ES MENTIRA
"La verdad os hará libres", una frase poco exitosa cuando la verdad se convierte en algo muy relativo y la libertad en un estado anímico donde todo secreto está en no pensar por uno mismo.
Hace ya tiempo que dejé de jugar a creerme que la vida, o el tiempo, acaba poniendo cada uno en su sitio, pues he comprobado que por cada justicia que he visto cumplirse en la vida, se producen 100 injusticias. Tal vez es que la sociedad donde vivimos sea un caldo de cultivo propicio para aquellos que viven de sus mentiras y no conocen más razón que su egoísmo, pero suelen existir personas, como yo, que han sido educadas y formadas en un pensamiento donde el engaño, el jugar con los demás y el hacer daño porque sí, eran parámetros que no entraban en las coordenadas del camino a la felicidad.
A mis 25 años he tenido la suerte o la desgracia de encontrarme en mi camino a muchas personas que mentían a los demás empezando por ellos mismos. Otras que mentían a los demás, pero no a ellos mismos. Y también aquellos que jugaban a creerse sus propias mentiras, aunque los demás acabaran descubriéndolas.
El mundo gay, sí, es muy propicio a la superficialidad. También a la promiscuidad, y por mucho que los guardianes de las esencias zerolas de la homosexualidad se den golpes de pecho y se rasguen las vestiduras cuales fariseos en la época de Cristo, la verdad es una, y todo lo demás es mentira. Y además de la superficialidad y la promiscuidad que adorna el mundo gay, con sus lógicas excepciones faltaría más, también está la mentira como lugar muy común de aquellos que hacen de ser gay su forma única de vivir y de pensar.
Yo, la verdad, nunca he comprendido que ganaban aquellas personas que sirviéndose de una superididad física (el estar bueno), o sentimental (el saber que otro está enamorado de ti), se dedicaban a jugar o a engañar al tonto de turno que aparecía por allí y se creía todas las mentiras. Yo he visto a amigos destrozados por conocer a gente que ha jugado con ellos, sin más. Y también, por qué no decirlo, a mí a veces me han conseguido engañar y me he creído a personas cuya única virtud era tener la suficiente sangre fría como para apuñalar a conciencia el corazón destrozado que se encontraban, entonces, en sus manos.
Lo malo es que aquellos que juegan con otros, que se burlan de personas que sí tienen sentimientos, no les va mal en la vida. Ya que uno tiene que sufrir a veces, qué menos que desear un castigo a aquellos que van sembrado dolor por los caminos. Pero también existen los casos donde existen personas que están presas de sus miserias y sus limitaciones pero que, al no aceptarlas, al no aceptarse tal y como son, juegan a ser el hombre que soñaban en sus pesadillas sentimentales y acaban, irremediablemente, rompiéndole el corazón al conejito de indias que pillan en su camino.
Es difícil estar preso de un disfraz. Es difícil ir por la vida aparentando ser lo que uno no es, ya sea más bueno o ya sea más malo. Pero en este sentido sí que es verdad que la verdad nos hace libres, porque cuando uno se mira al espejo y asume lo que es, será más o menos feliz, tendrá más o menos suerte, pero que es libre, desde luego, que nadie lo dude. Claro que ser libre es un paso más para ser feliz, pero no el paso previo a ser feliz.
De todos modos, y de esto nadie puede olvidarse, suele pasar que el tiempo pasa, y uno puede engañar a todos durante un tiempo. O durante todo el tiempo a algunos, pero nunca se puede engañar todo el tiempo a todos. Sea como sea siempre he pensado que lo más triste de aquel que juega y engaña a los demás no son sus víctimas, que también, sino el camino tan pobre que recorre esa persona para intentar creerse feliz o más realizado: la mentira.
Hace ya tiempo que dejé de jugar a creerme que la vida, o el tiempo, acaba poniendo cada uno en su sitio, pues he comprobado que por cada justicia que he visto cumplirse en la vida, se producen 100 injusticias. Tal vez es que la sociedad donde vivimos sea un caldo de cultivo propicio para aquellos que viven de sus mentiras y no conocen más razón que su egoísmo, pero suelen existir personas, como yo, que han sido educadas y formadas en un pensamiento donde el engaño, el jugar con los demás y el hacer daño porque sí, eran parámetros que no entraban en las coordenadas del camino a la felicidad.
A mis 25 años he tenido la suerte o la desgracia de encontrarme en mi camino a muchas personas que mentían a los demás empezando por ellos mismos. Otras que mentían a los demás, pero no a ellos mismos. Y también aquellos que jugaban a creerse sus propias mentiras, aunque los demás acabaran descubriéndolas.
El mundo gay, sí, es muy propicio a la superficialidad. También a la promiscuidad, y por mucho que los guardianes de las esencias zerolas de la homosexualidad se den golpes de pecho y se rasguen las vestiduras cuales fariseos en la época de Cristo, la verdad es una, y todo lo demás es mentira. Y además de la superficialidad y la promiscuidad que adorna el mundo gay, con sus lógicas excepciones faltaría más, también está la mentira como lugar muy común de aquellos que hacen de ser gay su forma única de vivir y de pensar.
Yo, la verdad, nunca he comprendido que ganaban aquellas personas que sirviéndose de una superididad física (el estar bueno), o sentimental (el saber que otro está enamorado de ti), se dedicaban a jugar o a engañar al tonto de turno que aparecía por allí y se creía todas las mentiras. Yo he visto a amigos destrozados por conocer a gente que ha jugado con ellos, sin más. Y también, por qué no decirlo, a mí a veces me han conseguido engañar y me he creído a personas cuya única virtud era tener la suficiente sangre fría como para apuñalar a conciencia el corazón destrozado que se encontraban, entonces, en sus manos.
Lo malo es que aquellos que juegan con otros, que se burlan de personas que sí tienen sentimientos, no les va mal en la vida. Ya que uno tiene que sufrir a veces, qué menos que desear un castigo a aquellos que van sembrado dolor por los caminos. Pero también existen los casos donde existen personas que están presas de sus miserias y sus limitaciones pero que, al no aceptarlas, al no aceptarse tal y como son, juegan a ser el hombre que soñaban en sus pesadillas sentimentales y acaban, irremediablemente, rompiéndole el corazón al conejito de indias que pillan en su camino.
Es difícil estar preso de un disfraz. Es difícil ir por la vida aparentando ser lo que uno no es, ya sea más bueno o ya sea más malo. Pero en este sentido sí que es verdad que la verdad nos hace libres, porque cuando uno se mira al espejo y asume lo que es, será más o menos feliz, tendrá más o menos suerte, pero que es libre, desde luego, que nadie lo dude. Claro que ser libre es un paso más para ser feliz, pero no el paso previo a ser feliz.
De todos modos, y de esto nadie puede olvidarse, suele pasar que el tiempo pasa, y uno puede engañar a todos durante un tiempo. O durante todo el tiempo a algunos, pero nunca se puede engañar todo el tiempo a todos. Sea como sea siempre he pensado que lo más triste de aquel que juega y engaña a los demás no son sus víctimas, que también, sino el camino tan pobre que recorre esa persona para intentar creerse feliz o más realizado: la mentira.
LLEGO NAVIDAD...
Bueno, ya sé que aún es pronto. Es más, creo que ni el Corte Inglés ha inagurado oficialmente la Navidad, pero ya cuando entramos en el mes de Noviembre se emipeza a oler el turrón y los mantecados, golosinas tan prohibidas y que causan más de una perdición. Porque de turrón y de mantecados sí que están ya los stands del Mercadona y del Hipercor a rebosar.
Ya el año pasado me prometí a mí mismo no comer ni mantecados del limón, placer prohibido, ni turrón, pero al final caí en las garras del turrón duro, que a fin de cuentas era lo único duro y caliente que me llevaba a la boca. Pero este año estoy seguro que ni turrón del duro ni mantecados de limón, aunque mi madre se salte la prohibición de comprarlos y exponerlos a la vista de todos en la mesita del salón.
