EL ADIOS (artículo)
El fin de una relación siempre es difícil. Por mucho que te lo esperes, por mucho que incluso hayas llegado a desearlo, el encontrarte de nuevo solo se hace por momentos demasiado cuesta arriba. Por supuesto, conoces los motivos, o al menos puedes imaginarlos y, si en realidad ya estaba todo hablado, no quedan dudas pendientes. Lo difícil es no echar de menos las costumbres, no añorar aquellos momentos y gestos que eran compartidos.
Hay otras veces que, a todo esto, se le suma el no saber. No todas las parejas hablan de los motivos reales de la ruptura, y entonces aparecen las dudas: ¿Qué hice mal? ¿Cómo podría rectificarlo? ¿Estaré aún a tiempo? La respuesta está clara: No, no estamos a tiempo, y no, no podíamos haber hecho otra cosa.
Eso no significa que haya parejas que, con el tiempo, puedan volver a intentarlo, pero eso sólo funciona si ha habido una evolución en las dos personas, si han podido resolver los motivos por los cuales rompieron. Si no, se acaba convirtiendo en la crónica de una ruptura anunciada.
A partir del momento del adiós es importante ver qué ha pasado, por qué la relación se fue a pique, por al menos dos motivos: el primero, saber qué es lo que queremos, lo que podemos dar y lo que no, conocernos un poco más. Y saber qué es lo que es indispensable para nosotros, lo que vamos a requerir y lo que vamos a desechar en nuestras siguientes relaciones.
No es fácil decir adiós, no es fácil dejar de lado una relación sobre la que se habían volcado todos nuestros sueños. Es el mejor momento, entonces, para recuperarnos a nosotros mismos, saber quienes somos, y aprender a vivir con nuestra propia compañía. Si no conseguimos eso, estamos condenados a repetir errores, y a caer en relaciones que no nos llevarán a ninguna parte.
Depende de cada uno decidir qué camino elegir: enfrentarse a los propios sentimientos, o disimularlos, poner parches a nuestro corazón.
Hay otras veces que, a todo esto, se le suma el no saber. No todas las parejas hablan de los motivos reales de la ruptura, y entonces aparecen las dudas: ¿Qué hice mal? ¿Cómo podría rectificarlo? ¿Estaré aún a tiempo? La respuesta está clara: No, no estamos a tiempo, y no, no podíamos haber hecho otra cosa.
Eso no significa que haya parejas que, con el tiempo, puedan volver a intentarlo, pero eso sólo funciona si ha habido una evolución en las dos personas, si han podido resolver los motivos por los cuales rompieron. Si no, se acaba convirtiendo en la crónica de una ruptura anunciada.
A partir del momento del adiós es importante ver qué ha pasado, por qué la relación se fue a pique, por al menos dos motivos: el primero, saber qué es lo que queremos, lo que podemos dar y lo que no, conocernos un poco más. Y saber qué es lo que es indispensable para nosotros, lo que vamos a requerir y lo que vamos a desechar en nuestras siguientes relaciones.
No es fácil decir adiós, no es fácil dejar de lado una relación sobre la que se habían volcado todos nuestros sueños. Es el mejor momento, entonces, para recuperarnos a nosotros mismos, saber quienes somos, y aprender a vivir con nuestra propia compañía. Si no conseguimos eso, estamos condenados a repetir errores, y a caer en relaciones que no nos llevarán a ninguna parte.
Depende de cada uno decidir qué camino elegir: enfrentarse a los propios sentimientos, o disimularlos, poner parches a nuestro corazón.