O conmigo o contra mí
-Are you with us or are you with the terrorists?
O conmigo o contra mí... ¿Por qué será que esto me suena? Pero no. No hablaba ningun portavoz del PP. Quien así discurseaba era nuestro querido Mayor de Nueva York, Rudolph Giuliani. Sigo de cerca la convención republicana que se celebra desde hoy en NY y espantada me quedo. He de admitir que cuando el sábado leí la convocatoria de la manifestación en la Gran Manzana para el día siguiente, sentí el inevitable impulso de coger el primer tren de la mañana... pero no lo hice. Me quedé en Washington.
-Have you seen the frontpage? [¿Has visto la portada?] -le digo a Anne señalando The Washington Post. Los periodistas yanquis usan la estimación policial y dicen que 200.000 personas protestaron en las calles contra Bush. No se molestan en recoger las estimaciones de otras fuentes.
Anne, mi madre de acogida, se ríe y me responde que eso no es nada en un país de 300 millones de habitantes. ¿En serio, Anne, que no te parece nada?
Nota: Voy a la piscina, busco inconscientemente entre los vecinitos y no veo ni rastro de la bollo más buena en varias millas a la redonda.
O conmigo o contra mí... ¿Por qué será que esto me suena? Pero no. No hablaba ningun portavoz del PP. Quien así discurseaba era nuestro querido Mayor de Nueva York, Rudolph Giuliani. Sigo de cerca la convención republicana que se celebra desde hoy en NY y espantada me quedo. He de admitir que cuando el sábado leí la convocatoria de la manifestación en la Gran Manzana para el día siguiente, sentí el inevitable impulso de coger el primer tren de la mañana... pero no lo hice. Me quedé en Washington.
-Have you seen the frontpage? [¿Has visto la portada?] -le digo a Anne señalando The Washington Post. Los periodistas yanquis usan la estimación policial y dicen que 200.000 personas protestaron en las calles contra Bush. No se molestan en recoger las estimaciones de otras fuentes.
Anne, mi madre de acogida, se ríe y me responde que eso no es nada en un país de 300 millones de habitantes. ¿En serio, Anne, que no te parece nada?
Hey, a mí que me dejen
-¿Sabes qué? Estaba pensando que nos conviene ir a un psicólogo de familia, a los niños, a Dylan y a mí... y tú también puedes venir, si quieres.
Todavía no me he tomado ni el primer cafe del día y ya Anne, mi madre de acogida en este país, me ha pillado de nuevo desprevenida. Está muy preocupada porque esta mañana, antes de que los críos se largaran con Dylan (el papá), le ha pedido que no fumara delante de la descendencia, y el hombre ha hecho un gesto elocuente, algo así como "que te den" en yanqui, "que yo hago lo que me sale de los mismísimos huevos", cosa que la ha alterado profundamente.
-Sí, voy a llamar a mi abogado, creo que todo esto está afectando a los niños.
Me sonrío. ¿A los niños? Si tan sólo fuera Dylan... El problema en las familias americanas en proceso de divorcio es mucho mayor. A los niños, por ejemplo, yo los mandaría un par de semanitas a cualquier pueblo español para que los curtan un poco. Pero me callo como una zorra.
Francamente, que el padre de las criaturas humanas que cuido se dedica a freírle los nervios a Anne, la mamá, no es nada nuevo. Al principio no me daba cuenta, pero conforme los meses vuelan, Dylan me ha ido pareciendo cada vez un ser más obtuso. Sus maneras de cowboy, el macho ibérico yanqui, me los suda (los ovarios, entiéndase), pero entre sus velados interrogatorios y esa manía de aparecer cuando le da la gana me está cabreando.
Outrageous, sí, pero, hey, de ahí a llevar a toda la troupe a un psicólogo... mira, pues sí, que vayan, pero a mí que me dejen.
Todavía no me he tomado ni el primer cafe del día y ya Anne, mi madre de acogida en este país, me ha pillado de nuevo desprevenida. Está muy preocupada porque esta mañana, antes de que los críos se largaran con Dylan (el papá), le ha pedido que no fumara delante de la descendencia, y el hombre ha hecho un gesto elocuente, algo así como "que te den" en yanqui, "que yo hago lo que me sale de los mismísimos huevos", cosa que la ha alterado profundamente.
-Sí, voy a llamar a mi abogado, creo que todo esto está afectando a los niños.
Me sonrío. ¿A los niños? Si tan sólo fuera Dylan... El problema en las familias americanas en proceso de divorcio es mucho mayor. A los niños, por ejemplo, yo los mandaría un par de semanitas a cualquier pueblo español para que los curtan un poco. Pero me callo como una zorra.
Francamente, que el padre de las criaturas humanas que cuido se dedica a freírle los nervios a Anne, la mamá, no es nada nuevo. Al principio no me daba cuenta, pero conforme los meses vuelan, Dylan me ha ido pareciendo cada vez un ser más obtuso. Sus maneras de cowboy, el macho ibérico yanqui, me los suda (los ovarios, entiéndase), pero entre sus velados interrogatorios y esa manía de aparecer cuando le da la gana me está cabreando.
Outrageous, sí, pero, hey, de ahí a llevar a toda la troupe a un psicólogo... mira, pues sí, que vayan, pero a mí que me dejen.
La gallina Turuleta
La primera vez que le canté la gallina Turuleta a Tommy, una de las criaturas humanas que cuido, el asunto tuvo su gracia, no creas. "Qué gracioso, qué mono", pensé, "tan rubito y yanquisito y cantando en castellano castizo". Conforme pasan los días, sin embargo, tengo que decirte que la canción de marras (por no decir de los "cohone") me persigue por todos los rincones.
