IX (Poema)
He visto tanto dolor en tantas caras descompuestas,
seres pudriéndose antes de morir,
almas que vagaban sin vida por la ciudad
pidiendo aguantar un día más,
aun sin razón para seguir.
He sentido tantas voces de pobres condenados
que no llegarán a un nuevo día,
prostitutas que apoyadas en una esquina
olvidaban su propio dolor para oír
al diablo que se acerca dispuesto a pagar,
dejarse meter mano por cuatro reales
sin poder llegar a elegir,
viejos ahogados y maduros infelices
que se acercan a ellas como última salvación.
He respirado el hedor de cuerpos putrefactos,
pestes que aún hoy sabotean las calles,
cadáveres que nadie recoge,
que nadie reclama;
seres que nadie recordará.
Historias que, finalmente, se perderán.
He visto a señoritos
dejándose engatusar
por el polvo blanco,
fiesta sin parar,
hasta acabar reventados
en cualquier oscuro callejón.
Sus padres clamando
“¿Cómo pudo ser así?”
Padres que no se inmutaron
al verles marchar,
quizá demasiado ocupados,
padres que no fueron tal.
He visto inocentes
dejándose arrebatar
lo que más apreciaban
en el engaño del amor.
Muchachas que han confiado,
que han creído saber elegir,
hombres que se han burlado de ellas,
que las han utilizado
hasta que su sed
han podido calmar.
Poetas que han llorado,
perdida la mirada en el mar,
queriendo adivinar qué hicieron
para seguir solos una noche más.
Poetas que llenos de sentimientos
han vagabundeado por la ciudad,
han mirado alrededor
y sólo han visto
una ciudad en ruinas,
nada por lo que continuar.
Que han sentido
el placer de saberse deseados
y han comprendido
que era imposible,
que no era quien querían,
que una vez más tocaría fingir.
He visto muñecas
de maquillaje corrido
caminando temblorosas
por el asfalto,
lejos del lujo,
del aparentar;
muñecas que han perdido la esperanza
en sus ropas travestidas,
que se han quitado las pelucas,
las uñas, las pestañas,
y asustadas
no se han atrevido
a mirarse al espejo.
Príncipes blancos caminando cerca,
dando vueltas a mi alrededor sin ver,
sin querer comprender que les deseaba,
que han cruzado palabras de cortesía,
quizás anhelando algo más,
sin dar muestra de ello;
príncipes sufrientes
llenos de melancolía,
corazones heridos,
ocupados en su propio dolor,
sin sentir mis lágrimas
mojando sus manos.
He escuchado las canciones
de divas cargadas de perfume,
de orgullo, de vanidad;
divas que han soñado ser las mejores
hasta que una nueva
les ha arrebatado el puesto.
Entonces, sin voz,
las he oído caminando penosamente,
saliendo por la puerta trasera del teatro,
mirando hacia atrás,
guardando un último recuerdo,
y, lentamente,
las he visto perderse en la oscuridad.
He visto demasiada gente
que en un momento
han echado a perder su vida,
se han dejado engañar
por promesas que nunca se cumplen,
por sueños que no llegan,
por amores por los que,
al final, siempre hay que pagar.
seres pudriéndose antes de morir,
almas que vagaban sin vida por la ciudad
pidiendo aguantar un día más,
aun sin razón para seguir.
He sentido tantas voces de pobres condenados
que no llegarán a un nuevo día,
prostitutas que apoyadas en una esquina
olvidaban su propio dolor para oír
al diablo que se acerca dispuesto a pagar,
dejarse meter mano por cuatro reales
sin poder llegar a elegir,
viejos ahogados y maduros infelices
que se acercan a ellas como última salvación.
He respirado el hedor de cuerpos putrefactos,
pestes que aún hoy sabotean las calles,
cadáveres que nadie recoge,
que nadie reclama;
seres que nadie recordará.
Historias que, finalmente, se perderán.
He visto a señoritos
dejándose engatusar
por el polvo blanco,
fiesta sin parar,
hasta acabar reventados
en cualquier oscuro callejón.
Sus padres clamando
“¿Cómo pudo ser así?”
Padres que no se inmutaron
al verles marchar,
quizá demasiado ocupados,
padres que no fueron tal.
He visto inocentes
dejándose arrebatar
lo que más apreciaban
en el engaño del amor.
Muchachas que han confiado,
que han creído saber elegir,
hombres que se han burlado de ellas,
que las han utilizado
hasta que su sed
han podido calmar.
Poetas que han llorado,
perdida la mirada en el mar,
queriendo adivinar qué hicieron
para seguir solos una noche más.
Poetas que llenos de sentimientos
han vagabundeado por la ciudad,
han mirado alrededor
y sólo han visto
una ciudad en ruinas,
nada por lo que continuar.
Que han sentido
el placer de saberse deseados
y han comprendido
que era imposible,
que no era quien querían,
que una vez más tocaría fingir.
He visto muñecas
de maquillaje corrido
caminando temblorosas
por el asfalto,
lejos del lujo,
del aparentar;
muñecas que han perdido la esperanza
en sus ropas travestidas,
que se han quitado las pelucas,
las uñas, las pestañas,
y asustadas
no se han atrevido
a mirarse al espejo.
Príncipes blancos caminando cerca,
dando vueltas a mi alrededor sin ver,
sin querer comprender que les deseaba,
que han cruzado palabras de cortesía,
quizás anhelando algo más,
sin dar muestra de ello;
príncipes sufrientes
llenos de melancolía,
corazones heridos,
ocupados en su propio dolor,
sin sentir mis lágrimas
mojando sus manos.
He escuchado las canciones
de divas cargadas de perfume,
de orgullo, de vanidad;
divas que han soñado ser las mejores
hasta que una nueva
les ha arrebatado el puesto.
Entonces, sin voz,
las he oído caminando penosamente,
saliendo por la puerta trasera del teatro,
mirando hacia atrás,
guardando un último recuerdo,
y, lentamente,
las he visto perderse en la oscuridad.
He visto demasiada gente
que en un momento
han echado a perder su vida,
se han dejado engañar
por promesas que nunca se cumplen,
por sueños que no llegan,
por amores por los que,
al final, siempre hay que pagar.
Comentario:
Me gusta tu Blog, me parece muy original. No me preocupan
los votos, me interesa más tu opinión sobre mi bitácora. Un saludo
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