REFLEXIONES DE UN GAY CONFUNDIDO
Blog para pensar en alto sobre las relaciones gays
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Blog para pensar en alto sobre las relaciones gays. Su autor reflexiona sobre sus vivencias sentimentales y de amistad, intentando buscar una respuesta a todas sus dudas. Olimphiogay
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24 - CÓMO ACTUAR CUANDO LA INTUICIÓN NOS GUÍA AL HOMBRE DESEADO (PRIMERA PARTE)
He empezado a leer un interesante libro titulado “Inteligencia intuitiva” de Malcom Gladwell, en el que su autor asegura que la intuición es muy frágil y susceptible a los prejuicios. Y añade que las decisiones adoptadas a toda prisa también pueden ser tan buenas como las prudentes y deliberadas. Cómo lamento no haberlo tenido en cuenta hace varias semanas, cuando me empecé a fijar en un atractivo hombre de bella mirada que me tiene a día de hoy en un sin vivir. La primera vez que me interesé por él fue en una tarde de domingo, en las instalaciones deportivas de mi barrio. Aunque ya habíamos coincidido en repetidas ocasiones, yo venía del gimnasio y me disponía nadar como todos los días cuando apareció por el vestuario. Apenas noté su presencia. Me fui a la piscina y le dejé cambiándose. Cuando él se incorporó se puso en mi calle, aunque yo al cabo de un rato me pasé a la de al lado porque me gusta nadar solo, a mi ritmo y si hay poca gente, como en ese momento, procuro ocupar una zona libre. Entre largo y largo y en los momentos de descanso nos cruzábamos miradas fugaces, que me empezaban a despertar cierto interés por él. Cuando terminé de nadar me fui a las espalderas para hacer unas cuantas series de dominadas. Él también dejó de nadar y se acercó para realizar unos estiramientos. Yo me fui sin hacer ningún abdominal, al notar que mi bañador iba adquiriendo la forma de una tienda de campaña y preocupado porque se notara en exceso. En las duchas nos volvimos a cruzar, pero yo en todo momento evitaba las miradas porque en el fondo no estaba seguro de que fuera gay ni de que yo le atrajera. Luego me sequé, me vestí y me fui dejándole en el vestuario. Una semana después, también un domingo y a la misma hora, volvimos a coincidir y se volvió a repetir la escena. En esta ocasión las miradas que él me lanzaba eran más directas, y sobre todo en la ducha, mientras que yo procuraba mirarle de reojo. Me vestí rápido y me fui de la piscina, sin embargo a la salida hubo algo en mí que me retuvo en la puerta hasta que él salió. Hice ver que enredaba en mi mp3 y cuando le vi salir empecé a caminar. Según me iba alejando, me giraba y le veía quieto mirándome. A unos cien metros me paré y el empezó a avanzar hacia mi. Pasó de largo y nos volvimos a mirar. Esta vez no lo evité y le saludé. El sonrió pero no me dijo nada. Caminó unos quince metros y dio la vuelta. Se volvió a cruzar conmigo y nos volvimos a mirar fijamente. Siguió hasta que se sentó en un banco próximo desde donde me podía ver perfectamente. Yo en ese momento no sabía qué hacer. Fueron unos minutos de espera que se me hicieron eternos, mientras oía la canción Muñeca de trapo de la Oreja de Van Gogh. No presté atención a la letra, pero era muy apropiada en ese momento, porque yo también “me abrazaría al diablo sin dudar, por ver tu cara al escucharme hablar. Eres todo lo que mas quiero (conocerte para algún día llegar a quererte), pero te pierdo en mis silencios”. En ese momento de espera ninguno de los dos hicimos nada, quizá deseando que moviera ficha el otro. Y al final los prejuicios ganaron la batalla a la intuición porque empecé a replantearme si en realidad todo era fruto de mi imaginación y si en el fondo me había seguido únicamente porque se sentía observado por mi. Opte por irme, con la idea de volver a encontrármelo otro día e intentar de nuevo el tanteo. Temo que él también me haya prejuzgado como yo lo he hecho, porque no hemos vuelto a coincidir en la piscina. Me queda la ilusión de volvérmelo a encontrar algún día, no se si en el mismo sitio o por el barrio. Y sin dudarlo le volveré a saludar esperando una respuesta. Porque es la segunda vez que me ocurre algo parecido, aunque en esta ocasión y con este chico, estaba más seguro de mis presentimientos. Quizá mantenga esa ilusión al recordar como en la novela “Todo sobre él” de Ronald L. Donaghe, el tío Sean no se atrevió en un pub a acercarse a un hombre que le gustaba. Se arrepintió y fue en varias ocasiones al mismo lugar hasta que se volvieron a encontrar, se conocieron y se enamoraron. El tiempo me dirá si este desenlace solo ocurre en las novelas y en mi imaginación.
