18 - LA PLUMA
El otro día, mientras comía, me dio por poner Tele 5 y en mi televisor irrumpió la imagen del periodista Màxim Huerta. Me llamó la atención el giro dado por este profesional que venía de los informativos, siempre con un porte serio y totalmente masculino. Y ahora se nos presenta en el programa de Ana Rosa Quintana de otra guisa, con un aspecto más amanerado, que ha hecho que se disparen los comentarios sobre su homosexualidad. Pero yo me pregunto, ¿porque tenga pluma tiene que ser gay?. Dicen que Màxim Huerta lo ha reconocido, pero yo creo que una persona por el hecho de ser afeminado no tiene porque ser homosexual. Tan convencido estoy que conozco a un par de heterosexuales con mucha pluma que les gusta en demasía las mujeres, tanto o más que algunos tíos que van por ahí alardeando de ser muy machos. Yo no tengo pluma y si no digo que soy gay la gente piensa convencida que me atrae el sexo femenino. Me ocurre con cierta frecuencia. Yo soy masculino en mi forma de expresar y quizás alguna persona me pueda reprochar que tenga una serie de prejuicios que me impiden ser más afeminado. Incluso en mi adolescencia llegué a plantearme si en realidad estaba disimulando la pluma. Pero con el tiempo terminé por convencerme de que no, porque yo actúo y tomo los ademanes masculinos de forma natural. Es más, durante una temporada me aficioné al teatro y me tocó interpretar un papel de “marica”. Por mas que lo intentaba no me salía, lo que demostraba que a parte de ser un pésimo actor, la pluma no va conmigo. Quizá no tenga esa gracia y salero que se les atribuye a los afeminados. Siempre la imagen del gay ha estado relacionada inexorablemente con la del personaje alocado y frívolo que a la perfección queda bien reflejado en “Una Jaula de Grillos” protagonizada por Robin Williams. Yo no critico a este tipo de personas porque tienen todo mi respeto. Lo que a mi me molesta son ciertos personajillos que aprovechando la moda, exhiben su pluma con una gracia de la que carecen, sobreactuando y lo que es peor sobrepasándose, hasta extremos de tocar el culo a todos los tíos que se les cruza por el camino, sean gays o no, para hacerse los guay. Quieren hacer partícipe a todo el mundo de sus bromas y malos chistes, en los que por cierto no suele faltar como elemento protagonista el falo. Como si la vida y el ser gay solo se redujese a eso. Yo creo que la gracia es un don con el que se nace, y aquellos que no la tienen lo que dan es lástima al mostrarse como unos seres artificiales. Una compañera de trabajo comentó un día, en medio de una conversación sobre este tema, que los gays con pluma que suelen sobreactuar, pueden tener un trauma que no hayan superado y que les lleva a exagerar. A lo mejor tenía razón. Aunque creo que lo que no tienen es respeto hacía los demás. Está todavía muy fresco el incidente que sufrió el componente de los Morancos, Cesar Cadaval, cuando recibió un puñetazo del defensa del Sevilla Ivica Dragutino. Según cuentan, el humorista le lanzó un inocente beso. Por lo visto no se conocían y el jugador sevillista se sintió molesto y reaccionó de una manera lamentable, porque según aseguró tras pedir disculpas, lo vio como una provocación, cuando en realidad debía de ser una broma. Pobre del que conviva con este impresentable personaje que tiene estos prontos. Porque por mucho que una persona te falte el respeto no hay que utilizar la fuerza. Creo que hay otras formas. Y las formas muchas veces en la vida se pierden.
