Don't know what to do
Vale, hasta ahora creía que lo había visto o experimentado (casi) todo lo más fuerte que con mi edad me puede pasar. Pues no, no es así. Pero antes de nada, empecemos por el viaje a Valencia de la semana pasada.
Ante todo, me gustaría pediros disculpas a quienes más-o-menos-seguís el blog porque he estado un poco ocupadillo y no he podido actualizar. El jueves por la noche (23:30h) salimos de aquí. Lo más gracioso que me pasó antes de salir fue una chorrada pero curiosa. Me acuerdo de que Pablo el día que nos fuimos a Francia dijo exactamente lo mismo que exclamé yo tras ver que mi padre conocía a más gente que yo en el aparcamiento del instituto: “Joder, si mi padre conoce a más gente que yo”. La mención “honorífica y excepcional” que he hecho de Pablo la he puesto por el mero hecho de que nos sucediera exactamente lo mismo.
Los días transcurrieron con muchísima velocidad aunque en ocasiones notaba cierta lentitud, pues me faltaban los míos de verdad. Me lo pasé en grande. El primer día hicimos una visita a la ciudad de Valencia. En mi opinión es una ciudad preciosa, pero sobre todo la parte moderna, lo clásico no me gusta demasiado. La guía parecía muy simpática (y lo digo porque me apetece, me da igual que sea un dato totalmente irrelevante de mi viaje) y yo creo que el conductor y ella tuvieron algo por ahí… ¿eh? Jaja. Cuando llegamos a Gandía estuvimos la mayor parte del tiempo en la playa, donde a pesar de divertirme mucho hubiera querido irme de compras.
Cenamos. Más tarde salimos a dar una vuelta por la playa, recogí gracias a la ayuda de mis amigos un balón de fútbol que estaba en una palmera, me hice muchas fotos por la noche en la arena… y regresamos al hotel porque todavía no estábamos muy enterados de cuáles y dónde estaban los mejores bares de fiesta de la zona. Estuvimos de “pachanguita” en el hotel hasta las cuatro de la mañana o algo así y nos dormimos. Hay algo que fue genial y que sin eso el viaje no hubiera tenido el mismo sentido, las llamadas telefónicas con la gente de Salamanca y Extremadura en las que yo participé más que activamente. La palabra que puede definir dichas conversaciones es “puteo”. Cada vez que llamaban yo era un tío diferente y fui un poco cabrón porque les di a algunas el móvil de mis compañeros de habitación, pero nada que un “ui, no me di cuenta” no pudiera arreglar.
El día siguiente sí que fue algo más ajetreado. Después de desayunar (y desayunar en buffet libre que para mí fue libre, libre…) fuimos al Museo de las Artes y las Ciencias. En realidad fuimos solo al de las ciencias porque es el único que está abierto. Estuvo bien salvo porque perdí a mis compañeros durante una hora y yo tuve que salir al recinto exterior a ver si los veía, pero no, no estaban y para colmo no tenía la entrada para volver a entrar porque me estaban guardando la cazadora con todo… En fin, que una hora más tarde los encontré.
Sobre las dos de la tarde fuimos a comer los rancios e insípidos bocadillos que nos había preparado el hotel (aunque los rellenamos con algunas lonchas de jamón que teníamos por ahí) y nos fuimos al centro comercial de enfrente de dicho edificio tan genial. Allí hice dos compras en veinte minutos: unas gafas VOGUE y una camiseta amarilla preciosa de PEPE JEANS. Luego fuimos al L’Oceanografic (que está bastante bien, también) y en el cine mis amigos se durmieron viendo la película que se proyectaba en ese momento. ¡¡Joder!! Vale, la película era un poco aburrida, pero ¿dormirse en el cine? No sé…
Esa noche ya salimos de fiesta. Ahí es donde empezó el estrés. Por cierto, vimos pululando por ahí a los chulitos de los salmantinos vecinos de hotel. Hablaba hace una frase de estrés por la cantidad de tíos buenos, macizos, potentorros… (Llamadlo como queráis) que había en esos bares. Tanta carne y tan poca disponible. Había alguno por ahí que me miraba pero nada que destacar. El sábado por la noche fue el único día que bebí una copa (porque desde ahora voy a beber menos (casi nada o nada) y no comer ni una gominota más). La noche “acabó” cosa de las cinco de la mañana con risas, llamadas…
El día siguiente se presentó normal. Fuimos a Terra Mítica (donde no nos pudimos montar en las mejores atracciones “por las fuertes ventiscas”) y nos aburrimos… bastante… Llegamos al hotel, me bañé (y fue algo que impresionó un poco a la gente, me hicieron fotos y todo… :D:D con espuma, claro..) y acto seguido bajamos a cenar. Por la noche salimos de fiesta también pero ya fue el colmo de los colmos. ¿Por qué en todos los lugares a los que voy siempre tiene que haber algún camarero buenorro? Me estresa. Lo típico, coincidimos mirándonos y ni él me dice nada ni yo le digo nada a él. Había justo en frente de nosotros un chaval bailando con otro tío. El chaval llevaba… atención… MI CAMISETA DE PEPE JEANS EN AMARILLA TAMBIÉN… y bailaba con un tío. Mis amigas todas locas diciendo que era gay… posiblemente, pero ese ya estaba cogido. Si me aburrí un poco en el viaje a veces no sería cuando bailábamos como perras (en sentido figurado, claro) en las barras americanas del garito donde nos metimos. Y sí, me sentí halagado cuando me dijeron que bailaba genial. :D.
El día siguiente lo pasamos aburridos en el hotel porque había marea roja y precisamente, los valencianos tuvieron la… maravillosa idea de hacer festivo el único día que teníamos libre entero para hacer lo que quisiéramos (ir de compras, claro) pero nada, nos quedamos aburridos hasta que nos fuimos a las tres de la tarde. En el viaje de vuelta, estaba un poco triste… lloré un poco en alguna ocasión…
**
Antes de irme de viaje yo había mejorado mi relación con un chaval catalán llamado Jose. El chaval en cuestión acababa de ser víctima de una “gran putada”. El día que yo partía en dirección a Valencia, él conocería a su amor internauta (un chaval que está en la sección de guapos de chueca y que… efectivamente, es guapo) pero no fue. El chaval tocó fondo por enésima vez en su vida y yo no estaba ahí para ayudarle. Intenté apoyarle lo más posible e incluso yo estuve mal durante algún tiempo porque me sentía fatal por lo que le había pasado. Cuando volví de mi viaje empecé a apoyarle más y más. Era una ayuda sincera, quería ayudarle. Con el paso de los días (pocos, de hecho) él empezó a estar algo mejor gracias a mis ánimos supongo y ambos empezamos a sentir cierta simpatía el uno por el otro. Él me dijo “te quiero” y yo le dije “yo también”. Era totalmente cierto, le quería, y le quiero muchísimo. Se ha convertido en poquísimo tiempo en una persona muy especial, un muy buen amigo.
A veces le digo que espero que ese cariño no vaya a más (que no se enamore de mí) porque yo, por ejemplo, no podría soportarlo y porque tenía miedo de que me pasara lo que pasó las únicas dos veces anteriores (que más tarde comentaré). Él me dijo que yo era su chico ideal, que siempre había querido tener alguien como a su lado pero que, como siempre, estaba lejos. Ha prometido venir a verme y me pregunta que por qué le digo las cosas que le digo y le trato como le trato y luego le pido que no se enamore de mí. La respuesta es fácil, no quiero que sufra por mí. Cuando venga, si lo hace, y pasa algo sería maravilloso pero sería algo que se quedaría encerrado en las puertas de esta románica ciudad. Es mejor que si pasa algo sea aquí. Yo quiero quererle solo como amigo, solo como amigo. No quiero volver a sufrir por no tener a la persona que amo a mi lado, esta vez no. Pero no lo sé, no sé como explicárselo antes de que sea demasiado tarde y ambos sintamos algo demasiado especial como para poder cambiar las cosas a tiempo. Él cree que al decirle que no se enamore de mí, que quizá me engañe a mi mismo para no hacerle daño le estaría demostrando lo mismo que los demás, pero ha de entender que no es así, que yo lo apoyaré hasta el final.
Es un chico magnífico, excelente y sin embargo, se ha llevado casi todos los palos que la vida te puede haber dado con esa edad. No lo acabo de entender. Además, ¡es guapísimo! ¿Qué hago? ¡DIOS! Tengo la cabeza hecha un lío, pero, por otro lado, tengo las cosas tan claras…
Mañana he quedado con el chaval de aquí. Diría fijo pero creo que es más prudente decir “casi seguro que nos vamos a liar”. A mí el tío me gusta bastante y le he dejado claro que no es mi tipo de tío, que me pone, que me gustaría tener un rollo a lo guay con él (de buen rollito) y ya está. Mañana iremos a dar una vuelta en su coche…

Empezaba este post diciendo que creía que lo había visto todo pero, como también plasmé en muchas líneas más arriba, no era así. ¿Cómo puedo ligar con tantos tíos? (porque me falta por nombrar mi amigo el otro catalán, el que vive en una ciudad cercana a la mía y al que casi voy a ver. (No lo hice porque no pude pero me hubiera gustado ir. Casi inevitablemente, hubiera pasado algo)). ¿Cómo puedo ser así con quince años? Aquí debe de haber gato encerrado…
Por otra parte, me gustaría hablar un poquillo del único chico al que he conocido en persona en plan un poco serio. Él vive en Madrid, tiene 24 años y parecía que me gustaba. Si hay algo que hace mi subconsciente es autoengañarse para no herir a los demás. Cuando vi una foto suya pensé “joder, qué bueno está este” pero luego, poco a poco, me fui dando cuenta de que para nada era así. No quería que él sufriera así que de algún modo me fui enamorando de él. Bastantes días más tarde empecé a dudar de mi amor por él, no sabía nada, ni que sentía, ni que pensaba ni que quería… así que decidí ir a verlo a Madrid. Me “escapé” de casa durante todo el día para ir a verlo. Cuando llegué a la estación… ¡¡SORPRESA!! ¡¡¡¡No estaba!!!! Fui desde Conde de Casal hasta Gran Vía andando (porque dudaba de mi capacidad de ir en metro) y tardé una hora. Comí solo y cuando estaba paseando tan tranquilo por Fuencarral (calle en la que vi a uno de los tíos más buenorros del mundo con una camiseta amarilla de D&G) me llamó para decirme que estaba exactamente en la entrada de la calle. A mí, sinceramente, no me importó demasiado que no hubiera ido porque ¡Estaba en Madrid, la ciudad de mis mini-sueños (porque la de los sueños es NYC)! Lo recibí con un abrazo seco, era como sentía ese abrazo y estuvimos un rato hablando. Evidentemente, como yo ya temía saber, no me gustaba NADA. Es decir, que por ser diferente a como me gustan los tíos, era casi todo lo contrario a lo que me gusta. Me despedí con un aún más seco beso en la mejilla y un “hasta pronto” despidió el asunto.
Cuando llegué a casa mi hermana sospechaba algo y acabé contándole que había sido un tío de 20 años que había venido a verme a mí aquí. Mi madre me soltó lo de “Hugo, a veces una parece que se hace la tonta pero no es tonta” con lo que podría llegar a la conclusión (y no me importa) de que toda mi familia sabe que me gustan los chicos (la cercana digo). Hace poco dejé de pertenecer a su vida (y yo a la suya) tras decirle que era un pesado y que quería que me olvidara de una vez.
Conclusión: Había hecho engañarme a mí mismo para no hacerle daño.
Jose es un buen chaval, espero que entienda lo que quiero decir.
Muchas gracias por leer este post tan gigante. Tenía que contar todo esto desde hace un tiempo. Muchos besos

