Here She Comes... Miss Rita The Singer
Existen dos palabras que te abrirán muchas puertas: TIRE y EMPUJE
Acerca de
Rita the Singer un día se dio cuenta que tenía que contarle su tragicómica vida al mundo lésbico. Que uno le intentara mear por la calle no le ocurre a cualquiera... ecoestadistica.com
Sindicación
 
Copa de luna
El otro día mi amiga la Delincuente Juvenil (beatificada así porque de moza entró a un ambulatorio abandonado y, pillándola la policía, apareció en el periódico local con este apodo) me habló del fin de los tampones y las compresas. No sé cómo había encontrado la copa de luna aunque supongo que sería en uno de esos conciertos a dos euros + mini de kalimotxo incluido donde aparte de que un tipo te grite que el estado es una mierda (cosa que tú ya sabes) hay cursos feministas donde te enseñan a ser una buena okupa femenina.
A mí el aparato no me pareció ni muy útil, ni muy bonito ni nada (es lo que tiene ser cambiófoba). Pero tenía que buscarle algo de peso para poder renunciar a ellos con toda tranquilidad.
Son mucho más higiénicas que las compresas (aunque hasta una amalgama de papel de periódico lo es) y no producen el tan temido síndrome de shock tóxico como los tampones (el martirio que sufrí en el colegio en nuestras charlas periódicas sobre la regla y el dichoso síndrome me hizo pensar que los tampones eran un producto llegado directamente del infierno). Copa de Luna 1 - Tampones 0
Pero la primera excusa estaba al caer: son depósitos en forma de campana así que al sacártelos tienes que limpiarlos con agua y secarlos. Me imagino una noche en el baño de una discoteca fraguando mi depresión post-party y tener que quitarme el dichoso aparato sin derramar nada. Al salir seguro que alguna se creería que he tenido un percance con mis venas. Copa de Luna 1 - Tampones 1
La segunda excusa vino más rápido aún que la primera. En la página de inicio te venden que la vaciarás con menos frecuencia que cambiarte de tampax. Pero eso es sólo para llamar la atención porque navegando a través de la página he encontrado que te la has de cambiar cada 4 o 12 horas. Así que el período es más o menos el mismo. Copa de Luna 1 - Tampones 2
Otro factor es el dinero. Teniendo en cuenta que el Estado sigue tratando a los tampones como objeto de lujo con el consabido IVA desproporcionado, el precio de 30€ por una copa de luna es muy asequible. Así entre lo que ahorras con esto y que has dejado el tabaco ya te da para comprarte tu piso de 30 m2. Copa de Luna 2 - Tampones 2
Ya estoy en el tie-break. Me entra miedo escénico. Si pierdo tendré que decirla a Delincuente Juvenil que tenía razón y que lo probaré. Recorro la página buscando defectos al cacharrito. No encuentro ninguno más. Qué hago!!! Y de repente, me encuentro en preguntas frecuentes. Y voilá! Mi salvación!
-Soy virgen, ¿puedo usarla?
-Si, aunque no es recomendable si quieres conservar tu himen intacto.
Con lo que aprecio yo mi himen!!!!! Puntuación final: Copa de Luna 2 - Tampones 3
 
La Orla Magna
Ayer era el gran día de todo universitario. Nos hacíamos la orla. La foto que todo estudiante desea llegar a tener. No significa que hayas puesto punto y final a la época más larga de tu vida pero al menos empiezas a dilucidar la luz al final del túnel. Unos ya están cegados de tanta luz que les envuelve; otros, como yo, no vemos nada más que un puntito de luz en plan Caroline en Poltergeist. Pero como ella nosotros también oímos a gente diciéndonos: "Acércate a la luz!!!!".
Ayer fue otro día de prisas pero no tuve tanta suerte como el día precedente. Llegué tarde, muy tarde. Así que la orla tendría que esperar hasta mediodía. A esa hora subimos a hacérnosla pero había tanta gente que decidimos que mejor hacérsela media hora más tarde. Mucho mejor, porque habíamos sido tan listos de dejarnos el dinero y el dni abajo, menos mal que la camisa blanca la llevábamos puesta. A la media hora volvimos a subir , con el dinero y el dni por supuesto, pero tuvimos que volver a bajar. La pseudofotógrafa nos dijo que tenía que comer y que volviéramos a las dos horas. A las dos horas volvimos y ya no es que hubiera gente, es que aquello parecía una convención de camareros. Todos con sus camisas blancas relucientes de almidón. El supuesto encargado nos dijo que "sólo" teníamos unas cien personas por delante nuestra en la lista. ¿Qué lista? ¿Cómo querían que estuviéramos en la lista si ni siquiera sabíamos que existía una? El tiempo de fotografías se agotaba y el número de camareros crecía exponencialmente en vez de decrementarse. El caso es que al final ni orla ni leches. Tras mucho rogar nos han vuelto a convocar para el miércoles que viene. Encima que se llevan una pasta por cada orla, tenemos que rogarles. Aunque menos mal, porque entre tanta espera ya me había bebido mis tropecientas cervezas, bostezado y llorado doscientas tres veces debido a la soñera consecuencia del alcohol y me había restregado mis maquillados ojos como si tuviera la sarna. Si me hubieran hecho la foto así, si que hubieran resumido todos los años de carrera en una foto... ¡Sólo hubieran faltado unos duplex en la mano!
 
Qué!
Esta mañana el trayecto hacia la universidad no ha tenido nada que desmerecer a los anteriores: he hecho un sprint de 47 metros para no perder el suburbano, he peleado como un gallo con un alopécico para apoderarme de la puerta del vagón para apoyarme, me he pisado la bufanda kilométrica por intentar no perder la posición de batalla, he huido del repartidor de folletos del maestro 'Ngonga porque hoy no tenía moral para que intentaran curarme el mal de ojo y mis problemas hepático-reumatoides-duodenales posteriores gracias a un ungüento que ha de extenderse en la dirección que gira la tercera luna de saturno. Encima no llegaba a tiempo a la clase del viejo revenido que si llegas dos segundos tarde te increpa como si del debate de los presupuestos de la nación se tratara. Y encima de todo esto, sigo teniendo el periodo menstrual femenino. El tener la regla significa que todo está elevado a la enésima potencia, tanto si es para mal como, gracias a alguien, si es para bien. Al salir del metro, todo ha cambiado. He cogido el periódico Qué! y al leer el titular de la portada no he podido parar de reír: Detienen a los espías de la T.I.A. Era en relación a la piedra-transmisor encontrada en Rusia por un canal de televisión. Y me ha parecido...¡tan verídico! ¡Qué inútiles! Pero lo mejor estaba por llegar. En un apartadito aparecía una foto de nuestro supuesto antepasado. Se parecia más bien a Shrek que a otra cosa pero bueno. El caso es que el titular ponía: El primer europeo de la humanidad era gordito, bruto e iba en pandilla. Y yo me he quedado pensando: ¡Coño! ¡Si los primeros europeos eran Latin Kings! ¡Y nosotros queriendo repratriarlos! Así que he sufrido un ataque de risa espontánea que me ha durado cuatro minutos hasta que he tenido que volver a las carreras de Ben Johnson. Las siguientes dos horas he estado intentando dilucidar cómo este periódico ha podido salir a la luz porque está lleno de chorradas e inconexiones. Supongo que era como cuando tenía 12 años y salió un periódico que decía cosas como: El individuo mitad hombre-mitad cocodrilo ha salido de las aguas o Un hombre se pasa tres días besando el suelo por donde pisa su ex-novia. Y hacíamos arduos debates en clase intentando dilucidar si todo era verdad o mentira. Al final todos creíamos que era...¡OTRA BURDA PATRAÑA DEL PP!
 
