31 - EN RESPUESTA AL JOVEN ENIGMATICO
Un joven enigmático ha escrito un comentario en el artículo 29, “El letargo adolescente”. En él cuenta su caso y pide mi opinión: “Yo soy gay y tengo 26 años. Vivo con un compañero de piso aparentemente heterosexual pero me preocupa que sea gay y que no se acepte. El tiene 28 años y es un chico bastante atractivo, e inteligente, aunque parece no encontrarse a gusto en casi ninguna situación. Hace unos días, en una fiesta en la que habíamos bebido mucho, se abalanzó sobre mi y me empezó a dar besos por toda la cara aproximándose bastante a mis labios y luego me hizo algún comentario de que era gay. El no sabe que yo lo soy. Habla a todas horas de mujeres. De hecho, tiene que hablar de aquellas que pasan por nuestro lado y que están bien. Realmente, no se si es porque le encantan las mujeres o es una forma de no aceptarse. ¿Que opinas?”.
Probablemente no tenga clara su orientación sexual y se encuentre sumergido en un conflicto interno que le lleve a ese estado de indecisión e inseguridad que a ti te preocupa y que como bien sabemos los homosexuales por desgracia es muy habitual. Y ante esto, qué haría yo en tu caso. Creo que es él quien tarde o temprano tiene que aclararse y aceptarse como homosexual, bisexual o heterosexual. De nada sirve que vayas con la buena intención de ayudarle, porque seguramente se lo tomará a mal y te rechazará. Yo he pasado por esa época de incertidumbre y hoy reconozco, que en ese momento, si me hubieran insinuado en lo más mínimo que pudiera ser gay, me hubieran ofendido e incluso habría hecho inconscientemente que todo el proceso de aceptación por el que he pasado se hubiera ralentizado más aún en el tiempo. En algunas personas asumirlo es mas rápido que en otras. Eso depende de cada uno y de su entorno. Pero sí que tengo claro que es algo individual. Y el que no quiera ver, reconocer y aceptar su forma de ser y sentir de manera natural, lo que hará es destruirse poco a poco como persona. Yo en tu lugar le diría que soy homosexual. Pero en un momento en el que surja la conversación. Una vez que lo sepa, podrá reaccionar bien y por lo tanto seguirá viviendo contigo, o mal. Es decir, que coja todas sus cosas y se vaya. Si es así, seguramente será porque está muy confuso y tenga miedo de perder el control de la vida ortopédica que lleva. Y quizá sea lo mejor para ti, porque aunque te pueda ser doloroso al principio, los problemas y conflictos se los lleva él y no tu. A veces, los homófonos más radicales están entre los homosexuales. Y son esos que no se aceptan como tal. Recuerdo en la película American Beatty, al vecino, rígido, estricto y violento, que llevaba la disciplina militar a su casa, hasta el extremo. Odiaba a los homosexuales, de los que decía: “¿por qué los maricones tienen que pasárnoslo siempre por la cara?. Cómo pueden ser tan desvergonzados.” En la escena, su hijo le respondía: “de esto se trata papa, no creen de que haya que avergonzarse". Sin ánimo de reventar el desenlace de la película, este coronel de la marina resultó ser un homosexual reprimido que al final estalló y se destruyó. Y aunque es ficción, estoy convencido que situaciones como esta son muy frecuentes en nuestra sociedad. Pero puede que tu compañero de piso reaccione bien, motivado por uno de estos dos factores totalmente opuestos. Bien, porque en realidad sea heterosexual y tenga las cosas más claras de lo que parece, y por lo tanto no le suponga ningún trauma vivir con un homosexual, o porque en el fondo sea gay y tu le gustes, y esa atracción pueda más que su deseo por permanecer dentro del armario para todo el mundo.
Puede que si no lo intentes no descubras nunca lo que pasa por su cabeza. Aunque claro, lo digo con la comodidad que da la distancia, desde donde se pierden algunas perspectivas que solo perciben los protagonistas de cada caso, y que son fundamentales para desentrañar esas situaciones de confusión y dudas que no nos dejan tomar uno u otro camino en ese peregrinar diario por la vida. Por eso, quizás no sea yo muy amigo de dar consejos en temas tan trascendentales como este.
Probablemente no tenga clara su orientación sexual y se encuentre sumergido en un conflicto interno que le lleve a ese estado de indecisión e inseguridad que a ti te preocupa y que como bien sabemos los homosexuales por desgracia es muy habitual. Y ante esto, qué haría yo en tu caso. Creo que es él quien tarde o temprano tiene que aclararse y aceptarse como homosexual, bisexual o heterosexual. De nada sirve que vayas con la buena intención de ayudarle, porque seguramente se lo tomará a mal y te rechazará. Yo he pasado por esa época de incertidumbre y hoy reconozco, que en ese momento, si me hubieran insinuado en lo más mínimo que pudiera ser gay, me hubieran ofendido e incluso habría hecho inconscientemente que todo el proceso de aceptación por el que he pasado se hubiera ralentizado más aún en el tiempo. En algunas personas asumirlo es mas rápido que en otras. Eso depende de cada uno y de su entorno. Pero sí que tengo claro que es algo individual. Y el que no quiera ver, reconocer y aceptar su forma de ser y sentir de manera natural, lo que hará es destruirse poco a poco como persona. Yo en tu lugar le diría que soy homosexual. Pero en un momento en el que surja la conversación. Una vez que lo sepa, podrá reaccionar bien y por lo tanto seguirá viviendo contigo, o mal. Es decir, que coja todas sus cosas y se vaya. Si es así, seguramente será porque está muy confuso y tenga miedo de perder el control de la vida ortopédica que lleva. Y quizá sea lo mejor para ti, porque aunque te pueda ser doloroso al principio, los problemas y conflictos se los lleva él y no tu. A veces, los homófonos más radicales están entre los homosexuales. Y son esos que no se aceptan como tal. Recuerdo en la película American Beatty, al vecino, rígido, estricto y violento, que llevaba la disciplina militar a su casa, hasta el extremo. Odiaba a los homosexuales, de los que decía: “¿por qué los maricones tienen que pasárnoslo siempre por la cara?. Cómo pueden ser tan desvergonzados.” En la escena, su hijo le respondía: “de esto se trata papa, no creen de que haya que avergonzarse". Sin ánimo de reventar el desenlace de la película, este coronel de la marina resultó ser un homosexual reprimido que al final estalló y se destruyó. Y aunque es ficción, estoy convencido que situaciones como esta son muy frecuentes en nuestra sociedad. Pero puede que tu compañero de piso reaccione bien, motivado por uno de estos dos factores totalmente opuestos. Bien, porque en realidad sea heterosexual y tenga las cosas más claras de lo que parece, y por lo tanto no le suponga ningún trauma vivir con un homosexual, o porque en el fondo sea gay y tu le gustes, y esa atracción pueda más que su deseo por permanecer dentro del armario para todo el mundo.
Puede que si no lo intentes no descubras nunca lo que pasa por su cabeza. Aunque claro, lo digo con la comodidad que da la distancia, desde donde se pierden algunas perspectivas que solo perciben los protagonistas de cada caso, y que son fundamentales para desentrañar esas situaciones de confusión y dudas que no nos dejan tomar uno u otro camino en ese peregrinar diario por la vida. Por eso, quizás no sea yo muy amigo de dar consejos en temas tan trascendentales como este.