ETERNIDADES DE UN PITUFO AZUL
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Necesito volver a retomar el blog, así que aquí vuelvo... dispuesto a dar guerra de nuevo.
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CRÓNICA DE VALLADOLID
Este finde hemos estado en Valladolid. Mucho sol y un calor insoportable. Lo mejor de la ciudad es la zona vieja. Iglesias imponentes, muchos puentes, jardines, la playa artificial (demasiado cutre)... También fue una odisea para encontrar una Caixa. El hotel era un lujazo. La noche del viernes estuvimos en un restaurante italiano y nos mamamos bebiendo vino mientras comíamos una ensalada y una pizza riquísimas. Luego de fies por la ciudad: al ambiente. No recuerdo el nombre del bar, pero sé que tenía dos plantas, unos baños de estación de autobús en los que abundaba la mierda y unos guiris que intentaban ligar con mi novio porque era el que entendía inglés. Nos querían invitar a los dos a una copa. Les dijimos que no. Además, mi novio a la mañana siguiente tenía una reunión de trabajo; pero, eso sí, el cubata de cacique cola no faltó. Al final, como veían que no les hacíamos caso, se pusieron a hablar con otros tíos que estaban en el bar. Ahh, y también la lesbiana gótica con cara de Gabino Diego. ¡Impresionante! También otra que quería saber qué íbamos a hacer después. Vamos, que éramos carne fresca en la ciudad vallisoletana.

Una vez en casa, salimos por Santander a unas casetas que había en el centro en las que había pinchos, bebidas, música. Cuando íbamos al coche nos empezó a llover y, entre el cansancio del viaje, de que yo había estado toda la puñetera mañana dando vueltas por Valladolid, haciendo fotos, vídeos chorras en los que la gente me miraba entre asustada y asombrada y el calor que tenía porque teníamos el coche en el quinto culo, pensé que acabaría cogiendo la gripe A.

Y hoy ha sido tranquilito. Nos levantamos y estuvimos viendo en la tele la película de Chocolat. Una monada de film.

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