Juventud divino tesoro...
Cuando era más joven, en mi época larvaria o de pupa no recuerdo bien, oraba cada fin de semana para que mis progenitores desaparecieran tres días de la faz de la tierra para poder quedarme sola en casa y llevarme a quien me apeteciera, comer toda la comida basura que hubiera en tres kilómetros a la redonda y bailar un twist en pelotas si me apetecía.
El tiempo ha pasado, la crisálida de la que renací se ha secado al sol de primavera y ya no quiero que mis padres se marchen ningún fin de semana. Porque eso significa que nadie me lleva y me trae del trabajo, que nadie me grita que voy a llegar tarde como siempre, que nadie me hace la comida ni la cena, que nadie me prepara el café y las tostadas con aceite antes de irme a trabajar, que nadie hace conmigo un rally que ni Carlos Sainz para que no llegue tarde a trabajar (por no haberme levantado antes claro), que nadie me arropa por la noche y me da un besito en la frente mientras me echa vips vaporub en el pecho y espalda. También significa que tengo que bajar a Flavia y a Grumpy cuando me levanto, cuando me acuesto, darles de comer, jugar con ellas y darles el cariño de dos personas que faltan, aparte del mío propio. Y encima nadie se viene a mi casa a saltar en los sillones, a comer galletas en la cama y a llenar globos de agua para tirarselos a los insulsos viandantes.
Después de ocho horas trabajadas de pie, un bocata de chorizo de tentempié, una regla recién aparecida y una casa solitaria no puedo pensar en positivo...
 
Día post-infarto
Ya vuelvo a ser adicta. Ahora es aún peor que el año pasado. Siento correr la adicción por mis venas. Al final conseguí aguantar hasta las doce sin ver el capítulo pero fue aún peor de lo que me había imaginado: a las doce y cinco ya estaba taquicárdica. Mira que tampoco es que la serie debiera ser candidata a los Emmy pero será que nos sentimos tan identificadas... No voy a hacer ningún comentario acerca de la sinapsis. No quiero fastidiaros el capítulo. Pero me gustó. Y mucho.
Durante dos temporadas he apostado por Bette, me he pasado la vida babeando por ella pero me he dado cuenta de que ya me he desenamorado. En cuanto la vea, la dejo. Ahora he puesto mis ojos en Carmen que ha cambiado para bien ¿o es que en este capítulo hacía de diosa y no me he enterado? El caso es que me pasé la hora intentando deducir porque no me había fijado antes en ella. ¿Será debido a que ya me he cambiado la graduación de las lentillas? Tras dos horas viendo un capítulo e intentando descifrar otro me fui a la cama más contenta que unas pascuas. Así he amanecido hoy con un sueño que por poco no meto la perra en el bolso. Por lo menos he tenido suerte: he sido lo sufiencientemente hábil para coger la comida y no dejármela otra vez en casa.
Mañana rastrearé el emule a ver si consigo los subtítulos del segundo capítulo aunque a no ser que la gente sólo viva para eso, me parece a mí que no estarán. ¿Debería el COGAM pagar una traductora para que nos den en bandeja y lo antes posible a las hordas de bolleras hormonadas los capítulos de The L word?
PD: Quiero darle las gracias a Luna/arwen porque es la primera que me ha puesto de enlace en su blog y me ha hecho tanta ilusión que me he emocionado. ¡Si es que me ha hecho sentirme más importante que Rita Irasema!....y ya es decir.
 
El retorno de The L Word
Hace nueve meses me pasé un mes entero viendo las dos temporadas de "The L Word". El clímax llegó un día que me pasé cinco horas sin despegar los ojos de la pantalla del ordenador. Supongo que no soy nada más que un pececillo payaso en las mareas lésbicas que ha producido la serie. El caso es que terminé de ver la segunda temporada casi con taquicardias pensando que no aguantaría hasta el 8 de febrero sin volver a verla. Pero bueno eso me pasa con todas las series con las que me pego atracones.
Ayer, leyendo los blogs de cada día y muchos más que se me cruzaron por el camino leí el vigésimo post respecto a la serie. Pensé que era debido a que lo están empezando a echar en Canal +. Pero no, me había equivocado: ¡¡¡hacía una semana y pico que había empezado la tercera temporada!!! Inútil de mí no había leído bien cuando empezaba. Y como una freakie en toda regla corrí al emule a descargármela. Ahora la tengo aquí, a unos cuantos bits del blog. Evidentemente, creo que estoy un poco bastante muy deseosa de ver el primer capítulo pero como no quiero parecer débil esperaré hasta que me vaya a dormir para verlo en el silencio nocturno de mi habitación. Así me creeré que en realidad no soy tan freakie como parece. Bueno tengo que reconocerlo he visto un poquitititititito porque no he podido aguantar. Pero juro que no veré nada hasta las once de la noche! Lo peor de todo es que también me he bajado el segundo capítulo y claro todavía no están colgados los subtítulos así que me pasaré otra hora más intentando entender lo que dicen. Menos mal que los gemidos se traducen muy bien. En post posteriores comentaré mi shock....
 
Flavia
Flavia no es más que mi perra. En realidad no se llama así pero me ha pedido expresamente que no dé detalles sobre su nombre porque aborrece la popularidad. Asi que usaré el pseudónimo de Flavia. A Flavia hay varias cosas que le encantan en este mundo:
- Lamer las tapas de los yogures y las natillas. Le da igual que sean bio, de fresa, de vainilla o griego. En el momento que abres un yogur en casa estás perdido. Tendrás a la perra mirándote con cara de no haber roto un plato.
- El papel higiénico. No, no os penséis que es como el perro de Scottex que va corriendo por la casa con el papel en la boca. No. Flavia se lo come directamente. No es capaz ni de echarle una pizquita de sal. Nada. Ella te ve entrar al baño y cuando quieres cerrar la puerta ya la ves sentada mirando el rollo de papel con cara de no haber roto un plato.
- Los calcetines. Pero no puede ser cualquier calcetín. Tiene que ser uno usado y requeteusado y los lamerá hasta que el monigote del H&M se desdibuje y se le quede adherido a su lengua en plan primer tampón canino. Y un día miras por casualidad debajo de la cama y descubres que podrías montar un tenderete en el rastro de madrid con todos los calcetines hallados y obtener más beneficios que un Zara el primer día de rebajas. En ese momento gritas su nombre y la perra agacha las orejas y ...¡te mira con cara de no haber roto un plato!
- Robarle las galletas a los niños. En mi casa abundan los niños. No, tranquilas, no tenemos trata de infantes. En todo caso, trata de conejas. Pues el hobbie preferido de Flavia ya no es mirar a los niños con cara de no haber roto un plato para que le den la galleta que ellos intentan comerse con sus dos dientes, es que ya hace de ratera profesional porque en cuanto no se dan cuenta levanta la cabecita y....¡la perra desapareció con la galleta! (o en su defecto cualquier cosa comestible que le guste)
- Las salchichas de bolsa. Después de tantos años viéndola comérselas, las salchichas de toda la vida de bolsa son suyas. Yo no puedo comer ni una porque son "las salchichas de Flavia". Para mí sería ir contra natura. No, esta vez no te mira con cara de no haber roto un plato. Ella sabe perfectamente que te mire como te mire, le darás la salchicha.
- Flavio. Su gran amor si no fuera porque...¡está relleno de espuma! A Flavia no se le puede acercar ningún perro (yo creo que es porque ha salido tan desviada como la dueña). Así que por este hecho, está necesitada de algo más que cariño. Claro que todo esto son conjeturas mías porque a lo mejor se ha enamorado de verdad de un lagarto de peluche al que le falta un ojo. El caso es que se lo trinca que da gusto. Es capaz de traerlo al salón de los meneos que le pega al pobre Flavio.
Y como diría yo en mi argot ritil...Y FIN
 
