Ser gay no es un privilegio
Una visión del mundo gay zerolamente incorrecto.
Acerca de
Que de cosas estoy descubriendo esta noche de insomnio, no sabía que esto del blog tuviese tantas cosas. Bueno, está claro que mi foto no la pienso poner porque perdería mis lectores, que aunque sean pocos les debo un respeto jajaj. Que aburrido es poner una descripción de uno mismo, con lo bonito que es que otros hablen de ti. Pero más o menos diré que soy un chico gay de casi 25 años que desde los 17 años estoy vagando por muchos rincones de España por culpa del trabajo, también de los estudios, qué sé yo... como soy feo estoy soltero, y como estoy soltero tengo mucho tiempo para escribir, algo que es mi pasión desde los 13 años, qué precoz fui para algunas cosas, aunque para otras sigo siendo virgen.
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ADICTO AL CHOCOLATE
Lo confieso, desde hace unas semanas me he vuelto adicto al chocolate. El de comer, no el de fumar, claro está, que yo llevo siendo toda mi vida abstemio y no pienso cambiar por ningún hombre, por mucho que destroce mi corazón.

Pero lo peor no es esto, sino que Jaime Cantizano, el de salsa rosa, la dolce vita o como se llame ahora, empieza a enseñar su patita por fuera del armario. Y digo que esto es malo porque no va a salir del armario conmigo, sino con un pedazo de morenazo con el cual lo fotografiaron en Ibiza, creo. Ya, ya sé, que alguien tan buenorro y famoso como Cantizano no va a protagonizar su puesta en público sexual con un humilde y feo chico del montón como soy yo, pero en las peliculas de Hollywood a veces pasa. Claro que Walt Disney ahora prefiere utilizar chiguaguas para sus películas que son más baratos y educados que las personas.

De todos modos, y gustándome muchísimo Cantizano, yo no competiría con Mariñas por hacerme con un beso suyo, sino que ptreferiría dejarme mis uñas, dientes, lengua y lo que hiciese falta por irme a la cama, aunque solamente fuese una hora, con Mario Casas. Reconozco que me tiene totalmente enamorado este morenazo gallego que en la película de MENTIRAS Y GORDAS, le hace un flaco favor a la comunidad gay fea, que existe y es muy numerosa, al aparecer como el prototipo ideal de principe azul que, salvo excepciones dignas de medicación, deserían tener todos los homosexuales adolescentes y adultos, sin olvidarnos de algunos adúlteros también.

Porque claro, la película en sí tiene la ventaja que ni actores ni público tienen que poner todos sus sentidos en seguir un guión o una trama, sino que pueden abandonarse al placer de ver a tremendos tiazos que salen en todo su explendor, y nunca mejor dicho. Pero con Mario Casas es distinto, tal vez porque hace de gay enamorado locamente de ese amigo del alma que lo llevará a su destrucción total. Y aquí es cuando la imaginación y la frustración se dan rienda suelta en muchos al preguntarle al cielo por qué no pone un Mario Casas en su vida. O bueno, en su cama. Algunos hasta se conformarían con compartir cuarto oscuro con él, igual que en una escena de la película. Pero dejando de lado todos estos instintos homo eróticos que no pueden reprimirse viendo MENTIRAS Y GORDAS, a menos que uno sea una mojigata pueril, la verdad es que ver a tanto tío bueno, no olvidarse del resto del reparto, crea un poco de depresión también.

Nunca compartí demasiado la idea de que la vida es un sueño, porque creo que no lo es. Da la casualidad, a veces, que nosotros logramos convertir nuestra vida, o momentos de ella, en retazos o continuidad de algún sueño, pero esto es más producto del talento, la suerte o el paquete de cada uno, que de la fuerza secreta de los anhelos que consiguen cambiar el curso del destino. Es que hay mucho cursi que piensa que con desear algo con todas tus fuerzas, eso se consigue. Cuántos se habrían cagado encima, por ejemplo, si hubiesen seguido esa doctrina. Rajoy, seguro, si creyese que esforzándose en desear la Moncloa iba a aparecer en ella.

Sin embargo, la vida real tiene otro ritmo distinto. Es verdad que existen muchísimos tíos buenos, gente que tiene mucho dinero, otros que disfrutan de muchísima suerte, ahí tenemos al Pipita Higuaín, pero digamos que la mayoría silenciosa de la sociedad transcurre por este mundo sin demasiadas metas ni emociones. Las normales y corrientes a la gente común, dirán muchos, pero desde cuándo una vida corriente ha importado a los guionistas de cine y no digamos ya a los guionistas de la historia, que somos en su conjunto toda la sociedad, pero que monopolizan, de manera exclusiva, unos cuantos "bien pagaos".

No digo yo que esta insoportable levedad del ser tenga que estar continuamente en nuestras mentes, pero sí es verdad que hay personas que aspiran a algo más en esta vida sin llegar nunca a conseguirlo. Yo estoy convencido que en la existencia de cada persona existe un momento de no retorno donde el que triunfa ha triunfado aún pudiendo fracasar, y el que ha fracasado ya nunca podrá volver a intentar triunfar. Quizás para enamorarse siempre hay tiempo, y ganas que dirán muchos, pero para alcanzar ciertas metas en la vida, existen fechas de caducidad. Con raras excepciones, por supuesto.

De todos modos, yo podría conformarme con tener a mi lado a alguien que no fuese Mario Casas. Me conformaría, por ejemplo, con alguien que se llamase, por ejemplo, Sergio. Ahora bien, si Mario lee esto y me manda un email para quedar, primero tendría que saber que, por ejemplo, Sergio jamás llegaría. Porque si Sergio llegase, me quedaría con él. Contradicciones de un feo, Mario.
 
Comentario:
Los Marios Casas del mundo suelen ser aburridos y te hartarías de ellos. Mejor los Sergios, los Javis o los Pepes, que son normalitos pero que son divertidos.

Estoy seguro que te llegará uno de ellos y te hará muy feliz.
 
Comentario:
Entonces ¿Mario o Sergio?
No