Valentina no entiende
¿Te he hablado de Gertrudis, la mujer de la limpieza que es uruguaya? Pues nada, que como le digo que me aburro más que un uno, ha insistido en que salgamos. Y dirás, y dije yo también, que qué coño pretende hacer esta mujer de cincuenta y tantos para distraerme. Durante dos meses la he mareado como a un pato, pero por fin ayer me cazó y me llevó de shopping y a su casa y allí estaba la sorpresa.
Si la supermegabollo de la piscina me quitaba el aliento, me dejaba aturdida (con la vena manolo a flor de piel) y con sólo cruzarse en mi camino, me convertía a diez religiones, esto...
Allí sobre el sofa de la casa de Gertrudis estaba Valentina, la hija, rubia, una cuarta más alta que yo (y ya es difícil) y con unos pantalones de peto chulísimos. Al principio, a mi plin, pero cuando abrió la boca y la escuché hablar, me quedé embobada.
-Vos no tomás ese mate dulce que es de viejas. El mate amargo sí que es bárbaro -dijo Valentina.
¿Qué tendré yo con los acentos que me quedé así, atontolinada? Y es que la musiquilla del uruguayo me fascina en los labios de una mujer mucho más que la del argentino, aunque claro, puede que también la culpa fuera de ella, de Valentina, con su sonrisa, su nariz y esa forma tan jodidamente 'provo' de recogerse el pelo. Por cierto, Valentina no entiende pero cuando me preguntó si quería ir a bailar la semana que viene, le dije que sí. Creo que más que bailar, me voy a mortificar.
Nota : Estoy felí felí, hoy ha comenzado el San Cole y los criajos han pasado fuera la mañana. Nunca pensé que me alegraría tanto de una cosa así, que empiece el año escolar, pero sí, oye, va a ser que sí.
Si la supermegabollo de la piscina me quitaba el aliento, me dejaba aturdida (con la vena manolo a flor de piel) y con sólo cruzarse en mi camino, me convertía a diez religiones, esto...
Allí sobre el sofa de la casa de Gertrudis estaba Valentina, la hija, rubia, una cuarta más alta que yo (y ya es difícil) y con unos pantalones de peto chulísimos. Al principio, a mi plin, pero cuando abrió la boca y la escuché hablar, me quedé embobada.
-Vos no tomás ese mate dulce que es de viejas. El mate amargo sí que es bárbaro -dijo Valentina.
¿Qué tendré yo con los acentos que me quedé así, atontolinada? Y es que la musiquilla del uruguayo me fascina en los labios de una mujer mucho más que la del argentino, aunque claro, puede que también la culpa fuera de ella, de Valentina, con su sonrisa, su nariz y esa forma tan jodidamente 'provo' de recogerse el pelo. Por cierto, Valentina no entiende pero cuando me preguntó si quería ir a bailar la semana que viene, le dije que sí. Creo que más que bailar, me voy a mortificar.
Comentario:
Vaya... pues es una pena que no entienda pero de todos modos que te quiten lo bailao (y nunca mejor dicho)!!!!!!!!!