Pd – Por favor, animad al Canalla y al escritor de Proud (ambos enlaces están en mi blog) para que sigan con sus respectivos blogs.
Pd – Dios… no sé qué hacer.
Ante todo, me gustaría pediros disculpas a quienes más-o-menos-seguís el blog porque he estado un poco ocupadillo y no he podido actualizar. El jueves por la noche (23:30h) salimos de aquí. Lo más gracioso que me pasó antes de salir fue una chorrada pero curiosa. Me acuerdo de que Pablo el día que nos fuimos a Francia dijo exactamente lo mismo que exclamé yo tras ver que mi padre conocía a más gente que yo en el aparcamiento del instituto: “Joder, si mi padre conoce a más gente que yo”. La mención “honorífica y excepcional” que he hecho de Pablo la he puesto por el mero hecho de que nos sucediera exactamente lo mismo.
Los días transcurrieron con muchísima velocidad aunque en ocasiones notaba cierta lentitud, pues me faltaban los míos de verdad. Me lo pasé en grande. El primer día hicimos una visita a la ciudad de Valencia. En mi opinión es una ciudad preciosa, pero sobre todo la parte moderna, lo clásico no me gusta demasiado. La guía parecía muy simpática (y lo digo porque me apetece, me da igual que sea un dato totalmente irrelevante de mi viaje) y yo creo que el conductor y ella tuvieron algo por ahí… ¿eh? Jaja. Cuando llegamos a Gandía estuvimos la mayor parte del tiempo en la playa, donde a pesar de divertirme mucho hubiera querido irme de compras.
Cenamos. Más tarde salimos a dar una vuelta por la playa, recogí gracias a la ayuda de mis amigos un balón de fútbol que estaba en una palmera, me hice muchas fotos por la noche en la arena… y regresamos al hotel porque todavía no estábamos muy enterados de cuáles y dónde estaban los mejores bares de fiesta de la zona. Estuvimos de “pachanguita” en el hotel hasta las cuatro de la mañana o algo así y nos dormimos. Hay algo que fue genial y que sin eso el viaje no hubiera tenido el mismo sentido, las llamadas telefónicas con la gente de Salamanca y Extremadura en las que yo participé más que activamente. La palabra que puede definir dichas conversaciones es “puteo”. Cada vez que llamaban yo era un tío diferente y fui un poco cabrón porque les di a algunas el móvil de mis compañeros de habitación, pero nada que un “ui, no me di cuenta” no pudiera arreglar.
El día siguiente sí que fue algo más ajetreado. Después de desayunar (y desayunar en buffet libre que para mí fue libre, libre…) fuimos al Museo de las Artes y las Ciencias. En realidad fuimos solo al de las ciencias porque es el único que está abierto. Estuvo bien salvo porque perdí a mis compañeros durante una hora y yo tuve que salir al recinto exterior a ver si los veía, pero no, no estaban y para colmo no tenía la entrada para volver a entrar porque me estaban guardando la cazadora con todo… En fin, que una hora más tarde los encontré.
Sobre las dos de la tarde fuimos a comer los rancios e insípidos bocadillos que nos había preparado el hotel (aunque los rellenamos con algunas lonchas de jamón que teníamos por ahí) y nos fuimos al centro comercial de enfrente de dicho edificio tan genial. Allí hice dos compras en veinte minutos: unas gafas VOGUE y una camiseta amarilla preciosa de PEPE JEANS. Luego fuimos al L’Oceanografic (que está bastante bien, también) y en el cine mis amigos se durmieron viendo la película que se proyectaba en ese momento. ¡¡Joder!! Vale, la película era un poco aburrida, pero ¿dormirse en el cine? No sé…
Esa noche ya salimos de fiesta. Ahí es donde empezó el estrés. Por cierto, vimos pululando por ahí a los chulitos de los salmantinos vecinos de hotel. Hablaba hace una frase de estrés por la cantidad de tíos buenos, macizos, potentorros… (Llamadlo como queráis) que había en esos bares. Tanta carne y tan poca disponible. Había alguno por ahí que me miraba pero nada que destacar. El sábado por la noche fue el único día que bebí una copa (porque desde ahora voy a beber menos (casi nada o nada) y no comer ni una gominota más). La noche “acabó” cosa de las cinco de la mañana con risas, llamadas…
El día siguiente se presentó normal. Fuimos a Terra Mítica (donde no nos pudimos montar en las mejores atracciones “por las fuertes ventiscas”) y nos aburrimos… bastante… Llegamos al hotel, me bañé (y fue algo que impresionó un poco a la gente, me hicieron fotos y todo… :D:D con espuma, claro..) y acto seguido bajamos a cenar. Por la noche salimos de fiesta también pero ya fue el colmo de los colmos. ¿Por qué en todos los lugares a los que voy siempre tiene que haber algún camarero buenorro? Me estresa. Lo típico, coincidimos mirándonos y ni él me dice nada ni yo le digo nada a él. Había justo en frente de nosotros un chaval bailando con otro tío. El chaval llevaba… atención… MI CAMISETA DE PEPE JEANS EN AMARILLA TAMBIÉN… y bailaba con un tío. Mis amigas todas locas diciendo que era gay… posiblemente, pero ese ya estaba cogido. Si me aburrí un poco en el viaje a veces no sería cuando bailábamos como perras (en sentido figurado, claro) en las barras americanas del garito donde nos metimos. Y sí, me sentí halagado cuando me dijeron que bailaba genial. :D.
El día siguiente lo pasamos aburridos en el hotel porque había marea roja y precisamente, los valencianos tuvieron la… maravillosa idea de hacer festivo el único día que teníamos libre entero para hacer lo que quisiéramos (ir de compras, claro) pero nada, nos quedamos aburridos hasta que nos fuimos a las tres de la tarde. En el viaje de vuelta, estaba un poco triste… lloré un poco en alguna ocasión…
**
Antes de irme de viaje yo había mejorado mi relación con un chaval catalán llamado Jose. El chaval en cuestión acababa de ser víctima de una “gran putada”. El día que yo partía en dirección a Valencia, él conocería a su amor internauta (un chaval que está en la sección de guapos de chueca y que… efectivamente, es guapo) pero no fue. El chaval tocó fondo por enésima vez en su vida y yo no estaba ahí para ayudarle. Intenté apoyarle lo más posible e incluso yo estuve mal durante algún tiempo porque me sentía fatal por lo que le había pasado. Cuando volví de mi viaje empecé a apoyarle más y más. Era una ayuda sincera, quería ayudarle. Con el paso de los días (pocos, de hecho) él empezó a estar algo mejor gracias a mis ánimos supongo y ambos empezamos a sentir cierta simpatía el uno por el otro. Él me dijo “te quiero” y yo le dije “yo también”. Era totalmente cierto, le quería, y le quiero muchísimo. Se ha convertido en poquísimo tiempo en una persona muy especial, un muy buen amigo.
A veces le digo que espero que ese cariño no vaya a más (que no se enamore de mí) porque yo, por ejemplo, no podría soportarlo y porque tenía miedo de que me pasara lo que pasó las únicas dos veces anteriores (que más tarde comentaré). Él me dijo que yo era su chico ideal, que siempre había querido tener alguien como a su lado pero que, como siempre, estaba lejos. Ha prometido venir a verme y me pregunta que por qué le digo las cosas que le digo y le trato como le trato y luego le pido que no se enamore de mí. La respuesta es fácil, no quiero que sufra por mí. Cuando venga, si lo hace, y pasa algo sería maravilloso pero sería algo que se quedaría encerrado en las puertas de esta románica ciudad. Es mejor que si pasa algo sea aquí. Yo quiero quererle solo como amigo, solo como amigo. No quiero volver a sufrir por no tener a la persona que amo a mi lado, esta vez no. Pero no lo sé, no sé como explicárselo antes de que sea demasiado tarde y ambos sintamos algo demasiado especial como para poder cambiar las cosas a tiempo. Él cree que al decirle que no se enamore de mí, que quizá me engañe a mi mismo para no hacerle daño le estaría demostrando lo mismo que los demás, pero ha de entender que no es así, que yo lo apoyaré hasta el final.
Es un chico magnífico, excelente y sin embargo, se ha llevado casi todos los palos que la vida te puede haber dado con esa edad. No lo acabo de entender. Además, ¡es guapísimo! ¿Qué hago? ¡DIOS! Tengo la cabeza hecha un lío, pero, por otro lado, tengo las cosas tan claras…
Mañana he quedado con el chaval de aquí. Diría fijo pero creo que es más prudente decir “casi seguro que nos vamos a liar”. A mí el tío me gusta bastante y le he dejado claro que no es mi tipo de tío, que me pone, que me gustaría tener un rollo a lo guay con él (de buen rollito) y ya está. Mañana iremos a dar una vuelta en su coche…

