siempre vencía el plus de divinidad, al contrario que en las películas americanas, que siempre triunfa el amor.

No es cuestión, faltaría más, de aceptar pulpo como animal de compañía, o de aceptar a chicos que no nos gustan para demostrarnos que no somos como los demás, que buscamos algo más que un físico. Yo, personalmente, creo que en una pareja si no hay pasión, si no hay deseo, es muy difícil que surja el amor. Lo que pasa es que aquí entra el listón de cada uno, y cuando el listón de alguien está en Sergio Ramos, por ejemplo, ya es cuando el amor sobra por todas partes, porque solamente hay superficialidad.

En la película la conejita, realmente rompedora ella, da un discurso bastante simple pero bastante verdadero a su vez. Ya se sabe que la verdad no necesita de grandes adornos. Pero esto discurso, con su verdad, es algo que no se lleva de moda, por lo menos en chueca, aunque en el campus cinematográfico emocione a diestro y siniestro. Es más, yo creo que hasta el travesti sudamericano liga y todo. Tal vez sea inútil recordar que el tiempo pasa para todos, y que al final solamente quedan a nuestro lado la familia, generalmente, y aquellas personas que nos quieren de verdad. Cuando algo se basa en un físico que se pierde con los años, eso está abocado siempre al fracaso. Y esto, es así.

No creáis que yo soy muy diferente a los demás gays, también miro el físico. Pero he notado, últimamente, que yo no voy a ser uno de esos feos con suerte que acaban encontrando a alguien bastante potable para tener a su lado. También es verdad que luego llegan los años y ya empiezan las rebajas. Resignarse a disfrutar de la belleza mientras uno pueda o le dure, o esforzarse en buscar algo más que nos haga felices aunque por fuera no llegue a ser todo lo que nosotros soñamos cuando vamos a los gimnasios plagados de tentaciones que suben, y de qué manera, la tensión... no lo sé. Será ese equilibrio de encontrar a alguien que físicamente no nos desagrade pero día a día nos vaya enamorando hasta comprender que esa persona es con la que queremos compartir el resto de nuestra vida. Luego el tiempo, no obstante, también vendrá con las rebajas.

P.D: el video es una de las mejores interpretaciones que hay de mi amadisimo Raphael en el youtube. Espectacular.

 
HOY EMPECÉ EN MI NUEVO GIMNASIO
Cuando me enteré que en pocas semanas dejaría mi vida para empezar otra nueva, ya se sabe el trabajo y más ahora es lo que tiene, una de las cosas que antes me vinieron a la mente fue la desgracia, además de perder a mis amigos, de perder también mi gimnasio. Sí, sí, porque al gimnasio que yo iba me sentía muy agusto, muy bien. Ya conocía a todos, no había mucha gente, y las posibles subidas de tensión que me producían los niñatos y morenazos que iban ya las tenía más que controladas al saberme, de memoria, cada músculo y cada gesto de los tíos que iban allí y me ponían como una perra sin destetar.

Llegué a mi nueva ciudad el 1 de Septiembre, y hoy ha sido mi primer día de gimnasio. He estado todo un mes meditanto qué hacer. Porque sí, en la ciudad que estoy ahora, aunque parezca una mentira o una exageración, el tío wenorrísimo por metro cuadrado supera con creces cualquier estadística de España. Es algo, descomunal. Y claro, el gimnasio no podía ser menos.
Yo creo que jamás en mi vida, ni en mis sueños más calientes y pervertidos, he tenido a tantisimo tio tremendo a no poder más en tan pocos metros cuadrados. Porque sí, la sala de musculación no tiene más de 60 metros cuadrados y esta tarde había, más o menos, 25 tíos. Qué digo tíos, ¡25 dioses!. Desde luego, si algún día se me aparece un duende del sexo y la lujuria y me dice que me concede el liarme con el tio que yo escoga pero que tengo que tener los ojos tapados, iría sin dudarlo a mi nuevo gimnasio porque ¡es que ninguno tiene desperdidicio! si es que son, no sé, como la recopilación de todos los tíos tremendisimos, niñatos con paquetones, morenazos con un morbo que te licua, que yo haya podido ver en todas las pelis porno gays que he tenido en mi disco duro hasta hoy. Si es que son modelos bel ami, eurocreme, yo que sé, de lo que sea, es que dios de mi vida... sí, estoy muy exaltado, lo reconozco, pero es que lo de esta tarde ha sido una prueba insuperable a mí tranquilidad emocional y autocontrol que, sin embargo, he superado. Ni me he tenido que morder el labio, ni he salido de allí dandome palmetadas en el culo, ni nada parecido... así que imagináos el shock que tenía encima.

