Ser gay no es un privilegio
Una visión del mundo gay zerolamente incorrecto.
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Que de cosas estoy descubriendo esta noche de insomnio, no sabía que esto del blog tuviese tantas cosas. Bueno, está claro que mi foto no la pienso poner porque perdería mis lectores, que aunque sean pocos les debo un respeto jajaj. Que aburrido es poner una descripción de uno mismo, con lo bonito que es que otros hablen de ti. Pero más o menos diré que soy un chico gay de casi 25 años que desde los 17 años estoy vagando por muchos rincones de España por culpa del trabajo, también de los estudios, qué sé yo... como soy feo estoy soltero, y como estoy soltero tengo mucho tiempo para escribir, algo que es mi pasión desde los 13 años, qué precoz fui para algunas cosas, aunque para otras sigo siendo virgen.
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CUANDO YA NO TE QUIEREN
Hace poco estuve viendo "Fuga de cerebros", de mi amado y deseado Mario Casas, el cual está que revienta haga el papel que haga. Es más, a mí me ha enamorado más en el personaje que encarna en esta película, pues aunque en "Mentiras y gordas", su sensualidad rezumaba por todos sus pores, con escenas homo eróticas que podrían a cualquier pasiva más caliente que un perrito caliente, en "Fuga de cerebros", también existen escenas de alto voltaje sexual, sobre todo cuando se imagina cçomo sería un polvo- que digo polvo...polvazo!!!- con su eterna amada.

"Fuga de cerebros", al verdad, es una de las películas más pasables que he visto últimamente del cine español, que si le quitamos la cuota marica de Almodovar, las demás producciones suelen ser bastante mediocres, aunque nos intenten vender gato por liebre como en el caso de "el final del camino", bodrio infumable donde los haya.

Hace poco leí en un chat que tuvo Mario Casas en "el País", que la película era una mezcla de comedia y tambi´´en de momentos donde se podría llorar. Y yo pensé, ¿llorar?, porque desde luego, sino uno llora en "fuga de cerebros", es que está más tierno que las magdalenas de "la lechera". Sin embargo yo, por lo menos, y por hacerle caso a Mario, sí lloré. Bueno, tampoco mucho. Vale, sólo un amago de esas lagrimitas que te nublan los ojos pero no llegan a caer. Pero es cierto que en la película, al lado de la risas, que las hay, también existen momentos donde a uno le llega la reflexión, la nostalgia, la tristeza o, en el caso de los insensibles, el bostezo.

La historia en sí, un chico enamorado desde pequeño de una rubia espectacular, ya es una oda a la utopía en el mundo gay. Porque Mario Casas, que está buenísimo por mucho que lo quieran camulfar, encarna a un adolescente que ha pasado una infancia terrible de complejos y de humillaciones. Vamos, que no es precisamente el personaje de Mario ni el típico guaperas o graciosillo carismático del colegio o del instituto, sino todo lo contrario. La rubia amada, como os imaginaréis, es de esas espectaculares que despiertan la envidia, sanísima por supuesto, de todas esas maricas malas que son misógenos porque en el fondo les gustaría tener un buen coño y un buen par de tetas para poder ser la más puta del barrio. ¡Qué digo del barrio... de la ciudad!

Pero dejando a un lado estos análisis psicológicos de las fobias propias de los homosexuales, la fobia al fútbol es otra muy extendida, la película encierra un sentido del amor, de la amistad, del rídiculo también, que no se estila precisamente en los ambientes gays. Sería impensable que un chico homosexual del motón, sin demasiado carisma, enamorado del mismo compañero de clase desde la guardería, acabase teniendo una historia de amor en su adolescencia y convirtiéndose en el hombre de su vida. Ojo, no confundir esto con el típico compañero de clase buenorrísimo, reprimido, que nos lo encontramos años más tarde de la selectividad, y nos acaba follando. Que conste que esto a mí no me ha pasado.

Partiendo de esta reflexión, y sabiendo que un gay no puede aspirar a encontrar el amor de su vida ni en primaria ni en secundaria (por lo menos aún no ha ido ninguno al diario de Patricia a contarlo), ya encontrar el amor verdadero en las edades que el resto de la humanidad suele hacerlo, 20-30 años, es bastante complicado. Incluso para los guapos que quieran encontrar al hombre de su vida es difícil, porque en primer lugar los guapos solamente aspiran a encontrar al polvo del mes como mucho; y en segundo lugar si algún guapo de verdad quiere encontrar su media naranja de por vida corre el riesgo de que en la mayoría de ocasiones simplemente sea utilizado como un trofeo de caza.

Claro que no siempre que llega el amor de verdad sabemos verlo y, en el caso de verlo, conservarlo. Porque no hay nada más triste que el querer a quien no te quiere, que el seguir a quien no quiere compartir nada contigo. Vamos, lo que se suele llamar desamor. Y es que la frase de "ya no te quiero", es seguramente el peor puñal que se puede clavar en alguien que de verdad quiera al que se lo dice. Porque no solamente es un torpedo directo en la linea de flotación de nuestros sentimientos, sino también una buena dosis de impotencia al por mayor al comprobar que ya uno nada puede hacer ante esas palabras tan implacables.

Ya sé que algunos que han visto muchas películas me dirán que siempre se puede luchar por recuperar al que se pierde, pero yo no lo veo así. Cuando el amor se muere, por muy grande que haya sido, ya no se puede resucitar, porque un amor puede recuperarse cuando está en coma, cuando está en dificultades, cuando a pesar de todo existe un atisbo de esperanza en la mirada del otro, de los dos, pero cuando se muere... no queda más remedio que enterrarlo. Eso o poner el empeño en recuperar un cadáver y pasar el resto de tu vida bailando con él.

Y mejor que yo lo sabe decir Sabina, "porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren".
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