Empezaba este post diciendo que creía que lo había visto todo pero, como también plasmé en muchas líneas más arriba, no era así. ¿Cómo puedo ligar con tantos tíos? (porque me falta por nombrar mi amigo el otro catalán, el que vive en una ciudad cercana a la mía y al que casi voy a ver. (No lo hice porque no pude pero me hubiera gustado ir. Casi inevitablemente, hubiera pasado algo)). ¿Cómo puedo ser así con quince años? Aquí debe de haber gato encerrado…
Por otra parte, me gustaría hablar un poquillo del único chico al que he conocido en persona en plan un poco serio. Él vive en Madrid, tiene 24 años y parecía que me gustaba. Si hay algo que hace mi subconsciente es autoengañarse para no herir a los demás. Cuando vi una foto suya pensé “joder, qué bueno está este” pero luego, poco a poco, me fui dando cuenta de que para nada era así. No quería que él sufriera así que de algún modo me fui enamorando de él. Bastantes días más tarde empecé a dudar de mi amor por él, no sabía nada, ni que sentía, ni que pensaba ni que quería… así que decidí ir a verlo a Madrid. Me “escapé” de casa durante todo el día para ir a verlo. Cuando llegué a la estación… ¡¡SORPRESA!! ¡¡¡¡No estaba!!!! Fui desde Conde de Casal hasta Gran Vía andando (porque dudaba de mi capacidad de ir en metro) y tardé una hora. Comí solo y cuando estaba paseando tan tranquilo por Fuencarral (calle en la que vi a uno de los tíos más buenorros del mundo con una camiseta amarilla de D&G) me llamó para decirme que estaba exactamente en la entrada de la calle. A mí, sinceramente, no me importó demasiado que no hubiera ido porque ¡Estaba en Madrid, la ciudad de mis mini-sueños (porque la de los sueños es NYC)! Lo recibí con un abrazo seco, era como sentía ese abrazo y estuvimos un rato hablando. Evidentemente, como yo ya temía saber, no me gustaba NADA. Es decir, que por ser diferente a como me gustan los tíos, era casi todo lo contrario a lo que me gusta. Me despedí con un aún más seco beso en la mejilla y un “hasta pronto” despidió el asunto.
Cuando llegué a casa mi hermana sospechaba algo y acabé contándole que había sido un tío de 20 años que había venido a verme a mí aquí. Mi madre me soltó lo de “Hugo, a veces una parece que se hace la tonta pero no es tonta” con lo que podría llegar a la conclusión (y no me importa) de que toda mi familia sabe que me gustan los chicos (la cercana digo). Hace poco dejé de pertenecer a su vida (y yo a la suya) tras decirle que era un pesado y que quería que me olvidara de una vez.
Conclusión: Había hecho engañarme a mí mismo para no hacerle daño.
Jose es un buen chaval, espero que entienda lo que quiero decir.
Muchas gracias por leer este post tan gigante. Tenía que contar todo esto desde hace un tiempo. Muchos besos