Sobre todo porque Tommy sólo canta eso de "La gallina Turuleta...", y yo tengo que continuar con el resto ("... ha puesto un huevo, ha puesto dos, ha...") so riesgo de dañar su ego (eguito incipiente en este caso). Hey, parezco Miliki. ¡Qué digo Miliki! Rita Irasema que es mucho peor... o Torrebruno, que es ya el colmo de lo peor.
Afortunadamente la cancioncita se queda de momento en la esfera de lo privado y en la piscina Tommy sólo piensa en helados, en watch what I do y en I'm cold. Pero el asunto se está destapando porque uno de los amiguitos que suelen pasarse todo el santo día en casa, ayer se fue cantando la estúpida gallina Turuleta para martirio y hartazgo mío.
Hey, creo que voy a probar con "Litros de alcohol corren por mis venas, mujer...".
Nota de última hora: Lorena se ha aprendido la letra turuleta, pero debe parecerle tan infantil que sólo la canta cuando nadie (y a mí me incluye en esta categoría) puede oírla. ¡Si al menos la entonara en condiciones!
Sobre todo porque Tommy sólo canta eso de "La gallina Turuleta...", y yo tengo que continuar con el resto ("... ha puesto un huevo, ha puesto dos, ha...") so riesgo de dañar su ego (eguito incipiente en este caso). Hey, parezco Miliki. ¡Qué digo Miliki! Rita Irasema que es mucho peor... o Torrebruno, que es ya el colmo de lo peor.
Afortunadamente la cancioncita se queda de momento en la esfera de lo privado y en la piscina Tommy sólo piensa en helados, en watch what I do y en I'm cold. Pero el asunto se está destapando porque uno de los amiguitos que suelen pasarse todo el santo día en casa, ayer se fue cantando la estúpida gallina Turuleta para martirio y hartazgo mío.
Hey, creo que voy a probar con "Litros de alcohol corren por mis venas, mujer...".
La vena Manolo
Piscina del vecindario. Tommy me muestra algo en el cuarto de baño. Alzo la vista y veo a través del espejo a la bollo más buena en varios kilómetros a la redonda. Me está mirando la nuca y me ruborizo. Morena. Pelo corto. Treinta años escasos. Tremendamente atlética y unos ojos grandes y brillantes. Aparto la mirada, no sea que se me note pero ya no sé qué le digo a Tommy, sólo que balbuceo incoherencias.
Luego en la piscina me la vuelvo a cruzar. Una vocecita interior me golpea la cabeza. Hay muchas mamás en bañador y me digo "No te vuelvas para mirar, sería muy descarado, no te vuelvas". Pero me sale la vena Manolo (hey, la belleza es la belleza), me giro 180 grados y la miro de arriba a abajo (nuca-cuello-espalda-hermososglúteos-tobillos) mientras ella se aleja, Tommy me grita y yo bendigo para mis adentros "Amén".
Y también averiguo que la susodicha vive en la casa contigua o que está de visita por allí, porque paso con el coche y ella esté de pie en el porche con unas irresistibles gafas de sol y unos pantalones cortos que quitan el hipo y las ganas de comer.
Luego en la piscina me la vuelvo a cruzar. Una vocecita interior me golpea la cabeza. Hay muchas mamás en bañador y me digo "No te vuelvas para mirar, sería muy descarado, no te vuelvas". Pero me sale la vena Manolo (hey, la belleza es la belleza), me giro 180 grados y la miro de arriba a abajo (nuca-cuello-espalda-hermososglúteos-tobillos) mientras ella se aleja, Tommy me grita y yo bendigo para mis adentros "Amén".
Y también averiguo que la susodicha vive en la casa contigua o que está de visita por allí, porque paso con el coche y ella esté de pie en el porche con unas irresistibles gafas de sol y unos pantalones cortos que quitan el hipo y las ganas de comer.
Hasta el chichi
Veamos, en estos días de vacaciones con la familia en Vermont he inhalado cinco farts (pedos) de Tommy y siete de Lorena. El capitulo steps-on-me (pisotones) ha sido tan prolífico que al zapatazo cincuenta y algo, perdí la cuenta. Y no hay que dejar de lado los shut-ups (cierra el pico), donde Lorena aventajó a Tommy con diferencia. No obstante, Tommy, ni corto ni perezoso, le alcanzó en el apartado de I-hate-yous (te odio), con todo un abanico de timbres y tonos. Y finalizo. El marcador indica un empate técnico, que resolvieron saltando sobre mí y agotándome psicológicamente.
Anne, mi madre de acogida, me ha hablado de todas las maneras. Con un bigmac en la boca, con chicle, recién despertada, tras beber una cerveza... Imposible entenderla. También me ha insinuado que soy una pesimista y a pique de un repique estallo y le suelto que mira, guapa, la menda es la alegría de la huerta, eso si hay huerta, claro, pero es que no me da la gana de sonreír cuando estoy hasta el chichi, porque así es como he acabado yo, hasta los mismísimos ovarios. Y creo que, en el fondo, ella también.
Perdóname que sea tan prosaica esta vez. Dios. Su prole es vampírica, te chupa la energía cruel y vilmente. Lo único bueno, escalé sola la Green Mountain y me tumbé diez minutos en su cima viendo allá al fondo el mundo funcionar. Anne, sin duda, pensaría que soy un poco freakie. ¿Para qué subir semejante montaña andando si no hay ninguna tienda en lo alto, sólo pájaros y especies extrañas?
