REFLEXIONES DE UN GAY CONFUNDIDO
Blog para pensar en alto sobre las relaciones gays
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Blog para pensar en alto sobre las relaciones gays. Su autor reflexiona sobre sus vivencias sentimentales y de amistad, intentando buscar una respuesta a todas sus dudas. Olimphiogay
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9 - El SIDA y yo
Recuerdo que cuando era pequeño se empezaba a habar de una enfermedad extraña y desconocida que hacía estragos en el continente africano y que se fue extendiendo con paso firme y agigantado por todos los países occidentales. Rápidamente salieron voces que con un convencimiento absoluto afirmaban que era un castigo divino a los viciosos y pervertidos, especialmente dirigido a la comunidad homosexual, la más castigada por esta pandemia. Poco después se supo que el actor norteamericano Rock Hudson padecía SIDA en un estado muy avanzado y que le quedaba poco tiempo de vida. El reconocimiento público de su homosexualidad así como su enfermedad y posterior muerte causó cierto pánico colectivo. Si hasta entonces los gays eran mal vistos para muchos, la noticia produjo un aumento del rechazo social hacia este colectivo. Yo era un joven adolescente que dudaba sobre mi sexualidad y me horrorizaba pensar que me atrajeran los hombres. El SIDA era para mi una telaraña que impedía verme tal y como era, convenciéndome con razonamientos infundados esgrimidos por voces insensatas. El miedo se extendió por todas partes. Se decía que había personas con malas intenciones que iban por la calle con una jeringuilla intentando contagiar la enfermedad a los transeúntes que se cruzaban por el camino. En mi ciudad se rumoreó que un tatuador iba contagiando a todos sus clientes. Los hospitales del municipio se colapsaron de jóvenes alarmados que iban a hacerse la prueba del VIH. Al final, todo fue mentira. En los noventa conocíamos algo más de la enfermedad, pero el rechazo hacia los enfermos seguía presente. Recuerdo que la construcción de una residencia para enfermos terminales que el Ayuntamiento de mi ciudad iba a ubicar en un barrio joven, suscitó una dura protesta por parte de los vecinos de la zona, que se oponían por miedo a que con esta casa llegara al barrio la delincuencia. Temían encontrarse jeringuillas tiradas por los parques, así como un aumento de los robos y conflictos. Diez años después, la residencia sigue abierta y el barrio es igual de tranquilo y limpio que hace una década. Yo tuve la oportunidad de visitar la residencia en una ocasión por mi trabajo y reconozco que entré con cierto rechazo. Ahora me horroriza pensarlo pero en los primeros instantes de estancia en la casa sentí ciertos picores por todo el cuerpo. Pude ver a personas normales, enfermas, pero como cualquier otra que nos podamos encontrar en un hospital. Esos picores producidos por cierta aprensión absurda desaparecieron a los pocos minutos. Cuando salí me avergoncé de mi mismo, por haber pensado lo que las mentes retorcidas querían que creyéramos.
Yo le tengo respeto a la enfermedad y no se si miedo. Cuando mantengo una relación sexual procuro tomar las precauciones y no bajar la guardia, aunque reconozco que hay veces que me he dejado llevar por la seguridad que me daba la pareja. Han sido en un par de ocasiones en mi vida, cuando los chicos me han gustado tanto, que en el fragor del momento no he querido pensar en el riesgo y si confiar en ellos aunque apenas les conociera. Después de las veladas, terminaba arrepintiéndome por no haber mantenido las precauciones y aguardaba el momento de ir a realizarme las pruebas del VIH. Sin embargo en otras ocasiones, la inseguridad y el riesgo de la enfermedad, me frenaba a la hora de tener relaciones sexuales. Normalmente suelo utilizar el preservativo y exijo que lo usen. Prefiero los condones de poliuretano, por la seguridad que me dan, ya que los de látex se suelen romper. A pesar de todo, el riesgo sigue estando porque se puede contagiar con una simple herida leve que se tenga en las encías. A veces he pensado que se debería pedir a la pareja los análisis del VIH antes de iniciar una relación sexual, como hacen los actores porno, pero en el fondo me parece muy violento. Reflexionando un poco, yo me sentiría ofendido si me lo pidieran.
 
10 - EL CHAT ¿EL PINOCHO DE LA RED?