Pd – Por favor, animad al Canalla y al escritor de Proud (ambos enlaces están en mi blog) para que sigan con sus respectivos blogs.
Pd – Dios… no sé qué hacer.
Las chicas tintín
No sé muy bien por dónde empezar. De hecho, creo que no tengo nada que decir. Me gustaría hablar de tantas cosas que tengo la impresión de tener demasiadas ideas en la cabeza y ninguna lo suficientemente importante como para desarrollarla.
Alguna vez he oído por ahí, leído en algún sitio e incluso dicho en alguna ocasión que anhelo la existencia de algo que aún no ha pasado. Algún día, algunas de esas cosas que tanto ansío pasarán, pero otras, inevitablemente, no llegarán nunca.
Muchas veces me pregunto el porqué de ser así, el porqué de enfrentarme a todos los obstáculos que poco a poco interpone en mi camino la vida; quizá aceptara demasiado pronto el hecho de que solo me gustaran los chicos y ahora (ese solo) no lo veo tan claro. Me he hecho a la idea demasiado pronto pero solo pienso en chicos, solo me excito cuando pienso y veo chicos… A pesar de todo esto (y como indiscutiblemente debe ser al menos aquí) solo me enrollo con chicas.
Ahora estoy escribiendo esto en mi móvil, esperando en la consulta del alergólogo. Puede parecer patético, de hecho, incluso a mí me lo parece, pero ahora me apetece mucho escribir. Debo hacerlo aunque me cueste, debo admitir que tengo cierta tendencia a convertirme en un individuo hipocondríaco; siempre en alerta ante cualquier indicio que pueda significar una muestra de esas que aparecen en los folletos informativos de que padezco cualquier tipo de enfermedad (sordera, ceguera, alzeimer…). No es un juego, me preocupa que a veces no recuerde palabras muy básicas, o que, como tan a menudo me pasa, no entienda correctamente la mitad de lo que me dicen, en lo que yo creo que influye la discapacidad auditiva de mi padre y a lo que su mujer, o sea, mi madre, responde con un “Es hereditario, pero ya se verá con la edad”. Lo que realmente me molesta es que si lo de mi padre se hubiera descubierto antes, se hubiera podido operar pero ahora ya es demasiado tarde. Mi madre, me respondió tras un largo rato de discusión e intento nulo de convencerla para que me llevara al médico con las palabras que a continuación cito: “Si vamos y resulta que no tienes nada, te meto palos hasta que te mate”… ¿Qué debería pensar?
Este es el único verano que parece que, en caso de tener posibilidades, podría ir a Estados Unidos, y, por fin, cumplir mi sueño, el sueño de mi vida. Mi madre dice que no podemos permitírnoslo en este momento pero no creo que sea del todo cierto. Es cierto que bajo mis padres están las cargas de la hipoteca, el coche (un Mercedes que mi padre compró este verano), los gastos familiares… Sinceramente, yo creo que con bastante esfuerzo podríamos permitírnoslo pero parece ser que el momento en que realice tan deseado viaje está muy lejos aún.
Este jueves por la noche, o sea mañana, nos vamos de viaje por fin a Gandía. Supongo que no va a ser la típica excursión de fin de curso que organizan los típicos freaks de los institutos porque va gente con la que me llevo muy bien y son muy normales. No se si tendré tiempo de contaros cosas cuando esté allí (y espero no tenerlo) así que tened por seguro que cuando regrese de tan esperado viaje os mantendré al día.
Creo que se me pasó comentarlo… Para algunos puede parecer una bobada pero para mí es más como… ¿Un sueño? Hace un tiempo, una semana y media aproximadamente, Pablo me invitó a su barco. Sí, yo también me quedé con la boca abierta al saber que tenía barco, equipo de submarinismo, un jersey de Yves Saint Laurent… en fin, que yo le dije que sí y espero que dicho viaje se efectúe. ¡Pero qué ilusión me haría!
Hablando de Pablo he recordado (y no porque haya tenido cierta relación con el tema) que hace mucho tiempo que no reflexiono sobre algo muy bonito: el amor.
He estado hablando con Enis del Mar y me he dado cuenta de que no sé nada sobre el amor. Quizá ahora esté aprendiendo sobre el sexo y no me quejo pero algún día me gustaría empezar a saber más cosas sobre el amor. A ver, que ya sé que tengo quince años (y en un mes y medio dieciséis) y que ya quedará todo el tiempo del mundo para enamorarme, sentir el amor y todo eso pero yo nunca me he sentido querido por nadie de ese modo. Es cierto que a alguna chica por ahí parece tener una ligerilla obsesión por mi persona pero no es lo mismo cuando tú también sientes algo… ¿Cómo será esa sensación?
Te estaré esperando.
Esperando tu llegada, eternamente
Hasta que por fin decidas aparecer,
Mostrarte cómo eres de verdad.
Es posible que no esté preparado,
Incluso que no sepa ver qué estás allí,
Acurrucado en el más recóndito lugar de mi corazón,
Pero los deseos de que aparecieras se habrán disipado por entonces.
Cuando puedas decírmelo mirándome a los ojos
Para entonces yo ya habré caído en la tentación;
En la tentación de amarte, sentirte, quererte.
Para entonces, yo estaré en algún lugar del mundo contigo
Y en alguno de esos momentos inesperados
En los que las palabras sobran
Podré decirte por fin: Te quiero.
No estaba muy seguro de si debería ponerlo o no pero me ha apetecido escribirlo y tras preguntar a dos personas a las que yo considero especiales, he decidido hacerlo. Así me siento, así pienso; así son las cosas y así se las hemos contado.
Hoy he sentido algo que jamás hubiera pensado que llegaría a sentir a lo largo de mi vida. También es cierto que no estoy demasiado acostumbrado a que la gente (y con esto me refiero a la gente que me conoce) no me elogie por mis nuevos pantalones o por lo bien que salgo en la foto o por lo buen amigo que casi todos ellos me consideran. Me he sentido decepcionado en algo que en absoluto esperaba, el inglés. A veces, me absorbe tanto la lengua inglesa que voy por la calle pensando en inglés o que ciertas palabras (como realise) solo me salen en inglés. Supongo que hasta ahora no he hecho absolutamente nada porque todo me parecía fácil pero ahora, para aprobar cuarto de la EOI (habiendo entrado en tercero el año pasado) tendré que currármelo un poquito. No es el tener que trabajar por mi cuenta lo que me preocupa porque, de hecho, incluso yo veo películas en inglés o leo cosas y libros en inglés sino el hecho de que haya sacado la mísera nota aceptable (y por ende con la que se aprueba) de un 6. Habrá que trabajar.
Para escribir este artículo había pensado en hacer una especie de “carta a Dios”, a un supuesto Dios en el caso de que existiera pero ya era pasarse, ¿no creéis?
Últimamente no sé ni de qué escribir ni qué contar y todo lo que plasmo lo considero una tontería. Tengo ganas de que me pase algo interesante, de tener nuevos temas sobre los que reflexionar, nuevos puntos de vista sobre nuevas noticias… pero todo es igual, de ahí quizá; probablemente algún día todo cambie como ya cambió en su momento.
Para finalizar, creo más que oportuno colocar este vídeo ahora que se ha puesto de moda que (casi) toda España ha visto y al cual yo califico de EXCELENTE. Ya me contaréis.
Muchos besos a todos y este post, por fin, sin postdatas…
Alguna vez he oído por ahí, leído en algún sitio e incluso dicho en alguna ocasión que anhelo la existencia de algo que aún no ha pasado. Algún día, algunas de esas cosas que tanto ansío pasarán, pero otras, inevitablemente, no llegarán nunca.
Muchas veces me pregunto el porqué de ser así, el porqué de enfrentarme a todos los obstáculos que poco a poco interpone en mi camino la vida; quizá aceptara demasiado pronto el hecho de que solo me gustaran los chicos y ahora (ese solo) no lo veo tan claro. Me he hecho a la idea demasiado pronto pero solo pienso en chicos, solo me excito cuando pienso y veo chicos… A pesar de todo esto (y como indiscutiblemente debe ser al menos aquí) solo me enrollo con chicas.
Ahora estoy escribiendo esto en mi móvil, esperando en la consulta del alergólogo. Puede parecer patético, de hecho, incluso a mí me lo parece, pero ahora me apetece mucho escribir. Debo hacerlo aunque me cueste, debo admitir que tengo cierta tendencia a convertirme en un individuo hipocondríaco; siempre en alerta ante cualquier indicio que pueda significar una muestra de esas que aparecen en los folletos informativos de que padezco cualquier tipo de enfermedad (sordera, ceguera, alzeimer…). No es un juego, me preocupa que a veces no recuerde palabras muy básicas, o que, como tan a menudo me pasa, no entienda correctamente la mitad de lo que me dicen, en lo que yo creo que influye la discapacidad auditiva de mi padre y a lo que su mujer, o sea, mi madre, responde con un “Es hereditario, pero ya se verá con la edad”. Lo que realmente me molesta es que si lo de mi padre se hubiera descubierto antes, se hubiera podido operar pero ahora ya es demasiado tarde. Mi madre, me respondió tras un largo rato de discusión e intento nulo de convencerla para que me llevara al médico con las palabras que a continuación cito: “Si vamos y resulta que no tienes nada, te meto palos hasta que te mate”… ¿Qué debería pensar?
Este es el único verano que parece que, en caso de tener posibilidades, podría ir a Estados Unidos, y, por fin, cumplir mi sueño, el sueño de mi vida. Mi madre dice que no podemos permitírnoslo en este momento pero no creo que sea del todo cierto. Es cierto que bajo mis padres están las cargas de la hipoteca, el coche (un Mercedes que mi padre compró este verano), los gastos familiares… Sinceramente, yo creo que con bastante esfuerzo podríamos permitírnoslo pero parece ser que el momento en que realice tan deseado viaje está muy lejos aún.
Este jueves por la noche, o sea mañana, nos vamos de viaje por fin a Gandía. Supongo que no va a ser la típica excursión de fin de curso que organizan los típicos freaks de los institutos porque va gente con la que me llevo muy bien y son muy normales. No se si tendré tiempo de contaros cosas cuando esté allí (y espero no tenerlo) así que tened por seguro que cuando regrese de tan esperado viaje os mantendré al día.
Creo que se me pasó comentarlo… Para algunos puede parecer una bobada pero para mí es más como… ¿Un sueño? Hace un tiempo, una semana y media aproximadamente, Pablo me invitó a su barco. Sí, yo también me quedé con la boca abierta al saber que tenía barco, equipo de submarinismo, un jersey de Yves Saint Laurent… en fin, que yo le dije que sí y espero que dicho viaje se efectúe. ¡Pero qué ilusión me haría!
Hablando de Pablo he recordado (y no porque haya tenido cierta relación con el tema) que hace mucho tiempo que no reflexiono sobre algo muy bonito: el amor.
He estado hablando con Enis del Mar y me he dado cuenta de que no sé nada sobre el amor. Quizá ahora esté aprendiendo sobre el sexo y no me quejo pero algún día me gustaría empezar a saber más cosas sobre el amor. A ver, que ya sé que tengo quince años (y en un mes y medio dieciséis) y que ya quedará todo el tiempo del mundo para enamorarme, sentir el amor y todo eso pero yo nunca me he sentido querido por nadie de ese modo. Es cierto que a alguna chica por ahí parece tener una ligerilla obsesión por mi persona pero no es lo mismo cuando tú también sientes algo… ¿Cómo será esa sensación?
Te estaré esperando.
Esperando tu llegada, eternamente
Hasta que por fin decidas aparecer,
Mostrarte cómo eres de verdad.
Es posible que no esté preparado,
Incluso que no sepa ver qué estás allí,
Acurrucado en el más recóndito lugar de mi corazón,
Pero los deseos de que aparecieras se habrán disipado por entonces.
Cuando puedas decírmelo mirándome a los ojos
Para entonces yo ya habré caído en la tentación;
En la tentación de amarte, sentirte, quererte.
Para entonces, yo estaré en algún lugar del mundo contigo
Y en alguno de esos momentos inesperados
En los que las palabras sobran
Podré decirte por fin: Te quiero.
No estaba muy seguro de si debería ponerlo o no pero me ha apetecido escribirlo y tras preguntar a dos personas a las que yo considero especiales, he decidido hacerlo. Así me siento, así pienso; así son las cosas y así se las hemos contado.
Hoy he sentido algo que jamás hubiera pensado que llegaría a sentir a lo largo de mi vida. También es cierto que no estoy demasiado acostumbrado a que la gente (y con esto me refiero a la gente que me conoce) no me elogie por mis nuevos pantalones o por lo bien que salgo en la foto o por lo buen amigo que casi todos ellos me consideran. Me he sentido decepcionado en algo que en absoluto esperaba, el inglés. A veces, me absorbe tanto la lengua inglesa que voy por la calle pensando en inglés o que ciertas palabras (como realise) solo me salen en inglés. Supongo que hasta ahora no he hecho absolutamente nada porque todo me parecía fácil pero ahora, para aprobar cuarto de la EOI (habiendo entrado en tercero el año pasado) tendré que currármelo un poquito. No es el tener que trabajar por mi cuenta lo que me preocupa porque, de hecho, incluso yo veo películas en inglés o leo cosas y libros en inglés sino el hecho de que haya sacado la mísera nota aceptable (y por ende con la que se aprueba) de un 6. Habrá que trabajar.
Para escribir este artículo había pensado en hacer una especie de “carta a Dios”, a un supuesto Dios en el caso de que existiera pero ya era pasarse, ¿no creéis?
Últimamente no sé ni de qué escribir ni qué contar y todo lo que plasmo lo considero una tontería. Tengo ganas de que me pase algo interesante, de tener nuevos temas sobre los que reflexionar, nuevos puntos de vista sobre nuevas noticias… pero todo es igual, de ahí quizá; probablemente algún día todo cambie como ya cambió en su momento.
Para finalizar, creo más que oportuno colocar este vídeo ahora que se ha puesto de moda que (casi) toda España ha visto y al cual yo califico de EXCELENTE. Ya me contaréis.
Muchos besos a todos y este post, por fin, sin postdatas…
Trying not to be disappointed with myself
Después de noches casi interminables de fiesta desde hace ya una semana, me decido a escribir. Ha sido una semana muy rara, pero ¿Qué no es raro en mi vida (incluyéndome a mí)? No sé, me siento raro. El tema de Pablo está más o menos olvidadillo y además, creo que ya he hablado demasiado de él en el blog.
A mí lo de salir de fiesta me estresa muchísimo. No por el hecho de que, por ejemplo, en Semana Santa no se pueda ni entrar en los bares (porque eso es precisamente lo que me gusta aunque nadie lo entienda) sino porque hay innumerables tíos buenos y ahí es donde entra la frase que digo siempre: “Demasiada carne y demasiada poca para tocar”. Yo soy una persona (y lo digo ahora que lo miro desde “fuera”) totalmente incomprensible. Hace bastante tiempo hubiera dado lo que fuera para liarme con infinidad de gente sin sentir nada pero ahora que he probado lo que es no sentir nada cuando te lías con una chica de la que no conoces ni su nombre (y eso pasó ayer Jueves Santo por la noche) prefiero sentir algo, aunque solo sea interés, como me pasó con la francesita, mi francesita.
Cristina me ha dicho: “cuantas más te comas más prestigio entre tíos, pero cuanto más las escojas, más entre las tías”. Yo lo entiendo pero es que yo creo que cuando te sientes genial es cuando sientes algo por esa persona, no comer por comer. De todos modos, creo que sí sé por qué me lié con esa chica: porque me gusta sentirme deseado, porque me halaga que una chica se fije en mí a pesar de lo que diga la gente. Pero no sentí nada.
Ahora me vuelve a la cabeza el tema de Pablo pero no en relación al amor sino gracias al comentario que Alexander dejó en mi blog en el último post: “Deja que el tema de Pablo se aclare por si sólo, si le presionas más podrás perderlo. Si él realmente quiere probar tus labios te lo hará saber, sino tendrás que conformarte con sus abrazos el resto de tu vida.”. Me ha gustado mucho ese comentario porque me ha hecho ver una vez más que yo ya he jugado mis cartas y si alguien tiene que hacer algo por esto ya no soy yo. Es un chaval excepcional, majísimo y encantador. Es el típico chico del que me enamoraría locamente y precisamente por ser el prototipo de persona que a mí me gusta he sentido algo por él. Me alegra tenerlo como amigo.
Como le he dicho a Cristina (y es algo que no se lo voy a decir a nadie más) me he sentido como muy puto ayer. Yo no quiero liarme con cualquiera pero la gente tampoco es muy diferente a cómo me he sentido yo (porque yo no soy así). Ayer, sobre las 6 de la mañana o así entramos a varios bares donde había gente más mayor que nosotros. Entre esa gente había, cómo no, tíos buenísimos con camisetas ajustadas en la que casi ni les entraban los brazos, chicas arregladísimas con minifaldas y zapatos de tacón… Cuando me quise dar cuenta, los tíos intentaban bailar con las chicas, pero éstas, al ver que no eran demasiado hábiles, bailaban entre sí para poner a los tíos. Ellos estaban cachondísimos, está claro. Yo estaba flipando. Menudo puterío que existe en las noches de fiesta…
Prometo escribir un post un poco más decente lo antes posible porque este no es que sea precisamente muy inspirador. Solo quería manifestar la desilusión que me he llevado al saber que yo también puedo ser un poco puto. Me siento desilusionado conmigo mismo, triste al fin y al cabo.

