La metamorfosis
Tengo algo que confesarte. No lo he hecho antes porque me sentía mal, demasiado culpable, nada orgullosa. Y todavía, he de admitirlo, me queda un horrendo sabor de boca, porque la semana pasada, después de que Jeremías, el papá, sorprendiera a su vástago dándome voces como acostumbra y liara la de dios, decidí hacer algo un poco "jevi" para mi temperamento, de normal tranquilo y un pelín pasota.
En realidad no fue una decisión reflexionada, sino que obré más bien por impulso y quién sabe si por instinto. Lo que hice fue gritarle a Samuel cual bestia cavernaria durante dos días seguidos. Y cuando digo gritar, quiero decir GRITAR, con todas las letritas del vocablo (Don't you dare!!!). Obviamente, no pude continuar el tratamiento mucho más porque al tercer día no me atrevía ni a mirarme al espejo, Onthe, la Chacha de Hierro, de horrible, monstruosa y feota que me sentía.
Lo cierto es que no quiero afirmar que lo que haya hecho sea correcto y, desde luego, nunca te lo van a recomendar en uno de esos manuales de aupairs que te dan las agencias (y que yo quemé hace meses), pero a día de hoy, Samuel es otro niño conmigo. Ha sufrido una transformación espectacular y está de un buen rollo que aburre hasta a los pijos.
Por las mañanas me dice "good morning"; si estornudo, me mira y dice "bless you" y ahora me dirige la palabra incluso cuando yo no se lo pido y acompaña las frases de "plises" y "cenquius". También se ríe a menudo y se queda mirándome esperando que yo le responda de tan buen humor. ¡Demonios! ¿Después de tres meses realmente espera que yo sepa cómo responderle?
Porque te diré que me había acostumbrado al otro Samuel, al del cuchillo y los objetos punzantes, y que ahora no tengo la menor idea de qué decirle al chavea, de qué espera de mí. Es más, no me apetece un carajo decirle nada y cuando lo veo venir con su buena disposición y su talante zapatero mi reacción más primaria es la del perro al que han apaleado y ya no se fía ni de su sombra, buscar la salida más próxima.
En realidad no fue una decisión reflexionada, sino que obré más bien por impulso y quién sabe si por instinto. Lo que hice fue gritarle a Samuel cual bestia cavernaria durante dos días seguidos. Y cuando digo gritar, quiero decir GRITAR, con todas las letritas del vocablo (Don't you dare!!!). Obviamente, no pude continuar el tratamiento mucho más porque al tercer día no me atrevía ni a mirarme al espejo, Onthe, la Chacha de Hierro, de horrible, monstruosa y feota que me sentía.
Lo cierto es que no quiero afirmar que lo que haya hecho sea correcto y, desde luego, nunca te lo van a recomendar en uno de esos manuales de aupairs que te dan las agencias (y que yo quemé hace meses), pero a día de hoy, Samuel es otro niño conmigo. Ha sufrido una transformación espectacular y está de un buen rollo que aburre hasta a los pijos.
Por las mañanas me dice "good morning"; si estornudo, me mira y dice "bless you" y ahora me dirige la palabra incluso cuando yo no se lo pido y acompaña las frases de "plises" y "cenquius". También se ríe a menudo y se queda mirándome esperando que yo le responda de tan buen humor. ¡Demonios! ¿Después de tres meses realmente espera que yo sepa cómo responderle?
Porque te diré que me había acostumbrado al otro Samuel, al del cuchillo y los objetos punzantes, y que ahora no tengo la menor idea de qué decirle al chavea, de qué espera de mí. Es más, no me apetece un carajo decirle nada y cuando lo veo venir con su buena disposición y su talante zapatero mi reacción más primaria es la del perro al que han apaleado y ya no se fía ni de su sombra, buscar la salida más próxima.
Comentario:
A vezes hay que hacerse respetar.
Comentario:
Por aquí se dice que los niños de pequeños están para comérselos, y a partir de cierta edad (8-9) te arrepientes de no habértelos comido :P
Comentario:
Esta claro, de que a pesar de tener el ideal de poder hacer de los niños unas personas decentes con una educación flexible, hay veces que no quedan más cachabas que darles un poco de caña y pegarles unos cuantos gritos...
No te sientas culpable Onthe, al menos ahora lo tienes controlado.
No te sientas culpable Onthe, al menos ahora lo tienes controlado.
Comentario:
eso es ley de vida... q a los seres humanos reconozcámoslo, nos gusta q nos den caña, y Samuel no iba a ser una excepción... no?? ;p
besos onthe!
besos onthe!