PM Confidential
Vida y obra de un chico gay en una olvidada isla mediterránea.
Acerca de Akira
Un chico aparentemente fuerte y seguro de sí mismo, lo cual es simplemente una coraza contra la hostilidad del mundo que le rodea. Tras ella, se oculta su pequeño corazón palpitante, que busca el amor intermitentemente, pero prefiere no encontrarlo de momento. Comentarios, sugerencias, propuestas de matrimonio, etc: pmconfidential[ARROBA] hotmail.com
Sindicación
 
He vuelto
La verdad es que no sé que escribir, así que empezaré por el principio.

Volví hace aproximadamente una semana de viaje. Estuve diez días fuera. El lugar es un misterio para ti, y la gente con la que me fui tambien. Es lo que tiene vivir en un pueblo disfrazado de ciudad, que todo de sabe y uno debe ser cauto para preservar su pequeño reducto de psicoterapia y autoconfesión.

El caso es que volví a esta, mi tierra, y me encontré con un calor intenso, muy intenso, demasiado intenso diria yo. Guiris tostándose al sol, el rey veraneando como de costumbre con las molestias que eso acarrea a la pobre gente que vive aquí (porque sí, las hay, no podemos pasarnos el dia de regatas, comiendo langosta en lugares caros y bebiendo champagne francés), pero almenos me he quitado de la cabeza un par de cosas.

Estos días de viaje me he dado cuenta de que doy una importancia excesiva a ciertas cosas. Será la paranoia, creo que soy algo paranoico y creo que es algo que viene de familia. Lucho por controlarlo pero a veces me supera... y me gustaría cambiar.

Hablando hace tiempo con una amiga, hablabamos de eso, del cambio. Ella postula que la gente puede cambiar si se lo propone, incluso en la edad adulta. De hecho todos cambiamos con los años. Lo que le replicaba yo era si era posible cambiar ciertas cosas, como una educación católica de trasfondo. Es algo que te inculcan desde niño, durante muchos años. ¿Es realmente posible deshacerse de algo tan profundo? La conversación me hizo pensar... ¿tendrá ella razón? ¿Podemos cambiar, cambiar cualquier cosa?

Pongamos que ahora se me aparece un pequeño duende y me dice... bueno, de pequeño nada, yo quiero un tio macizo semidesnudo de piel verdosa y ojos amarillos en boxers ajustados y cuerpo de gimnasio... ejem, digamos que el susodicho duende me dijera...

Akira, majo, pideme qué quieres cambiar de tí mismo y te lo concederé

Podrían pasarse muchas cosas por mi cabeza. Descartemos el físico, hay muchas cosas de mi físico que me gustaría cambiar pero creo que ninguna de ellas merece la pena, y en general el gimnasio hará el resto. Así que centrémonos en mi sórdida mente.

En primer lugar me gustaría ser una persona más alegre. Admiro a esa gente que es como un manantial inagotable de alegría y optimismo. A mi siempre me ha costado ser así. Es cierto que doy esa impresión cuando estoy con la gente. El otro día me dijo un amigo que parecía siempre contento... y nada más lejos de la realidad. Será que me siento vivo cuando estoy en compañía de mis amigos, o de gente con la que lo paso bien. Pero con mi familia, por ejemplo, no me pasa siempre. Diría que es algo raro, especialmente con mis padres, que esté con ellos y me sienta así de bien.

En segundo lugar me gustaría no ser tan paranoico, no dar tanta importancia a las cosas pequeñas. Es cierto que eso hace que, por ejemplo, a la hora de trabajar cuide los pequeños detalles, es decir, me hace perfeccionista, pero también es una carga que hay que soportar, una especie de corsé mental que te impide dejar las cosas en paz cuando están bien hechas. A veces, me gustaría tener un interruptor para eso y... simplemente... apagarlo.

En tercer lugar me gustaría saber expresarme mejor. Hoy he vuelto a leer algunos blogs y me he quedado boquiabierto al ver la habilidad que tienen algunos para expresar sus sentimientos. Yo soy de ciencias, y me cuesta expresar esa parte de mí que no se puede plasmar en números ni en tablas.

Finalmente, me gustaría ser más extrovertido. A veces tengo la oportunidad de decir algo, saludar, hacer un comentario para romper el hielo pero no lo hago. Me siento más cómodo con el hielo de pormedio, es para mí como una barrera de protección que me separa de la gente, más concretamente del daño que puede causarme la gente. A lo largo de la vida me han hecho mucho daño sin razón aparente. Podría decir que es culpa mía por ser así, por ser sensible, pero no es cierto. Pero tampoco puedo quejarme, el mundo es un lugar muy hostil y podría haber sido peor. Sólo espero haber aprendido de todas las heridas y cicatrices mentales que tengo, he tenido y tendré, y hacerme un poquito más fuerte cada día.

Yo, como Amanuense, odio un poquito el verano. Cada año un poquito más. Odio que la gente me diga lo blanco que estoy, pues no me gusta tomar el sol ni me gusta quemarme. Odio las aglomeraciones, y no entiendo qué manía tiene la gente de apiñarse. Odio el calor que no me deja dormir y me pone de mala leche, de más mala leche si cabe de lo que es habitual. Odio estar encerrado en casa hasta que decae el sol, porque me aburro y termino jugando a videojuegos que hacía un año que no tocaba. Así que, quizás, también debería pedirle al duendecillo que cambiara eso... que hiciera que me gustara el verano.

Pero si lo hiciera, si ese duendecillo hiciera todo eso, quizás no sería yo. Sería un remake de mi mismo, perdería mi esencia, lo que me hace único, lo que hace que algunos me odien y otros me amen, lo mismo que hace esté escribiendo en este trocito de mí mismo que es mi blog y no esté en otro lugar, tomando cervezas y emborrachándome.

Aunque no estaría mal cambiar un poco... aunque solo fuera un poco, no crees... si fuera posible como dijo ella. Quien sabe si lo conseguiré.

Etiquetas: