Otrodelmontón os explica su situación
"Hijo mío... tú no estás hecho para los hombres..." Ay mamá... ¡qué equivocada estás!
Acerca de
Chico, con su mayoría de edad acabada de superar, con las ideas claras, que nació en el seno de una familia homófoba, con muchas ilusiones y muchas metas por alcanzar. Sólo tiene un secreto.. Es gay, ¡pero no digáis nada!
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Ahí, en la cuneta.
Aprovechando que hoy no trabajo voy a escribiros algo, que sé que os estáis tirando de los pelos y subiéndoos por las paredes gritando: ¡QUE ACTUALICEEE!

Sabía que os era imprescindible pero, ¿hasta este punto? Dios... Estoy convirtiéndome en un Semi-Dios como Paris Hilton...

Bueno, dejemos las ironías aparte... Lo digo porque nunca me teñiría el pelo como Paris, no por otra cosa...:P



Ya comenté por aquí un día que trabajo en un bar. Y, a pesar de las experiencias no demasiado agradables que he tenido con muchos clientes, que tienen la misma educación que las cabras y que sólo saben quejarse, también hay historias enternecedoras. Y quiero comentaros una que, no sé si será por lo sensible que soy, me ha llegado hondo.


Será porque las personas mayores me encantan, porque me producen ternura, porque me parecen todos adorables, no lo sé... La vi entrar con su bastoncillo, me miró, me sonrió, y me dijo:

Anciana



- Bonico, ¿me siento en esta mesa?

- Sí, ahí mismo, señora... ¿?

- Julieta.

- Muy bien, señora Julieta. ¿Qué va a tomar?

- Habla con Ángeles, que ella ya sabe lo que voy a tomar. Es que tengo una dieta específica, porque soy diabética, y no puedo comer cualquier cosa. Mira, voy a hacerme el análisis ahora, que se me ha olvidado hacerlo antes. No veas que engorro hijo, tener que hacerme todos los días la prueba esta...

Me habló durante 2 o 3 minutos. Yo me quedé embobadito escuchándola, mirándola, con su pelito blanco, esas gafitas, esa piel arrugada... Me encantan los ancianos, vuelvo a repetirme, y a esta mujer se la veía falta de compañía... Con muchas ganas de que alguien la escuchase y de hablar.


Entré a la cocina y le dije a mi jefa:

- Ángeles, la señora Julieta me ha dicho que prepares lo que ya sabes...

- Ay, Julieta... Julieta Venegas.

¡Qué gracia me hizo, Dios! Ya ves tú, una gracia tontísima... Pero aquí uno es de risa floja.

Me interesé por la señora Julieta, le pregunte si era de la ciudad, ya que nunca la había visto. Y me explicó su historia:

- Sí, vive aquí detrás del bar. Son gente de dinero, ¿sabes? Su marido era abogado, y murió hace 3 o 4 meses. El otro día vino al bar, con un papel de un dietista, y me dijo que si le podríamos hacer la cena todas las noches. Que ya no era por no cocinársela ella en casa, era porque así salía y se distraía un poco, viendo a la gente pasar. Porque, desde que murió su marido, sus hijos, que viven en la ciudad de vecina, no han venido a visitarla. Y se siente sola...


Y os juro que me entró una pena... Como si la conociese de toda la vida. Me sentí fatal. Salí a la barra, desde donde la podía ver, y vi que se limpiaba las lágrimas mientras miraba a mi jefa y a su hijo hacer los deberes juntos. Sonriendo le dijo:

- Ay, qué bonito es tener a los hijos cerca, ¿verdad?

Me faltó poco para llorar. No entiendo que haya gente capaz de abandonar a sus mayores. ¿Merece esta mujer que sus hijos la estén tratando así? Es cierto que apenas la conozco y no sé nada de su vida, pero no creo que haya podido hacer una cosa tan fuerte como para que sus hijos la abandonen a la primera de cambio. Se la ve frágil, cariñosa, sensible...


Desde entonces, cada noche, cuando viene a cenar, me siento a su lado y hablamos. Siempre le cae alguna lagrimita, y me coge de la mano, y me aprieta.

- Esto es muy duro, bonico... Es muy duro.


Es un tema que me enciende, no puedo hablar de él sin que se me haga un nudo en el estómago. Hace 4 meses que perdí a mi abuelo, y no hay día que no me acuerde de él, y que piense en las ganas de abrazarlo que tengo... Creo que el abandono a mayores es una de las peores cosas que puede hacer una persona... Y más viniendo de un hijo... Te han dado la vida, te han criado, te han dado una educación, y cuando ellos más te necesitan, ZAS, lo apartas en la cuneta.


No son un estorbo, estamos aquí por ellos.




Un beso, y gracias por firmar.

(Anda que llevo dos entradas tristes...)