DIARIO DE UNA AUPAIR BOLLO EN USA
¿Qué mejor para entender un país que cuidar de sus futuros votantes? E hice las maletas
Acerca de

Los Neider

Betty: La mamá. Bajita a morir. Muy amable, pero parca en palabras. Después de mi primera madre de acogida (Anne), Betty me parece el colmo del saber estar. Dice que Bush está loco.

Jeremías: El papá. Ciclotímido. Lo veo de pasada. Lleva tatu en el brazo y tiene cds de Bob Marley, así que decido que no puede ser mal tipo.

Samuel: Ya once añitos, aspirante a hombrecito, chiquitín de estatura, lo sabe hacer todo solo. Al pincipio no me hablaba. Adicto a los videojuegos. Siempre digo que su auténtica nanny es la Nintendo.

Allison: Siete años. Una princesita que me reclama constantemente para jugar juntas. Odia a las Bratz y los cuentos de princesas. Decido que me cae bien.

NumberNine: Más conocida como chacha Onthedot. Metepatas ocasional, de complexión grande. Ultima adquisición de la familia, probablemente la número nueve.
Sindicación
 
El espíritu aupair
Mi queridísima e incompetente descoordinadora local me dice que el próximo meeting (o cluster) en mayo debo leer para el grupo una composición sobre lo que ha significado para mí este año aupair, como todas las aupairs que se van, hacen. No es nada nuevo, he escuchado ya varios textos de esos y más o menos todos vienen a decir que ha sido un año en el que has madurado, te has conocido más a fondo a ti misma, has tenido momentos difíciles y encantadores con los niños y, nunca falla, has hecho amigas que sabes por tus cinco pelos del bigote que serán para toda la vida, he dicho. En este punto, algunas afirman que estas amigas se han convertido en casi hermanas o, las hay, en más que hermanas (jojojo). Bueno. Otras tienen repuntes muy sentimentaloides (soppy total) y dicen que sus familias de acogida han llegado a ser para ellas esas segundas familias con las que saben que contarán para siempre. Y, believe or not, se les saltan las lágrimas.
A mí me da un poco de palo leerles mi texto porque ¿qué les voy a contar sobre la madurez, las aupairs que son como hermanas y eso de la segunda familia, cuando no soy más que NumberNine? Creo que les diré que como hermanas, no sé, pero como primas segundas por parte de padre, seguro que me tocan, y que no se me pongan farrucas o las pongo de cuñadas de tía política de las viejas de Kentucky. ¿Y mi madurez? Bueno, espero seguir siendo igual de inmadura que antes, no quiero convertirme en ese ser responsable que todas dicen. ¿Cómo se lo explicaría a los míos? ¿Qué diría madre si la dejo sin motivos de queja?
Quizás debería imprimir este diario y traducirlo al inglés para ser sincera, pero no creo que lo aprecien. Es más, temo no cumplir el estándar de felicidad y que mi incompetente coordinadora local se altere y me retiren el depósito que dejé antes de venirme por no hacer honor al espíritu aupair, que me cago yo en el espíritu aupair y en todas las chorradas que te ponen en los folletos que devoras antes de venirte.
 
Babeland
No te diré quién, porque ya te lo imaginas (y no, en esta ocasión no se trata de mi chica), pero una persona me ha encargado comprar un juguetito en Babeland, en la 43 de Mercer Street, más que nada porque sale mejor (¿de precio?) que en España. Yo he dicho que sí, claro, sobre todo por tenderle una emboscada a la pobre aupair salvadoreña, llevarla allí y chincharla en la medida de lo decentemente posible (su decencia, no la mía, que la perdí hace tiempo). El caso es que le he echado un ojo a la web del sitio (fundadoras, dos mujeres) y veo que tienen en portada todo un "sexy mama's gift kit" para el 8 de mayo día de la madre. Yo enviaré una postal por si las moscas.
  • Nota: Llaman del colegio de Allison para decir que se ha caído jugando y que vendrá con una venda en la mano. No me lo dicen, pero yo sé que vendrá también cojeando y aducirá dolor de cabeza a la hora de hacer los deberes. No es la primera vez. ¡Gamberra, que esa excusa es muy vieja!
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    A penny for your thoughts
    Normalmente soy yo la que se mete en esos líos de los que es imposible salir sin que Allison derrame unas lagrimitas de cocodrilo, pero hoy le ha tocado a Betty, mi segunda host mother en este incalificable país.
    Como en los mejores dramas, todo empieza de un modo festivo. Betty ha dicho que les daría un penny (0,01 dólar) a los críos por cada uno de sus pensamientos y Samuel le ha susurrado un par de ellos sin pensárselo demasiado. Para Allison, sin embargo, ésta es una prueba muy dura y, una de dos, o no encuentra ni un sólo pensamiento, o no cree que ninguno de ellos valga un penny.
    Yo no dejo de darle vueltas a que en España cualquier crío tiene un mínimo de picaresca y a estas alturas Betty estaría desembolsando la friolera de veinte pavos (¿qué digo veinte? Cien) por guay y patachula, pero aquí las cosas son distintas y Allison empieza a lamentarse de no tener ni un mísero thought en su cabecita. También grita que quiere un penny, y ya. Y Betty da vueltas por la cocina mientras la otra sigue casi llorando diciendo que no tiene thoughts ella y que lo unico que quiere es el penny.
    Yo pienso mientras en esa canción que dice:

    A penny for your thoughts, a nickel for a kiss
    A dime if you tell me that you love me


    Y es que en este país todo tiene precio.

