Todo se resume en un quizá
Todo se resume en un quizá, en un quizá algún día pueda llegar a ser feliz...
Acerca de
Pues soy una persona bastante corriente y a la vez bastante diferente. Este blog refleja la vida que llevo y mi visión de ciertos aspectos que en otro momento no me pararía a mirar
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Recuerdos
Me gustaría recordar cómo nos conocimos. Fue de una manera tan inesperada que apenas logro hacer hueco en mi mente parea este recuerdo. Yo tenía la vida totalmente planificada, organizada y creía ser feliz, completamente feliz. Uno de esos días tan monótonos como lo eran siempre, esperaba al igual que todos los días en la silla ergonómica de mi consulta a que algún paciente nuevo llegara implorando ayuda porque se había cansado de luchar. La verdad es que no sé por qué me metí en esto. ¿Por qué ayudaba a la gente? ¿Para sentirme bien conmigo mismo y tratar de olvidar lo que realmente había pasado hacía unos años?

Ese nuevo paciente llegó en el momento en que, como tantas veces, me encontraba absorto ante una infinidad de documentos que realmente no servían para nada. La persona en cuestión sufría problemas de insomnio, no podía conciliar el sueño porque cada día se arrepentía más de haber abandonado a su última pareja. El primer día tuve que hacer alguna hora extra, él no podía seguir esperando una ayuda que todavía no había llegado. No era ni mucho menos el insomnio lo que rondaba mi cabeza, sino la historia que estaba detrás de esa difunta relación. La verdad es que le costaba bastante serme sincero o simplemente articular alguna palabra tras volver atrás y darse cuenta de que durante un tiempo no pudo ser más feliz.

No había tenido una infancia demasiado fácil y desde el principio creí que ese podría ser el motivo de su inestabilidad emocional. Pero quizá lo fueron los engaños, las enemistades… o incluso la sociedad. Cada vez que lograba romper el silencio que invadía la pequeña pero acogedora sala, la emoción también rompía su estado de aparente estabilidad. Brotaban lágrimas de unos ojos que apenas parecían sentir, unas lágrimas que confundían a mi corazón. Poco a poco fueron pasando los días y cada uno de ellos aumentaba el tiempo de terapia. En ese momento ni yo mismo estaba seguro de si era mi capacidad de ayuda o el morbo lo que me hacía querer saber más cosas sobre quien se convertiría, con el tiempo, en el paciente más especial de toda mi trayectoria profesional.

Ejercicios inútiles o preguntas que recibían una respuesta con una lágrima… Parecía que todo era inútil, que aquella persona no iba a poder seguir adelante porque había sido marcada por un estado de profunda soledad. No estaba muy seguro, pero parecía que poco a poco y sin darme cuenta, empezaba a sentir un algo (quizá atracción o quizá simplemente era interés) por aquel chico que, bajo un pelo rubio y aparentemente despeinado, escondía una cara que cada día me desconcertaba más. En alguna ocasión esbozó una sonrisa con alguno de mis estúpidos chistes y era algo que me aliviaba bastante porque me daba la esperanza de que quizá algún día lograra convertir sus labios en felicidad o sus preciosos ojos azules en algo más que un estado neutro y de irónica estabilidad.

Parecía. Bueno, en realidad no lo parecía, era así. Poco a poco se le notaba algo más contento, con más ilusión por las cosas… todo empezaba a tomar un sentido que jamás antes había tenido. Para entonces ya éramos colegas, incluso amigos quizá. Esa persona no había necesitado nunca una terapia tan teórica sino un amigo, alguien en quien confiar. Ese alguien, afortunadamente, fui yo. No necesitaba ninguna de las estúpidas teorías de la felicidad que la mayoría de los psicólogos se habían empeñado en desarrollar, sino un amigo…

Él también escuchaba mis problemas, mucho más insignificantes que los suyos. Se los contaba para hacerle pensar que él no era el único que lo daba todo por esta amistad, que yo también le contaba mis cosas… En realidad era así.

