Here She Comes... Miss Rita The Singer
Existen dos palabras que te abrirán muchas puertas: TIRE y EMPUJE
Acerca de
Rita the Singer un día se dio cuenta que tenía que contarle su tragicómica vida al mundo lésbico. Que uno le intentara mear por la calle no le ocurre a cualquiera... ecoestadistica.com
Sindicación
 
Hoy iria al cielo!
Esta tarde ha sido digna de una película de acción al estilo Starsky y Hutch. Caminábamos tranquilamente el Capitán Miketa y yo, sin rumbo fijo bajo el sol del atardecer madrileño cuando oteamos en el horizonte a dos sospechosos, llamémosles A y B. El sujeto A portaba un periódico doblado y en la mitad llevaba una cartera de mano en la cual estaba hurgando. Era imposible que fuera suya y más imposible aún que se la hubieran encontrado porque el sujeto A hurgaba con tanta ansia que casi la rompe. En ese momento el Capitán Miketa y yo nos cruzamos con ellos. ¿Qué podíamos hacer nosotros? Hacer de Geos no, evidentemente. No fuera a ser que portaran cuchillos y lanzagranadas y para qué queremos más. En cuanto nos rebasaron, el sujeto A tiró la cartera a una papelera. Como quien tira un kleneex usado. ¡Qué poca vergüenza! Ahí iba la vida de una persona y nosotros no podíamos quedarnos ahí sin hacer nada. Nos trasladamos cinco metros en dirección contraria a ellos y nos detuvimos en un banco. Nos sentamos intentando parecer tranquilos, como si nada hubiera pasado. Los sujetos también se detuvieron. Había un cajero frente a ellos. Trataron de sacar dinero con las tarjetas de la pobre persona. Nosotros seguíamos esperando agazapados. Los sujetos sospechosos de repente se dieron la vuelta y vinieron en nuestra dirección. Pasaron de largo sin mirarnos siquiera hasta que sus figuras se desdibujaron en el horizonte. Era el momento de enredar en la basura y coger la cartera. Era una agenda-cartera con millones de cosas: su tarjeta de residencia (la pobre chica era una estudiante marroquí), su visado, su abono transportes,... Todo menos sus tarjetas y su dinero. Teníamos que haber perseguido a los cacos y haberles dado con un palo en la cabeza. Pero en fin es más fácil decirlo que hacerlo. Hemos corrido tras cuatro motos de la policía Local. Bueno ha corrido el Capitán Miketa porque yo no corro ni detrás del autobús y les hemos entregado la cartera. Seguro que la han localizado porque en la agenda había números de teléfono a los que dudábamos si llamar. Me han tomado los datos a mí (¿me habrán visto cara de desviada?) y nos han instado a marcharnos. Ya estaba todo solucionado. ¿Todo solucionado? ¿Y dónde teníamos que ir a tramitar nuestras medallas de honor ciudadano con distintivo amarillo? ¿Al menos un reconocimiento al mérito en un hueco de El País? Aunque fuera el 20minutos.... En fin, volvíamos sin medalla pero con el corazón contento como el de Pablito Ortega cuando divisamos un grupo de amigos a los lejos. Nos habían visto entregarles el dni a los policías. Nos preguntaron alarmados qué nos había pasado. Les dijimos que nos habían multado por beber en la calle y practicar la sodomía en público. ¡Qué pena que lo de beber en la calle no se lo creyeran que si no...!
 
El comienzo de una era
El otro día se acabó la era de las obras en mi casa. Ilusa de mí pensaba que la tranquilidad se instalaría en mi hogar de una vez por todas. Craso error. El sentimiento de tranquilidad ha durado la bonita cifra de 23 minutos: lo que ha tardado mi progenitora en quejarse de toda la obra en general. Y eso que está a su gusto, si llega a estar a gusto de la vecina no sé qué hubiera sido de nosotros, pobres ciudadanos de tercera sitos entre estas cuatro paredes regidos por una dictadura matriarcal. Eso sólo ha sido el comienzo. Tras aceptar la nueva cara de la cocina ha llegado lo peor. El inicio de otra nueva era. Mucho peor aún. Ríanse todos los personajes de Ice Age 2. El deshielo comparado con esto es irrisorio. La era de la limpieza ya está aquí. La progenitora apartando a todos los habitantes de la casa a escobazos y jabonazos. Su cara se transforma. Digna de ser llevada a la pantalla grande. Sus brazos se transforman de máquinas de dar cera, pulir cera. No ve más allá del siguiente módulo de estantería, de la siguiente puerta a enjabonar. Nada puede quebrar su concentración. Ella se haya en otro planeta. Y yo, sigo aquí sentada, con miedo. No me puedo acercar a la cocina, está precintada. Ha traído al mismísimo Cancerbero para custodiar la entrada. Me resigno. Ya comeré mañana. O pasado.
Eso no ha sido lo peor. Lo peor del día ha sido que al poner a un sobrino en el water a hacer pipí, me ha meado enterita. ¿Cómo pretendan que entienda de colitas de niños pequeños si yo soy más bollera que las folclóricas españolas? No me han dado un curso en el que me digan que hay que orientarla que si no, me ponen perdida. En fin, nunca te acostarás sin saber una cosa más. Aunque sea de colitas.
 
