Silencios compartidos.
Los dos hemos optado por no hablar del tema, más de lo necesario.
Ninguno hace comentarios al otro.
Los dos nos esquivamos las miradas en los momentos de silencio.
Ninguno quiere reconocer el miedo que le invade.
Los dos tenemos muy presente que viene un tiempo muy difícil.
Ninguno sabría que hacer si faltara el otro.
Los dos nos queremos con locura, aunque nunca nos lo digamos.
Y así un día tras otro, hasta que llegue "el día". A veces me dan arrebatos de abrazarlo, consolarlo y decirle que todo saldrá bien. Pero si ni casi me lo creo yo, como consigo convencerlo?.
Esta mañana hemos tenido 40 minutos de un precioso silencio compartido. Lo he notado tan cerca de mí. Casi podía leer sus pensamientos, transmitidos por los suspiros, y sus "casi sollozos" ahogados. Por un momento, he estado a punto de hablarle, pero mis "casi sollozos" ahogados me unieron a su silencio. Tengo más miedo que me ocurra algo por él que por mí. Igual que yo me hundiría sin él, se que a él le ocurriría lo mismo sin mí.
Por fuerte que parezca, se me había olvidado cuanto lo quiero, y hasta que punto es importante en mi vida, como siempre ha estado a mi lado aunque no lo haya visto, y hasta que punto aún sin hablar, me ayuda.
Y es que, cada día que pasa, sobre todo, ahora, en estos momentos difíciles, cuando todo lo veo adverso, es cuando estoy viendo que lo que dicen de nosotros, que somos dos personas cortadas por el mismo patrón, es cierto.
Padre e hija, somos iguales.
Y como tal, los dos nos observamos con miradas a hurtadillas, a sus suspiros le siguen los míos, a mis miedos le acompañan sus sollozos muertos, y compartimos silencios en esta espera que nos atormenta.
Ninguno hace comentarios al otro.
Los dos nos esquivamos las miradas en los momentos de silencio.
Ninguno quiere reconocer el miedo que le invade.
Los dos tenemos muy presente que viene un tiempo muy difícil.
Ninguno sabría que hacer si faltara el otro.
Los dos nos queremos con locura, aunque nunca nos lo digamos.
Y así un día tras otro, hasta que llegue "el día". A veces me dan arrebatos de abrazarlo, consolarlo y decirle que todo saldrá bien. Pero si ni casi me lo creo yo, como consigo convencerlo?.
Esta mañana hemos tenido 40 minutos de un precioso silencio compartido. Lo he notado tan cerca de mí. Casi podía leer sus pensamientos, transmitidos por los suspiros, y sus "casi sollozos" ahogados. Por un momento, he estado a punto de hablarle, pero mis "casi sollozos" ahogados me unieron a su silencio. Tengo más miedo que me ocurra algo por él que por mí. Igual que yo me hundiría sin él, se que a él le ocurriría lo mismo sin mí.
Por fuerte que parezca, se me había olvidado cuanto lo quiero, y hasta que punto es importante en mi vida, como siempre ha estado a mi lado aunque no lo haya visto, y hasta que punto aún sin hablar, me ayuda.
Y es que, cada día que pasa, sobre todo, ahora, en estos momentos difíciles, cuando todo lo veo adverso, es cuando estoy viendo que lo que dicen de nosotros, que somos dos personas cortadas por el mismo patrón, es cierto.
Padre e hija, somos iguales.
Y como tal, los dos nos observamos con miradas a hurtadillas, a sus suspiros le siguen los míos, a mis miedos le acompañan sus sollozos muertos, y compartimos silencios en esta espera que nos atormenta.
Comentario:
Me alegro de que publiques,esas pequeñas cosas las que nos alegran la vida
...sigue soñando... descubre un mundo nuevo de sensaciones y formas diferentes de divertirse, ;)
...sigue soñando... descubre un mundo nuevo de sensaciones y formas diferentes de divertirse, ;)
Comentario:
No te rindas, aún estás a tiempo
de abrazar la vida y comenzar de nuevo, aceptar tu sombra, liberar el lastre y retomar el vuelo.
No te rindas, que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños, abrir las esclusas, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor, no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se acalle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque yo te quiero, porque existe el vino y el amor es cierto, porque no hay herida que no cure el tiempo.
Abrir las puertas, quitar los cerrojos, bajar el puente y cruzar el foso, abandonar las murallas que te protegieron, volver a la vida y aceptar el reto.
Recuperar la risa, ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida, remontar los cielos.
No te rindas, por favor, no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se acalle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.
Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque ésta es la hora y el mejor momento, porque tienes alas y puedes hacerlo, porque no estás solo y porque yo te quiero.
Mario Benedetti
de abrazar la vida y comenzar de nuevo, aceptar tu sombra, liberar el lastre y retomar el vuelo.
No te rindas, que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños, abrir las esclusas, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor, no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se acalle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque yo te quiero, porque existe el vino y el amor es cierto, porque no hay herida que no cure el tiempo.
Abrir las puertas, quitar los cerrojos, bajar el puente y cruzar el foso, abandonar las murallas que te protegieron, volver a la vida y aceptar el reto.
Recuperar la risa, ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida, remontar los cielos.
No te rindas, por favor, no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se acalle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.
Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque ésta es la hora y el mejor momento, porque tienes alas y puedes hacerlo, porque no estás solo y porque yo te quiero.
Mario Benedetti