VIAJE A MADRID
Este fin de semana me he ido a Madrid con Xikitín. Me encanta viajar en coche; es mucho más cómodo, más relajado, paras cuando quieras y escuchas lo que te apetece. Además nos hizo super bueno, así que el viaje fue genial. Paramos en Lerma, un pueblo tipo Santillana del Mar, así antiguo y con edificios super chulos. Fotos a tutiplen y a todos los edificios y al culo de mi persona también, para que quede constancia de ello, jajaja. En un bar pedí un mediano, pero la leonesa medio gallega de la cafetería me miró super raro. A lo mejor se pensaba que me tenía que cortar la taza por la mitad y servirme medio café o algo así. Luego, al poco de llegar a Madrid, paramos en un area de descanso donde, por cierto, no había cruissing, pero sí una sala de oración arabe y toda la leche. Nos quedamos medio alelados por ese motivo. ¿No hay una postura sexual que defina eso? No, creo que no. Griego, francés, misionero... No, no hay nada de islamismo en el sexo gay, jajaja. Después llegamos al aeropuerto para buscar a unas compañeras de mi novio. ¡Aquello es enorme! Comparado al aeropuerto de Santander, aquello es algo increíble, como diría Bisbal. Mientras íbamos para el hotel en coche ví de todo: gays, chinos, teatros, musicales, cines, negros, góticos... Madrid es la capital de las razas y los sentidos.
El hotel era super pijo. Muy pequeño, eso sí, pero tenía de todo. Una terraza super chula, en la que me asomé por la tarde y ví una manifestación contra ZP. La cama se subía y se bajaba, había un espejo en la pared de la cabezera (¡que morbo!) El baño no tenía spa ni hidromasaje, pero era también super pijo, con encimeras de mármol y y cosas pintadas de oro barato. Mientras mi novio se iba, yo me quedé en la habitación tomando algo, mirando por el balcón, escuchando la radio y viendo la tele; la tele gratuíta, ¿eh? Que había cosas de pago: porno y esas cosas, jajaja. Luego me entró el hambre por la noche y me bajé, siguiendo la acera para no perderme, hasta algún garito que sirvieran comida. Llegué a un Burger King y, ya que yo había trabajado allí, pues entré. Estaba hasta los cojones de gente, así que me lo llevé al hotel. Gran Vía estaba petada de personas. Yo andando todo seguro, pero medio acojonado, para que nadie se diera cuenta de que era de pueblo y no me violara un yonki depravado en un callejón oscuro.
Al día siguiente nos llevaron el desayuno a la habitación. Yo me tuve que meter en el baño, cual chapero de la calle, para que no me viera el chico, ya que yo esa noche estaba en ese hotel destrangis. Desayunamos en el balcón en plan niños de bien, jajaja. ¡Y menudo desayuno! Ni siquiera lo acabamos. Pensé que en mi noche de bodas desearía estar en un hotel de esas características, con piscina y todo. Dí que allí había una piscina interior con rocas y todo, que la entrada valía 18 euros. Me conformé con la bañera, jeje. Luego yo vagué por Madrid buscando el siguiente hotel en el que nos quedaríamos el sábado por la noche. Hize fotos a tutiplen y me lo tomé con calma. Al final lo encontré. Para hacer tiempo fue a tomar un café a la Cruz Blanca. Como sabía que aquello también lo había aquí, entré. M sentía como un ricachón maduro, allí viendo el periódico, tomando el café y con el cigarrito en la mano. ¡Me encanta Madrid! Llegué al hotal, me duché y fui a comer. Otra vez de nuevo me tomé con otro Burger King, y como había andando mucho sin ver nada a la vista, volví a entrar y allí, más tranquilo, sin apenas nadie dentro, me puse a comer tranquilamente. Luego me fui a dar una vuelta, llegue al Campo del Moro, que es un parque super enorme en el que tiene arriba del todo el edificio del Palacio Real. Estuve allí parte de la tarde. Luego iba a ver el Templo de Debod, pero ya me llamó mi novio y estuvimos por la Puerta del Sol, por los Fnac y el Corte Inglés, por el Congreso de los Diputados, la fuente de Neptuno, el Museo del Prado, la Real Academia de la Lengua... Y a la noche nos fuimos a cenar a un tablao flamenco. Consejo: llevar bien puesta la tarjeta de crédito o llevar la cartera hasta los cojones de billetes. ¡Yo sólo lo digo! Y ahora viene lo más fuerte de todo. Direis: "Madrid es grande". Y sí, lo es, pero el mundo es un pañuelo. Da igual que vayas a la Conchinchina o a Groenlandia: siempre te encuentras a alguien, conocido o no conocido. Había un yonki que nos pedía dinero para el autobús hasta Villalba. Nos dijo que era de Santander y yo, más feliz que una perdiz, dije que nosotros también. Cuando ya soltó que era de mi mismo municipio, ahí ya me callé. Mi novio estaba cagado, jejejeje. Pensaba que nos iba a rajar con el DNI cuando le sacó o algo así. Después de esta odisea drogadicta, llegamos al hotel exhaustos. La cama era super dura, con un colchón con muelles y almohadas de pichiglas. Pasamos del lujo y el glamour, al motel de "El resplandor".

