Aupair asesina
Hoy me vas a perdonar que me desahogue, pero estoy hasta el chichi de la poli yanqui. En dos meses que llevo aquí, me han parado ya tres veces y dos de ellas me han endosado una multa. Hala, setenta pavitos para Bush de regalo, porque digo yo que no tendrán otra cosa que hacer aparte de perseguir a aupairs despistadas como yo.
Hoy ha sido particularmente estúpido por su parte. Iba acompañada por una aupair francesa con la que me entiendo por señas cuando de nuevo veo las putas sirenitas en el espejo retrovisor y escucho al poli zampadonuts de turno ordenándome por el megáfono que me eche a un lado. Dicho y hecho, la menda para a la derecha (pull over) y espera a que se me acerque el sujeto.
Nada, que me he saltado un stop. ¡Cagontó! El pive me coge la documentación y se tira diez minutos comprobando mis datos. Creo que se muere por pillarme lo que sea (seguro que está mirando antecedentes penales y si trafico con mis mocos). Y claro, diez minutos dan para mucho, como por ejemplo, para darse cuenta de que ha parado no uno, sino dos coches de policía, y de que hay un poli en la ventanilla opuesta al conductor observándonos con atención, como si fuéramos a desenfundar una peligrosa sonrisa en cualquier momento. Bang. Las aupairs asesinas.
-Todavía llaman refuerzos -le comento a la francesa. Ella se descojona. No creo que me haya entendido, yo aprendí la palabra refuerzos en 'Law and Order' y ella no sabe decir ni wife, pero está nerviosa perdida y se ríe por todo. A ella también le han pedido la documentación.
De nada sirve que le diga al coleguita que no vi la señal. También intento el truco de la aupair desvalida que no sabe ni entiende de nada.
-¿Había una señal, señor policía? Yo es que no soy de aquí.
Ni caso, claro, pero bueno, a lo mejor tiene algo que ver con que todo esto haya ocurrido en los aparcamientos del Pentágono. Alrededor de estas instalaciones y de la embajada de Arabia Saudí (véase 'Fahrenheit 9/11') siempre hay guardas desocupados tratando de pillar al niño malo que arroja un papel al suelo.
Hoy ha sido particularmente estúpido por su parte. Iba acompañada por una aupair francesa con la que me entiendo por señas cuando de nuevo veo las putas sirenitas en el espejo retrovisor y escucho al poli zampadonuts de turno ordenándome por el megáfono que me eche a un lado. Dicho y hecho, la menda para a la derecha (pull over) y espera a que se me acerque el sujeto.
Nada, que me he saltado un stop. ¡Cagontó! El pive me coge la documentación y se tira diez minutos comprobando mis datos. Creo que se muere por pillarme lo que sea (seguro que está mirando antecedentes penales y si trafico con mis mocos). Y claro, diez minutos dan para mucho, como por ejemplo, para darse cuenta de que ha parado no uno, sino dos coches de policía, y de que hay un poli en la ventanilla opuesta al conductor observándonos con atención, como si fuéramos a desenfundar una peligrosa sonrisa en cualquier momento. Bang. Las aupairs asesinas.
-Todavía llaman refuerzos -le comento a la francesa. Ella se descojona. No creo que me haya entendido, yo aprendí la palabra refuerzos en 'Law and Order' y ella no sabe decir ni wife, pero está nerviosa perdida y se ríe por todo. A ella también le han pedido la documentación.
De nada sirve que le diga al coleguita que no vi la señal. También intento el truco de la aupair desvalida que no sabe ni entiende de nada.
-¿Había una señal, señor policía? Yo es que no soy de aquí.
Ni caso, claro, pero bueno, a lo mejor tiene algo que ver con que todo esto haya ocurrido en los aparcamientos del Pentágono. Alrededor de estas instalaciones y de la embajada de Arabia Saudí (véase 'Fahrenheit 9/11') siempre hay guardas desocupados tratando de pillar al niño malo que arroja un papel al suelo.