  • Nota: Como mi gente se fue el lunes por la mañana, me puse triste y llamé a la aupair salvadoreña para irnos a correr millas.
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    Estampas de un viaje (Segunda parte)
  • Dice mi muy mejor amiga que la Thyssen es mucho más roña porque no pone ningún día (o momento) de entrada gratuita como el Moma (y otros museos) y aquí estamos, en la 11 W con la 53, tocadas, hundidas y confundidas en una nube de visitantes que recorren las salas del Museum of Modern Art en busca de ese detalle o impresión que no viene en los libros. Yo quisiera sentirme emocionada entre tanta pieza de arte, pero lo cierto es que me dedico a pasear por las estancias y lo único que me conmueven son unas chicas orientales cargadas, eso sí, de razones estéticas.
  • Como se hizo de noche, no supimos si las aguas del río Hudson eran del mismo color plomizo que las del Potomac en Washington o el Delaware en Filadelfia, sólo que parecían tranquilas incluso en ese punto en que no sabías si estabas en el East River o en el Hudson y el frío te calaba chill to the bone.
  • La pequeña Amelie no ha soltado la maleta y ya tenemos a las vecinitas rusas en la driveway preguntándole por su viaje. Yo miro a la pequeña y la veo muy amable, dándoles coba a las colegas. "Como si les hiciera falta", pienso. Y en menos de nada, estamos metidas en una conversación (monólogo en realidad) con las rusas sobre sus daffodils, sus rosebushes y sus forgetmenot flowers. "Los tulipanes son preciosos". Y la pequeña Amelie no tarda en captar la naturaleza absorvente de las rusas, pero ya es un poco tarde y su maleta sigue apostada en la puerta de entrada.
  • Nota: La aupair salvadoreña hace balance de la salida de la otra noche al pub bollo Henrietta y dice que le dio mucho asco porque "había mucha vieja". Yo me miro en el espejo y me veo las primeras canas y la insinuación sutil de mis arrugas futuribles y, ya sabes, me encanta. De aquí a nada seré una "vieja" de treinta años para todas las chavalitas de Chueca.
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    Estampas de un viaje (Primera parte)
  • Pub bollo Henrietta en el 438 de la calle Hudson. Noche de hip hop. La aupair salvadoreña y mi muy mejor amiga S. le sacan brillo a los asientos del garito mientras la cabrona de la pequeña matemática (cariñoso) rompe en su trozo de pista y declina invitaciones a bailar con la mejor de sus sonrisas (finalmente aceptó la invitación de una chica que no estaba nada mal). Yo miro y admiro al personal detrás de mi corbata. Tampoco paro de hacer el idddiota.
    Me divierte el contraste de las caras de mi muy mejor amiga ("me pido ésa" "y aquélla" "y la de más allá" "¿has visto a la de la gorra?" "las de la barra, las de la barra" "ay, paya, creo que voy al servicio [estaba al lado de la barra]") y la salvadoreña (que alterna la expresión de asco con la de "qué narices hago yo aquí" porque la música no le gusta y no hay ni un espacio a la redonda donde no haya parejas de chicas prácticamente fornicando, toda una delicia para la vista). Yo entiendo a la salvadoreña. Al fin y al cabo yo soy la segunda chica bollo que ha conocido en su vida, porque la primera fue una compatriota suya que la perseguía y se moría por su tibia y su peroné, cosa que en vez de halagarla, la asustó mucho. Yo creo que la chica no se mueve del banco for if the flies, porque aquí en este garito las pivas lo tienen claro y no te dicen "excuse me" para pasar, sino que te agarran por la cintura y te dejan muy alegre. Y eso, si eres straight, por lo visto no hace gracia, así que lo mejor es quedarse sentada.
  • También nos encaminamos a Filadelfia, pero mi matrimonio con los coches de este curioso país (y con los de cualquier otro) no funciona y nos quedamos tiradas las cinco en mitad de una autovía (¿¿¿Garden State Parkway???) sin un teléfono de contacto ni el número de la compañía de seguros, ni nada de nada, que doy vergüenza cómo organizo las cosas. Además, en esos momentos llueve a mares salados y hermosos y nos salen los demonios del estrés a quien más a quien menos. El caso es que un latino llamado Quintero que pasa por ahí con su carro, decide ayudarnos al ver a tanta hembra en apuro y nos lleva a comprar piezas de repuesto para el carro. Y también nos lo arregla. Yo me alegro profundamente entonces de ser mujer y tener los pechos tan grandes y de que los latinos piensen que nosotras fuera de la cocina pintamos muy poco, porque si no, habríamos salido del apuro dos días más tarde y encima se nos habría ido el sueldo de varias generaciones venideras.
    -He parado porque no he visto ningún macho -dijo Quintero-, que si no, habría seguido.
    Di que sí, hombre, arriba los machos como tú (un poner). Y la pequeña matemática, experta en seguirle la bola a todo el mundo, no para de acariciarle el ego y encourage him cada vez que Quintero piensa que ya ha colocado la correa (belt) en las ruedecitas. Y, si no fuera por sus bromas de mal gusto, me caería de putísima madre el tal Quintero, pero decido que sólo le voy a estar agradecida y, entre todas, hacemos mocho y le damos unos míseros pavos for all the problems we caused him. Y cuando le cuento la aventura hoy a Betty, mi segunda host mom en este país, me dice que no le importa el coche as long as it works. Y yo me digo: "it does, it does, por las muelas de Quintero".
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    ¿Quién es quién?



