La invisibilidad de siempre
Cuando paso la tarde en Dupont Circle (el epicentro rosa de Washington) como hoy, hay un pensamiento que me martillea.
-¿Me encontraré aquí a la monitora de natación del vecindario, esa moza a la que miro y admiro las tardes de solaz en la piscina con los niños?
Lo que, traducido, viene a ser: ¿entenderá la monitora de natación? Porque sí, porque a veces he pensado que no sé qué haría si me la encontrara en el Apex en una de esas ladies' night, si huir y esconderme o, por el contrario, presentarme. No soy ninguna cobarde, como ya intuiréis, pero me encuentro en la irónica situación de haber vuelto al armario tras llevar años fuera de él en España.
Anne, mi madre de acogida en este curioso país, me dijo que seleccionó el programa de aupairs (y a mí en concreto) cuando la única persona que encontró, la única nanny, resultó ser una bollo con pareja estable y, por tanto, un mal ejemplo para sus hijos (o, al menos, un ejemplo incómodo). Anne ha tenido puntería conmigo, sí señor, y es que no hay ninguna casilla para especificar este tema en los formularios, ni quiero que la haya. Pero también pienso que siempre se presupone que no existimos. La maldita invisibilidad de siempre.
Nota de última hora: Hoy vuelve la familia de vacaciones. Estoy nerviosa. Me cuesta retomar la rutina de la Juani (referencia facilona a 'Médico de familia'). Tiemblo aquí en Dupont Circle ante el reencuentro. Tengo un pellizco en el pilodoro y un sospechoso castañeo de dientes.
-¿Me encontraré aquí a la monitora de natación del vecindario, esa moza a la que miro y admiro las tardes de solaz en la piscina con los niños?
Lo que, traducido, viene a ser: ¿entenderá la monitora de natación? Porque sí, porque a veces he pensado que no sé qué haría si me la encontrara en el Apex en una de esas ladies' night, si huir y esconderme o, por el contrario, presentarme. No soy ninguna cobarde, como ya intuiréis, pero me encuentro en la irónica situación de haber vuelto al armario tras llevar años fuera de él en España.
Anne, mi madre de acogida en este curioso país, me dijo que seleccionó el programa de aupairs (y a mí en concreto) cuando la única persona que encontró, la única nanny, resultó ser una bollo con pareja estable y, por tanto, un mal ejemplo para sus hijos (o, al menos, un ejemplo incómodo). Anne ha tenido puntería conmigo, sí señor, y es que no hay ninguna casilla para especificar este tema en los formularios, ni quiero que la haya. Pero también pienso que siempre se presupone que no existimos. La maldita invisibilidad de siempre.