Está claro que en cuanto pase esta semana y me den mi tabla completa de ejercicios, intentaré ir a la hora del mediodía que, me imagino, será mucho más tranquilo. Desde luego, peor que por la tarde es que es imposible. Tíos más buenos, vamos, ni queriendo... yo a veces me pregunto qué he hecho en otra vida para que el señor me castigue tan injustamente en esta. Gracias a Dios, no obstante, a que me ducho en mi casa. Siempre me he duchado en mi casa, pero es que aunque jamás me hubiese duchado en mi casa ni se me ocurríría ducharme en este gim. Es más, estoy por dejar la mochila en recepción para no tener que pisar ni los vestuarios, focos de calentura provocativa que, en mi caso, seguro que no termina en una buena lechada.

Pero como siempre digo, en esta vida no todo es el sexo, no todo es el físico. Hay vida más allá, aunque a los gays nos cueste descubrirla y muchos nieguen su existencia.
Yo, en parte, aunque voy al gimnasio porque me he propuesto, esta vez sí, echar un cuerpazo y taparle la boca a mis amigas, también me deprimo cuando estoy allí. Sí, porque uno ve tal nivel, tales cuerpazos, tales paquetones que nunca acabarán en mi boca, que se tiene que deprimir. Ya sé que muchos dirán que cada uno es como es y, la verdad, yo he visto a muchos con un físico pésimo hacer milagros. Pero yo, aunque soy virgen, se me niegan los milagros.

Yo sigo soñando más que un cuerpazo musculado, encontrar a alguien a mi lado, y no seguir caminando tan solo por las calles que ya empiezan a llenarse de frío. Poco a poco, pero de frío. Sobre todo en Madrid, que este fin de semana por la noche hacía un frío... siempre me ha encantado Madrid por eso, por sus otoños y sus inviernos. Ya sé que también tiene primavera y verano.

P.D: el video de hoy es una de las mejores canciones que he oído jamás. Muchos es evidente que no la conoceréis.