El fin de una era
Hoy se acaba una era. Ha durado lo que duran las eras: millones de años. ¡SE ACABARON LAS OBRAS! En mi casa claro. Las de la M-30 durarán cinco o seis eras más. A veces pienso que algún día no muy lejando saldré de Príncipe Pío con el autobús hacia mi casa y en la Plaza San Vicente cogerá el desvío de la Nacional V que en vez de llevarme a mi casa me llevará a Tombuctú o a la Conchinchina. No lo tengo muy claro todavía. Es lo que pasa si cada tres días te cambian los desvíos. Menos mal que yo sólo soy un pasajero más no-pensante ataviada con mis gafas de sol y mi música, adormecida porque no seré yo quien me lleve a casa.
Me desvío del tema principal. Se acabaron las dichosas obras en mi casa. Ya han durado bastante. Más de un mes y medio. ¡Horror! Últimamente pensaba adoptar a los obreros y su hucha como animales de compañía. He visto más culos masculinos en un mes que en toda mi vida. Por eso creo que no me venía el período. Estaba asustado. Lo entiendo, no está acostumbrado. Han sido irse los obreros y venir a mí con los brazos abiertos.
He guardado en el baúl de los recuerdos el primer día que me pude pegar una ducha tranquilamente con agua caliente. El agua no estaba caliente, ardía. La piel no se me cayó a cachos de milagro. Yo, que en las últimas semanas no había visto más agua caliente que en ollas precocinadas, verla salir de un grifo fue como descubrir la rueda. Sólo quería abrazar el chorro y guardarlo en una cajita. No se dejó y me entristeció.
Es un sinvivir salir de la habitación con pelos de rata, las legañas que ni un gato, el pijama de perros y un bostezo que ganaría a un oso pardo y encontrarte de frente con un señor con una barriga tan grande como tú, con ojos desorbitados (de lujuria o de susto, espero que la segunda), y un olorcillo que se desprende de sus axilas. El olorcillo, aparte de sentirlo con la nariz, lo ves. Es como en los dibujos animados que de la comida salen unas ondillas. Pues igual. ¿Pepe le Pew será familiar suyo? No lo sé. Pero tampoco me importa ya mucho.
 
El sube y baja eléctrico
Vivo en un séptimo. Tengo 24 familias viviendo debajo mía. No en el mismo piso, hombre. En el edificio. Todas usamos el ascensor. Antes si pulsaba el botón del Bajo cuando entraba iba directa al Bajo. El problema es que ahora han cambiado el mecanismo. Si un vecino por debajo mía llama al ascensor mientras sube a por mí, automáticamente antes de llegar al Bajo pasará a recogerle. Inconvenientes de que el ascensor se te pare según vas bajando de repente:
- Te asustas como si de repente fuera a entrar Bruce Willis por la trampilla al estilo Jungla de cristal 2. Menos mal que la taquicardia se pasa en unos minutos.
- Te estabas quitando ese grano que acababas de descubrir. Entra un vecino y tú saltando para que no te vea comiéndote el espejo. Piensas que no se va a dar cuenta de lo que estabas haciendo. Ni se te ocurre pensar que te has dejado la nariz como un tomate y el tubo de neón que pone GRANO encendido. A lo mejor es peor aún que sólo se dé cuenta del salto y se crea que te dedicas a jugar al corro de las patatas a esas horas, sola y con tu edad.
- Tenías un moco incrustrado al fondo a la derecha de tu cavidad nasal y cuando ya le ves rendirse se abre la puerta. Piensas si agachar la cabeza e intentar que no se dé cuenta quién eres o eres una fresca y le pides ayuda para sacarlo.
- El tanga se te había metido donde la espalda pierde su culto nombre y al abrirse la puerta te pillan con las manos metidas en el pantalón. No sabes si es peor que le digas que te estabas tocando indecentemente o que tenías almorranas y te picaba. Total, él va a seguir pensando que te estabas tocando indecentemente...
- Tienes gases. Es algo fisiológico. Piensas que del séptimo al bajo se va el olor y total a las 4 de la mañana, ¿quién va a haber abajo esperando el ascensor? Tus miedos se hacen realidad y mucho antes de lo esperado: en el quinto se sube tu vecino preferido: el que se ha comido los gritos, el grano y los mocos.
- No digamos ya si te da por manosearte con otra en el ascensor. Ahí ya te puedes despedir de la educación de tu vecino: ¡en menos de tres segundos te pedirá un trío!
 
