REFLEXIONES DE UN GAY CONFUNDIDO
Blog para pensar en alto sobre las relaciones gays
Acerca de
Blog para pensar en alto sobre las relaciones gays. Su autor reflexiona sobre sus vivencias sentimentales y de amistad, intentando buscar una respuesta a todas sus dudas. Olimphiogay
Sindicación
 
29 - EL LETARGO ADOLESCENTE
Estuve hace unos días en el banco de mi barrio y me atendió un nuevo comercial que me quería vender todo tipo de productos, entre ellos una nueva tarjeta joven que habían sacado recientemente. Cuando me preguntó la edad se dió cuenta que yo no entraba dentro del grupo de jóvenes a los que iba dirigido el producto. Pero me gustó que me quitara años, porque yo me siento joven a mis treinta y tantos y me percaté de ello en las fiestas de mi ciudad cuando unos amigos propusieron ir a una verbena en la que tocaban los éxitos de siempre al más puro estilo Radiolé. Aunque me gusta casi todo tipo de música, reconozco que me sentí incómodo y desubicado, porque esos temas y sus correspondientes bailes no me entusiasmaron en lo más mínimo, aunque por supuesto los respeto. Y me pregunto ¿es necesario la edad para ser joven?. Quizá esté equivocado, pero creo que lo realmente importante es sentirse joven por dentro, con esa ilusión del mancebo que quiere aprender y disfrutar del momento. Yo reconozco que a mi edad estoy viviendo la etapa de la adolescencia, esa que no pude disfrutar en su momento por culpa de la sociedad homófona en la que vivimos y a la que el escritor José Antonio de Villena acusaba por haberle robado su juventud, tal y como confesó hace unos meses en el programa “Entiendas o no entiendas” de Leopoldo Alas en RNE 5. La mayor parte de los gays vivimos la adolescencia a una edad tardía, porque no podemos desarrollarla a su edad como cualquier heterosexual, por culpa del entorno en el que nos movemos. Cuando mi hermano y yo éramos quinceañeros, no podía expresar mis sentimientos porque los intentaba reprimir. Era una edad en la que a mi padre le tenía en un pedestal y todo lo que decía iba a misa. En su casa no quería a ningún marica, como él decía y sin saberlo convivía con uno. Sin embargo mi hermano tuvo una adolescencia más fácil, donde pudo hablar con total normalidad sobre sus preferencias en cuanto a mujeres se refiere. El filósofo y psicoterapeuta americano Joe Kort, viene a decir en su interesante libro “10 consejos básicos para el hombre gay” que es habitual que los homosexuales tengamos una adolescencia tardía, pero alerta del peligro de que se convierta en eterna. “Creen que cuando lleguen tiempos difíciles, alguien les salvará. Quieren que sigan cuidando de ellos como cuando eran niños. Prefieren las relaciones superficiales, efímeras y a distancia. En cuanto las cosas se ponen complicadas, buscan a alguien en otro estado, incluso en otro país. Estos hombres visten ropa juvenil y se juzgan unos a otros por su pectorales y abdominales y hasta por el coche que tiene en el garaje. Para alejar el fantasma de la vejez, consumen drogas y alcohol tanto si tienen 30, 40 como 50 años”. Si que lamento no haber podido vivir mi adolescencia a la edad natural, pero me alegro y no me importa que me haya llegado a estas alturas. Lo que me preocuparía es que no se despegara de mí. Por eso, confío encontrar pronto a mi pareja ideal con la que hacer mi vida, como mi hermano ha encontrado a la suya.
Etiquetas:           
 
30 - CRACY (LOCO)
El otro día fui a ver la película “Cracy”. Su argumento se centra en la vida de un joven llamado Zachary, condicionado por su padre al que pretende agradar reprimiendo sus sentimientos. Me ha gustado la cinta, porque he recordado esos momentos de incertidumbre sobre la sexualidad, que tuve desde mi infancia hasta convertirme en un adulto y compruebo cómo con el paso del tiempo he ido evolucionando como persona. He visto algunos paralelismos en la vida del protagonista con la mía. A Zachary, le gustaba de niño vestirse de mujer con la ropa de su madre. Y yo disfrutaba poniéndome a escondidas los trajes y corbatas de mi padre. Ahora de mayor recuerdo esas escenas vividas y reconozco que eran una señal de la atracción que sentía hacía todo lo masculino. En el caso de Zachary, su padre le pilló y desde entonces su obsesión fue evitar que su hijo se volviera “marica”. A mi no me pillaron nunca, pero si sabían que a mis ocho añitos me gustaban mucho los trajes y las corbatas. Unas prendas de vestuario que no levantaban tantas sospechas. Al protagonista del filme le atraía el novio de su prima, y algunas escenas me recordaban a mí con el chico del Nissan Primera rojo. Zachary se negaba a sí mismo por contentar a un padre, que se preocupaba más por la homosexualidad de su cuarto hijo, y el qué dirán los vecinos, que por la vida de drogadicto que llevaba su primogénito. Un retrato que a buen seguro será real en algunas familias. Afortunadamente no ha sido mi caso. Zachary se guardaba para sí, sus frustraciones y prejuicios acrecentando sus inseguridades, complejos y miedos. La experiencia me ha demostrado que retener adentro todo eso no es bueno. Y cuento el caso de una persona de mi entorno familiar, que siempre ha dado una imagen de seguridad y firmeza hacía los demás. Todo lo que hacía era perfecto y si había un error, era por culpa de otro. Era muy exigente, estricta y hasta dominante. En el fondo proyectaba en los demás sus propias inseguridades y frustraciones. Se lo guardaba todo hasta que al final no pudo más y estalló. Y como ya comenté en el artículo 22, dedicado a la vigorexia, la salud mental es muy importante, quizá más que la física y no la tenemos en cuenta. Una tía me confesó recientemente que durante un periodo de crisis en su matrimonio, un terapeuta les recomendó a ella y a su marido que escribieran en un bloc, todo lo que les disgustaba de su pareja. Fue entonces, cuando mi tía se dio cuenta que había sido una egoísta con su marido. Cada uno vio sus propios defectos e intentaron corregirlos. A partir de ese momento la relación mejoró. A mi este blog me ha servido para conocerme mejor y cimentar todos mis principios, sobre todo en esas situaciones en que uno se deja llevar por la emoción del momento, sin medir las consecuencias y los riesgos. Y tengo muy claro, que cuando tenga a mi pareja, le contaré de la existencia de este blog y le animaré a que lo lea. Quizá pueda pensar que soy un indiscreto por ponerlo en la red al alcance de cualquiera y a lo mejor no me crea cuando le confiese que a partir de ese momento él solo será, en exclusiva, el receptor de mi blog. De él dependerá que me crea y confíe en mi, porque de lo contrario sería mejor, aunque me duela, no iniciar una relación que empezaría viciada.