Que lo borren ¡¡
No me gusta el 1 de noviembre. Nada, absolutamente nada.
Llevo años sin ir al cementerio, así como tres o cuatro, me limito a llevar las flores. No necesito estar ahí una mañana o una tarde, o un día entero, para saber que tengo ahí los restos de mi madre, de mi abuela, y este año de mi abuelo tb. No necesito ir ahí para recordarlos, ni para que nadie sepa cuanto los echo en falta, ni cuanto me duele su pérdida.
Otra cosa que no me gusta nada, es la superficialidad del día, todo el mundo va exhibiendo sus nuevas ropas....., las joyas, y algunas personas la novia o el novio de su hijo o hija, por dios¡¡¡, un poco de cordura.
Pero este año, tengo que ir, aunque por dentro me esté muriendo del asco. Y es que, fuera del materialismo que se le otorga a este día, lo paso realmente mal en el cementerio, cada mirada a la lápida de mi madre es como si una lanza me atravesara el pecho que a parte de doler muchisimo, me hace sentir la persona más solitaria de este mundo. Por más años que pasen la seguiré necesitando y echando de menos. Con el nuevo inquilino (mi abuelo), me toca ir, al menos para hacer acto de presencia este año.
Empezaré ya a tomar tazas y tazas de valeriana, para calmar los momentos Ally Mcbeal psicoticos, cada vez que alguien me pase la mano por encima del hombro y me diga.....pobrecitaaaaaaa, y mirala como ha salido adelante....y lo que ha crecido¡¡¡. Por dios¡¡ que tengo 26 años, que hace mucho que aprendí a valerme por mí misma, y a superar cualquier tipo de obstáculo. Ya no soy esa niña de 12 años que se encontró desamparada sin saber que hacer, mirando y deseando que su madre abriera los ojos y saltara de dentro de aquel ataud.
No me gusta nada, la falsa empatía de mis vecinos, ni la de nadie de mi pueblo, ni siquiera de muchos miembros de mi familia, y sin embargo voy a tener que aguantarla, y encima sonreir.
Que alguien borre el 1 de noviembre del calendario.
Llevo años sin ir al cementerio, así como tres o cuatro, me limito a llevar las flores. No necesito estar ahí una mañana o una tarde, o un día entero, para saber que tengo ahí los restos de mi madre, de mi abuela, y este año de mi abuelo tb. No necesito ir ahí para recordarlos, ni para que nadie sepa cuanto los echo en falta, ni cuanto me duele su pérdida.
Otra cosa que no me gusta nada, es la superficialidad del día, todo el mundo va exhibiendo sus nuevas ropas....., las joyas, y algunas personas la novia o el novio de su hijo o hija, por dios¡¡¡, un poco de cordura.
Pero este año, tengo que ir, aunque por dentro me esté muriendo del asco. Y es que, fuera del materialismo que se le otorga a este día, lo paso realmente mal en el cementerio, cada mirada a la lápida de mi madre es como si una lanza me atravesara el pecho que a parte de doler muchisimo, me hace sentir la persona más solitaria de este mundo. Por más años que pasen la seguiré necesitando y echando de menos. Con el nuevo inquilino (mi abuelo), me toca ir, al menos para hacer acto de presencia este año.
Empezaré ya a tomar tazas y tazas de valeriana, para calmar los momentos Ally Mcbeal psicoticos, cada vez que alguien me pase la mano por encima del hombro y me diga.....pobrecitaaaaaaa, y mirala como ha salido adelante....y lo que ha crecido¡¡¡. Por dios¡¡ que tengo 26 años, que hace mucho que aprendí a valerme por mí misma, y a superar cualquier tipo de obstáculo. Ya no soy esa niña de 12 años que se encontró desamparada sin saber que hacer, mirando y deseando que su madre abriera los ojos y saltara de dentro de aquel ataud.
No me gusta nada, la falsa empatía de mis vecinos, ni la de nadie de mi pueblo, ni siquiera de muchos miembros de mi familia, y sin embargo voy a tener que aguantarla, y encima sonreir.
Que alguien borre el 1 de noviembre del calendario.
Mucho tiempo después...
Muchos meses después, después de todas las lluvias de sentimientos que me han atormentado y/o alegrado, vuelvo a recaer en el sentimiento de soledad.
Desde que lo dejé con ella, he tenido innumerables tonteos con otras chicas; líos con otras tantas.........incluso un simulacro de una especie de rollo alargado en tiempo, como yo digo...., pero nada, ella sigue en mi cabeza, retumbando como un eco infinito, que nunca para de escucharse.
Cuando vuelvo del trabajo, cansada, agotada psicologicamente y fisicamente mermada, entro a casa y al ver que nadie me espera con un abrazo o con un simple beso en la mejilla, que ya nadie me llama, que nadie me dá los buenos días, me siento sola, treméndamente sola, y recaigo en los recuerdos dulces, y en los no tan dulces. Me pregunto que ocurrió, y solo hayo una respuesta, el amor se transforma, se distorsiona, se confunde, y finalmente no se sabe donde va a parar, pero te deja un tremendo hueco difícil de llenar, que ni con el paso de tantos meses, de tonteos infintos, de tórridos líos, se consigue llenar un poquito, para que el eco de la soledad no suene tanto.
A veces pienso que esto es el retorno sin ida, que nunca tiene fin.
Ahora me preparo para recorger mis cosas, e ir de vuelta al pueblo en busca de una cura de cariño familiar, que me ayude a dejar el estress laboral y la nostalgia a un lado.
Desde que lo dejé con ella, he tenido innumerables tonteos con otras chicas; líos con otras tantas.........incluso un simulacro de una especie de rollo alargado en tiempo, como yo digo...., pero nada, ella sigue en mi cabeza, retumbando como un eco infinito, que nunca para de escucharse.
Cuando vuelvo del trabajo, cansada, agotada psicologicamente y fisicamente mermada, entro a casa y al ver que nadie me espera con un abrazo o con un simple beso en la mejilla, que ya nadie me llama, que nadie me dá los buenos días, me siento sola, treméndamente sola, y recaigo en los recuerdos dulces, y en los no tan dulces. Me pregunto que ocurrió, y solo hayo una respuesta, el amor se transforma, se distorsiona, se confunde, y finalmente no se sabe donde va a parar, pero te deja un tremendo hueco difícil de llenar, que ni con el paso de tantos meses, de tonteos infintos, de tórridos líos, se consigue llenar un poquito, para que el eco de la soledad no suene tanto.
A veces pienso que esto es el retorno sin ida, que nunca tiene fin.
Ahora me preparo para recorger mis cosas, e ir de vuelta al pueblo en busca de una cura de cariño familiar, que me ayude a dejar el estress laboral y la nostalgia a un lado.
Erase una vez
Erase una vez un hombre de caracter serio, callado y un tanto "chapado a la antigua".
Erase una vez un hombre que se casó enamorado de una mujer enferma, tuvieron una hija.
Erase una vez un hombre que pasaba los días trabajando de sol a sol, destinando gran parte de su sueldo a los cuantiosos y costosos medicamentos para su esposa, y la manutención de su hija.
Erase una vez un hombre que se encontró solo cuidando lo mejor que podía y sabía a su única hija, después de la pronta muerte de su esposa.
Erase una vez un hombre muy paciente, con esa hija, que tantos quebraderos de cabeza le dió en la época de la adolescencia, pasando por alto muchos desplantes y situaciones difíciles.
Erase una vez un hombre desesperado, por no saber como afrontar que su única hija era lesbiana; por alguna razón pensaba que era culpa suya, por no dedicarle demasiada atención.
Erase una vez un hombre, que pese a todo y a todos, apoyó a su hija en todo momento, aunque a veces ella no lo viera así.
Erase una vez un hombre, que sin palabras, demuestra su cariño.
Erase una vez un hombre solitario, fuerte, de caracter algo ausero, generoso, simpático a su manera, de sonrisa picarona de medio lado, de pocas palabras, pequeños detalles y un corazón enormemente grande.
Erase una vez mi padre.
P.D: Erase una vez una hija que se queja mucho de su padre, pero lo quiere con locura.
Erase una vez un hombre que se casó enamorado de una mujer enferma, tuvieron una hija.
Erase una vez un hombre que pasaba los días trabajando de sol a sol, destinando gran parte de su sueldo a los cuantiosos y costosos medicamentos para su esposa, y la manutención de su hija.
Erase una vez un hombre que se encontró solo cuidando lo mejor que podía y sabía a su única hija, después de la pronta muerte de su esposa.
Erase una vez un hombre muy paciente, con esa hija, que tantos quebraderos de cabeza le dió en la época de la adolescencia, pasando por alto muchos desplantes y situaciones difíciles.
Erase una vez un hombre desesperado, por no saber como afrontar que su única hija era lesbiana; por alguna razón pensaba que era culpa suya, por no dedicarle demasiada atención.
Erase una vez un hombre, que pese a todo y a todos, apoyó a su hija en todo momento, aunque a veces ella no lo viera así.
Erase una vez un hombre, que sin palabras, demuestra su cariño.
Erase una vez un hombre solitario, fuerte, de caracter algo ausero, generoso, simpático a su manera, de sonrisa picarona de medio lado, de pocas palabras, pequeños detalles y un corazón enormemente grande.
Erase una vez mi padre.
P.D: Erase una vez una hija que se queja mucho de su padre, pero lo quiere con locura.