PALABRAS (artículo)
Esta semana me ha costado mucho decidir sobre qué iba a hablar en este artículo quincenal. Han pasado muchas cosas ultimamente, muchos giros inesperados, y otros que se anunciaban desde hacía tiempo. Sucesos en el ámbito laboral, sentimental, fraternal... Y no sabía como encauzarlos, como plasmarlos en papel. Y poco a poco me ha ido obsesionando más la idea de ese nexo en común que tenían todos los acontecimientos. Porque, tratándose de interlocutores diferentes, de escenarios diferentes, todos tenían algo en común. Fui desgranando poco a poco hasta quedarme con la esencia común que unía a todos: la comunicación, o, mejor dicho, la falta de ésta.
Es curioso, desde pequeños aprendemos a expresarnos, y ya no sólo con la palabra, si no que aprendemos a acompañarlas con gestos, tonalidades... Sin embargo, hay muy pocos que aprender realmente a comunicarse.
Todos tenemos cosas que decir, el deseo de expresarnos es innato en nosotros, pero... ¿Cuántos lo conseguimos?
Estos días he oído hablar de crisis de pareja, de rupturas, de tensiones en el trabajo, de dudas de enamorados, y todos eran exponentes de una mala comunicación.
Comunicar no es solo expresar, es también asegurarse que el interlocutor ha recibio el mensaje que deseábamos expresar, y asegurarnos a su vez que entendemos lo que los demás nos quieren decir. Y aqui empiezan los problemas.
Hoy en día no hay tiempo para escuchar: queremos, mejor dicho, exigimos que nos escuchen, pero han de entendernos con nuestras palabras, y sin dar oportunidad a la réplica. ¿Cuándo ha sido la última vez que os habeis parado a escuchar lo que os decían?
Una frase que he oído ultimamente ha sido: "Me canso de hablar, pero nunca me escucha". Y mi pregunta siempre es: ¿Expresaste la gravedad que para tí tenía? ¿Te molestaste en comprobar si él recibía no solo el mensaje, si no su urgencia? Es bastante más complicado.
Las personas han de aprender a comunicarse. Algunas, acaban yendo al psicólogo para conseguirlo y, sinceramente, no me parece mala la idea. Los psicólogos son personas (los buenos, me refiero) que estan acostumbradas (quizas debería decir estamos, pero ya muy pocas veces me considero del gremio) a escuchar. Más importante: a escuchar sin juzgar. Es un requisito necesario para escuchar. Nuestra historia, nuestras vivencias, hacen que muchas veces prejuzguemos lo que nos cuentan, lo intentemos asimilar a nuestros esquemas. ¿Por qué no intentar situarnos en los esquemas de nuestro interlocutor? Quizás saldríamos ganando.
Otro punto importante es la sinceridad. ¿Por qué tenemos la costumbre de callar el dolor que nos provocan ciertas palabras? ¿Por qué tanto miedo a dejar ver nuestras debilidades? Somos seres humanos, y el reconocer lo que nos duele nos enseña a recordar que, al fin y al cabo, somos humanos. Cuanto dolor nos ahorraríamos si a veces dijéramos: "para, me estás haciendo daño".
Y cuántas situaciones equívocas nos ahorraríamos si nos aseguráramos de mantener un flujo de comunicación limpia, sincera y real con aquellos que queremos.
Es un largo camino. Quizás poco a poco podamos irlo haciendo juntos.
Por ahora sólo me quedan un par de preguntas: ¿Me he explicado? ¿Qué pensais que os he querido decir?
Es curioso, desde pequeños aprendemos a expresarnos, y ya no sólo con la palabra, si no que aprendemos a acompañarlas con gestos, tonalidades... Sin embargo, hay muy pocos que aprender realmente a comunicarse.
Todos tenemos cosas que decir, el deseo de expresarnos es innato en nosotros, pero... ¿Cuántos lo conseguimos?
Estos días he oído hablar de crisis de pareja, de rupturas, de tensiones en el trabajo, de dudas de enamorados, y todos eran exponentes de una mala comunicación.
Comunicar no es solo expresar, es también asegurarse que el interlocutor ha recibio el mensaje que deseábamos expresar, y asegurarnos a su vez que entendemos lo que los demás nos quieren decir. Y aqui empiezan los problemas.
Hoy en día no hay tiempo para escuchar: queremos, mejor dicho, exigimos que nos escuchen, pero han de entendernos con nuestras palabras, y sin dar oportunidad a la réplica. ¿Cuándo ha sido la última vez que os habeis parado a escuchar lo que os decían?