También me he propuesto este año no escribirle ninguna carta a los reyes, ni a papá noél, porque llevo ya tantos años pidiéndole lo mismo y no me lo traen, que ya me he cansado. A lo mejor los Reyes no me lo traen porque saben que en mi casa pongo el pene de Navidad, digoo el pino, y dejo de lado al belén. No sé por qué, porque tengo uno grandísimo que tuve que hacer en 7 de EGB, en una asignatura llamada pretecnología, que nunca entenderé que tenía que ver eso con manualidades que hacíamos en cada trismestre según el capricho de la profesora, cursi e insoportable donde las hubiese.
Pero no voy a negar que la Navidad ya no es lo que era, ni para mí ni para la gran mayoría de la sociedad que tiene la mala costumbre de crecer y cumplir años, porque con el paso de los años la inocencia, muchas veces hasta la bondad de uno mismo, se va perdiendo, erosionando e incluso transformando en maldad y vinagre, y entonces cuando llega la Navidad no queda más remedio que acabar hasta los cojones de ella... aunque yo todavía no he llegado a ese punto.
Quizás una cosa buena de mi soltería eterna e incorrupta es que no tengo que gastarme dinero ni calentarme la cabeza demasiado en regalos para el novio, esos regalos que muchas veces son motivos de cuernos, pues mientras tú pierdes el tiempo en buscarlos tu pareja se entretiene en acostarse con alguno que haya conocido por el chat, pero así es la vida.
Sin embargo no todo el monte es orégano y también hay parejas que se quieren y son fieles, y entonces cuando le preguntas qué quiere que le regales para navidad, él te responde que nada, que no hay mejor regalo que estar a tu lado. Ya, ya sé que he visto muchas películas, es más, una de mis películas favoritas es LOVE ACTUALLY, que se desarrolla, precisamente,en Navidad. Pero digamos que hace mucho que no la veo a la espera de que llegue un día de invierno, lluvioso, con frío y no muy lejano, que necesite deshidratarme un poco de tanto llorar y vuelva a comerter la temeridad de darle al PLAY y volver a ver ese reflejo de lo que, seguramente, nunca tendré.
Es cierto que a veces he oido que en Navidad los milagros a veces suceden, en mi caso milagro sería que me tocase el Gordo, no que encontrase un novio. Aunque no juego nunca a la lotería. Quizás este año lo haga, un poco eso sí, porque aunque dicen que el dinero no da la felicidad, siempre hay matices en esa afirmación. Lo primero, que seguro que esta frase se la inventó un millonario con la poya pequeña y que, por entonces, no existía el alargamiento de pene. Ahora hay unas técnicas que quien no tiene un rabo de 20 cm es porque no quiere. Bueno, o porque le gustaría tenerlo pero en la boca jajaja.
Pero la cuestión es que cuando no existe amor, cuando no hay ilusiones, cuando no tienes con quien compartir el camino, tal vez el dinero te hace más llevadera la soledad. Ya sé que el cuento de Navidad, yo lo conocí a través de los dibujos del tío Gilito, no nos dice precisamente eso, pero la vida es siempre tan compleja y difícil que aunque algunos pretendan engañar al tiempo, el tiempo siempre acaba alzándose con la victoria.
La soledad cansa, y cuando se acostumbra a estar en nuestra cama, nuestra cama no es que se vuelva fría, es que no deja ni un resquicio para el calor. Yo no creo excesivamente eso de que la Navidad vuelva mejores a las personas, aunque sí tal vez más hipócritas. A ver si por lo menos este año hay suerte y ya que no pido nada papa noél me tira por la chimenea ese novio que tanto le he pedido años atrás. Que ya sería más que milagroso porque para empezar, yo no tengo chimenea, aunque por lo menos si que tengo Bakala. A ver si papá noél se ha enterado...
P.D: el video que pongo es un recital que dió Raphael en Navidad recién operado. Espectacular.
Ya el año pasado me prometí a mí mismo no comer ni mantecados del limón, placer prohibido, ni turrón, pero al final caí en las garras del turrón duro, que a fin de cuentas era lo único duro y caliente que me llevaba a la boca. Pero este año estoy seguro que ni turrón del duro ni mantecados de limón, aunque mi madre se salte la prohibición de comprarlos y exponerlos a la vista de todos en la mesita del salón.