 
ENTRE ISABEL Y MADONNA
Durante el tiempo que no he podido escribir en el blog me han pasado algunas cosas interesantes, ninguna sexual desgraciadamente, pero entre ellas está el concierto de Madonna en Sevilla, al cual fui invitado por mi mejor amigo y por la obligación que esto suponía. Yo, la verdad, nunca me había fijado en Madonna. Y aunque sé que esto puede causar desmayos y ataques de cólera en algunos de los que me lean, fui al concierto sin ninguna esperanza de que me gustara. Y, efectivamente, así fue.
No puedo negar que el montaje estético del concierto no fuese espectacular y, desde luego, íntegramente profesional y ensayado hasta el pedo que se le escapó a un bailarín cuando tuvo que levantar a Madonna, aunque para mí sea mucho más glamoroso cuando toman en volandas a Paloma San Basilio. Pero a mí Madonna ni me divirtió ni me emocionó, y así salí del concierto, realmente asustado al día siguiente al leer las crónicas de las televisiones y periódicos, pensando que quizás estuve en un plano dimensional distinto al de los redactores y reporteros. Sea como sea, quiero aclarar ante todo que respeto y comprendo el fanatismo de muchos con Madonna porque, efectivamente, pude comprobar de primera oreja como la diva americana provocaba en mucha gente, entre ellas la verdulera que tenía detrás, esa histeria desatada y desmedida que provoca en mí Raphael.
Pero este fin de semana he estado en Madrid. Sí, sí, en Madrid. Y menos mal que no me pilló el veranillo de San Martín como otros años, porque estoy ya del calor hasta donde no ha llegado el hombre todavía. Claro que yo siempre que voy a Madrid procuro alojarme en uno de sus mejores hoteles y siempre en una “suite”. No diré cual porque siempre he preferido el anonimato al acoso desmedido de mis fans. Pero la cuestión es que como no puedo presumir de Casanova siempre quedará el presumir de Koplovich, aunque ni trabajando 7 u 8 vidas llegase a la mitad de la mitad de todo el dinero que estas hermanas no siamesas tienen en su haber.
Claro que este viaje tuvo un motivo y no fue sólo por placer, porque por fin después de tantos meses pude conseguir volver a ver a mi diva única e irrepetible, Isabel Pantoja. Fue en Torrejón de Ardoz, que nunca había estado, y en la carpa municipal, por lo que fue un espectáculo al aire libre con todo lo que eso conlleva. Será mi divinidad o será mi pijerío, no lo sé, pero donde se ponga un buen concierto con entradas numeradas y aforo limitado, que se quite todo lo demás. Aunque comprendo y veo bien que se organicen conciertos accesible a todo el mundo que quiera ir a verlos. Faltaría más, en esto consiste, también, el estado del bienestar, no sólo en recetas de Prozac.
Como es ya normal en mi vida, justo a mi lado se puso una pareja gay que, además, mostraba todo su amor libremente. Sobra decir que uno de ellos era arrebatador y el otro, siendo generosos y provocado por mi sequía pertinaz, bastante normalito. Y claro, la envidia que es muy mala y yo que envidioso nunca he sido y menos de la felicidad amorosa ajena de algún feo… Claro que, como también es costumbre, al otro lado estaba un maricón que iba vestido de blanco y que estaba buenísimo hasta el pecado. Porque sí, será pecado ser feo como yo, pero también es pecado estar tan bueno como él… Sobra decir que el Señor no hizo el milagro de que el chico de blanco se fijase en mí mientras Cupido le clavase una flecha. Hay cosas que escapan a la voluntad de Dios…

Pero a lo que íbamos, La Pantoja, espectacular. Qué estilo, que elegancia, cómo pisa el escenario. Es que la gente que tiene clase no necesita ni coreografías ni efectos especiales para provocar ese nudo el estómago que siempre se siente cuando uno no tiene ni fuerzas para gritar.
Empezó el concierto con una canción que es una de mis preferidas, “Pero vas a extrañarme”, que no creo que llevase segundas intenciones. Pero la joya que dejó fue cuando cantó “Háblame del mar, marinero”, a piano y con una entrega que dejó el listón muy por encima de la versión original de Marisol. Y qué decir cuando también a piano desgranó “En la niebla”, una de sus canciones más tristes que además yo hubo una temporada que no dejaba de oír. Pero el momento estelar de la noche fue cuando apareció con la bata de cola para cantar la copla, que es cuando todos sus fans nos desatamos y vibramos como las histéricas que somos. Por desgracia, solamente cantó 4 coplas, y entre ellas no estuvo “La zarzamora”, ese eterno éxito de Lola Flores con el estribillo más amanerado y que mejor se presta a los abanicazos de todo nuestro folclore:” que tiene la zarzamora que a todas horas llora que llora por los rincones… lleva anillo de casao me vinieron a deci, pero ya lo había besao y era tarde para mí, que publiquen mi pecao y el pesar que me devora, y que tos me den de lao, al saber del querer desgraciao que embrujó a la zarzamora”. ¡Qué auténtica oda a ese amor prohibido, a ese tormento insufrible de enamorarse de alguien ya pillado! Aunque siempre será “Señora” ese himno sentimental de esas cuarentonas solteras estilizadas con laca del Mercadona que cometieron el error de caer en los brazos de alguien que sólo le ofrecía ser “la otra” y no “la única”.
Pero el fin de semana me dejó en mi vida otro capítulo mucho más importante. Pero de este capítulo ya hablaremos otro día.

