ETERNIDADES DE UN PITUFO AZUL
Este blog no es para que tú lo leas, sino para que yo lo escriba
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Necesito volver a retomar el blog, así que aquí vuelvo... dispuesto a dar guerra de nuevo.
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¿LA GENTE ESCUCHA?
Eso es: ¿La gente escucha cuándo yo hablo? En mi trabajo, si la peña no escucha, lo lleva ya jodido. Ahí es cuando entra la teoría y la verdad que dice que la gente sólo escucha lo que la interesa. Cuando empezé a trabajar en el 1004 y la peña me decía señorita, me chinaba la ostia. Una vez llegué casi a gritar: "¡Oiga, que soy un niño!", y mi compañera se meaba de risa. Con el paso de los días ya me importaba tres cojones cómo me llamaran. Y hoy ha sido la caña de España. A media tarde me llama una chica extranjera. Todo iba bien hasta que me pregunta mi nombre.
- Javier - digo.
- ¿Isabel?
Y salto yo:
- No, Isabel, no: Javier.
Bueno, Silvia y Mónica, una a cada lado mío, se me quedaron mirando y se descojonaban. Yo allí plantado esperando a que la otra dijera algo, conteniéndome la risa.
Luego llama otra tía y seguía con lo mismo. Al menos a esta la dije mi nombre, y durante el tiempo que estuvimos hablando me trató como tenía que hacerlo. La reostia fue cuando, al despedirse, me dice:
- Bueno, niña, gracias por todo.
Me callé. Si hubiera dicho lo que realmente se me pasó por la cabeza, voy a la puta calle de corrida, jaja.
Y anoche repitiendo mi nombre y apellidos muy lentamente, porque tenía a un medio ruso hablando por la línea. Me dice mi compañera mientras hablaba con él:
- Javier Gutiérrez, acabado en Z.
Y yo:
- Eso es, señor, Javier Gutiérrez, acabado en Z.
¡Que risas!
No