Anne, mi madre de acogida, me ha hablado de todas las maneras. Con un bigmac en la boca, con chicle, recién despertada, tras beber una cerveza... Imposible entenderla. También me ha insinuado que soy una pesimista y a pique de un repique estallo y le suelto que mira, guapa, la menda es la alegría de la huerta, eso si hay huerta, claro, pero es que no me da la gana de sonreír cuando estoy hasta el chichi, porque así es como he acabado yo, hasta los mismísimos ovarios. Y creo que, en el fondo, ella también.
Perdóname que sea tan prosaica esta vez. Dios. Su prole es vampírica, te chupa la energía cruel y vilmente. Lo único bueno, escalé sola la Green Mountain y me tumbé diez minutos en su cima viendo allá al fondo el mundo funcionar. Anne, sin duda, pensaría que soy un poco freakie. ¿Para qué subir semejante montaña andando si no hay ninguna tienda en lo alto, sólo pájaros y especies extrañas?
Prejuicios
Cuando le dices buenos días a Lorena, normalmente emite un gruñido indescifrable, mezcla de "hi", "morning" y "fuck you". O así lo percibo yo. Hoy sin embargo, Lorena me ha mirado, ha sonreído y me ha pedido que vaya para enseñarme algo realmente "cool" que, como bien sabes ya, significa "chachi".
Sólo sé que mis músculos faciales se han tensado y he sentido que mi ceja se enarcaba hasta el cielo de mi cabeza. "¿Qué será lo que quiere de mí?", he pensado mecánicamente. Lorena y amabilidad son dos conceptos incompatibles. No coinciden ni en espacio, ni en tiempo ni en dimensión habida y por haber.
Pero Lorena no quiere nada de mí, sólo enseñarme algunos juguetes, y mi ceja sigue enarcada un rato más. ¿Y si no es tan diabla como pienso? ¿La habré prejuzgado?
Nota de última hora: Mañana dejo Washington por cuatro días. Estoy acongojada porque me voy con la familia de vacaciones a Vermont. Estaremos en una cabaña en mitad de la montaña. Creo que va a ser terrible, pero ya no puedo eludir el compromiso.
Sólo sé que mis músculos faciales se han tensado y he sentido que mi ceja se enarcaba hasta el cielo de mi cabeza. "¿Qué será lo que quiere de mí?", he pensado mecánicamente. Lorena y amabilidad son dos conceptos incompatibles. No coinciden ni en espacio, ni en tiempo ni en dimensión habida y por haber.
Pero Lorena no quiere nada de mí, sólo enseñarme algunos juguetes, y mi ceja sigue enarcada un rato más. ¿Y si no es tan diabla como pienso? ¿La habré prejuzgado?
Nota de última hora: Mañana dejo Washington por cuatro días. Estoy acongojada porque me voy con la familia de vacaciones a Vermont. Estaremos en una cabaña en mitad de la montaña. Creo que va a ser terrible, pero ya no puedo eludir el compromiso.
"Pa jartarme de reír"
Anne, mi madre de acogida en este extraño país, me llevó a un restaurante español a cenar. Vino una mamá del vecindario también. Había un espectáculo flamenco. Supongo que a nadie le apetecía ir. A mí al menos, no, pero allí estábamos sentadas a una mesa, ellas hablando de hombres e hijos y yo mirando al infinito.
Lo que no me esperaba es que el espectáculo flamenco empezara con las sevillanas esas que dicen:
"Me casé con un enano pa jartarme de reír, titia, titi titia, titia.
Pa jartarme de reír
me casé con un enano,
pa jartarme de reír,
me casé con un enano pa jartarme de reír "
Teniendo en cuenta esto, el resto no estuvo mal, pero no abandoné la sospecha de que en cualquier momento saltaran con esa que dice:
"Un carro, dos carros, tres carros
¡Toma!
Un carrefur"
Hubo clemencia y durante veinte minutos (más hubiera sido un castigo para los yanquisitos) nos mostraron unas bulerías y unos tangos de academia muy correctos, pero sin duende.
Lo que no me esperaba es que el espectáculo flamenco empezara con las sevillanas esas que dicen:
"Me casé con un enano pa jartarme de reír, titia, titi titia, titia.
Pa jartarme de reír
me casé con un enano,
pa jartarme de reír,
me casé con un enano pa jartarme de reír "
Teniendo en cuenta esto, el resto no estuvo mal, pero no abandoné la sospecha de que en cualquier momento saltaran con esa que dice:
"Un carro, dos carros, tres carros
¡Toma!
Un carrefur"
Hubo clemencia y durante veinte minutos (más hubiera sido un castigo para los yanquisitos) nos mostraron unas bulerías y unos tangos de academia muy correctos, pero sin duende.
De eso nada, monada
Tommy es un ciclón. Son las siete de la mañana y escucho sus gritos recorriendo la casa con una energía insospechable en un mocoso de cuatro años. Y lo peor es que Anne, la mamá, lo secunda, así que por primera vez en casi tres meses que llevo aquí decido quedarme en la cama hasta que la tormenta pase, hasta que sus gritos amainen. Hoy no me levanto con la llamada de la selva.