 
MARICÓN… DE ESPAÑA
Confieso que me quedé un poco perplejo cuando leí la noticia, pero sí, es cierto, un juez ha obligado a “el Mundo” a indemnizar a Alejandro Sanz porque en un artículo de dicho periódico se le llamaba homosexual. Se le llamaba homosexual, no maricón, y la pena es que ya que han tenido que pagar no le hubiesen llamado maricón… de España.
Porque en España hay algo muy nuestro que es el maricón. A mí, personalmente, me encanta la palabra maricón. Ya sé que están las típicas progresistas que se tiran de los pelos y blasfeman en arameo cuando oyen esa palabra, maricón. Pero para mí, maricón, no es una palabra cargada de homofobia, sino una expresión muy nuestra que sale desde el fondo de nuestra raíces.
No voy a negar que es verdad que hubo, hasta hace pocos años, una intención claramente despectiva cuando se utilizaba esta palabra, pero yo creo que la sociedad avanza no solamente a base de nuevas leyes sino también cortando o corrigiendo de raíz vicios de costumbres que tienen ya poco que ver con la realidad. Por esto con la palabra maricón pasa lo mismo.
Lo que tampoco comprendo mucho es que Alejandro Sanz, que está ya más que acabado como cantante, se haya molestado en denunciar a un periodista por llamarle homosexual. Es evidente que a Sanz lo que le molestó fue que lo tacharan de gay, no de maricón. Porque claro, luego saldrá dando una rueda de prensa diciendo que el tiene muchos amigos gays y que apoya y respeta los derechos gays pero, por si acaso, él denuncia a quien le tacha de homosexual porque es una ofensa intolerable. Es como si algún gay decente que sea famoso, ahora mismo no me viene a la cabeza ninguno, denunciara a un periodista porque lo llamase heterosexual. ¿A que nos parecería una aberración? Pues Alejandro hace lo mismo, al revés claro, y muchos lo verán como algo normal, como el derecho al honor, ese derecho al honor que primero Gallardón y ahora Alejandro están poniendo muy por encima de libertades y verdades para mayor gozo y comodidad del personaje o político famoso de turno al que no se le puede toser demasiado.
Pero mira Alejandro, el problema es que por mucho que digan los juzgados, toda España lleva años asumiendo que eres un maricón. Sí, sí, maricón, reprimido pero maricón. Esto es un poco como el eterno debate sobre la homosexualidad de Raphael, al que amo y adoro sobre todas las cosas.

Fue precisamente en 1981 cuando su compositor de siempre, Manuel Alejandro, le escribió QUÉ SABE NADIE, precisamente destinada a tapar bocas, pero debido al contenido inevitablemente ambiguo tirando a gay de la canción, quizás el efecto que consiguió Raphael fue el contrario a despejar las dudas. Quizás más bien la canción era destinada a defender el derecho de cada cual e ser libre sin que lo tengan que señalar con el dedo.
Pero esta obsesión que tienen algunos porque no les tachen de homosexuales, llega incluso a los propios homosexuales, ahí tenemos esos reprimidos y no solamente los que tienen novia. Sobre este tema ya escribí un artículo en mi blog de chueca.com (misterio que sigue sin resolverse), y no me gustaría ser repetido, por eso ahora solamente hablaré del gay que es gay, que le cantan los rabos, que para nada tiene novia pero… lo suyo no lo sabe nadie y así tiene que seguir. ¿El ambiente?, antes le colgarían del palo mayor.
Es ese gay que cuando nos lo encontramos chateando o en el bakala nunca tiene foto. Y ya a la hora de quedar, hasta queda en otra ciudad cercana si hace falta para que nadie pueda ver que él queda con otro chico. Yo, personalmente, no sé cómo pueden vivir con ese estrés, pero así son. Suele pasar, no obstante, que cuando se atreven y salen por casualidad un día al ambiente ya no salen de ahí ni a tiros. Es más, a los pocos meses aparecen en el diario de Patricia contando lo orgullosos que están de ser gays, y además pasivas.
Muchos dirán que si los gays pedimos respeto y libertad para nosotros, también debemos respetar a quien es reprimido, y se obsesiona con no dejar entrar ni una sola gota de agua a su armario. Pero yo creo que no es lo mismo. Quedarse en el armario no implica lo mismo que salir, porque cuando sales están dando un paso adelante que deja atrás a la cobardía. Quizás hay situaciones personales que obligan temporalmente a no dar ese paso, pero es que yo he conocido a tíos que tenían una vida cómoda y que tenían incluso hasta amigos gays en su grupo pero no les daba la gana de dar ese paso adelante. Nadie está obligado a ser valiente, pero en esta vida ya existen suficientes sufrimientos como para complicarse la vida al enamorarte y mantener una relación secreta con el chico que un buen día, en realidad malo, conoces. Y es que no se puede amar dentro de un armario. El amor muere de asfixia.