Pd – Gracias por vuestros comentarios. Esta semana no he tenido mucho tiempo de leer todos vuestros blogs y a ver si a partir de esta que viene me doy un paseo. Muchas gracias. Sea como sea (y si es posible), os guardo en un huequito de mi corazón.
A mí lo de salir de fiesta me estresa muchísimo. No por el hecho de que, por ejemplo, en Semana Santa no se pueda ni entrar en los bares (porque eso es precisamente lo que me gusta aunque nadie lo entienda) sino porque hay innumerables tíos buenos y ahí es donde entra la frase que digo siempre: “Demasiada carne y demasiada poca para tocar”. Yo soy una persona (y lo digo ahora que lo miro desde “fuera”) totalmente incomprensible. Hace bastante tiempo hubiera dado lo que fuera para liarme con infinidad de gente sin sentir nada pero ahora que he probado lo que es no sentir nada cuando te lías con una chica de la que no conoces ni su nombre (y eso pasó ayer Jueves Santo por la noche) prefiero sentir algo, aunque solo sea interés, como me pasó con la francesita, mi francesita.
Cristina me ha dicho: “cuantas más te comas más prestigio entre tíos, pero cuanto más las escojas, más entre las tías”. Yo lo entiendo pero es que yo creo que cuando te sientes genial es cuando sientes algo por esa persona, no comer por comer. De todos modos, creo que sí sé por qué me lié con esa chica: porque me gusta sentirme deseado, porque me halaga que una chica se fije en mí a pesar de lo que diga la gente. Pero no sentí nada.
Ahora me vuelve a la cabeza el tema de Pablo pero no en relación al amor sino gracias al comentario que Alexander dejó en mi blog en el último post: “Deja que el tema de Pablo se aclare por si sólo, si le presionas más podrás perderlo. Si él realmente quiere probar tus labios te lo hará saber, sino tendrás que conformarte con sus abrazos el resto de tu vida.”. Me ha gustado mucho ese comentario porque me ha hecho ver una vez más que yo ya he jugado mis cartas y si alguien tiene que hacer algo por esto ya no soy yo. Es un chaval excepcional, majísimo y encantador. Es el típico chico del que me enamoraría locamente y precisamente por ser el prototipo de persona que a mí me gusta he sentido algo por él. Me alegra tenerlo como amigo.
Como le he dicho a Cristina (y es algo que no se lo voy a decir a nadie más) me he sentido como muy puto ayer. Yo no quiero liarme con cualquiera pero la gente tampoco es muy diferente a cómo me he sentido yo (porque yo no soy así). Ayer, sobre las 6 de la mañana o así entramos a varios bares donde había gente más mayor que nosotros. Entre esa gente había, cómo no, tíos buenísimos con camisetas ajustadas en la que casi ni les entraban los brazos, chicas arregladísimas con minifaldas y zapatos de tacón… Cuando me quise dar cuenta, los tíos intentaban bailar con las chicas, pero éstas, al ver que no eran demasiado hábiles, bailaban entre sí para poner a los tíos. Ellos estaban cachondísimos, está claro. Yo estaba flipando. Menudo puterío que existe en las noches de fiesta…
Prometo escribir un post un poco más decente lo antes posible porque este no es que sea precisamente muy inspirador. Solo quería manifestar la desilusión que me he llevado al saber que yo también puedo ser un poco puto. Me siento desilusionado conmigo mismo, triste al fin y al cabo.

Pd – Gracias por vuestros comentarios. Esta semana no he tenido mucho tiempo de leer todos vuestros blogs y a ver si a partir de esta que viene me doy un paseo. Muchas gracias. Sea como sea (y si es posible), os guardo en un huequito de mi corazón.
I DO not know what is supposed to happen in this what people call life
No sé si debería estar triste o contento y, de hecho, no sé cómo estoy. Quizá me preocupo demasiado por lo que debería ser y no es lo que se supone que es correcto y no. Ayer volví a salir de fiesta con mis amigos y Pablo y nuestro amigo común se apuntó. Creo que debería dejar de hablar tanto de Pablo e intentar olvidarlo aunque sea un poquito. Después de invitarlo a unos chupitos y después de que todos mis amigos decidieran irse yo lo acompañé un ratito en dirección a su casa, la cual estaba semi-opuesta a la dirección de la mía. Por el camino me preguntó sobre las tías (el número) con el que me había enrollado. El me dijo que en el verano le habían pedido quince chicas pero que solo estuvo con seis (número definitivo de chicas hasta el momento con el que había estado). Yo no sabía muy bien qué contestar y le dejé claro que han sido menos de diez y que no me apetecía hablar de ese tema en concreto. No surgía ningún otro tema en particular hasta que empezamos a hablar en clave de mí. Al final, y no tras dejar de insistir, me dijo las cosas claras porque yo ya ni sabía de qué estábamos hablando. Me preguntó: Bueno, ¿Tú lo eres o no lo eres? Le dije la verdad o lo que en este momento parece ser verdad: “Creo que ser una cosa no implica no poder se otra”. Las cosas habían quedado claras. Él, entonces, me preguntó por lo que creía yo que era de lo que estábamos hablando y se lo solté:
“Creía que estábamos hablando de que si creías que era verdad lo que te dije el otro día”.
- “¿Lo es, no?”
- "Yo creo que si te lo he dicho es por algo”.
- “Pues guay”
- “Hasta mañana majete”
- “Hasta mañana tío”
¿Debería estar feliz o no? Las cosas, honestamente, son mejor así. Yo le solté en alguna ocasión “¿Pero qué mas te da si las cosas no van a cambiar?” o cosas como “¿Por qué no me dices de una vez todo lo que piensas y como lo piensas?” a lo que él, sincero, contestó “No quiero hacerte daño y no quiero que te enfades conmigo”. Con lo cual, mis dudas se han disipado pero falta una… ¿Qué es lo que no me quiere decir que me pueda hacer daño? ¿Quizá que se me nota que me gustan los tíos o que me gusta él? ¿Quizá que estoy demasiado pegado a él y que no lo suelto? Ahora ya sé cómo son las cosas y sé también que no llueve a gusto de todos así que me mudaré de sitio a ver si llueve donde quiero. ¿Cómo debería de sentirme? No tengo ni idea y me siento raro. De todos modos, y en el fondo creo que es lo que más vale, tengo su amistad. Supongo que dentro de poco me dará un ataque de esos de liarme con cualquiera para subsanar su pérdida, aunque nunca lo he tenido. ¿Debería preguntarle qué es eso que me puede hacer daño? ¿Qué debería hacer?

****** Actualización ******
He estado hablando con él sobre el tema y me ha dicho que eso que quizá podía hacerme daño era lo que me preguntó y que no, no le molaban los tíos. De todos modos, es un muy buen amigo
“Creía que estábamos hablando de que si creías que era verdad lo que te dije el otro día”.
- “¿Lo es, no?”
- "Yo creo que si te lo he dicho es por algo”.
- “Pues guay”
- “Hasta mañana majete”
- “Hasta mañana tío”
¿Debería estar feliz o no? Las cosas, honestamente, son mejor así. Yo le solté en alguna ocasión “¿Pero qué mas te da si las cosas no van a cambiar?” o cosas como “¿Por qué no me dices de una vez todo lo que piensas y como lo piensas?” a lo que él, sincero, contestó “No quiero hacerte daño y no quiero que te enfades conmigo”. Con lo cual, mis dudas se han disipado pero falta una… ¿Qué es lo que no me quiere decir que me pueda hacer daño? ¿Quizá que se me nota que me gustan los tíos o que me gusta él? ¿Quizá que estoy demasiado pegado a él y que no lo suelto? Ahora ya sé cómo son las cosas y sé también que no llueve a gusto de todos así que me mudaré de sitio a ver si llueve donde quiero. ¿Cómo debería de sentirme? No tengo ni idea y me siento raro. De todos modos, y en el fondo creo que es lo que más vale, tengo su amistad. Supongo que dentro de poco me dará un ataque de esos de liarme con cualquiera para subsanar su pérdida, aunque nunca lo he tenido. ¿Debería preguntarle qué es eso que me puede hacer daño? ¿Qué debería hacer?

****** Actualización ******
He estado hablando con él sobre el tema y me ha dicho que eso que quizá podía hacerme daño era lo que me preguntó y que no, no le molaban los tíos. De todos modos, es un muy buen amigo
Mirando al horizonte pero en realidad mirándote a ti
Hola Pablo,
¿Qué tal estás? Supongo que bien. De todos modos, no hace demasiado tiempo que nos hemos visto así que, como me dijiste cuando te lo pregunté, no te quejarás de nada. Te puede parecer extraño, curioso incluso, que alguien como yo (o que simplemente sea yo) te escriba una carta y la verdad es que yo tampoco sé qué hago escribiéndotela.
He estado pensando en todo… no me resulta nada fácil decirte esto incluso a pesar de ser en formato visual pero me da miedo tener que mirarte a los ojos y ver que ha cambiado la expresión con la que me miras siempre. Hace no demasiado tiempo (dos meses escasos) te dije algo. No tengo ni idea de si fue lo correcto pero hice lo que me mandó mi corazón. Sé que entendías que te pudiese querer o que simplemente sintiera algo por ti pero también sé que no acababas de aceptarlo. De hecho, esa última cosa, la posible no aceptación, me hizo decirte hace unos días que ya había pasado todo, que las cosas volverían a su normalidad, que ya no te quería ni estaba interesado por ti.
Pero lo cierto, lo realmente cierto y lo que nunca voy a poder decirte mirándote a los ojos es que cada día que me levanto, lo hago con la ilusión de que alguna vez, de esas en las que nuestras miradas se cruzan y el tiempo parece pararse durante unos segundos hasta que la situación resulta demasiado incómoda como para permanecer así, esa mirada me quiera decir algo más. No sé, no tengo ni idea de cuánto tiempo voy a poder estar así, sin saber qué es lo que realmente se te pasa por la cabeza, por el corazón pero voy a tener que aguantarme.
Hace como una semana salimos de fiesta una noche. Yo estaba bastante mal y varias personas vinieron a preguntarme qué me pasaba. Tú lo hiciste cinco veces y cada una de ellas me hubiese gustado decirte la verdad, que era por ti por quien estaba así, pero no lo hice. Fuiste muy gentil, me dijiste que si cambiaba de opinión y quería ir a saltar que ya sabía dónde estabas… te tenía muy localizado.
No sé si te diste cuenta, pero el otro día, cuando estábamos viendo la procesión (esa a la que ninguno de los dos le interesaba) me puse detrás de ti para poder mirarte sin que tu lo hicieras. En alguna ocasión la parte trasera de tu cuerpo rozó con mis piernas y en algún momento apoyé mi cabeza en tus hombros y tú ni siquiera te quejabas. Más tarde y no recuerdo muy bien por qué, nuestras manos se tocaron durante unos segundos. Hubiera parecido raro a la gente que dos chavales de tan temprana edad se dieran la mano así que yo la retiré por eso pero no sé por qué lo hiciste tú. Íbamos seis personas en dirección a nuestras casas, pero tú, sin embargo, y con la excusa de que tenías la moto cerca de ahí, viniste por donde nosotros y estuvimos charlando un rato, tú y yo solos. Cuando nos despedimos, te dije donde estaba mi casa, para que supieras que si algún día querías, te apetecía, estarías invitado.
Pablo, no te entiendo, y en ocasiones lloro por no hacerlo. El otro día por la noche, cuando todavía estaban los franceses en España, y tras no intentarlo pocas veces, acabé rodeando con mis brazos y cubriendo con mi boca a una chica francesa, a la que todos (incluido yo) calificaban como la mejor. No creas que fue fácil porque un amigo mío también lo estaba intentando pero al final me sentí deseado porque fui yo a quien ella eligió. Tú intentaste desanimarme momentos antes de que eso pasara porque ella tenía novio a unos 1500 km de aquí y supuestamente perdía el tiempo. Al final de la noche ocurrió algo que supuestamente no debía de ocurrir. Es otra de las cosas que no acabo de entender. Al final de la noche, allá sobre las 3 y media de la mañana te miré a los ojos y vi una expresión triste (a mi parecer) y esos ojos estaban cubiertos por un brillo especial, ese que tienes cuando lloras o intentas hacerlo. Pero quizá fuese del frío o del sueño como tú me dijiste. No quiero pensar que estabas así de raro porque la había besado a ella y no a ti como tú quisieras (y como yo, indiscutiblemente prefería).
Pasaron dos días y la gente seguía hablando de mi triunfo con aquella chica. La verdad es que sí que tenía su mérito pero en el fondo no estaba contento porque no sabía qué quería decir esa mirada del viernes por la noche.
Es posible que me esté preocupando innecesariamente porque tú estarás enamorado de otras chicas o quizá tendrás ganas de ir de putas como alguna vez me has dicho pero, ¡qué quieres que te diga! Me hacía ilusión decirte que cada día que te veo (ya sea en el instituto o por la calle) me muero por decirte lo mucho que te quiero.
He pensado un poquillo también en lo que sucedería si tú me correspondieras (porque no quiero vivir en el sueño de que eso pase). ¿Acaso nos atreveríamos alguno de los dos a demostrarnos públicamente lo que nos queremos? No. De todos modos, a mí me haría mucha ilusión que mi primer beso con un chico fuera contigo, con alguien a quien realmente quiero, contigo.
No creo que te llegue a dar nunca esta carta porque no tendría el valor ni de mirarte a la cara después de hacerlo (porque sabrías todo lo que pasa por mi mente cuando te veo) y porque me sentiría el chico más triste de todo el mundo.
Sin más pretextos, solo quería decirte con esta carta que poco a poco me voy dando más cuenta de cuánto te hecho de menos (por eso anhelo lo que nunca he tenido), de cuánto te quiero por lo que debes saber que si algún día te apetece, podrías decirme cualquier cosa que me hiciera pensar sin dudarlo, que sientes algo por mí.
Muchos besos (o lo que quieras que te dé)
Yo.