Rte: Rita The Singer
Fin Semana Santa. STOP. Mucho trabajo. STOP. Poco catolicismo. STOP. Jueves. STOP. Atravesar procesión plena Plaza Mayor. STOP. Viejas negar paso. STOP. Gritar soy atea poder pasar. STOP. Maldita ubicación mejicano. STOP. Guacamole rico. STOP. Sangría vomitiva. STOP. No quedó sangría. STOP. Hígado tampoco. STOP. Viernes. STOP. Trabajar. STOP. Zapatos. STOP. Vuelta casa. STOP. Tener dos mujeres guapas cerca. STOP. En mi casa. STOP. En mi sofá. STOP. Bolleras!. STOP. Se me duermen. STOP. Seré anestésica?. STOP. Solución1: play2. STOP. Solución2: Beberme sus Bailey's. STOP. Las ojeo. STOP. Babean. STOP. Lámpara moverse. STOP. Terrrrrremoto. STOP. Susto. STOP. Sólo roncan. STOP. Falso. STOP. No querer morir en breve. STOP. Larga vida Rita. STOP. 1,784,554,040 segundos. STOP. Sábado. STOP. Santo. STOP. Alguien muerto. STOP. Que vuelve?. STOP. Imposible. STOP. Más trabajo. STOP. Más sangría. STOP. Demasiado rica. STOP. Sangría andante. STOP. Quiero regalo 1 euro. STOP. Toca cartera. STOP. Caramelitos. STOP. Cartera fashion. STOP. Conejo impreso. STOP. Será usada. STOP. Nos brugalizamos. STOP. Yo más. STOP. Dardos. STOP. Pseudoasesinato. STOP. Inocente. STOP. 3 madrugada. STOP. Gustar pipiripipi. STOP. Con bota empiná. STOP. Vuelta casa. STOP. Domigo. STOP. Ayer?. STOP. Ropa?. STOP. Pendiente?. STOP. Hígado?. STOP. Estómago?. STOP. Trabajo!!!. STOP. Zapatos. STOP. Más zapatos. STOP. Rey león. STOP. Hakuna matata. STOP. Mary Poppins. STOP. Fin. STOP.
Editado para contar las últimas noticias:
Atención. STOP. Atención. STOP. Pendiente encontrado. STOP. Levantar veda. STOP.
 
Me quedan 1,784,986,024 segundos
Estoy hasta la coronilla que la gente incluida en mi messenger tengan una frase en su nick del tipo: "Me quedan 18 días para el Viñarock", "Me quedan 94 días para irme a Orlando" o "Me quedan 253 días para ser sodomizado". Me angustia que la gente corriente tenga objetivos vacacionales y/o interesantes a corto o largo plazo y que yo no pueda poner ningún contador interesante en mi nick.
He sopesado varias opciones:
- "Me quedan 3.842 días para acabar la carrera".- Pero claro escribir esto implica que en vez de congratularme por ello, me sumiría en la depresión más extrema de la historia estudiantil.
- "Me quedan 19 días para cobrar mi mísero sueldo".- Parece un poco trágico, ¿no?
- "Sólo faltan 28 días para cortarme las uñas de los pies". Así no ligaría mucho pero podría escalar montañas descalza.
- "Me falta sólamente 1 persona para hacer un 69".- Se asustarían, ¿verdad?
- "243 pelos menos y seré la calva más atractiva desde que Jesús Puente nos dejó".- Sólo de pensarlo me dan escalofríos. Mi calvofobia daría lugar a cientos de posts.
- "Me quedan 1,784,986,024 segundos para pasar la laguna Estigia y encontrarme en los Campos Elíseos".- Sí, claro, que la endiño. Según esta página, moriré el día 5 de noviembre de 2062. ¡Cómo está el mundo!. Hace años también encontré una página web que me decía la forma en que moriría: Usted morirá ahogada entre defecaciones de palomos cojos enfermos de gripe aviar y su dichosa cepa maligna H1N5 (agua) o de desamor, vaya usted a saber.
En fin me quedaré con el ya consabido Here She Comes...Miss Rita the Singer, que no tiene contador ni parangón pero es mucho mejor.
 