19 - SALIR DEL ARMARIO
A mi me apasiona la música y de vez en cuando trato de escuchar viejas canciones que me remontan a mis años mozos. No es que me tenga por un nostálgico pero reconozco que me gusta rememorar viejos tiempos. Y qué mejor que con canciones de la época. Sin ir más lejos, lo último que he desempolvado de mi discoteca personal ha sido un disco de vinilo del dúo de mi niñez, Enrique y Ana. Mientras les oía cantar Coconuts reflexionaba sobre la evolución artística y personal del solista masculino. Enrique del Pozo comenzó como actor, triunfó como cantante y ahora se dedica a hablar de otros en los programas televisivos de turno dedicados al cotilleo. Precisamente por sus comentarios sobre las vidas personales de ciertos famosos se le ha “acusado” de gay y le han criticado porque no se atreviera a salir del armario. Incluso en algún momento negó tal hecho. Finalmente ha reconocido ser bisexual. Los rumores y acusaciones le han animado a hacerlo público. Era de esperar, ya que en realidad en su caso jugaba con un arma de doble filo. Aunque en el fondo destapar la identidad sexual de Fulanito y Menganito se ha elevado a la categoría de deporte nacional. Hace bastantes años en mi anterior trabajo en una empresa que se destacaba por ser muy liberal, ciertos compañeros arropados por un mediocre directivo, me tiraban indirectas sobre mi posible orientación sexual. Me insinuaban que aquellos que no hablaban de sus conquistas con mujeres eran homosexuales. Se extrañaban porque nunca me fijaba en ninguna “tía”, ni soltaba esos exabruptos que acostumbran a decir los hombres maleducados. Incluso recuerdo como me metieron un buen día en una encerrona y me llevaron a un pub gay para ver mi actitud. Por supuesto reaccioné muy mal. Sobre todo porque en aquél momento de mi vida todavía no tenía las cosas claras. Todo esto vino después de presenciar una caza de brujas a dos compañeros victimas de los trepas de la empresa, muy aficionados ellos a contar chistes ofensivos sobre el lesbianismo de una y la posible homosexualidad del otro. Fue lamentable. A veces por la intolerancia de unos, algunas personas débiles intentan evitar el rechazo y la humillación creando una vida ficticia llena de mentiras. Y solo se engañan ellos. En ese mismo trabajo conocí a un comercial que ingresaba un importante volumen de dinero para la empresa. Estaba muy bien valorado. Al menos aparentemente, porque a pesar de estar casado y con un hijo, la sombra de la homosexualidad le perseguía. Siempre era objeto de comentario. Por supuesto a sus espaldas, porque delante de él todo eran loas. El pingüe dinero le blindaba de un respeto hipócrita y falso que solo duraba el tiempo que permanecía con los demás. Recuerdo haber coincidido con él en un par de bodas de compañeros y siempre iba acompañado de su mujer a quien le mostraba una evidente frialdad e indiferencia. Todo el mundo se fijaba en ese detalle, con la imagen de su esposa sola y desubicada, lo que daba para extensos comentarios. Como también los viajes que tenía por costumbre realizar todos los años a Cuba. Viajaba solo y alguno decía que cruzaba el charco para jugar a las chapas. A su vuelta, recuerdo que venía ilusionado a contar sus aventuras “políticamente correctas”. Los pelotas aguantaban el tostón y él se iba entusiasmado a casa, desconociendo lo que en realidad casi todo el mundo pensaba y decía de él. A mi me da pena esa doble vida y no tanto el hecho de que permanezca dentro del armario. Últimamente hay ciertos gays obsesionados en querer sacar a todos los homosexuales de la opacidad y me parece muy mal. Hace poco, el periodista argentino Jorge Lanata se hacía una interesante pregunta en el programa de Gemma Nierga. ¿por qué los futbolistas gays no hacen público su condición sexual?. Probablemente será que tengan miedo a que una enfervorizada y a veces incontrolada hinchada suelte insultos homófobos, parecidos a los que sufrió por xenofobia el camerunés Samuel Eto'o en el estadio del Zaragoza.
Por mi experiencia, considero que los gays tenemos tres obstáculos importantes que debemos salvar, como es el hecho de reconocernos tal y como somos, aceptarnos y enorgullecernos de ser homosexuales. Habría un cuarto obstáculo, el social (salir del armario), que en mi opinión no es tan importante, porque lo realmente trascendente es sentirse bien con uno mismo y estar a gusto tal y como somos.
Por mi experiencia, considero que los gays tenemos tres obstáculos importantes que debemos salvar, como es el hecho de reconocernos tal y como somos, aceptarnos y enorgullecernos de ser homosexuales. Habría un cuarto obstáculo, el social (salir del armario), que en mi opinión no es tan importante, porque lo realmente trascendente es sentirse bien con uno mismo y estar a gusto tal y como somos.