Al día siguiente fuimos a dar una vuelta a Chueca, que estaba tranquilo. ¡Me encantó! Es un barrio "pobre", pero con mucha cultura gay. Después ya pillamos el metro y fuimos a buscar el coche. Comimos en un Corte Inglés de las afueras de Madrid, paramos cerca de Burgos a tomar algo y en poquitas horas ya estábamos en Cantabria.
El hotel era super pijo. Muy pequeño, eso sí, pero tenía de todo. Una terraza super chula, en la que me asomé por la tarde y ví una manifestación contra ZP. La cama se subía y se bajaba, había un espejo en la pared de la cabezera (¡que morbo!) El baño no tenía spa ni hidromasaje, pero era también super pijo, con encimeras de mármol y y cosas pintadas de oro barato. Mientras mi novio se iba, yo me quedé en la habitación tomando algo, mirando por el balcón, escuchando la radio y viendo la tele; la tele gratuíta, ¿eh? Que había cosas de pago: porno y esas cosas, jajaja. Luego me entró el hambre por la noche y me bajé, siguiendo la acera para no perderme, hasta algún garito que sirvieran comida. Llegué a un Burger King y, ya que yo había trabajado allí, pues entré. Estaba hasta los cojones de gente, así que me lo llevé al hotel. Gran Vía estaba petada de personas. Yo andando todo seguro, pero medio acojonado, para que nadie se diera cuenta de que era de pueblo y no me violara un yonki depravado en un callejón oscuro.
Al día siguiente nos llevaron el desayuno a la habitación. Yo me tuve que meter en el baño, cual chapero de la calle, para que no me viera el chico, ya que yo esa noche estaba en ese hotel destrangis. Desayunamos en el balcón en plan niños de bien, jajaja. ¡Y menudo desayuno! Ni siquiera lo acabamos. Pensé que en mi noche de bodas desearía estar en un hotel de esas características, con piscina y todo. Dí que allí había una piscina interior con rocas y todo, que la entrada valía 18 euros. Me conformé con la bañera, jeje. Luego yo vagué por Madrid buscando el siguiente hotel en el que nos quedaríamos el sábado por la noche. Hize fotos a tutiplen y me lo tomé con calma. Al final lo encontré. Para hacer tiempo fue a tomar un café a la Cruz Blanca. Como sabía que aquello también lo había aquí, entré. M sentía como un ricachón maduro, allí viendo el periódico, tomando el café y con el cigarrito en la mano. ¡Me encanta Madrid! Llegué al hotal, me duché y fui a comer. Otra vez de nuevo me tomé con otro Burger King, y como había andando mucho sin ver nada a la vista, volví a entrar y allí, más tranquilo, sin apenas nadie dentro, me puse a comer tranquilamente. Luego me fui a dar una vuelta, llegue al Campo del Moro, que es un parque super enorme en el que tiene arriba del todo el edificio del Palacio Real. Estuve allí parte de la tarde. Luego iba a ver el Templo de Debod, pero ya me llamó mi novio y estuvimos por la Puerta del Sol, por los Fnac y el Corte Inglés, por el Congreso de los Diputados, la fuente de Neptuno, el Museo del Prado, la Real Academia de la Lengua... Y a la noche nos fuimos a cenar a un tablao flamenco. Consejo: llevar bien puesta la tarjeta de crédito o llevar la cartera hasta los cojones de billetes. ¡Yo sólo lo digo! Y ahora viene lo más fuerte de todo. Direis: "Madrid es grande". Y sí, lo es, pero el mundo es un pañuelo. Da igual que vayas a la Conchinchina o a Groenlandia: siempre te encuentras a alguien, conocido o no conocido. Había un yonki que nos pedía dinero para el autobús hasta Villalba. Nos dijo que era de Santander y yo, más feliz que una perdiz, dije que nosotros también. Cuando ya soltó que era de mi mismo municipio, ahí ya me callé. Mi novio estaba cagado, jejejeje. Pensaba que nos iba a rajar con el DNI cuando le sacó o algo así. Después de esta odisea drogadicta, llegamos al hotel exhaustos. La cama era super dura, con un colchón con muelles y almohadas de pichiglas. Pasamos del lujo y el glamour, al motel de "El resplandor".

Al día siguiente fuimos a dar una vuelta a Chueca, que estaba tranquilo. ¡Me encantó! Es un barrio "pobre", pero con mucha cultura gay. Después ya pillamos el metro y fuimos a buscar el coche. Comimos en un Corte Inglés de las afueras de Madrid, paramos cerca de Burgos a tomar algo y en poquitas horas ya estábamos en Cantabria.