Sin duda, tengo mal acostumbrada a Anne. Si no, no andaría poniendo revoltoso al niño. Se lo dejo a ella y a los veinte minutos o así, Anne se da cuenta de que por más alboroto que líen no me pienso levantar. También debe de pensar que va a llegar tarde al trabajo porque los gritos cesan. Anne ha dejado de arengar a las tropas. Me levanto y me la cruzo. Tiene cara de circunstancias. Yo sonrío de ceja a oreja.
-So what are you gonna do today? [Así que, ¿qué vais a hacer hoy?]
La pregunta del millón. Después del buenos días, es lo segundo que me dice todos los días. Al principio, este momento me inquietaba y me dejaba los sesos inventándome cosas emocionantes que hacer. Hoy, no sé por qué, me quedo callada.
-Just having a day? [¿Sólo pasar el día?] -sugiere como si pasar un día con su adorable descendencia fuera poca cosa.
-Hey, that's a great adventure, don't you think so? -le he dicho ensayando mi voz ronca y grave. Anne ha parpadeado. Intuye que estoy hasta la coronilla y no dice ni mu. Esta mujer espera que todos los días escale el Himalaya y, no, de eso nada, monada.
Sin duda, tengo mal acostumbrada a Anne. Si no, no andaría poniendo revoltoso al niño. Se lo dejo a ella y a los veinte minutos o así, Anne se da cuenta de que por más alboroto que líen no me pienso levantar. También debe de pensar que va a llegar tarde al trabajo porque los gritos cesan. Anne ha dejado de arengar a las tropas. Me levanto y me la cruzo. Tiene cara de circunstancias. Yo sonrío de ceja a oreja.
-So what are you gonna do today? [Así que, ¿qué vais a hacer hoy?]
La pregunta del millón. Después del buenos días, es lo segundo que me dice todos los días. Al principio, este momento me inquietaba y me dejaba los sesos inventándome cosas emocionantes que hacer. Hoy, no sé por qué, me quedo callada.
-Just having a day? [¿Sólo pasar el día?] -sugiere como si pasar un día con su adorable descendencia fuera poca cosa.
-Hey, that's a great adventure, don't you think so? -le he dicho ensayando mi voz ronca y grave. Anne ha parpadeado. Intuye que estoy hasta la coronilla y no dice ni mu. Esta mujer espera que todos los días escale el Himalaya y, no, de eso nada, monada.
Charlie viene a las siete
Me acicalo y emperifollo frente al espejo. Ya estoy lista para el Apex, la discobollo de Washington. Pantalones ajustados y escote veloz. Canto una canción terrible, esa de "zapatitos blancos de tacón" de la Fergó. Salgo del cuarto. Tommy está sentado frente al televisor con su mamá. Me despido de los dos y Tommy me llama.
-Don't let the boys jump on you [No dejes que los chicos salten sobre ti]-me dice como el cura que suelta la bendición.
Anne, mi madre de acogida en este curioso país, me mira y se ríe como ella hace, arrugando imposiblemente toda su cara. Yo le digo a Tommy que él es el único boy al que dejaré saltar sobre mí y parece quedarse muy contento con la respuesta. Anne se ríe más aún. Irónicamente he dicho la verdad y me siento estúpidamente satisfecha.
Cuaderno de bitácora: Charlie tenía previsto pasar por aquí a partir de las siete. ¡Qué emoción! Es mi primer huracán. Viví uno en Motril, pero al lado de éste creo que es de risa. Me pondré zapatitos especiales, a ver si la casa sale volando y aterriza en el país de Oz.
-Don't let the boys jump on you [No dejes que los chicos salten sobre ti]-me dice como el cura que suelta la bendición.
Anne, mi madre de acogida en este curioso país, me mira y se ríe como ella hace, arrugando imposiblemente toda su cara. Yo le digo a Tommy que él es el único boy al que dejaré saltar sobre mí y parece quedarse muy contento con la respuesta. Anne se ríe más aún. Irónicamente he dicho la verdad y me siento estúpidamente satisfecha.
Cuaderno de bitácora: Charlie tenía previsto pasar por aquí a partir de las siete. ¡Qué emoción! Es mi primer huracán. Viví uno en Motril, pero al lado de éste creo que es de risa. Me pondré zapatitos especiales, a ver si la casa sale volando y aterriza en el país de Oz.
San Ronald McDonald
-You made me mess it up -grita Lorena en el colmo de un enfado de dimensiones cósmicas.
¿Porculeros? Los niños yanquisitos pueden ser eso y más, pero también son ingenuos y, quizás por eso, un pelín adorables. Ahora por ejemplo, Lorena corre enfurruñada hacia su habitación y se encierra en ella. Me grita con la fuerza de dos ciclones del tamaño de su cajita torácica que no piensa salir de allí en todo el día y yo me veo suspirando de alivio y poniendo velas a San Ronald McDonald para que la niña cumpla su palabra y me deje en paz un rato al menos.
-What about sixty years? Your grandson can visit you and sit down by the bed -le digo. Pero Lorena no le ve la gracia, y probablemente no la tenga, y me manda al garete con tacos que no superan el culopeopís. ¡Qué manía escatológica la de estos niños!
Cierro los ojos y me prometo recompensarme con una noche loca en el Apex. No obstante, me digo que no aparcaré en la puerta, no sea que le joda otra vez los faros a otro patriota yanqui y luego tenga que dar el reporte a Anne, mi madre de acogida en este misterioso país, y a la compañía de seguros.
-¿Y dónde dices que fue el accidente? ¿Enfrente de qué famoso club?
Uf, quita quita. Entre esto y todos los controles de policía en que me paran (el otro día, tres) estoy cogiendo cochefobia.