 
AYER POR FIN FOLLÉ
Bueno, la verdad es que no pero me hacía ilusión ponerlo. Más que nada por oír como suena eso de que ayer eché un polvo, que suena muy bien. Yo cada vez que oígo a alguien decir que en el mundo gay echar un polvo es lo más sencillo, me parece un insulto y una ofensa a mi persona. ¿Qué pasa, que yo vivo en el mundo astral de Marte y todavía no me he enterado?, pero sí, siempre suelen decir que maricón que no folla es porque no quiere. También puede ser que yo en mi fuero interno no lo deseo y esta negativa espiritual domina a mi anhelo carnal. A saber….
Pero, ¿qué es follar?. Aún sigo sin explicarme por qué no pensaron en mí cuando hicieron ese anuncio de el frotar se va a acabar, aunque con la cara que pondría todo el mundo entendiese que el follar se va a acabar. Pero es sano echar un polvo, sano y necesario. El sexo es parte de nuestras vidas, y esto es así y ha sido siempre así por mucho que en otras épocas la iglesia católica considerase pecado hasta el bailar agarrados, ya se sabe, por esos roces impuros y malignos del rabo bien duro contra la pierna de la hmebra, porque en aquellos tiempos de represión esta claro que cualquier contacto físico pondría en alerta a todo miembro viril que se preciase, ya se sabe, la boca del hambriento que se hace agua con solo ver, que digo ver, imaginar, el filete de pechuga.
A mí siempre me ha hecho mucha gracia esas personas puritanas que se escandalizan con el mínimo roce carnal de alguna pareja. Por no hablar de cuando ven a dos homosexuales besándose, que se santiguan y alguna, si lleva algo de agua bendita, hasta los intenta salpicar con ella. Me acuerdo perfectamente de una mañana, cuando tenía 18 años y viviía en Madrid, que iba en un vagón del metro con un amigo, el primer rabo que me comí, y al lado iban dos viejecitas que ya miraban así como con sospecha, no sé por qué. Y entonces como mi amigo se dio cuenta se empezó a restregar contra mí y acto seguido comerme la boca. Las viejas, bueno, yo no sé como no les dio un infarto allí mismo, pero es que yo tampoco sé como no me dio otro infarto a mí. Qué lástima que no hayan abundado en mi vida viejecitas como esas incitadoras a que mi acompañañante por hacer la broma se diese el lote conmigo. Yo, desde luego, si las fabricasen sería un consumidor fijo de ancianas que incitan al acto sexual. No con las ancianas, me refiero, sino con tu acompañante, claro.
Sin embargo la vida es dura, y pocas veces transcurre a ritmo de series como Sensación de Vibir o Al salir de clase, mucho más cutre esta última, donde va a parar. Por ejemplo, si mi vida fuese de una serie americana, ¿cómo sería, por ejemplo, un día como el de ayer?.