Un día, de esos que son como los demás, incluso llegó a parecerme especial. Hubiera llegado a jurar que esa mirada que me dedicó significaba algo más. Hubo una temporada en la que quedábamos a diario. Con él era diferente, siempre se las arreglaba para que hiciéramos algo nuevo. En esa época me sentía extraño, era yo quien no le ponía demasiado entusiasmo a la vida, era una sensación rara… Dos años más tarde de conocernos me di cuenta de mi estupidez. En realidad yo no sentía ninguna amistad, era amor. ¿Qué si no me había hecho sonreír, o no, simplemente levantarme pensando en alguien? Todo ese amor se había convertido en una especie de obsesión, de esa que le impide a una persona ser ella misma. Él me despertó, me hizo ver que yo no era feliz en absoluto.

Me había dado cuenta de que había estado dos años intentando engañar a mi corazón, haciéndole creer que no era nada más que una profunda amistad lo que sentía por él, solo eso. En el fondo, y aunque me cueste aceptarlo, cada día tenía más claro que la persona por quien respiraba, por quien lloraba cuando me encerraba en el baño y por quien sentía eso que creía que nunca iba a encontrar era él.

Un día, tras tomar el típico café en el bar de la esquina de su calle me invitó a su casa. Había estado ya varias veces pero cada una me asombraba más el hecho de que un hombre pudiera tener tan desarrollado el sentido de la decoración, del buen gusto. Subimos en el ascensor hasta la séptima planta y tras un gesto de inseguridad que nunca llegué a entender, procedió a la apertura de la puerta de la casa. Inmediatamente pasé y él fue detrás de mí. El pulso se me aceleraba, se notaba una atmósfera tensa… Tras cerrar la puerta me empujó torpemente contra ésta. No tenía ni idea de qué era lo que estaba pasando. Él comenzó a llorar como tantas otras veces había hecho antes. Le agarré del cuello y empecé a acariciarle la cara. Segundos más tarde nos encontrábamos fundidos en uno, gracias al beso que con dificultad logramos darnos. Ambos teníamos miedo pero ya habría tiempo de arrepentirnos… o no.

Con ese beso él me dijo más de lo que pudo expresar nunca con palabras. Habíamos estado fingiendo sentir solamente una amistad. Acto seguido del beso puse su cabeza en mi hombro y le dije: “Tranquilo, ya pasó todo”.

No sabía cómo (aunque en el fondo sí) había conseguido enamorarme de la persona que ya hacía bastante tiempo entró por primera vez en mi consulta pidiendo ayuda. En realidad fue él quien me ayudó a mí a seguir adelante aunque sobre todo quien me enseñó a creer en el amor.





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Esto lo he escrito para todos aquellos que no creen en un futuro mejor. Siempre deberíamos tener un aliento esperanzador que nos animara a seguir adelante. ¿Acaso es fácil? No, pero hay que luchar… luchar siempre.

Besos
 
Comentario:
Estoy leyendo tu blog desde el principio, para conocerte un poco. Alguna vez he tenido la tentación de decirte algo, pero sin haber leído todo lo que has escrito, no me he atrevido.
Pero al llegar a este pequeño relato, no he podido resistirme a felicitarte. Me ha gustado la historia, es sencilla pero profunda. Y además está muy bien escrita. A mi particularmente, no me importaría leer más historias así. Un poco de ilusión nunca vienen mal. Para las tortas, ya tenemos nuestra vida.
Felicidades.
Besos.
 
Comentario:
>Xeeevi> supongo que nunca llegas a perder la esperanza de ver salir el sol algún día, no?.

Perdona pero el Sol saldrá mañana por el mismo sitio que lo ha hecho hoy... y por el mismo sitio que lo hizo ayer... le pese a quien le pese, y tengas los problemas que tengas.

Siempre saldrá el sol mañana.
 
Comentario:
Ais, yo estoy con bepo75... quizás pq pase por un momento pesimista, no se,... aun así, supongo que nunca llegas a perder la esperanza de ver salir el sol algún día, no?.

Besos!
 
Comentario:
Muy chulo el post. No tengo nada que añadir. Me ha encantado.
 
Comentario:
estoy plenamente convencida de que hay muchísima gente que no necesita terapia, es suficiente con que alguien les escuche y les intente comprender,espero ponerlo en marcha pronto
un beso
 
Comentario:
...lo malo es que hay gente que escribe cosas de estas que uno se cree que pueden suceder en la realidad...
...y luego bofeton que te pegas...
No