  • Mi muy mejor amiga S.: En los días que llevamos aquí, ha sido casi imposible pasar por un milímetro cuadrado en el que no ondee o esté estampada una bandera. Por lo demás, es una ciudad impresionante en la que te sientes muuu "shiquitilla" entre tanto gran edificio, pero al mismo tiempo te sientes una más dentro de la gran mezcla de culturas, razas, colores, tamaños, etc. En fin,que como siempre, las pelis y las leyendas mienten y esto me gusta.
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    Mi gente
    Mi gente me dice que en Newark, la ciudad bíblica e industrial, el personal tiene aspecto de ex-combatiente de Vietnam y a mí me parece muy acertada esta comparación porque lo que se ve por la calle son exclusivamente latinos y negros mal avenidos y peor favorecidos, de esos de los que el gobierno se olvida cuando habla de las grandezas de este país tan curioso como incorregible.
    La llegada de mis amigas supone un soplo de aire fresco y en cierto modo me hace redescubrir aspectos de esta cultura a los que ya me he acostumbrado pero que a ellas les choca (los coches grandes, las banderitas casa sí, tienda también, los bagels...).
    Desde mi punto de vista, una de las mejores jugadas fue la entrega de regalos a la familia. Botellita de vino 'Carpe diem' para Jeremías (verás que latigazos de alegrías que se dará), un abanico para Betty (nos dijo que ahora necesitaba a alguien que la abanicara... a mí que no me mire), unas castañuelas para Allison (con las que se dedica a levantar a media casa por la mañana) y un libro resumen del Quijote en inglés para Samuel que, como está irreconocible, dio saltitos de alegría que a mi gente les pareció muy salados. Especialmente entrañable ver a la pequeña Amelie intentando explicarle de qué va el Quijote a Samuel y a la pequeña matemática revolotearle los pelos de pumuki que tiene el chaval. Yo, agradecidísima de que le traigan un libro y no un juego de cuchillos de cocina.
    Cedo el espacio a la pequeña matemática:
    La palabra que define New York es "brutal", y la que define mi sensación es "pequeña". Tren desde el aeropuerto hasta Penn Station (esta estación se ha convertido en nuestro punto de encuentro con Onthedot), salimos a la calle, taxis a tutiplen, seis carriles, sol, calor, aire (por fin), ni una sola nube... sólo edificios, rascacielos y... el Empire State. Me siento "pequeña".
    Y yo no se lo digo, pero pienso que aunque no sepa de cine checo, ella (y Amelie y S.) son grandes. Y me siento infantilmente feliz.
  • Nota: Tal día como hoy se ha aprobado el proyecto de ley que regula el matrimonio bollo con la consecuente oposición de casi todo el PP. También el "divorcio express". Sigo sin entender cómo puede haber bollos que voten a semejante [adjetivo innombrable] partido, pero las hay, bien lo sé.
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    Llegada divina, giro a la derecha
    Mi muy mejor amiga, S., tiene el don de la oportunidad, así que justo en el momento en que empezaba en la radio el fratelli e sorelli y no sé qué habemus papam aterrizó su avión en el aeropuerto JFK de Nueva York. Lo mejor de todo es que salió el que yo quería, el papa digo, el mejor de todos, el super cardenal Ratzinger (juro que no tiene nada que ver con Mazinguer Zeta), que lleva toda su vida y varias reencarnaciones más jodiendo a las bollos y, básicamente, al que puede. Yo me digo que es bueno que la iglesia lleve su auténtica máscara de institución represora para que la veamos venir, para que no confundan a ésos que se dejan, que todavía algunos se dejan. Vamos, que estoy encantada con el Ratzinger, porque lo llamaré siempre así y aunque se cambie el nombre a Benedicto yo me digo que nunca podrá borrar su pasado.
    El caso es que la llegada de S. y de la pequeña matemática me pone aún más contenta de lo que ya estaba con mi pequeña Amelie, si cabe. A los "todo fake" de Amelie, se suman el "¿esta gente siempre tiene el coche limpio?" de S. porque está acostumbrada a los estratos de polvo sobre los coches ibéricos. La pequeña matemática llega hiperáctiva por el jet lag y en menos de un día tiene la nariz llena de mocos y los ojos colorados. Las dejo en la estación de trenes para que se vayan a New York, a mí me toca currar con los niños.
  • Nota: Ahora que mi gente está aquí, noto que falta mi chica. Hablo con ella por teléfono.
  • Nota 2: Como quiero que todo sea perfecto y mi gente se lo pase muy bien, me pongo nerviosa perdida y no disfruto de cada instante como debería. Cuando las dejo en la estación, decido que debo relajarme un pelín no sea que me manden al carajo.
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    Onthedot meets Amelie
    Cedo el espacio a las primeras impresiones de la pequeña Amelie en este incalificable país.