¿Qué tal estás? Supongo que bien. De todos modos, no hace demasiado tiempo que nos hemos visto así que, como me dijiste cuando te lo pregunté, no te quejarás de nada. Te puede parecer extraño, curioso incluso, que alguien como yo (o que simplemente sea yo) te escriba una carta y la verdad es que yo tampoco sé qué hago escribiéndotela.
He estado pensando en todo… no me resulta nada fácil decirte esto incluso a pesar de ser en formato visual pero me da miedo tener que mirarte a los ojos y ver que ha cambiado la expresión con la que me miras siempre. Hace no demasiado tiempo (dos meses escasos) te dije algo. No tengo ni idea de si fue lo correcto pero hice lo que me mandó mi corazón. Sé que entendías que te pudiese querer o que simplemente sintiera algo por ti pero también sé que no acababas de aceptarlo. De hecho, esa última cosa, la posible no aceptación, me hizo decirte hace unos días que ya había pasado todo, que las cosas volverían a su normalidad, que ya no te quería ni estaba interesado por ti.
Pero lo cierto, lo realmente cierto y lo que nunca voy a poder decirte mirándote a los ojos es que cada día que me levanto, lo hago con la ilusión de que alguna vez, de esas en las que nuestras miradas se cruzan y el tiempo parece pararse durante unos segundos hasta que la situación resulta demasiado incómoda como para permanecer así, esa mirada me quiera decir algo más. No sé, no tengo ni idea de cuánto tiempo voy a poder estar así, sin saber qué es lo que realmente se te pasa por la cabeza, por el corazón pero voy a tener que aguantarme.
Hace como una semana salimos de fiesta una noche. Yo estaba bastante mal y varias personas vinieron a preguntarme qué me pasaba. Tú lo hiciste cinco veces y cada una de ellas me hubiese gustado decirte la verdad, que era por ti por quien estaba así, pero no lo hice. Fuiste muy gentil, me dijiste que si cambiaba de opinión y quería ir a saltar que ya sabía dónde estabas… te tenía muy localizado.
No sé si te diste cuenta, pero el otro día, cuando estábamos viendo la procesión (esa a la que ninguno de los dos le interesaba) me puse detrás de ti para poder mirarte sin que tu lo hicieras. En alguna ocasión la parte trasera de tu cuerpo rozó con mis piernas y en algún momento apoyé mi cabeza en tus hombros y tú ni siquiera te quejabas. Más tarde y no recuerdo muy bien por qué, nuestras manos se tocaron durante unos segundos. Hubiera parecido raro a la gente que dos chavales de tan temprana edad se dieran la mano así que yo la retiré por eso pero no sé por qué lo hiciste tú. Íbamos seis personas en dirección a nuestras casas, pero tú, sin embargo, y con la excusa de que tenías la moto cerca de ahí, viniste por donde nosotros y estuvimos charlando un rato, tú y yo solos. Cuando nos despedimos, te dije donde estaba mi casa, para que supieras que si algún día querías, te apetecía, estarías invitado.
Pablo, no te entiendo, y en ocasiones lloro por no hacerlo. El otro día por la noche, cuando todavía estaban los franceses en España, y tras no intentarlo pocas veces, acabé rodeando con mis brazos y cubriendo con mi boca a una chica francesa, a la que todos (incluido yo) calificaban como la mejor. No creas que fue fácil porque un amigo mío también lo estaba intentando pero al final me sentí deseado porque fui yo a quien ella eligió. Tú intentaste desanimarme momentos antes de que eso pasara porque ella tenía novio a unos 1500 km de aquí y supuestamente perdía el tiempo. Al final de la noche ocurrió algo que supuestamente no debía de ocurrir. Es otra de las cosas que no acabo de entender. Al final de la noche, allá sobre las 3 y media de la mañana te miré a los ojos y vi una expresión triste (a mi parecer) y esos ojos estaban cubiertos por un brillo especial, ese que tienes cuando lloras o intentas hacerlo. Pero quizá fuese del frío o del sueño como tú me dijiste. No quiero pensar que estabas así de raro porque la había besado a ella y no a ti como tú quisieras (y como yo, indiscutiblemente prefería).
Pasaron dos días y la gente seguía hablando de mi triunfo con aquella chica. La verdad es que sí que tenía su mérito pero en el fondo no estaba contento porque no sabía qué quería decir esa mirada del viernes por la noche.
Es posible que me esté preocupando innecesariamente porque tú estarás enamorado de otras chicas o quizá tendrás ganas de ir de putas como alguna vez me has dicho pero, ¡qué quieres que te diga! Me hacía ilusión decirte que cada día que te veo (ya sea en el instituto o por la calle) me muero por decirte lo mucho que te quiero.
He pensado un poquillo también en lo que sucedería si tú me correspondieras (porque no quiero vivir en el sueño de que eso pase). ¿Acaso nos atreveríamos alguno de los dos a demostrarnos públicamente lo que nos queremos? No. De todos modos, a mí me haría mucha ilusión que mi primer beso con un chico fuera contigo, con alguien a quien realmente quiero, contigo.
No creo que te llegue a dar nunca esta carta porque no tendría el valor ni de mirarte a la cara después de hacerlo (porque sabrías todo lo que pasa por mi mente cuando te veo) y porque me sentiría el chico más triste de todo el mundo.
Sin más pretextos, solo quería decirte con esta carta que poco a poco me voy dando más cuenta de cuánto te hecho de menos (por eso anhelo lo que nunca he tenido), de cuánto te quiero por lo que debes saber que si algún día te apetece, podrías decirme cualquier cosa que me hiciera pensar sin dudarlo, que sientes algo por mí.
Muchos besos (o lo que quieras que te dé)
Yo.

Quizá quiera a Pablo más de lo que pensaba...