También me he propuesto este año no escribirle ninguna carta a los reyes, ni a papá noél, porque llevo ya tantos años pidiéndole lo mismo y no me lo traen, que ya me he cansado. A lo mejor los Reyes no me lo traen porque saben que en mi casa pongo el pene de Navidad, digoo el pino, y dejo de lado al belén. No sé por qué, porque tengo uno grandísimo que tuve que hacer en 7 de EGB, en una asignatura llamada pretecnología, que nunca entenderé que tenía que ver eso con manualidades que hacíamos en cada trismestre según el capricho de la profesora, cursi e insoportable donde las hubiese.
Pero no voy a negar que la Navidad ya no es lo que era, ni para mí ni para la gran mayoría de la sociedad que tiene la mala costumbre de crecer y cumplir años, porque con el paso de los años la inocencia, muchas veces hasta la bondad de uno mismo, se va perdiendo, erosionando e incluso transformando en maldad y vinagre, y entonces cuando llega la Navidad no queda más remedio que acabar hasta los cojones de ella... aunque yo todavía no he llegado a ese punto.
Quizás una cosa buena de mi soltería eterna e incorrupta es que no tengo que gastarme dinero ni calentarme la cabeza demasiado en regalos para el novio, esos regalos que muchas veces son motivos de cuernos, pues mientras tú pierdes el tiempo en buscarlos tu pareja se entretiene en acostarse con alguno que haya conocido por el chat, pero así es la vida.
Sin embargo no todo el monte es orégano y también hay parejas que se quieren y son fieles, y entonces cuando le preguntas qué quiere que le regales para navidad, él te responde que nada, que no hay mejor regalo que estar a tu lado. Ya, ya sé que he visto muchas películas, es más, una de mis películas favoritas es LOVE ACTUALLY, que se desarrolla, precisamente,en Navidad. Pero digamos que hace mucho que no la veo a la espera de que llegue un día de invierno, lluvioso, con frío y no muy lejano, que necesite deshidratarme un poco de tanto llorar y vuelva a comerter la temeridad de darle al PLAY y volver a ver ese reflejo de lo que, seguramente, nunca tendré.
Es cierto que a veces he oido que en Navidad los milagros a veces suceden, en mi caso milagro sería que me tocase el Gordo, no que encontrase un novio. Aunque no juego nunca a la lotería. Quizás este año lo haga, un poco eso sí, porque aunque dicen que el dinero no da la felicidad, siempre hay matices en esa afirmación. Lo primero, que seguro que esta frase se la inventó un millonario con la poya pequeña y que, por entonces, no existía el alargamiento de pene. Ahora hay unas técnicas que quien no tiene un rabo de 20 cm es porque no quiere. Bueno, o porque le gustaría tenerlo pero en la boca jajaja.
Pero la cuestión es que cuando no existe amor, cuando no hay ilusiones, cuando no tienes con quien compartir el camino, tal vez el dinero te hace más llevadera la soledad. Ya sé que el cuento de Navidad, yo lo conocí a través de los dibujos del tío Gilito, no nos dice precisamente eso, pero la vida es siempre tan compleja y difícil que aunque algunos pretendan engañar al tiempo, el tiempo siempre acaba alzándose con la victoria.
La soledad cansa, y cuando se acostumbra a estar en nuestra cama, nuestra cama no es que se vuelva fría, es que no deja ni un resquicio para el calor. Yo no creo excesivamente eso de que la Navidad vuelva mejores a las personas, aunque sí tal vez más hipócritas. A ver si por lo menos este año hay suerte y ya que no pido nada papa noél me tira por la chimenea ese novio que tanto le he pedido años atrás. Que ya sería más que milagroso porque para empezar, yo no tengo chimenea, aunque por lo menos si que tengo Bakala. A ver si papá noél se ha enterado...
P.D: el video que pongo es un recital que dió Raphael en Navidad recién operado. Espectacular.