Notas de última hora:
Escuchando Suspiros de España de Concha Piquer (gracias Ra.).
Leyendo: The secret of Santa Vittoria (gracias L.).
Hoy en la portada de The Washington Post, el gobernador de Nueva Jersey dimite tras salir del armario y admitir un affair gay. Anne, mi madre de acogida, me ha dicho que no comprende por qué su mujer aparece en la foto apoyándolo. Hay tantas cosas incomprensibles, como por ejemplo, por qué coño dimite.
¿Porculeros? Los niños yanquisitos pueden ser eso y más, pero también son ingenuos y, quizás por eso, un pelín adorables. Ahora por ejemplo, Lorena corre enfurruñada hacia su habitación y se encierra en ella. Me grita con la fuerza de dos ciclones del tamaño de su cajita torácica que no piensa salir de allí en todo el día y yo me veo suspirando de alivio y poniendo velas a San Ronald McDonald para que la niña cumpla su palabra y me deje en paz un rato al menos.
-What about sixty years? Your grandson can visit you and sit down by the bed -le digo. Pero Lorena no le ve la gracia, y probablemente no la tenga, y me manda al garete con tacos que no superan el culopeopís. ¡Qué manía escatológica la de estos niños!
Cierro los ojos y me prometo recompensarme con una noche loca en el Apex. No obstante, me digo que no aparcaré en la puerta, no sea que le joda otra vez los faros a otro patriota yanqui y luego tenga que dar el reporte a Anne, mi madre de acogida en este misterioso país, y a la compañía de seguros.
-¿Y dónde dices que fue el accidente? ¿Enfrente de qué famoso club?
Uf, quita quita. Entre esto y todos los controles de policía en que me paran (el otro día, tres) estoy cogiendo cochefobia.
Notas de última hora:
Atracción fatal
¿Qué es eso del caballito de cartón? Ni espada de madera ni superproducción de Disney. Lo único capaz se sacar de su letargo a un niño yanqui es una habitación recién ordenada. No entiendo del todo la atracción fatal que ejerce sobre el crío en cuestión, pero sus ojos brillan, sus manos tiemblan y sus piernas se dirigen irresistiblemente hacia esa caja de juguetes que tanto has tardado en recoger. ¿Lo visualizas? Es mecánico, inevitable y superior para él, tanto como un dulce de chocolate o el escaparate, si lo tuviera, de un Toys'r'us.
-No, Tommy, no -aúllo. El aullido de una loba esteparia.
Pero es inútil. Las piezas de construcción caen mezclándose sinfónicamente con las del puzzle y las de una variante de escalextrix. Cuando Tommy y Lorena se despiertan, averiguo cómo será el resto del día por la velocidad con la que ponen todo patas arriba (más aún de lo que ya está). Hoy, por ejemplo, sé que es un día imposible.
Si el lunes pasado tuve a cuatro niños saltando literalmente sobre mí (literal y bárbaramente, sí, que esto de las camas elásticas tienen trampa), hoy tengo tres y, al final de la tarde, cuatro criaturas inhumanas, gritando en mis oídos:
-Get out here.
-Pick it out.
-Hold this.
-I don't want this, I want the green one.
Hoy me he dicho que es materialmente imposible que desordenen a un ritmo superior al que yo ordeno y he pensado en madre... y en que esto es una especie de castigo divino por lo malvada que fui cuando era un moco.
-No, Tommy, no -aúllo. El aullido de una loba esteparia.
Pero es inútil. Las piezas de construcción caen mezclándose sinfónicamente con las del puzzle y las de una variante de escalextrix. Cuando Tommy y Lorena se despiertan, averiguo cómo será el resto del día por la velocidad con la que ponen todo patas arriba (más aún de lo que ya está). Hoy, por ejemplo, sé que es un día imposible.
Si el lunes pasado tuve a cuatro niños saltando literalmente sobre mí (literal y bárbaramente, sí, que esto de las camas elásticas tienen trampa), hoy tengo tres y, al final de la tarde, cuatro criaturas inhumanas, gritando en mis oídos:
-Get out here.
-Pick it out.
-Hold this.
-I don't want this, I want the green one.
Hoy me he dicho que es materialmente imposible que desordenen a un ritmo superior al que yo ordeno y he pensado en madre... y en que esto es una especie de castigo divino por lo malvada que fui cuando era un moco.
Remedios contra las plagas
Albergo la terrible sospecha de que Anne acostumbra a coleccionar ejemplares raros, aunque reconozco que esto último que ha sucedido tampoco es muy personalizable, sino que obedece más bien a la mentalidad USA. Pero no, ahora se ha colado.
Digamos que los tres conejillos de indias que tiene incluso me caen bien, que las dos perras están viejas pero son más apañadas que las pesetas y que, bueno, eso de traer murciélagos para que se coman los mosquitos tiene su sentido y me va a venir estupendo, porque los bichos yanquis adoran la sangre europea.
Y si sigo con las rarezas, yo misma soy la única aupair de la zona y eso me da cierta entidad y toque exótico ante los amiguitos de Lorena y Tommy.
-Esta es mi aupair -dicen, aunque vienen a significar mascota.
Hasta aquí, vale, pero es que ahora han traído una serpiente negra (que alcanzará los nueve pies cuando crezca del todo) al jardín para que se coma la plaga de ratas y ratones y esto supera todas mis expectativas.
-Come on, I hope your support -me ha dicho Anne, para añadir que esto venía a ser muy liberal. ¿Qué tendrá que ver Roma con París?