¿Está la abuela?
Tengo una voz de soprano. Soy la típica que si pego un grito podría estallar los cristales blindados de un banco. Por eso, a veces, sólo a veces, al descolgar el teléfono y hablar si la persona que está al otro lado no tiene el sentido del oído en perfectas condiciones puede confundirme con alguna de mis sobrinas. Eso fue lo que me ocurrió el otro día. Llamó a casa una amiga de mi madre y esta fue nuestra conversación:
-¿Si?
-Hola guapa. ¿Está la abuela? ¿Y el abuelo?. - La voz de la mujer os la podéis imaginar. Como si estuviera hablando con un Teletubbie.
-No, están muertos. - Es verdad, esto no lo dije pero no fue por falta de ganas.-
Hubo un espacio de tiempo interminable en el que yo no decía nada anonadada por el hecho de que me habían confundido con una retoña de cinco años otra vez (después de todas las veces que me ha pasado todavía me sorprendo y, lo admito, me enojo) y la señora ya se pensaba que a la niña le había dado una crisis de vergüenza típica de esas edades. Al fin, conseguí abrir la boca y decir:
-Sí, espérese un momento. Ahora se pone, señora.
La pobre señora, aparte de haberse quedado a cuadros, me ha dejado la moral vocal por los suelos así que para este año me he propuesto enseñar a mis cuerdas vocales a a vibrar como las de Gemma Nierga.
 
Soy una bollera GPRS
Sí, lo admito sin ningún tipo de duda: soy una bollera GPRS. No, queridas conciudadanas, no corran a la RAE a intentar descifrar que es aqueste término, yo misma se lo explicaré con mucho gusto.
Una bollera GPRS no es más que una bollera, de pequeña envergadura a poder ser por aquello de parecerse más al aparato electrónico, que podría decirte cómo llegar a aquella casa a la que fuisteis una vez a la tierna edad de 8 años. O marcarte el camino hasta aquel garito que descubristeis por casualidad una noche helada en Granada más borrachas que Luis Ortiz en una fiesta de la jet-set marbellí, marcándote el camino en plan gigantescas flechas amarillas como en el Parque de Atracciones. Y todo ello con una precisión pasmosa. Pero no sólo abarca el conocer la situación exacta de los lugares, si no que, además, es capaz de darte datos históricos, sociales, económicos y fotográficos del sitio en cuestión como si de una pequeña qdq se tratara.
La bollera GPRS ha de estar testada científicamente a lo largo de varios lustros y poseer el certificado de calidad ISO-6943. No acepten imitaciones. Por mucho que quieran, la boyera GPRT no le brindará tanta prestaciones como la auténtica.
 
Pasen y lean
Metidas de lleno en el siglo XXVI después de Safo no hay mujer ni hombre ni niño ni político americano que se precie que no tenga blog. Y como yo no quiero ser menos, he decidido abrirme uno. Quién sabe; a lo mejor la mujer de mi vida escribe blog en el google y tras veintisiete años de búsqueda ininterrumpida entre las 470 millones de entradas me encuentra ahí debajo del blog de aquel seguidor incansable del honorable Jose María Escribá de Balaguer que piensa repoblar España con sus retoños.
Como tengo asumido que no seré tan mordaz como El Ave y que no tendré una legión de seguidoras como La Ricci, podré aprovechar esa falta de presión por estar en la cumbre bloguera para decir lo que se me ocurra sin temor a nada, porque señoras casadas, solteras, separadas, viudas y demás hay que reconocer que Rita The Singer no podría cantar ni en un auditorio vacío.
Y aquí se acaba la función...por hoy. Buenas noches.