“Eran las 7, 30 de la tarde, y ya en la oficina quedábamos él(el morenazo tremendísimo que me tiene como una perra en celo), y yo. Quizás el otoño se dejaba sentir porque ya estaba oscureciendo, aunque yo no quise aún encender las luces, con el riesgo que esto suponía de acabar durmiéndome sobre el teclado. Pero de pronto oigo pasos y era él, sí, dios mío, que buenísimo que está, ¿por qué el Señor me castiga de esta manera?, pensé para mis adentros. El morenazo se detuvo en el quicio de mi puerta y me miró.
EL MORENAZO: bueno, parece que nos han dejado solos
YO(descompuesto): pues sí, pero yo tampoco tardaré en irme
EL MORENAZO: ¿y eso?, ¿por qué tienes tantas prisas, es que no estás agusto conmigo o es que te pongo nervioso?
YO: ¿cóno?, no, no, claro que no me pones nervioso, qué tontería… porque me ibas a poner…
EL MORENAZO: bueno, poner… yo creo que si te pongo. Sí, creo que te pongo y mucho…
Y conforme decía esto se iba manoseando ese paquetón que se le veía tremendo y acercándose a paso lento hacía mí. Yo buscaba afanadamente la cámara oculta, el cuchillo oculto en sus manos dispuesto a asesinarme, pero no, por mucho que me pellizcaba a mí mismo aquello no era un sueño, joder, es que me estaba pasando. Claro que en ese momento se abalanzó sobre mí y empezó a comerme la boca como un loco, mientras me repetía las ganas que había tenido de hacer esto desde el primer día que me vió. ¡Joder, pero si este ve y todo, no está ciego!, me repetía para mí una y otra vez, sin poder creer que algo digno de una revista de modelos estuviese así, encima de mí y ya medio descamisado y con los botones del pantalón desabrochados.”
Bueno, pues así habría sido si mi vida fuese como una serie americana, donde todo es tan fácil y el más feo acaba ligándose al más guapo. También en la vida real últimamante veo muchos casos de estos pero a mí, desde luego, no me toca.
Y uno no sabe si vivir esperando el milagro o vivir sin esperar nada. A veces me pregunto hasta dónde juega mi fisico y hasta donde mi mala suerte, porque cuando ves a tíos más feos que tú que ligan, que echan polvos, que tienen novios que son hasta monísimos, pues ya uno empieza a pensar donde pisó la mierda para tener tanta mala suerte. Y que nadie me diga eso de que cuanto más lo busques más tardará, porque yo llevo en una actitud pasiva mucho tiempo y nada, ni con pasividad ni con actividad. A ver si por lo menos me apunto de una vez al gimnasio aunque siempre me duche en mi casa.

P.D: yo acabaré gritando lo mismo que Raphael en este video...

 
DESPUÉS DE TANTO TIEMPO....
Bueno, después de tanto tiempo, bastante diría yo, le he dado a los blogs de chueca y.... ¡se han abierto! yo no sé si le habrá pasado a mucha gente, yo por lo menos conozco unos pocos, que desde hace mes y medio los blogs dejaron de funcionarnos, sin poder acceder a los nuestros ni leer los de los demás.

Claro que nadie de chueca.com ha dado una explicación que yo creo que sería lógica y necesaria sobre lo que ha pasado, pero como aquí en este país la ley del silencio está bien acogida y aceptada por una gran parte de la sociedad pues qué más dará....

La verdad es que echaba de menos escribir aquí, aunque hace poco me mundé a wordpress y he seguido escribiendo por allí, pero no es lo mismo. Aquí uno llega a muchos más maricones y sucedáneos que por el otro método, aunque es tal mi cabreo que no puedo salir de mi indignación. ¡Con lo fácil que hubiera sido una explicación por parte de los administradores!, insisto, pero parece ser que ahora esto, fuera lo que fuera, se ha arreglado y que podemos volver a esta nuestra comunidad bloguera sin más alegría que el volver y sin más explicación que la inexistente.

En fin, después de tanto tiempo veré si esto sigue mañana funcionando y ya volveré a escribir con asiduidad, que ya me había acostumbrado a este clima y echaba de menos el andar por tierra extraña. Así que nada, bienvenidos todos los que quería volver y un saludo a todos los que estéis nuevos por aquí.... aunque yo, después de todo lo que ha llovido casi podría decirse que vuelvo a empezar de cero...