No creo que el bicho esté capado ni nada por el estilo, así que espero que a ningún otro vecino se le ocurra la misma brillante idea. Si el año próximo hubiera una plaga de serpientes negras, esta gente es capaz de traer un bicho mayor para que acabe con ellas, pero para entonces yo ya no estaré aquí, claro.
Digamos que los tres conejillos de indias que tiene incluso me caen bien, que las dos perras están viejas pero son más apañadas que las pesetas y que, bueno, eso de traer murciélagos para que se coman los mosquitos tiene su sentido y me va a venir estupendo, porque los bichos yanquis adoran la sangre europea.
Y si sigo con las rarezas, yo misma soy la única aupair de la zona y eso me da cierta entidad y toque exótico ante los amiguitos de Lorena y Tommy.
-Esta es mi aupair -dicen, aunque vienen a significar mascota.
Hasta aquí, vale, pero es que ahora han traído una serpiente negra (que alcanzará los nueve pies cuando crezca del todo) al jardín para que se coma la plaga de ratas y ratones y esto supera todas mis expectativas.
-Come on, I hope your support -me ha dicho Anne, para añadir que esto venía a ser muy liberal. ¿Qué tendrá que ver Roma con París?
No creo que el bicho esté capado ni nada por el estilo, así que espero que a ningún otro vecino se le ocurra la misma brillante idea. Si el año próximo hubiera una plaga de serpientes negras, esta gente es capaz de traer un bicho mayor para que acabe con ellas, pero para entonces yo ya no estaré aquí, claro.
Hey, que las elecciones se acercan
Activismo a tutiplén. Hoy Anne me invitó a acompañarla a un festival de música irlandesa. Yo decliné la invitación, pero luego me lo pensé mejor y, aquí estoy, tumbada en el césped, bostezando mientras un tipo con una guitarra canta canciones deprimentes en un escenario en la orilla del Potomac. Hey, flipo, la gente no sólo conoce las melodías, todas iguales, sino que también las vocea (nada de tararearlas).
Tengo dos pegatinas en mi trasero. Una dice Kerry for president y la otra aboga por una congresista republicana de la zona. De hecho, allí está la misma congresista en su stand. Anne me la señala y me anima a acercarme a ella para hablar.
-Disculpe, señora congresista, no sólo abomino de la política de su partido en general, sino también de la suya en particular.
¿Te imaginas? Paso. He dejado a Anne haciendo su trabajo en el stand republicano, pegando pegatinas como vemos en las pelis a todo bicho viviente que se le aproxima, como buena supporter que es, y a la congresista en cuestión charlando de la nada con los curiosos. La política en USA moviliza. A mí me produce una indiferencia increíble. Lo único que me maravilla es lo mucho que la gente personaliza ser republicano o demócrata.
En fin, que yo me he agenciado un pase y he navegado por el Potomac dejando que las aguas me salpicaran y el Washington Memorial se tragara el sol.
Tengo dos pegatinas en mi trasero. Una dice Kerry for president y la otra aboga por una congresista republicana de la zona. De hecho, allí está la misma congresista en su stand. Anne me la señala y me anima a acercarme a ella para hablar.
-Disculpe, señora congresista, no sólo abomino de la política de su partido en general, sino también de la suya en particular.
¿Te imaginas? Paso. He dejado a Anne haciendo su trabajo en el stand republicano, pegando pegatinas como vemos en las pelis a todo bicho viviente que se le aproxima, como buena supporter que es, y a la congresista en cuestión charlando de la nada con los curiosos. La política en USA moviliza. A mí me produce una indiferencia increíble. Lo único que me maravilla es lo mucho que la gente personaliza ser republicano o demócrata.
En fin, que yo me he agenciado un pase y he navegado por el Potomac dejando que las aguas me salpicaran y el Washington Memorial se tragara el sol.
Hora punta en la 17
Atrás he dejado la embajada de la "Republica de Irak" con su coche mafioso de costumbre en la verja principal. Bajo por la calle P desde Dupont Circle, epicentro de mis correrías, y llego a la calle 17 (entre P y Q), mi favorita junto a la 14. Es la calle de las terracitas rosas con reminiscencia chuequenses.
Allá que paseo el cuerpo serrano de una punta a la otra. Siento el escáner, el intenso y cálido peso de las miradas entendidas. También un escalofrío, la impresión de estar en una feria de ganado comparando pedigrís. Me sorprende reconocer varios rostros presentes en mi puñado de salidas al Apex (esas ladies' nights) y en el baile country del Remington. ¡Washington es un pueblo! ¿O será, como en Málaga o en Madrid, que el ambiente es siempre el mismo?
Allá que paseo el cuerpo serrano de una punta a la otra. Siento el escáner, el intenso y cálido peso de las miradas entendidas. También un escalofrío, la impresión de estar en una feria de ganado comparando pedigrís. Me sorprende reconocer varios rostros presentes en mi puñado de salidas al Apex (esas ladies' nights) y en el baile country del Remington. ¡Washington es un pueblo! ¿O será, como en Málaga o en Madrid, que el ambiente es siempre el mismo?
La invisibilidad de siempre
Cuando paso la tarde en Dupont Circle (el epicentro rosa de Washington) como hoy, hay un pensamiento que me martillea.
-¿Me encontraré aquí a la monitora de natación del vecindario, esa moza a la que miro y admiro las tardes de solaz en la piscina con los niños?