Cuando era un adolescente, recuerdo que para contactar con otra persona con la que uno quería entablar una relación intima y discreta había que recurrir a la sección de contactos del periódico de segunda mano de la ciudad. Hoy en día los chat han reemplazado esta opción, porque nos permite conocer a más gente en menos tiempo.
De los chat he oído opiniones de todo tipo. Que sirve como alternativa para las personas introvertidas que se cierran en si mismas y no son capaces de relacionarse en público, o que es un juego para aquellos que no tienen nada que hacer y se divierten contando mentiras y engañando a la gente por la red. Los hay pero son excepciones. Yo sí creo que se miente por los chat, pero no me refiero a los datos de gran importancia como la profesión o la zona donde uno vive, porque al principio se está tanteando y no se conoce bien a la persona con la que uno chatea. Me refiero a esas pequeñas cosas como si eres fumador, tienes pluma, la edad, la afición a la lectura, o incluso el tipo de relación que uno busca.
Es curioso, porque cuando he conocido a hombres a través de los chat, los que aseguraban ser fumadores ocasionales terminaban siendo verdaderamente adictos; o los aficionados al deporte lo eran como espectadores de fútbol y baloncesto u obsesionados al gimnasio, mas preocupados por coger masa muscular, que por la práctica deportiva en si. También he podido comprobar como se quitan años; o, sin ánimo de ofender a nadie, como dicen no tener pluma y se les nota a la legua. A la hora de buscar una relación, muchos aseguran querer tener algo serio, pero en el fondo solo buscan sexo. En realidad, si lo pensamos bien actuamos de la misma manera que cuando conocemos en un bar a una persona que nos gusta y empezamos a salir en pareja, que intentamos dar una buena imagen ocultando nuestros defectillos. Esos que luego afloran cuando la relación se convierte en convivencia. Dicen que se miente mucho en el chat, pero yo creo que actuamos en realidad tal y como somos, sin darnos cuenta. Esto es como la tele, a nadie le gusta la caja tonta y nadie la ve, pero todo el mundo se conoce a los participantes de Gran Hermano. Es curioso porque los que insisten en decir que no les gusta la mentira son los que más datos imprecisos dan sobre ellos. Pero esto no solo ocurre en los chat, también en la vida real.
A pesar de todo, yo creo que es un buen invento para conocer a gente. Pero no nos debemos confundir y pensar que es el único medio. Considero que es un complemento, o una alternativa a otros, pero nunca sustituto de ninguno.
 
11 - SOLEDAD
En una ocasión, cuando no tenía asumida mi homosexualidad y era todavía un crío con muchísimas más dudas sobre la vida, de las que pueda tener actualmente, escuché decir a un señor, que los gays eran personas que aparentemente se les veía muy alegres, pero que en el fondo eran seres solitarios y tristes. Supuse que lo decía porque los consideraba muy libertinos, con relaciones poco estables y ante la imposibilidad de tener hijos biológicos se veían abocados a terminar sus vidas en la más absoluta soledad. En aquella época me planteaba el futuro y recuerdo que quería ser mayor y casarme con una mujer con la que tener varios retoños. Deseaba ser como mis primos mayores. Es decir, seguir las pautas que la sociedad de entonces nos establecía para conseguir ser un hombre normal dentro de un sistema que visto con la distancia que da el tiempo, era de lo más rancio y funesto, y que por desgracia todavía hoy perdura en muchos puntos del planeta. Quería tener una familia perfecta, una mujer cariñosa y unos hijos extraordinarios con los que compartir los mejores momentos que me daba la vida. Ahora pienso, que con esas expectativas que me planteaba, a lo mejor quería esquivar la soledad. Una persona próxima a mi me confesó hace poco, que se casó muy joven con una mujer a la que apenas conocía por temor a quedarse soltero y solo en la vida. Y es curioso, porque ahora de mayor, con hijos y mujer se siente muy solo. Otros recurren a tener muchos amigos o ligues y así engañarse. A veces no hace falta la ausencia para tener la sombra de la soledad acechándonos. Con compañía también podemos sentirnos solos, aunque parezca curioso y paradójico. Quizá el hecho de pensarlo y el miedo que nos produce la idea, nos haga adoptar una actitud ante los demás, que nos lleve a sentir esa sensación de soledad y vacío interior que tanto tememos.