Una frase que he oído ultimamente ha sido: "Me canso de hablar, pero nunca me escucha". Y mi pregunta siempre es: ¿Expresaste la gravedad que para tí tenía? ¿Te molestaste en comprobar si él recibía no solo el mensaje, si no su urgencia? Es bastante más complicado.
Las personas han de aprender a comunicarse. Algunas, acaban yendo al psicólogo para conseguirlo y, sinceramente, no me parece mala la idea. Los psicólogos son personas (los buenos, me refiero) que estan acostumbradas (quizas debería decir estamos, pero ya muy pocas veces me considero del gremio) a escuchar. Más importante: a escuchar sin juzgar. Es un requisito necesario para escuchar. Nuestra historia, nuestras vivencias, hacen que muchas veces prejuzguemos lo que nos cuentan, lo intentemos asimilar a nuestros esquemas. ¿Por qué no intentar situarnos en los esquemas de nuestro interlocutor? Quizás saldríamos ganando.
Otro punto importante es la sinceridad. ¿Por qué tenemos la costumbre de callar el dolor que nos provocan ciertas palabras? ¿Por qué tanto miedo a dejar ver nuestras debilidades? Somos seres humanos, y el reconocer lo que nos duele nos enseña a recordar que, al fin y al cabo, somos humanos. Cuanto dolor nos ahorraríamos si a veces dijéramos: "para, me estás haciendo daño".
Y cuántas situaciones equívocas nos ahorraríamos si nos aseguráramos de mantener un flujo de comunicación limpia, sincera y real con aquellos que queremos.
Es un largo camino. Quizás poco a poco podamos irlo haciendo juntos.
Por ahora sólo me quedan un par de preguntas: ¿Me he explicado? ¿Qué pensais que os he querido decir?
Etiquetas: comunicacion palabras
IX (Poema)
He visto tanto dolor en tantas caras descompuestas,
seres pudriéndose antes de morir,
almas que vagaban sin vida por la ciudad
pidiendo aguantar un día más,
aun sin razón para seguir.
He sentido tantas voces de pobres condenados
que no llegarán a un nuevo día,
prostitutas que apoyadas en una esquina
olvidaban su propio dolor para oír
al diablo que se acerca dispuesto a pagar,
dejarse meter mano por cuatro reales
sin poder llegar a elegir,
viejos ahogados y maduros infelices
que se acercan a ellas como última salvación.
He respirado el hedor de cuerpos putrefactos,
pestes que aún hoy sabotean las calles,
cadáveres que nadie recoge,
que nadie reclama;
seres que nadie recordará.
Historias que, finalmente, se perderán.
He visto a señoritos
dejándose engatusar
por el polvo blanco,
fiesta sin parar,
hasta acabar reventados
en cualquier oscuro callejón.
Sus padres clamando
“¿Cómo pudo ser así?”
Padres que no se inmutaron
al verles marchar,
quizá demasiado ocupados,
padres que no fueron tal.
He visto inocentes
dejándose arrebatar
lo que más apreciaban
en el engaño del amor.
Muchachas que han confiado,
que han creído saber elegir,
hombres que se han burlado de ellas,
que las han utilizado
hasta que su sed
han podido calmar.
Poetas que han llorado,
perdida la mirada en el mar,
queriendo adivinar qué hicieron
para seguir solos una noche más.
Poetas que llenos de sentimientos
han vagabundeado por la ciudad,
han mirado alrededor
y sólo han visto
una ciudad en ruinas,
nada por lo que continuar.
Que han sentido
el placer de saberse deseados
y han comprendido
que era imposible,
que no era quien querían,
que una vez más tocaría fingir.
He visto muñecas
de maquillaje corrido
caminando temblorosas
por el asfalto,
lejos del lujo,
del aparentar;
muñecas que han perdido la esperanza
en sus ropas travestidas,
que se han quitado las pelucas,
las uñas, las pestañas,
y asustadas
no se han atrevido
a mirarse al espejo.
Príncipes blancos caminando cerca,
dando vueltas a mi alrededor sin ver,
sin querer comprender que les deseaba,
que han cruzado palabras de cortesía,
quizás anhelando algo más,
sin dar muestra de ello;
príncipes sufrientes
llenos de melancolía,
corazones heridos,
ocupados en su propio dolor,
sin sentir mis lágrimas
mojando sus manos.
He escuchado las canciones
de divas cargadas de perfume,
de orgullo, de vanidad;
divas que han soñado ser las mejores
hasta que una nueva
les ha arrebatado el puesto.