Lo que, traducido, viene a ser: ¿entenderá la monitora de natación? Porque sí, porque a veces he pensado que no sé qué haría si me la encontrara en el Apex en una de esas ladies' night, si huir y esconderme o, por el contrario, presentarme. No soy ninguna cobarde, como ya intuiréis, pero me encuentro en la irónica situación de haber vuelto al armario tras llevar años fuera de él en España.
Anne, mi madre de acogida en este curioso país, me dijo que seleccionó el programa de aupairs (y a mí en concreto) cuando la única persona que encontró, la única nanny, resultó ser una bollo con pareja estable y, por tanto, un mal ejemplo para sus hijos (o, al menos, un ejemplo incómodo). Anne ha tenido puntería conmigo, sí señor, y es que no hay ninguna casilla para especificar este tema en los formularios, ni quiero que la haya. Pero también pienso que siempre se presupone que no existimos. La maldita invisibilidad de siempre.
Nota de última hora: Hoy vuelve la familia de vacaciones. Estoy nerviosa. Me cuesta retomar la rutina de la Juani (referencia facilona a 'Médico de familia'). Tiemblo aquí en Dupont Circle ante el reencuentro. Tengo un pellizco en el pilodoro y un sospechoso castañeo de dientes.
-¿Me encontraré aquí a la monitora de natación del vecindario, esa moza a la que miro y admiro las tardes de solaz en la piscina con los niños?
Lo que, traducido, viene a ser: ¿entenderá la monitora de natación? Porque sí, porque a veces he pensado que no sé qué haría si me la encontrara en el Apex en una de esas ladies' night, si huir y esconderme o, por el contrario, presentarme. No soy ninguna cobarde, como ya intuiréis, pero me encuentro en la irónica situación de haber vuelto al armario tras llevar años fuera de él en España.
Anne, mi madre de acogida en este curioso país, me dijo que seleccionó el programa de aupairs (y a mí en concreto) cuando la única persona que encontró, la única nanny, resultó ser una bollo con pareja estable y, por tanto, un mal ejemplo para sus hijos (o, al menos, un ejemplo incómodo). Anne ha tenido puntería conmigo, sí señor, y es que no hay ninguna casilla para especificar este tema en los formularios, ni quiero que la haya. Pero también pienso que siempre se presupone que no existimos. La maldita invisibilidad de siempre.
Lo que nunca se debe hacer
Está muy claro. Te ha dejado. Tú no has tomado la decisión, ha venido impuesta desde el otro lado. Ahora has de trabajar para aceptarlo y olvidarlo, es decir, te lo tienes que tragar del mejor modo posible. Pero es jodido porque inconscientemente has hecho lo que nunca se debe hacer, aprenderte su número de teléfono. Quizás de llamarla en varias ocasiones. O sencillamente porque te gusta demasiado.
El caso es que su jodido número, esos asquerosos dígitos, danzan en tu cabeza y son la peor tentación del mundo. Cada vez que levantas un auricular, pasas por una cabina o suena el móvil, toda tú te tensas porque ella podría estar al otro lado.
Así que cuando una chica me da su teléfono (con los chicos no tengo ese problema, los números se me olvidan enseguida), no lo miro demasiado, no sea que me lo aprenda. Doblo la hoja y al bolsillo, sin más. Así luego, puedo hacer como con la marine, borrarla, arrancar la hoja, olvidar pulsando 'delete', mandarlo todo al mismísimo carajo. Fácil, limpio, práctico, cómodo y, me pregunto, si frívolo también.
El caso es que su jodido número, esos asquerosos dígitos, danzan en tu cabeza y son la peor tentación del mundo. Cada vez que levantas un auricular, pasas por una cabina o suena el móvil, toda tú te tensas porque ella podría estar al otro lado.
Así que cuando una chica me da su teléfono (con los chicos no tengo ese problema, los números se me olvidan enseguida), no lo miro demasiado, no sea que me lo aprenda. Doblo la hoja y al bolsillo, sin más. Así luego, puedo hacer como con la marine, borrarla, arrancar la hoja, olvidar pulsando 'delete', mandarlo todo al mismísimo carajo. Fácil, limpio, práctico, cómodo y, me pregunto, si frívolo también.
Había alguien
Normalmente no posteo dos veces en un día, pero es que no lo he pensado hasta esta misma mañana, soy así de lenta. Cuando ayer llegué de madrugada a casa, no estaba sola. No deja de ser preocupante, teniendo en cuenta que Anne, mi madre de acogida en este extraño país, y los niños están pasando una semanita y media en la playa por lo que no hay nadie en casa más que yo... y quien hubiera estado anoche.
El caso es que cuando aparqué el coche, la puerta del garaje estaba medioalzada y la luz estaba encendida. Sé que pensé que era muy curioso que fuera así, porque no tenía ni zorra idea, te lo juro por Agamenón el Grande, de que el garage tuviera luz. También sé que pensé que dónde coño podría quedar el interruptor. Pero ni se me pasó por la cabeza imaginar que quien había encendido la luz, siguiera agazapado o agazapada cuando yo llegué.
Repasando los hechos, y el garaje, porque esta mañana he visto que está todo patas arriba, ahora sé que el ruido que escuché desde mi cama era la misma puerta del garaje siendo cerrada y la luz siendo apagada (esta mañana estaba cerrado y apagado). La hostia. Acongoja un poco porque, aunque aquí los vecinos entran y salen de los hogares ajenos como Steve Urkel en 'Family Matters' ('Cosas de casa'), si hubiera sido algún elemento vecinal habría saludado, digo yo. Y no habría centrifugado el garaje tampoco. Aunque siempre quedan los niños vecinitos, esos seres…
Por cierto, que para qué quieren perros, si en vez de ladrar se lo pasan pipa con quien entra a hurtadillas (amado pragmatismo el mío).