    ¡Salve, queridos seguidores del diario de mi compi Onthedot!
    La amiga de la chacha Onthe os relata su experiencia al llegar a este -con razón llamado- incalificable país. Pues nada, autoridades de extranjería, aduanas, ¿cuándo has hecho la maleta?, ¿dónde has estado desde que has hecho la maleta?, ¿llevas explosivos en el equipaje?, ¿cerillas?, ¿mechero? Pero dios mío, ¿será que me han visto cara de intentar querer meterle fuego a la cabina del piloto con una petaca?
    Luego aquí avenidas anchísimas, cochazos, rascacielos, small Cokes que parecen de medio litro, los descomunales traseros de las americanas, cubos de helado en el supermercado que parecen cubos de fregar, todo super size. Casi todo a lo grande, menos el zulo de nuestra amiga Onthe. Pero no os preocupéis, el ambiente es acogedor y la cama (al menos ésta sí) bastante grande. En las paredes están colgadas las fotos de las manis anti-Bush a las que ha asistido nuestra entrañable amiga y encima de su armario se apilan los clásicos ingleses de la library de este pueblo tan bonito como aburrido donde nos encontramos.
    ¿La gente? Pues muy polite: yes sir, yes ma'am, May I help you? Your dress is so cute! Have a good day! Enjoy your stay! ... bla, bla, bla. Jeremías es un tío simpático, rubio, que se pasea por la cocina descalzo y en pantalones vaqueros cortados por la rodilla. Los niños... bueno, ¡qué culpa tiene el tomate! Y, por lo demás, pues ¡consumiendo por aquí, consumiendo por allá!
    Bueno, ya seguiremos informando... bezitossss