Un weekedn... bizarre
Ayer, por fin, vinieron los franceses a España. Realmente no me interesa mucho centrarme en ese tema, por lo que deberíamos pasar a lo verdaderamente importante. Se acercaba la hora del partido (22h) y estábamos yendo de camino al lugar del “rendez-vous” con la mayoría de los españoles y sus “correspondants” respectivos. Llegamos al sitio acordado y después de estar una hora y algo dando vueltas decidimos apalancarnos en la calle de bares. Anteriormente yo me había estado relacionando con las francesas y los tíos con los que iba, como era de esperar, pensaban que quería algo con ellas. Entre ellos estaba Pablo, que el pobre pensaba que quería ligar con la de rosa (que aparte de ser mazo de simpática y guapa tiene novio) pero con el que a mí me hubiera gustado ligar era con él (para qué vamos a engañarnos…). Después de tomarnos dos chupitos bajamos todos juntos a otro bar, para mí, el mejor. Allí pedí varias copas cuando de repente mi… (¿Cómo decirlo?) … buenorro preferido me dice:
-“Oye, pídeme algo que esté rico, que yo confío en ti” (mientras me tocaba la cintura).
-Le susurré: “Pues mira a ver si te gusta lo que tomo yo (vodka-lima)”
-“Genial, si es que eres el puto amo”
Yo, sinceramente ya no sé qué hacer. Esas sensaciones que tengo cuando me dedica una sonrisa, cuando me toca como queriendo decir algo (aunque realmente sean imaginaciones mías), cuando hace gracias poniéndome a mí como protagonista de éstas… ¿A quién no le pierden estas cosas? Yo ya paso, en serio.
Esta mañana he salido a la calle y, así, por arte de magia, aparece de nuevo. Tras un rato hablando se ofrece para llevarme en su moto pero no soy yo sino nuestro amigo común quien más tarde se sube en ella.
Este es un post en el que hablo solo de ese chaval que estaba deseando conocer y con el que ahora tengo una relación de amistad muy rara. He intentado escribir este artículo para aclarar mi mente, lo que en verdad siento por él. De todos modos, creo que solo es una pequeña obsesión porque ni siquiera me gusta. Es como el chupa-chups de 18€ que hay en un kiosco y que me quiero comprar; me gustaría tenerlo pero no me muero si no lo hago.
Pd – El artículo anterior es una redacción que escribí para ética este año. La tuve que leer (inevitablemente) delante de mis compañeros y éstos empalizaron mucho con lo que decía. (Nos habían mandado escribir sobre un personaje discriminado, meternos en la piel de uno). Espero que os haya gustado. Muchos besos
Pd – He tenido una movida con un neonazi de estos de ahora. El chico tiene 25 años y es el novio de una amiga mía. Mi amiga acoge a una francesa en su casa y ayer por la noche la perdió. Cuando se encontraron y todo eso, yo fui a hablar con la chica y le dije que su francesa estaba preocupada. Se me ocurrió la brillante idea de decirle que a qué hora tenía que estar en casa cuando su novio interviene en la conversación:
-Oye… ¿A qué hora tienes que estar en casa?
-Bueno, ¿Te importa mucho a qué hora tiene que estar mi novia en casa?
-No, no… para nada es que… la francesa está muy preocupada y eso.
-Bueno tío, largo
-(me fui sin decir nada. Estaba acojonado y flipando)
Después de una hora
-Oye tío, te quería pedir perdón y eso, me pasé antes. Además, mi novia me ha dicho que eres un buen chaval y quizá me haya pasado.
-(Sí, un poquito…) No pasa nada, es que yo si lo he preguntado ha sido porque su francesa estaba preocupada y eso no por nada en especial.
-Ya tío, pero es que estoy hasta los cojones porque antes la han empujado y eso y casi me lío a hostias con los chavales
-(Bueno, tampoco es para tanto!) Ya bueno, yo creo que eso ya es exagerar un poco. De todos modos yo no tengo ningún problema con nadie porque trato de llevarme bien con todos. Cuando me dijiste eso me quedé un poco a cuadros… no sé.
-Sí, tío, perdona. Además, yo digo que si te chocas con alguien le pides perdón. Yo el otro día estaba borracho y le pedí perdón al chaval al que dí, no aceptó mis disculpas y le di unas hostias y se quedó en el suelo, pero yo el perdón se lo pedí.
-Bueno tío, pues tú no te metas conmigo que soy un chaval pacífico, jeje.
-Enga tío, un placer
-Hasta otra
FLIPANDO WITH THE PEEPS…
-“Oye, pídeme algo que esté rico, que yo confío en ti” (mientras me tocaba la cintura).
-Le susurré: “Pues mira a ver si te gusta lo que tomo yo (vodka-lima)”
-“Genial, si es que eres el puto amo”
Yo, sinceramente ya no sé qué hacer. Esas sensaciones que tengo cuando me dedica una sonrisa, cuando me toca como queriendo decir algo (aunque realmente sean imaginaciones mías), cuando hace gracias poniéndome a mí como protagonista de éstas… ¿A quién no le pierden estas cosas? Yo ya paso, en serio.
Esta mañana he salido a la calle y, así, por arte de magia, aparece de nuevo. Tras un rato hablando se ofrece para llevarme en su moto pero no soy yo sino nuestro amigo común quien más tarde se sube en ella.
Este es un post en el que hablo solo de ese chaval que estaba deseando conocer y con el que ahora tengo una relación de amistad muy rara. He intentado escribir este artículo para aclarar mi mente, lo que en verdad siento por él. De todos modos, creo que solo es una pequeña obsesión porque ni siquiera me gusta. Es como el chupa-chups de 18€ que hay en un kiosco y que me quiero comprar; me gustaría tenerlo pero no me muero si no lo hago.
Pd – El artículo anterior es una redacción que escribí para ética este año. La tuve que leer (inevitablemente) delante de mis compañeros y éstos empalizaron mucho con lo que decía. (Nos habían mandado escribir sobre un personaje discriminado, meternos en la piel de uno). Espero que os haya gustado. Muchos besos
Pd – He tenido una movida con un neonazi de estos de ahora. El chico tiene 25 años y es el novio de una amiga mía. Mi amiga acoge a una francesa en su casa y ayer por la noche la perdió. Cuando se encontraron y todo eso, yo fui a hablar con la chica y le dije que su francesa estaba preocupada. Se me ocurrió la brillante idea de decirle que a qué hora tenía que estar en casa cuando su novio interviene en la conversación:
-Oye… ¿A qué hora tienes que estar en casa?
-Bueno, ¿Te importa mucho a qué hora tiene que estar mi novia en casa?
-No, no… para nada es que… la francesa está muy preocupada y eso.
-Bueno tío, largo
-(me fui sin decir nada. Estaba acojonado y flipando)
Después de una hora
-Oye tío, te quería pedir perdón y eso, me pasé antes. Además, mi novia me ha dicho que eres un buen chaval y quizá me haya pasado.
-(Sí, un poquito…) No pasa nada, es que yo si lo he preguntado ha sido porque su francesa estaba preocupada y eso no por nada en especial.
-Ya tío, pero es que estoy hasta los cojones porque antes la han empujado y eso y casi me lío a hostias con los chavales
-(Bueno, tampoco es para tanto!) Ya bueno, yo creo que eso ya es exagerar un poco. De todos modos yo no tengo ningún problema con nadie porque trato de llevarme bien con todos. Cuando me dijiste eso me quedé un poco a cuadros… no sé.
-Sí, tío, perdona. Además, yo digo que si te chocas con alguien le pides perdón. Yo el otro día estaba borracho y le pedí perdón al chaval al que dí, no aceptó mis disculpas y le di unas hostias y se quedó en el suelo, pero yo el perdón se lo pedí.
-Bueno tío, pues tú no te metas conmigo que soy un chaval pacífico, jeje.
-Enga tío, un placer
-Hasta otra
FLIPANDO WITH THE PEEPS…
Ya no puedo más
Ya no puedo más. Estoy cansado de todo: de que la gente me mire mal cuando paso por su lado o de que me critiquen sin conocerme. Estoy cansado, aunque realmente tampoco son cosas que me importen demasiado. Trato de que todo esto me resulte indiferente pero parece que no lo es. Hay una cosa que no entiendo y es la crítica que recibimos ahora las personas a las que nos gustan la gente de nuestro mismo sexo. Me parece algo secundario, algo que no se tiene por qué criticar. Los heterosexuales no van por la calle gritando que lo soy y yo tampoco lo voy a hacer porque iría en contra de mis principios… ¿Acaso nosotros amamos de forma diferente? ¿Acaso somos nosotros algo diferente? Yo creo que no. Parece que esas personas que nos cuestionan no son felices y sin embargo, yo sí lo soy. Trato de llevar una vida normal, una vida en la que no me falta de nada: ni amor, ni sexo, ni dinero, ni trabajo… y supongo que esas cosas forman otra parte de mi felicidad. Quizá en otra ciudad donde no viva mucha gente sea difícil ejercer como un chico a quien le gustan otros chicos. Os aseguro que hay que ser muy valientes para decirlo, es necesaria una valentía que, desgraciadamente, no todo el mundo tiene.
Yo solo hago una cosa, y es algo de lo que no me arrepiento ni lo haré y es intentar ser feliz. La felicidad es uno de los placeres que hay que buscar en las personas, en las pequeñas cosas de la vida y sin embargo, es un placer del que muy pocas personas disfrutan. Yo, sin embargo, lo he encontrado. Lo encontré en una persona que me hace poner una sonrisa en mi cara todas las mañanas, en alguien con quien realmente puedo ser yo mismo sin miedo a nada. No importa del sexo que sea porque es un hombre y no me arrepiento de amarle.
A veces me pregunto cómo se puede llegar a querer tanto a una persona, esa persona por la que darías la vida, por la que vives cada momento, esa persona que te hace tan feliz. Soy de esos que no se avergüenzan de la persona con quien comparten la vida, de hecho, me enorgullezco cada día más, cada día me parece más increíble el haber podido encontrar en la vida alguien como él. También soy de esas personas que si en algún momento del paseo por la calle me entran ganas, le doy uno de esos besos que él, indirectamente, me está implorando. Ya os digo, sin importarme que a la gente le moleste o no… al fin y al cabo, ¿Acaso van a ser felices ellos por mí? No.
El respeto es una palabra de la que poca gente se puede llegar a caracterizar. Entiendo que sea difícil respetar a gente que es diferente a ti, alguien con quien no compartes nada, ni raza, ni nacionalidad, ni orientación sexual… nada. Pero cuánta gente hay por el mundo que ve a alguien de otro color que está integrado en la sociedad y sonríe, sonríe porque siente la misma felicidad que esa misma persona al ser aceptada. El mundo no es de nadie, y en caso de que alguien lo pudiera poseer os aseguro que no sería ninguna de esas personas que cuando ven a un negro le escupen o cuando se encuentran con un gay le gritan maricón.
La gente influye mucho en otras personas. La sociedad manipula, pero no debemos dejar manipularnos porque nadie es más que nosotros pero tampoco somos nosotros más que nadie. Es algo que a mí, personalmente, me trae de cabeza, porque el respeto por el otro rara vez se consigue plenamente. A pesar de todo yo lucho por algo por lo que espero que vosotros luchéis también y es la felicidad. No importa con quién, cuándo u otros factores que para nada son importantes. Lucha por tu felicidad porque nadie luchará por ti. Para otra gente no lo es, pero para mí el amor es algo imprescindible, algo por lo que cojo otro aliento de aire cada instante, algo por lo que vivo, algo por lo que muero, algo por lo que soy y para lo que soy.

Yo solo hago una cosa, y es algo de lo que no me arrepiento ni lo haré y es intentar ser feliz. La felicidad es uno de los placeres que hay que buscar en las personas, en las pequeñas cosas de la vida y sin embargo, es un placer del que muy pocas personas disfrutan. Yo, sin embargo, lo he encontrado. Lo encontré en una persona que me hace poner una sonrisa en mi cara todas las mañanas, en alguien con quien realmente puedo ser yo mismo sin miedo a nada. No importa del sexo que sea porque es un hombre y no me arrepiento de amarle.
A veces me pregunto cómo se puede llegar a querer tanto a una persona, esa persona por la que darías la vida, por la que vives cada momento, esa persona que te hace tan feliz. Soy de esos que no se avergüenzan de la persona con quien comparten la vida, de hecho, me enorgullezco cada día más, cada día me parece más increíble el haber podido encontrar en la vida alguien como él. También soy de esas personas que si en algún momento del paseo por la calle me entran ganas, le doy uno de esos besos que él, indirectamente, me está implorando. Ya os digo, sin importarme que a la gente le moleste o no… al fin y al cabo, ¿Acaso van a ser felices ellos por mí? No.
El respeto es una palabra de la que poca gente se puede llegar a caracterizar. Entiendo que sea difícil respetar a gente que es diferente a ti, alguien con quien no compartes nada, ni raza, ni nacionalidad, ni orientación sexual… nada. Pero cuánta gente hay por el mundo que ve a alguien de otro color que está integrado en la sociedad y sonríe, sonríe porque siente la misma felicidad que esa misma persona al ser aceptada. El mundo no es de nadie, y en caso de que alguien lo pudiera poseer os aseguro que no sería ninguna de esas personas que cuando ven a un negro le escupen o cuando se encuentran con un gay le gritan maricón.
La gente influye mucho en otras personas. La sociedad manipula, pero no debemos dejar manipularnos porque nadie es más que nosotros pero tampoco somos nosotros más que nadie. Es algo que a mí, personalmente, me trae de cabeza, porque el respeto por el otro rara vez se consigue plenamente. A pesar de todo yo lucho por algo por lo que espero que vosotros luchéis también y es la felicidad. No importa con quién, cuándo u otros factores que para nada son importantes. Lucha por tu felicidad porque nadie luchará por ti. Para otra gente no lo es, pero para mí el amor es algo imprescindible, algo por lo que cojo otro aliento de aire cada instante, algo por lo que vivo, algo por lo que muero, algo por lo que soy y para lo que soy.