 
25 - CÓMO ACTUAR CUANDO LA INTUICIÓN NOS GUÍA AL HOMBRE DESEADO (SEGUNDA PARTE)
El segundo artículo que publiqué titulado “Las miradas nos delatan” ha suscitado un interesante debate con enriquecedores comentarios. Un internauta que se hace llamar Paquito, critica que digamos (yo y algún lector con sus comentarios) que cuando una persona mira a uno fijamente es porque le gusta y añade que eso no es cierto. Cuenta una amarga experiencia que tuvo cuando le entró a un chico que le observaba mucho, pensando que le atraía. El cruel muchacho en realidad le estaba poniendo a prueba para humillarle y reírse con sus amigos de él. En su comentario nos acusa de estar “alimentando la esperanza de muchas personas”. En mi artículo en ningún momento digo que esas afirmaciones sean ciertas, solo que las he oído decir a gente como tantas otras cosas que se comentan en la vida y no por eso tienen porque ser reales en todos los casos y situaciones. Pero creo que si alguien te clava la mirada es por algo. Bueno o malo. También es normal que el receptor capte señales que a veces no sean las que presienta. Por eso hay que andarse con mucho cuidado y medir muy bien los pasos que se deben dar para no meter la pata. Por ejemplo en mi caso, volví a encontrarme dos meses después con el chaval de la piscina, del que hablo en la primera parte de este artículo. No esperaba encontrármelo de nuevo, a pesar de los ánimos que me daban visitantes asiduos a este blog como Enis del Mar y Quijote Exiliado y a los que quiero agradecer desde aquí su apoyo. Se volvieron a repetir las escenas. El primer día del “reencuentro” él salió detrás de mí aunque en este caso se iba alejando. Yo me paré en una esquina y él también, pero al poco siguió su camino. Yo estaba muy seguro de mi intuición y en esa ocasión no quería irme a casa sin poder hablar con él, por lo que le seguí. Sin embargo se metió al coche. Aguantó unos minutos y puso en marcha el motor. Entonces opté por irme. Él me siguió, incluso paró en algunos tramos del recorrido hasta que aparcó en un parking en el que tenía yo mi vehículo. Pero mis intentos por conocerle eran en vano. Cuando yo me acercaba decidido, él retrocedía y cuando era él quien se aproximaba yo no sabía cómo reaccionar. Con lo fácil que es presentarse, cómo nos lo complicamos, o mejor dicho, cómo nos lo complica la sociedad en la que vivimos. Parecíamos dos niños. Seguro de que al día siguiente le volvería a ver, se me ocurrió imprimir la primera parte de este artículo y dársela con el propósito de intentar romper el hielo. No estaba del todo muy seguro, aunque después de darle varias vueltas a la idea, opté por hacerlo. Un día después, cuando salíamos de la piscina y mientras él hablaba por teléfono en su coche, le deje la carta en el limpiaparabrisas. Pude ver como se sorprendió porque no se lo esperaba, pero no le dije nada y me fui. Me abrí a una persona que no conocía y le transmití lo que sentía. Al final pude conocerle y comprobar como mi intuición no se había equivocado. Era como yo me lo imaginaba. Seguro que muchos me dirán que es mejor ir descubriéndose poco a poco, pero preferí que supiera desde el principio lo que quería, quizá para evitar crearme falsas expectativas, en el supuesto de que fuera el típico personaje que va a la piscina solo a buscar un rollete de una noche. Que los hay. Es mas, a veces me he preguntado si en realidad yo también acudo a la piscina solo con esa finalidad, aunque no lo creo porque de lo contrario habría tenido más de un ligue. Reconozco que me gusta ver bellos torsos así como otras partes de la anatomía masculina y ese es el sitio ideal para ello, pero por respeto a las personas trato de evitarlo. Como el internauta Julio (comentario publicado en el artículo 2), que cuando un chico le gusta y él le “devuelve la mirada no soy capaz de seguir mirando y tengo que desviar la vista. Hago esto porque pienso que puede reaccionar mal”. A mi también me ocurre lo mismo, pero sobre todo con el hombre que más he deseado y sigo deseando en esta vida, el chico del Nissan Primera rojo. Quizá porque en este caso la intuición no está de mi lado.