  • Nota: Dice El País que la sorpresa en estas elecciones ha sido que PCTV sacara 9 escaños... ¿De verdad lo consideran una sorpresa? (De lo que dice El Mundo prefiero no hablar).
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    Hambre
    Cuando quemas los neumáticos por the Narrow Bridge y recorres la Bahía Hudson en un día como hoy, hay muy pocos pensamientos que puedan interponerse entre tú y el mundo, a pesar de los atascos de tráfico, del gris industrial de las aguas y de que, allá al fondo, la Estatua de la Libertad, confundible en el horizonte entre tanto skycraper, no sea ya un punto de referencia y se me antoje cada vez más absurda, más anacrónica, menos significante (estatua de la liber...¿qué?).
    Y, a pesar también de que la salvadoreña va de copiloto, de que llevamos hip hop, salsa y merengue por ratos, de que la densidad de población en esta ciudad sea elevada y de que aquí sea imposible el silencio, me siento a solas, con ganas de comerme el mundo con patatas fritas y un pelín de limón, muy cítrico, como siempre me pasa despues de leer 'Jonathan Livingstone Seagull'.
  • Nota: Como recojo a la pequeña Amelie el lunes por la mañana en Newark, esa ciudad apocalíptica y deprimente, me dedico a limpiar el coche, mi zulo, los cuartos de baño, las sábanas. También me ducho, por respeto a la humanidad.
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    El muerdo
    Será que la hora se presta a las confesiones o que la aupair salvadoreña se ha bebido dos litros de cerveza, pero me dice que si le hubiera dicho antes que era bollo, se hubiera alejado de mí y no me hubiera conocido. Vamos, que habría echado a correr. Como son las nueve y pico de la noche, estamos corriendo por la orilla del lago y el cuartel de policía está enfrente, no hago ninguna burrada pero sí que le suelto así, tan bruta como siempre una lindura.
    -Debería mandarte al carajo ahora mismo -y a puntito de caramelo que estoy-, pero has sido sincera -sincera y terrible, añádase al caso.
    Sí, sincera y, teniendo en cuenta las ideas con las que la han educado (a los quince pensó en meterse a monja), tremendamente abierta al cambio, así que me trago el orgullo, pero no las ganas de asustarla por lo que me acerco y le suelto un muerdo. Nooo. No lo hago, pero me dan ganas, a ver si se le quitan a esta mujer tantas tonterías de la cabeza. Una, que salió del armario hace años, está hasta el tabique nasal de ser correcta y educada. Una, en definitiva, a veces se cansa de que la tomen por representante del gremio bollo.
  • Nota: Desde que lo leí ayer, estoy dándole vueltas, ¿qué pasa en Connecticut?, si es que al final, claro, pasa algo.
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    I'm a monkey
    Ahora que lo que impera en ésta mi casa de acogida es el buen rollo, las sonrisitas y las declaraciones de buenas intenciones (salvando mis "¡Samueeeel, baja ya de una puñetera vez a desayunar, cagontó!), lo que se producen son curiosas situaciones, no menos excitantes para los críos, al menos. Hoy Allison, siete añitos, con problemas de memoria y, a veces, de educación, ha cogido un gran disgusto.
    -Leave "tha" cat alone!!! He's eating -le grita Samuel con sus pelos en plan pumuki.
    Y el chaval lleva toda la razón. El pobre gato, que tiene una paciencia divina, está comiendo y no creo que los tirones del rabo le ayuden a digerir el alimento, así que le digo a Allison que haga honor a su juramento de girl scout y lo deje en paz.
    -Yes, we should treat him like a person, because all of us are animals -añade Samuel. Y yo estoy a punto de chocarle la mano, servirnos una copita de anís del mono y echar unas lagrimitas sentimentales porque aquí el chavea me ha dejado clavada, pero hay cole y el chico aún no tiene los 21 añitos y no puede oler el alcohol (curiosamente, a partir de los 16 sí que pueden hacer otras cosas). Allison por su parte se queda momentáneamente callada y no tarda en empezar a dar gritos.
    -What are you talking about??? WE ARE NOT ANIMALS!!!
    "Que no somos animales", no deja de mascullar. Y por mucho que Samuel se explique no hay modo humano de hacerle entender eso de que sí que somos animales. Yo le digo que algunos somos más animales que otros, pero ella sigue disgustada con la idea ("¿animal yo?", se dirá) y la cosa empeora cuando Samuel habla de los monos.
    -I wasn't a monkey when I was in my mom's belly!!! [¡¡¡yo no era un mono cuando estaba en la barriga de mi mamá!!!] -no deja de gritar con algo de miedo la condenada.
    Hey, carajo, y es que no todos los días se descubren este tipo de cosas.
  • Nota: La salvadoreña y yo decidimos hacernos un homenaje y dedicarnos este fin de semana que entra (muy en plan mari, eso sí) porque mi familia se va de acampada y me quedo sola en casa. Nos enseñaremos recetas de nuestros respectivos países y bailaremos con la música a todo volumen.
  • Nota2: Como no quiero hablar de las elecciones vascas, porque me altero, cambio el tercio y releo las ideas del 'Manifiesto contra sexual' de Beatriz Preciado. Gracias a Nemo por recordarme esta joya.
  • Nota3: Mi padre de acogida me recomienda no beber agua del grifo porque está contaminada (una avería o algo así el otro día). Después de las aguas con plomo del Potomac en Washington, no esperaba menos aquí.
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    La señora suegra
    Cuelgo el telefono y ya echo de menos a mi chica. Se lo cuento a mi compañera de alegrías y penas en este alucinante país, la aupair salvadoreña, pero no me hace mucho caso porque hoy viene cansada y con poca gana de reflexiones sesudas y sólo quiere chanzas, correr por el parque, bailar merengue y cumbias y perreo y reguetón, que nos ha dado la fiebre pendona.
    Pero no puedo evitarlo, yo sigo con lo mío y no dejo de pensar en la escapada al levante español que mi chica y yo haremos poco después de mi vuelta a España para conocer a su gente, porque en mi cabeza retumban las palabras de mi padre: "Onthe, cuando te casas con alguien, te casas también con tooooda su familia". Y a mí eso me parece como la lotería: lo que toca, toca, y da las gracias.
    Pero a mí lo que me preocupa no es que toque el "gordo" exactamente, sino este pequeño defecto de fabricación que tengo, esta timidez inexplicable que a mí, acróbata del descaro, me sacude cada vez que tengo que relacionarme con esa figura que llamamos suegra, porque de repente mis glándulas sudoríparas entran en erupción, mi lengua se la comen esa tribu de gatos tísicos de Wyoming de la que te hablé y no sé qué hacer conmigo en mitad de la habitación, así que me quedo estúpidamente quieta, qué digo quieta, petrificada, y podría pasar por el 'David' o, peor, por 'El Pensador', según la pose, pero me obligo a moverme y el parecido dura poco.
    Y no me arranco de la cabeza que si yo fuera la señora suegra y me viera a mí misma, una chica normalita que dice ser andaluza pero que habla con acento entre madrileño y vasco, grande y tetona, con gafas del siglo pasado (es técnicamente cierto), más callada que una cripta y que cuando se mueve nunca sabrías si va o si viene porque sus pies han perdido el propósito y bailan un vals, me quedaría como mínimo preocupada.
    ¿Qué me sucede? ¿Exceso de respeto? ¿Y cómo explicarle que no soy así y que sólo vuelvo a ser yo misma, payasa, sana y extrovertida, si su niña y yo lo dejamos (y ella ya no es mi suegra), si eso es lo último que quiero (que su niña y yo lo dejemos)? Porque eso es lo que me suele pasar. Supongo que tiene que ser un problema poco común, porque la salvadoreña como si oye llover. ¿Estaré aburriendo a esta mujer con mis complejos?
     