El baúl de los recuerdos
Toda persona guarda en una cajita o similar los recuerdos de su vida. El mío es una caja bastante grande en el que guardo demasiadas cosas. Creo que debo de tener un síndrome de diógenes sentimental. Tengo guardadas desde la pulsera que llevaba el día que me caí fuera del armario sin darme cuenta hasta las notitas que le enviaba en clase a mi primer y único novio. Novio que me dejó a los tres meses alegando que le había causado maltrato psicológico. Aún hoy, seis años después mi madre me sigue amenazando entre risas con denunciarme por maltrato psicológico como él.
Lo malo de mi peculiar síndrome de diógenes es que no soy capaz de tirar nada. Ya me contaréis qué hago yo con pegatinas de las Spice Girls y de Titanic si en realidad la película nunca me gustó. Pero no puedo tirarlas. Son cuentos del pasado a los que me aferro para cuando el recuerdo no me alcance para eras tan pasadas.
Es la caja de mi paso por Londres, de donde me traje treinta y ocho millones de folletos y revistas para tener qué leer y recordar cuando volviera. Todavía hoy, tres años después, no los he leído todos. Los tengo que dosificar hasta que vuelva a ir. También están todas las cartas que me escribía una amiga de Cádiz que con 9 años pseudoprofetizó mi lesbianismo cuando ponía en todas las cartas a lo grande: Rita y Amparo para siempre. No faltan las cartas que aquel novio me escribió y algún pretendiente más. Hasta uno que me la escribió a ordenador. ¡Qué poco romanticismo!. Así no se conquista a una chica. Hasta hay cartas de un profesor del colegio que, tras obligar a toda la clase a enviarle una misiva como ejercicio de clase, se quedó con mi dirección para seguir mandándome christmas año tras año.
Para solucionar mi problema drásticamente he decidido cerrar los ojos de mi alma y desechar aquellas cosas que no me transmiten nada o aquellas en las que alguna persona ha dejado plasmados sus sentimientos. Así que las malditas notitas no las tiro. Y mira que tengo ganas. Porque leerme decir que sólo le veo a él me produce hasta risa espasmódica.
Tiro las pegatinas, no se las puedo dar a mi sobrina porque ni siquiera sabe quién es la amada Mel C. Me quedo con las notitas. Tiro los mapas de Málaga que puedo conseguir otra vez que vaya. Aunque ya no me hagan falta porque sé dónde está todo. Me quedo con las 25 millones de entradas de cine que empecé a coleccionar hace años en las que ni siquiera se ve el título de la película. Los dientes de Flavia no los tiro ni de cachondeo. Tiro objetos inservibles. Me quedo con los recuerdos.
 
Missing
Después de una semana de vacaciones en el trabajo y en el blog, vuelvo con más fuerzas que nunca. Bueno la verdad es que no vengo con fuerzas. El viernes hice tres fondos cuesta arriba que supuestamente son más fáciles y estoy empezando hoy a decir adiós a las agujetas que me provocaron. El mundo entero desde Tombuctú hasta la Conchinchina se ha estado riendo de mí todo el fin de semana. No les culpo. Pero el ejercicio y yo no somos buenos amigos. Soy de las que piensan que correr es de cobardes.
El viernes fue un día raramente alcoholizado. Me emborraché tres veces en tres intervalos diferentes de tiempo: en la universidad mientras hacía mis tres costosos fondos, en la cena donde el camarero sin cuello nos invita siempre a un cubata a su salud y después con los de mi clase de nuevo en un lugar de Madrid de cuyo nombre no quiero acordarme.
Los tres fondos me costaron eso es cierto pero me ví gratamente recompensada cuando Nisi Nino y la Cowgirl se pasaron la siguiente media hora tirándose encima mía para hacerme un sandwich. Y a ver quién es la bollera que le dice que no a dos bellas mujeres.
La noche no acabó muy bien. Capitán Miketa se emborrachó y se rayó por Nisi Nino y todo lo relacionado con ello me lo comí yo portándose él un poco bastante rarito conmigo y se fue dejándome sin entender nada de nada. Menos mal que una es comprensiva y simpática y le he perdonado siempre y cuando esta semana me tenga en palmitas como la reyna que soy. Ya hemos consumido dos días y he de decir que se está portando tan bien que me ha subido la autoestima y todo. Tendré que aprovecharme un poco más de él porque lo bueno no dura eternamente.
En fin, mañana voy a una tutoría con mi profesora de JPK y no sé si echar toda la baba hoy e inundar la ciudad entera antes de ir como está haciendo una amiga mía lesbiana en Dresde o esperarme a mañana a ver si con un poco de suerte le mancho todos sus apuntes y me obliga a quedarme a...limpiarlo...todo.