Entonces, sin voz,
las he oído caminando penosamente,
saliendo por la puerta trasera del teatro,
mirando hacia atrás,
guardando un último recuerdo,
y, lentamente,
las he visto perderse en la oscuridad.
He visto demasiada gente
que en un momento
han echado a perder su vida,
se han dejado engañar
por promesas que nunca se cumplen,
por sueños que no llegan,
por amores por los que,
al final, siempre hay que pagar.
seres pudriéndose antes de morir,
almas que vagaban sin vida por la ciudad
pidiendo aguantar un día más,
aun sin razón para seguir.
He sentido tantas voces de pobres condenados
que no llegarán a un nuevo día,
prostitutas que apoyadas en una esquina
olvidaban su propio dolor para oír
al diablo que se acerca dispuesto a pagar,
dejarse meter mano por cuatro reales
sin poder llegar a elegir,
viejos ahogados y maduros infelices
que se acercan a ellas como última salvación.
He respirado el hedor de cuerpos putrefactos,
pestes que aún hoy sabotean las calles,
cadáveres que nadie recoge,
que nadie reclama;
seres que nadie recordará.
Historias que, finalmente, se perderán.
He visto a señoritos
dejándose engatusar
por el polvo blanco,
fiesta sin parar,
hasta acabar reventados
en cualquier oscuro callejón.
Sus padres clamando
“¿Cómo pudo ser así?”
Padres que no se inmutaron
al verles marchar,
quizá demasiado ocupados,
padres que no fueron tal.
He visto inocentes
dejándose arrebatar
lo que más apreciaban
en el engaño del amor.
Muchachas que han confiado,
que han creído saber elegir,
hombres que se han burlado de ellas,
que las han utilizado
hasta que su sed
han podido calmar.
Poetas que han llorado,
perdida la mirada en el mar,
queriendo adivinar qué hicieron
para seguir solos una noche más.
Poetas que llenos de sentimientos
han vagabundeado por la ciudad,
han mirado alrededor
y sólo han visto
una ciudad en ruinas,
nada por lo que continuar.
Que han sentido
el placer de saberse deseados
y han comprendido
que era imposible,
que no era quien querían,
que una vez más tocaría fingir.
He visto muñecas
de maquillaje corrido
caminando temblorosas
por el asfalto,
lejos del lujo,
del aparentar;
muñecas que han perdido la esperanza
en sus ropas travestidas,
que se han quitado las pelucas,
las uñas, las pestañas,
y asustadas
no se han atrevido
a mirarse al espejo.
Príncipes blancos caminando cerca,
dando vueltas a mi alrededor sin ver,
sin querer comprender que les deseaba,
que han cruzado palabras de cortesía,
quizás anhelando algo más,
sin dar muestra de ello;
príncipes sufrientes
llenos de melancolía,
corazones heridos,
ocupados en su propio dolor,
sin sentir mis lágrimas
mojando sus manos.
He escuchado las canciones
de divas cargadas de perfume,
de orgullo, de vanidad;
divas que han soñado ser las mejores
hasta que una nueva
les ha arrebatado el puesto.
Entonces, sin voz,
las he oído caminando penosamente,
saliendo por la puerta trasera del teatro,
mirando hacia atrás,
guardando un último recuerdo,
y, lentamente,
las he visto perderse en la oscuridad.
He visto demasiada gente
que en un momento
han echado a perder su vida,
se han dejado engañar
por promesas que nunca se cumplen,
por sueños que no llegan,
por amores por los que,
al final, siempre hay que pagar.
LA ESPERA (POEMA)
Escuchando los silencios de la noche,
la calma impaciente de la espera,
los susurros de momentos ya lejanos
y el anhelo de esperanzas resurgidas.
Llenando de recuerdos
los momentos olvidados,
esperando cobrar vida
los sueños deshechados.
Vaciando las palabras,
llenando los gestos,
mezcla de lágrimas derretidas
y sonrisas sin alegría.
Sintiendo e insistiendo
mientras pasan las horas,
un segundo más
y el tiempo caerça sin demora.
7/3/2007
la calma impaciente de la espera,
los susurros de momentos ya lejanos
y el anhelo de esperanzas resurgidas.
Llenando de recuerdos
los momentos olvidados,
esperando cobrar vida
los sueños deshechados.
Vaciando las palabras,
llenando los gestos,
mezcla de lágrimas derretidas
y sonrisas sin alegría.
Sintiendo e insistiendo
mientras pasan las horas,
un segundo más
y el tiempo caerça sin demora.
7/3/2007