    La nómina
    No sé si cuando le digo a madre que parecía que no, pero su hija le ha salido bala perdida, entiende el alcance de lo que le suelto porque por algún motivo que desconozco, siempre ha tenido grandes expectativas en mí (también en mi hermano, por supuesto, pero ahora no estoy hablando de él) y todavía las tiene. No sólo mi madre, sino mi entorno familiar en general. ¿Esperan que descubra la penicilina? ¡Cielos, Onthe, eso te pasa por tener gafas!
    En respuesta a lo de bala perdida, madre me dice que se quedará tranquila cuando yo esté colocada. Y me temo que con "colocada" no se refiere a mis devaneos por Lavapiés, sino a esa palabra-losa que parece ser el equivalente a la suma realización de todas las aspiraciones de las mozas y mozos españoles: la nómina. Porque si tienes nómina, wow, tienes el mundo a tus pies. El mundo y todas las hipotecas en las que te quieras meter. Y yo no sé cómo explicar que para mí una hipoteca es como una sentencia a muerte, pero eso es otro tema, y que el mundo, bueno, mejor que esté esparcido para recorrerlo, ¿no?
    Yo lo entiendo. Nómina, para madre, es igual a seguridad y bienestar y ella quiere eso para su hija. Pero digo yo, en tal caso debería haber elegido otra profesión, mejor pagada, porque esto de periodista no es ético, sano, ni lo que debería ser. Es más, requiere un ego imposible (y fantasmeo), ver injusticias y resistirlas, callarlas so riesgo de sufrir mobbing...
    Mi chica me dice que montemos un negocio de pollos vegetarianos, una línea erótica o un sexshop exclusivo para mujeres of course (aunque el sex shop ya existe en Madrid), que hagamos algo porque las dos andamos en esa crisis de los veinte a los treinta en la que las madres se ponen nerviosas y la palabra nómina, ya te digo, te persigue no matter what you do. Y yo, a un mes y pico de mi vuelta a los madriles, no tengo nada claro de que hacer con mi existencia, aunque tengo claro que prefiero hacer algo con ella antes de que ella haga algo conmigo, y estoy atacada perdida.
     
    Mr. Chuck Norris
    La aupair salvadoreña y yo llegamos agotadas después de un fin de semana de petardeo trasnochando y conduciendo bien lejos de este pueblo tan bonito, correcto y aburrido del condado de la Unión (¿recuerdas 'The Stepford Wives'?), y lo primero que nos encontramos es a uno de los amigos de mi familia de acogida, un pive casi tal alto como la aupair alemana de tres metros, mucho más fornido y lleno de tatus desde la entrepierna hasta la yugular (lo de la entrepierna es una suposición).
    Yo sonrío ampliamente y me digo que es igualito a los de las pelis de Chuck Norris, con sombrero vaquero que levanta para saludarnos y todo, y la salvadoreña sólo comenta que está más "tomado" que los latinos que se nos pegaron en la pista de baile el pasado sábado. ¿Tomado? ¿Acaso es tan grave? Y de repente, mi mente es un remolino de imágenes pasadas. Jeremías y sus mofletes colorados, esos ojos brillantes como relámpagos, ese sonido on the rock desde la cocina...
    ¡Vaya! Yo que creí a la salvadoreña inocente perdida y huele una borrachera a millas náuticas de distancia (a mí pueden pasárseme), porque otra cosa no, pero en esta casa el vodka fluye como el río Hudson, tranquilo, caudaloso, constante. Y yo estoy por sentarme con el Chuck Norris en el porche y preguntarle por su vida, pero mi muy mejor amiga ha quedado en llamarme y me tengo que ir.
  • Nota: La salvadoreña y yo salimos a un club latino el sábado con el propósito de bailar hasta morir, y debe de pasárselo muy bien y perder el miedo al "contagio" del "gen" bollo porque se apunta a la visita al Henrietta que tengo programada dentro de dos semanas con mi muy mejor amiga S., mi pequeña Amelie y la incorregible matemática alienígena. El domingo la salvadoreña y yo nos escapamos a la playa. Yo miro el Atlántico y no puedo dejar de sonreír. Tiramos fotos y nos reímos como adolescentes. Con tanto buen rollo alrededor, ¡esto empieza a parecerse a la casa de la pradera!
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    La metamorfosis
    Tengo algo que confesarte. No lo he hecho antes porque me sentía mal, demasiado culpable, nada orgullosa. Y todavía, he de admitirlo, me queda un horrendo sabor de boca, porque la semana pasada, después de que Jeremías, el papá, sorprendiera a su vástago dándome voces como acostumbra y liara la de dios, decidí hacer algo un poco "jevi" para mi temperamento, de normal tranquilo y un pelín pasota.
    En realidad no fue una decisión reflexionada, sino que obré más bien por impulso y quién sabe si por instinto. Lo que hice fue gritarle a Samuel cual bestia cavernaria durante dos días seguidos. Y cuando digo gritar, quiero decir GRITAR, con todas las letritas del vocablo (Don't you dare!!!). Obviamente, no pude continuar el tratamiento mucho más porque al tercer día no me atrevía ni a mirarme al espejo, Onthe, la Chacha de Hierro, de horrible, monstruosa y feota que me sentía.
    Lo cierto es que no quiero afirmar que lo que haya hecho sea correcto y, desde luego, nunca te lo van a recomendar en uno de esos manuales de aupairs que te dan las agencias (y que yo quemé hace meses), pero a día de hoy, Samuel es otro niño conmigo. Ha sufrido una transformación espectacular y está de un buen rollo que aburre hasta a los pijos.
    Por las mañanas me dice "good morning"; si estornudo, me mira y dice "bless you" y ahora me dirige la palabra incluso cuando yo no se lo pido y acompaña las frases de "plises" y "cenquius". También se ríe a menudo y se queda mirándome esperando que yo le responda de tan buen humor. ¡Demonios! ¿Después de tres meses realmente espera que yo sepa cómo responderle?
    Porque te diré que me había acostumbrado al otro Samuel, al del cuchillo y los objetos punzantes, y que ahora no tengo la menor idea de qué decirle al chavea, de qué espera de mí. Es más, no me apetece un carajo decirle nada y cuando lo veo venir con su buena disposición y su talante zapatero mi reacción más primaria es la del perro al que han apaleado y ya no se fía ni de su sombra, buscar la salida más próxima.
     