 
26 - EMOCIONAL O VISCERAL
Hace poco un amigo se desahogaba conmigo tras romper con su novia. Fue ella la que le dejó y me confesaba muy dolido que él es una persona muy emocional y se lamentaba porque siempre ha tenido muy mala suerte al elegir para salir a mujeres muy viscerales, que le han hecho mucho daño. Hasta hace un año, cuando conocí al chico musculoso, pensaba que yo era una persona más racional que emocional. Sin embargo me he dado cuenta de que soy todo lo contrario y como consuelo comencé a escribir reflexiones que más tarde iba colgando en este blog que hoy está a vuestro alcance y que he titulado “Reflexiones de un gay confundido”. Soy una persona con muchas dudas, como todo el mundo y este foro me ayuda a tener las ideas más claras. En su momento escribí el artículo “Cuestión de músculos”, como el desahogo que tuvo conmigo mi amigo al contarme su caso. En el fondo es bueno no retener las cosas dentro para mantener un equilibrio que es muy importante en cada uno de nosotros y siempre buscamos el consuelo en otros. Unos cuentan sus secretos a sus amigos más íntimos, otros llaman a programas de radio como “Hablar por hablar”. Y los hay como yo, que hemos encontrado esta vía como válvula de escape, al menos hasta que aparezca nuestro legítimo confidente. Por lo menos, esa es mi intención. Pero reconozco que el tiempo te deja ver las cosas con más claridad. En caliente, quise buscar un motivo que le hubiera llevado al chico a no seguir viéndome y en ese momento brotó en mi mente las ideas expuestas en el citado artículo y que no han gustado a un internauta que se hace llamar Musculoca. Y él tiene razón en su comentario cuando me dice “jódete gilipollas”, porque me jodió mucho perderle y me sentí y me sigo sintiendo un gilipollas. Él ha sido y todavía sigue siendo el único chico gay que me ha gustado y que más he deseado de todos los que he conocido. Y me pregunto, ¿eso es malo?. Quizás sea eso lo que le agobió, porque a mi también me ha ocurrido lo mismo con algunos hombres que he conocido. Yo no le olvido ni le olvidaré nunca porque siempre estará presente en mi mente y sobre todo cuando escucho la canción de Efecto Mariposa y Javi Ojeda, titulada: No me crees, “cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés, y en cada día, en cada hora, a cada instante pienso en ti y no lo ves, no me crees. “. Muchas veces me he preguntado qué tiene él que tanto me gusta, que no tengan los demás chicos que he conocido. Pero desconozco la respuesta.
Mi amigo se preguntaba porqué no encuentra a una chica como él, que sea cariñosa y sensible, y que sienta lo mismo que él ha sentido por las mujeres a las que ha amado. O mejor dicho, que ha deseado, que es lo más importante de una relación. El deseo reciproco en una pareja. Por eso creo que será mejor dedicarle el próximo capítulo al deseo. Algo que en mi opinión es fundamental y no siempre está presente en una relación.
Pero para acabar el artículo y sin ánimo de convertir esto en un cruce de declaraciones entre Musculoca y yo, quisiera decirle que siento haberte dolido con mis comentarios, porque empecé a sentir algo por ti que nunca había sentido por nadie. Y los sentimientos no se pueden controlar, por eso fuiste tú mucho más inteligente que yo y desapareciste. Físicamente, porque dentro de mi seguirás estando entre mis recuerdos. Y espero que no te moleste.