El caso es que cuando aparqué el coche, la puerta del garaje estaba medioalzada y la luz estaba encendida. Sé que pensé que era muy curioso que fuera así, porque no tenía ni zorra idea, te lo juro por Agamenón el Grande, de que el garage tuviera luz. También sé que pensé que dónde coño podría quedar el interruptor. Pero ni se me pasó por la cabeza imaginar que quien había encendido la luz, siguiera agazapado o agazapada cuando yo llegué.
Repasando los hechos, y el garaje, porque esta mañana he visto que está todo patas arriba, ahora sé que el ruido que escuché desde mi cama era la misma puerta del garaje siendo cerrada y la luz siendo apagada (esta mañana estaba cerrado y apagado). La hostia. Acongoja un poco porque, aunque aquí los vecinos entran y salen de los hogares ajenos como Steve Urkel en 'Family Matters' ('Cosas de casa'), si hubiera sido algún elemento vecinal habría saludado, digo yo. Y no habría centrifugado el garaje tampoco. Aunque siempre quedan los niños vecinitos, esos seres…
Por cierto, que para qué quieren perros, si en vez de ladrar se lo pasan pipa con quien entra a hurtadillas (amado pragmatismo el mío).
Aupair asesina
Hoy me vas a perdonar que me desahogue, pero estoy hasta el chichi de la poli yanqui. En dos meses que llevo aquí, me han parado ya tres veces y dos de ellas me han endosado una multa. Hala, setenta pavitos para Bush de regalo, porque digo yo que no tendrán otra cosa que hacer aparte de perseguir a aupairs despistadas como yo.
Hoy ha sido particularmente estúpido por su parte. Iba acompañada por una aupair francesa con la que me entiendo por señas cuando de nuevo veo las putas sirenitas en el espejo retrovisor y escucho al poli zampadonuts de turno ordenándome por el megáfono que me eche a un lado. Dicho y hecho, la menda para a la derecha (pull over) y espera a que se me acerque el sujeto.
Nada, que me he saltado un stop. ¡Cagontó! El pive me coge la documentación y se tira diez minutos comprobando mis datos. Creo que se muere por pillarme lo que sea (seguro que está mirando antecedentes penales y si trafico con mis mocos). Y claro, diez minutos dan para mucho, como por ejemplo, para darse cuenta de que ha parado no uno, sino dos coches de policía, y de que hay un poli en la ventanilla opuesta al conductor observándonos con atención, como si fuéramos a desenfundar una peligrosa sonrisa en cualquier momento. Bang. Las aupairs asesinas.
-Todavía llaman refuerzos -le comento a la francesa. Ella se descojona. No creo que me haya entendido, yo aprendí la palabra refuerzos en 'Law and Order' y ella no sabe decir ni wife, pero está nerviosa perdida y se ríe por todo. A ella también le han pedido la documentación.
De nada sirve que le diga al coleguita que no vi la señal. También intento el truco de la aupair desvalida que no sabe ni entiende de nada.
-¿Había una señal, señor policía? Yo es que no soy de aquí.
Ni caso, claro, pero bueno, a lo mejor tiene algo que ver con que todo esto haya ocurrido en los aparcamientos del Pentágono. Alrededor de estas instalaciones y de la embajada de Arabia Saudí (véase 'Fahrenheit 9/11') siempre hay guardas desocupados tratando de pillar al niño malo que arroja un papel al suelo.
Hoy ha sido particularmente estúpido por su parte. Iba acompañada por una aupair francesa con la que me entiendo por señas cuando de nuevo veo las putas sirenitas en el espejo retrovisor y escucho al poli zampadonuts de turno ordenándome por el megáfono que me eche a un lado. Dicho y hecho, la menda para a la derecha (pull over) y espera a que se me acerque el sujeto.
Nada, que me he saltado un stop. ¡Cagontó! El pive me coge la documentación y se tira diez minutos comprobando mis datos. Creo que se muere por pillarme lo que sea (seguro que está mirando antecedentes penales y si trafico con mis mocos). Y claro, diez minutos dan para mucho, como por ejemplo, para darse cuenta de que ha parado no uno, sino dos coches de policía, y de que hay un poli en la ventanilla opuesta al conductor observándonos con atención, como si fuéramos a desenfundar una peligrosa sonrisa en cualquier momento. Bang. Las aupairs asesinas.
-Todavía llaman refuerzos -le comento a la francesa. Ella se descojona. No creo que me haya entendido, yo aprendí la palabra refuerzos en 'Law and Order' y ella no sabe decir ni wife, pero está nerviosa perdida y se ríe por todo. A ella también le han pedido la documentación.
De nada sirve que le diga al coleguita que no vi la señal. También intento el truco de la aupair desvalida que no sabe ni entiende de nada.
-¿Había una señal, señor policía? Yo es que no soy de aquí.
Ni caso, claro, pero bueno, a lo mejor tiene algo que ver con que todo esto haya ocurrido en los aparcamientos del Pentágono. Alrededor de estas instalaciones y de la embajada de Arabia Saudí (véase 'Fahrenheit 9/11') siempre hay guardas desocupados tratando de pillar al niño malo que arroja un papel al suelo.