    A lo Michelle
    Creo que te lo dije hace un par de días, las viejitas rusas están cuidando una piara de niños este spring break. Lo que no te dije es que estos niños no son del vecindario, sino más bien del Bronx y las rusas lo están pasando muy mal. De entrada, la reunión no las llama por su nombre, sino "viejas" (y más cosas), y de salida se pasan todo lo que les dicen por la Puerta de Alcalá.
    Yo miro sus caras (las de las rusas) y me río malvadamente porque veo que están acostumbradas a los críos decoloros del vecindario, que respetan sus canas y sus "I think that is not safe, by the way, do you want another cookie?". Como comprenderás, a Tiyei (TJ), que de aquí a unos añitos será un ex convicto, las cookies se las sudan por muy de chocolate que sean y las canas para él no son más que un símbolo de decadencia y no de elegancia, respeto ni sabiduría. Vamos, toda una invitación al asalto.
    Y he aquí que descubro una faceta oculta en mí (aparte de mi vena manolo, que no esta nada oculta): mi lado Michelle Pfeiffer con adolescentes problemáticos, pero sin chupa de cuero, que hace mucho calor. De repente, me veo negociando con ellos, haciendo pactos, diciendo "yo', list'n what'm say'n?" con acento de lumpen o protegiendo a la más pequeña del viento. De repente, pienso que a mí lo que se me dan bien son los niños duros, con sangre en las venas, estos que se sacan los mocos con un tenedor y lo más que sienten es un ligero cosquilleo. Y las rusas me miran de otro modo mientras recorro la driveway en monopatín y veo que se sienten agradecidas.
  • Nota: Como es spring break toda la semana y los niños no tienen cole, trabajo todo el día. Por las noches me voy a clase o de petardeo con la salvadoreña. No puedo acceder a mi cuaderno-experimento en la red, pero escribo todo lo anterior en papel para transcribirlo luego todo junto.
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    Lo unico que queda por hacer
    Primer día realmente primaveral en este incalificable país. Betty, que es mi segunda señora de acogida (en realidad es la primera porque la anterior no hacía honor al título), pues te decía que Betty nos manda a los niños y a mí, que soy otra niña, al parque que hay bajando la calle.
    ¿Y qué hace una aupair como yo en un parque como éste cuando los niños que más que cuidar vigilo no quieren que le empujen los columpios ni que los mire mientras dan saltitos y se empujan unos a otros? ¿Qué hace una aupair como yo si Allison Fitipaldi se entretiene con el patinete y Samuel Sawyer salta de un árbol de national geographic a otro? ¿Qué hace una? Pues lo único que me queda por hacer, sacar la vena manolo y examinar atentamente a las mamás yanquis por si hay alguna belleza que me haga más pasajeras estas horas de solaz. Pero no, no la hay, y si la hubiera seguro que tendría la misma voz de pito que este rebaño de mamás, lo que sería una pena, of course.
  • Nota: Me dice mi chica que escriba un post con algún apunte incendario sobre la monarquía española y que cobre por cada comentario que haga el personal. Mírala ella, qué práctica. Está claro que estamos en momento de incertidumbre laboral y hay que mirar por los lerus, ¿ein? Bee (balido). Pero no, no cobro y sí, mi opinión sobre la monarquía española es muy incendiaria, pero tú ya sabías eso.
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    Spring break
    Son apenas las doce de la mañana y tengo la sensación de que ha pasado no un huracán, sino cuatro sobre mis costillares porque toda esta semana es spring break y los niños no van al cole. Pero eso es lo de menos. Al fin y al cabo, tanto Samuel como Allison son unos chavales tranquilos a los que más que cuidar, vigilo, porque de cuidar ya se encarga la tele o la playstation.
    No, los huracanes vienen de al lado, de la casa de las viejitas rusas, que son adictas a cuidar niños y tienen una manada de ellos este spring break y claro, como estamos casa con casa, Allison se ha apuntado al bombardeo y ha invitado a toda la bandada de chaveas dentro. ¡A mi la guardia!
    -Madelein (Madelaine), shoes off!
    Y Madelein ni caso, ahí que revolotea por todas las alfombras con sus shoes on.
    -Tiyei (TJ), no video games now, you're having lunch soon.
    Y Tiyei, vuelta y media diciéndome "and what about some cartoons?". ¡Demonios!
    Y mientras unos cuantos de ellos suben las escaleras, otros las bajan y el resto no sabe si quedarse a la mitad o emigrar al sur cual golondrinas, una de las abuelitas rusas y yo nos ponemos las manos en la cabeza.
    -Oh, ma'am you are so brave! -le digo.
    -What's this? -grita uno desde una habitación.
    -What's that? -grita otro desde otra.
    -I'm bored -me tira de la manga uno.
    -I'm bored too -me tira de la manga el otro.
    ¿Qué queréis? ¿Que saque las rolabolas? Y a puntito estoy, pero no las saco. Y Samuel, que no sé si majo o no, pero sociable está claro que no es, se encierra a cal y canto en sus aposentos y, si tuviera cerrojo, echaría las siete llaves, pero no lo tiene.
     