Desarrollando la imaginación
Aprovechando estos minutos que tengo de soledad, aburrimiento, apatía, desgana… me decido a escribir un post, alguno de esos que van de algo interesante. La verdad es que, como siempre, no tengo ni idea de qué voy a hablar (pero tengo tiempo para pensar). De todos modos, hoy no quiero hablar de mi vida, siempre lo hago y aunque no lo parezca… nada ha cambiado desde entonces.
Imagínate:
Estás aburrido en tu casa de 150m², esa que compraron tus padres, la que estarán pagando hasta que ellos se mueran e incluso de la que te tendrás que hacer cargo tú mismo en un futuro próximo. No tienes ni idea de qué vas a hacer pero quieres cambiar un poco la rutina. Piensas y se te ocurre una idea brillante. Coges una cama elástica gigante (de esas que son como las de las ferias) y la pones en el enorme jardín que incluía el precio de tu casa. Empiezas a saltar, cada vez más y más; es una sensación brillante, te encanta. Notas como en ese momento solo estáis presentes el viento y tú. Imaginas que consigues llegar tan alto que alcanzas las nubes. Pero de repente, te parece que ya has hecho sufrir bastante a tu lector y decides volver a casa, prepararte y salir a la calle en busca de la boca de metro más cercana. No eres una persona demasiado decidida pero finges saber dónde vas y compras el billete de metro. Subes en el metro que te resulta más interesante y te dispones a sentar cuando una señora ya entrada en años te dice que si no te importaría dejarle sentar a ella porque ya está mayor. En realidad sí que te importa, pero decides quedarte de pie. Echas un rápido vistazo a la gente que se encuentra a tu alrededor y cuando parecía que lo tenías visto todo se para el vagón y entra y sale bastante gente. La persona a la que menos te esperabas entra: una chica al parecer africana que lleva consigo un carrito con un amplificador mientras que en su mano sostiene un micrófono. Se dispone a cantar. Es inevitable. Vas a tener que escuchar a una niña de apenas trece años cantar “My heart will go on”. Te preguntas cómo alguien puede estropear así una canción, pero, de todos modos, te sientes conmovido. Vuelves a echar una ojeada a tu alrededor, no hay nadie excesivamente atractivo pero sí había dos personas que captan tu atención. Imaginas un videojuego en el que solo estuvierais los tres: la chica de unos veinte años con gafas, el hombrecito de sombrero azul con bigote y tú, una persona aparentemente normal. Descubres mirando a la chica con gafas el paquete de un chaval que va enfrente de ella. Seguro que todavía no ha tenido ninguna experiencia sexual, que es quizá demasiado aplicada en la universidad como para que alguien hable con ella para algo más que para pedirle los apuntes de las clases que se han pirado hacía ya varias semanas o que tenga miedo de descubrir que el sexo es algo que forma parte del ser humano. Pero también albergas la posibilidad de que sea una persona no menos normal que tú. Físicamente no está mal pero no te atrae ni mucho menos así que pasas al hombre del sombrero azul con bigote grisáceo. Este hombre probablemente es más inusual que la chica de veinte años con gafas. Es un hombre aparentemente raro y al que, seguramente, como todos los niños de Madrid, le han llamado alguna vez “freak”. Es curioso lo que piensas… no te atreves ni a plasmarlo en un papel que nadie leerá nunca… es una de las pocas personas que te dan miedo. Puede que sea uno de esos hombres que parecen ser simpáticos pero que luego, como en las películas de horror en escenarios tétricos, coge una motosierra y te va descuartizando poco a poco para que notes la insuficiencia de sangre que se apodera de tu cuerpo. Tiene un bigote desteñido, como dijiste antes, grisáceo. Es posible que se lo haya tenido que limpiar muchas veces porque la sangre de sus víctimas dejó en él una muestra evidente del crimen cometido. Pero, como la chica de veinte años con gafas, tu personaje atípico, ese hombre con un sombrero azul y con bigote desteñido, sea una persona normal, de esas que llega encantado de la oficina y abraza con mucho amor a su mujer porque sus hijos se emanciparon hace ya mucho tiempo. Piensas en que te gustaría tener una vida más emocionante, en que te gustaría no tener que recurrir al metro para pasar tu tiempo libre… tienes miedo de ser tú quien tome las riendas de tu vida. Creías que todo era mucho más fácil de lo que en realidad parece ahora, pero ¿No te das cuenta de que en realidad es así? ¿No te das cuenta de que debes de ser tú quien maneje tu vida y no los demás por ti? ¿Acaso necesitas subirte en un metro para reflexionar sobre estas cosas? Mírate al espejo, date cuenta de que tú no eres menos que nadie y que tú también mereces alzarte de valor y ponerle dos de los gordos a la vida. ¡Tú también vales para eso! Ahora, como cada tarde, volverás a casa a conectarte al Messenger hablando con gente que no conoces porque ya has llegado a la parada de metro donde te subiste y no tienes ganas de seguir haciendo nada, como siempre.
***

¿Te lo has imaginado? ¿Acaso eres tú uno de esos que creen que ellos no valen para esto? ¡Venga, muévete de esa silla en la que estás sentado y vete a luchar! ¿Qué harás si te caes, si te desilusionas? ¡Levantarte coño!
Imagínate:
Estás aburrido en tu casa de 150m², esa que compraron tus padres, la que estarán pagando hasta que ellos se mueran e incluso de la que te tendrás que hacer cargo tú mismo en un futuro próximo. No tienes ni idea de qué vas a hacer pero quieres cambiar un poco la rutina. Piensas y se te ocurre una idea brillante. Coges una cama elástica gigante (de esas que son como las de las ferias) y la pones en el enorme jardín que incluía el precio de tu casa. Empiezas a saltar, cada vez más y más; es una sensación brillante, te encanta. Notas como en ese momento solo estáis presentes el viento y tú. Imaginas que consigues llegar tan alto que alcanzas las nubes. Pero de repente, te parece que ya has hecho sufrir bastante a tu lector y decides volver a casa, prepararte y salir a la calle en busca de la boca de metro más cercana. No eres una persona demasiado decidida pero finges saber dónde vas y compras el billete de metro. Subes en el metro que te resulta más interesante y te dispones a sentar cuando una señora ya entrada en años te dice que si no te importaría dejarle sentar a ella porque ya está mayor. En realidad sí que te importa, pero decides quedarte de pie. Echas un rápido vistazo a la gente que se encuentra a tu alrededor y cuando parecía que lo tenías visto todo se para el vagón y entra y sale bastante gente. La persona a la que menos te esperabas entra: una chica al parecer africana que lleva consigo un carrito con un amplificador mientras que en su mano sostiene un micrófono. Se dispone a cantar. Es inevitable. Vas a tener que escuchar a una niña de apenas trece años cantar “My heart will go on”. Te preguntas cómo alguien puede estropear así una canción, pero, de todos modos, te sientes conmovido. Vuelves a echar una ojeada a tu alrededor, no hay nadie excesivamente atractivo pero sí había dos personas que captan tu atención. Imaginas un videojuego en el que solo estuvierais los tres: la chica de unos veinte años con gafas, el hombrecito de sombrero azul con bigote y tú, una persona aparentemente normal. Descubres mirando a la chica con gafas el paquete de un chaval que va enfrente de ella. Seguro que todavía no ha tenido ninguna experiencia sexual, que es quizá demasiado aplicada en la universidad como para que alguien hable con ella para algo más que para pedirle los apuntes de las clases que se han pirado hacía ya varias semanas o que tenga miedo de descubrir que el sexo es algo que forma parte del ser humano. Pero también albergas la posibilidad de que sea una persona no menos normal que tú. Físicamente no está mal pero no te atrae ni mucho menos así que pasas al hombre del sombrero azul con bigote grisáceo. Este hombre probablemente es más inusual que la chica de veinte años con gafas. Es un hombre aparentemente raro y al que, seguramente, como todos los niños de Madrid, le han llamado alguna vez “freak”. Es curioso lo que piensas… no te atreves ni a plasmarlo en un papel que nadie leerá nunca… es una de las pocas personas que te dan miedo. Puede que sea uno de esos hombres que parecen ser simpáticos pero que luego, como en las películas de horror en escenarios tétricos, coge una motosierra y te va descuartizando poco a poco para que notes la insuficiencia de sangre que se apodera de tu cuerpo. Tiene un bigote desteñido, como dijiste antes, grisáceo. Es posible que se lo haya tenido que limpiar muchas veces porque la sangre de sus víctimas dejó en él una muestra evidente del crimen cometido. Pero, como la chica de veinte años con gafas, tu personaje atípico, ese hombre con un sombrero azul y con bigote desteñido, sea una persona normal, de esas que llega encantado de la oficina y abraza con mucho amor a su mujer porque sus hijos se emanciparon hace ya mucho tiempo. Piensas en que te gustaría tener una vida más emocionante, en que te gustaría no tener que recurrir al metro para pasar tu tiempo libre… tienes miedo de ser tú quien tome las riendas de tu vida. Creías que todo era mucho más fácil de lo que en realidad parece ahora, pero ¿No te das cuenta de que en realidad es así? ¿No te das cuenta de que debes de ser tú quien maneje tu vida y no los demás por ti? ¿Acaso necesitas subirte en un metro para reflexionar sobre estas cosas? Mírate al espejo, date cuenta de que tú no eres menos que nadie y que tú también mereces alzarte de valor y ponerle dos de los gordos a la vida. ¡Tú también vales para eso! Ahora, como cada tarde, volverás a casa a conectarte al Messenger hablando con gente que no conoces porque ya has llegado a la parada de metro donde te subiste y no tienes ganas de seguir haciendo nada, como siempre.
***

¿Te lo has imaginado? ¿Acaso eres tú uno de esos que creen que ellos no valen para esto? ¡Venga, muévete de esa silla en la que estás sentado y vete a luchar! ¿Qué harás si te caes, si te desilusionas? ¡Levantarte coño!