    La lucidez
    Me sorprendo leyendo ayer sobre la salud del papa. Eso que mantienen de que esta lúcido me asusta muchísimo. Cielos, Onthe, si este hombre nunca lo estuvo, ¿se hará ahora con todo un alijo de lucidez para dejar al mundo boquiabierto?
  • Ultimísima hora: Ya murió el hombre hace unas horas pero eso de la lucidez, mentira cochina del Navarrito Valls porque nada, ni siquiera a última hora, cuando se supone que una se reconcilia consigo misma y pide perdón, sacó ningún panfleto disculpándose por el daño que la Iglesia católica, apostólica y romana que representaba ha hecho y sigue haciendo a los LGBT, entre otros.
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    La batalla de Roncesvalles
    La aupair alemana de tres metros, que tiene sus maldades, dice que la salvadoreña se parece a Betty Boop y, claro, a la salvadoreña no le hace mucha gracia el chiste, aunque no sepa que Betty Boop es un personaje de cartoon y no una marca de desodorante.
    Pero la salvadoreña es tremendamente reservada y lista y no tan bocazas como yo, porque cuando la alemana empieza a interrogarme sobre si he visto o conozco la última película de tal director o de tal actor (cine muy comercial), yo le digo sencillamente que me deje de preguntar sobre ese tipo de pelis, que está claro que no las he visto, pero que no se preocupe, que Hollywood ya se encargará de que me entere de todo.
    Y si por casualidad continúa con su depliegue de conocimientos desbordantes, le suelo decir que si sigue, no solo quedara claro lo guay que es ella sino también la completa ignorante que soy yo, que no lo soy, dicho sea de paso. Y a esto, sí, me sonríe. Vamos, que mejor que se busque a otra para soplar la gaita porque hace tiempo que aprendí a distinguir cuando alguien quiere compartir un conocimiento contigo y cuando sólo lo utiliza como arma arrojadiza para aparentar (¿aparentar qué?) y anularte. ¿Cielos, acaso le hablo yo a esta mujer de la batalla de Roncesvalles?
    Pero no me cae mal la piva. Al contrario, me cae muy bien, con sus cosas. Sé que no es la típica snob con ínfulas de intelectual que busca palabras en el diccionario con el único propósito de torturarte y no movida por el sano espíritu de ampliar su horizonte. A la alemana puedes tacharle de todo menos de ser la intelectual cool y aplastacabezas (consciente o no), a ésas no las trago. Claro que, ahora que lo pienso, tampoco puedes decir que la alemana de tres metros sea precisamente nada intelectual.
  • Nota: Esto de buscar palabras rebuscadas con el único propósito de mirar al resto por encima del hombro me ha recordado cuando a todos los pedorros peninsulares les dio por estar obnubilados durante una temporada [los que se quedaron obnubilados con tanto obnubilamiento no eran pedorros]. Fue una epidemia terrible. Así, todos a la vez, empezaron los pobres a caer obnubilados en las columnas de periodicos y en los círculos de pseudoamiguetes intelectualoides. A mí me dolia mucho verlos así y quisiera haberlos ayudado.
  • Nota 2: A mi gente. Ya lo dijo mi abuela Nicasia, con lo que naces te quedas al final y yo, hey, me quedo con vosotras (y vosotros), ya lo sabéis, nada es más rico ni inteligente que éso. ¡Aprendamos juntas! Compartamos la maravilla y maravillémonos.