Sayonara telesushi!
Prólogo: Filóloga llevaba tres años detrás de mi persona para que fuéramos a un japonés. Teniendo en cuenta la metathesiofobia que poseo desde mi más tierna infancia, me he estado negando año tras año con excusas muy diversas: que si el pescado crudo es hogar de bacterias desconocidas, que si te puedes morir de comerlo, que si la puerta estaba desconchada y podía herirme al entrar,...
El viernes estaba siendo un día normal. Había quedado con Filóloga. Me consiguió convencer para ir a un japonés. No sé cómo lo hizo pero lo consiguió. Ahi estábamos las dos pequeñitas subidas a un metro que nos llevaría a Nuevos Ministerios. Al llegar todo fueron problemas porque no sabíamos dónde estaba la calle. Tuvimos que callejear más de media hora entre calles vacías de corazones latentes. Y cuando llegamos al telesushi, descubrimos que ése era el de comida a domicilio. Menos mal que te la llevaban a casa porque te la llegas a comer ahí y vas directa al hospital porque comes más mugre que sushi. No decaímos, seguí buscando (ella intenta buscar pero nunca le sale más que un: ¡¡A ver que por ahí no hay nada. ¡¡¡¡¡¡No puede seeeeer!) Llegamos y el sitio parecía acogedor. Claro que era desde fuera y porque los cristales estaban sucios. Sólo había seis o siete mesas y absolutamente nadie cenando pero para qué más. Entramos, nos sentamos y observamos la mugre que nos intenta arrebatar lo poco que nos queda de juventud. El pseudo-japonés (porque era más chino que otra cosa) no nos hacía ni caso y entre que venía y no decidíamos si huir. Al final el pseudo-japonés nos acorraló y nos preguntó qué queríamos beber. Se lo dijimos. Craso error. Ahora tendríamos que comer algo. Debido a mi horripilante diplomacia la convencí para no ir a otro sitio. Me daba demasiada vergüenza. Y tuve que pedir. Pedí tres sushis y tres nosequé. Vete tu a saber qué era. El caso que el primer trozo de sushi que me llevé a la boca era para que Filóloga se quedara más tranquila. Era calamar. Qué asco. En la sartén están divinamente, pero crudos...es otro cantar. No podía ni desgarrarlo con los dientes. Filóloga me miraba con una cara más parecida a la de un babuino con cagalera que a la de una persona normal. Yo fingí que estaba rico. Ella sabía que no. El pseudo-japonés nos dijo que el wasabi que había traído era picante, que tuviéramos cuidado. Filóloga se pensó que si le echaba eso comería algo. Le puso un poquito en un sushi de atún, se lo llevó a la boca y...de repente..¡zas! ¡¡¡Me lo estaba pseudovomitando!!! Empezó a regurgitar todo el trozo de sushi que se había metido en la boca como si hubiera probado aguarrás en vez de algo picante. Tenía razón, luego lo probé y era absolutamente asqueroso. Sabía a dentífrico blanqueador con sabor a eucaliptus extrafuerte. Nuestras caras eran un poema. El pseudojaponés nos miraba extrañado. ¡Pobres occidentales que no saben apreciar mis manjares! Al final vi un trozo de algo parecido a jamón York y me dije: "Esta es la mía. Me como esto y quedo como una reyna". Lo cogí, me lo llevé a la boca y...¡¡¡¡¡olía a Ajax Pino!!!!! Así que con miedo de que en realidad fuera un adorno, lo dejé en su sitio. Por lo visto, es jengibre pero vamos yo sigo pensando que está aderezado con Ajax Pino. Acuciadas por la prisa y la angustia de ese sitio tan tétrico y esa comida tan...tan...tan...original, pagamos y salimos corriendo jurando al viento que nunca más volveríamos a comer japonés.
Epílogo: Terminamos en el Burger King zampándonos una hamburguesa en condiciones.
El viernes estaba siendo un día normal. Había quedado con Filóloga. Me consiguió convencer para ir a un japonés. No sé cómo lo hizo pero lo consiguió. Ahi estábamos las dos pequeñitas subidas a un metro que nos llevaría a Nuevos Ministerios. Al llegar todo fueron problemas porque no sabíamos dónde estaba la calle. Tuvimos que callejear más de media hora entre calles vacías de corazones latentes. Y cuando llegamos al telesushi, descubrimos que ése era el de comida a domicilio. Menos mal que te la llevaban a casa porque te la llegas a comer ahí y vas directa al hospital porque comes más mugre que sushi. No decaímos, seguí buscando (ella intenta buscar pero nunca le sale más que un: ¡¡A ver que por ahí no hay nada. ¡¡¡¡¡¡No puede seeeeer!) Llegamos y el sitio parecía acogedor. Claro que era desde fuera y porque los cristales estaban sucios. Sólo había seis o siete mesas y absolutamente nadie cenando pero para qué más. Entramos, nos sentamos y observamos la mugre que nos intenta arrebatar lo poco que nos queda de juventud. El pseudo-japonés (porque era más chino que otra cosa) no nos hacía ni caso y entre que venía y no decidíamos si huir. Al final el pseudo-japonés nos acorraló y nos preguntó qué queríamos beber. Se lo dijimos. Craso error. Ahora tendríamos que comer algo. Debido a mi horripilante diplomacia la convencí para no ir a otro sitio. Me daba demasiada vergüenza. Y tuve que pedir. Pedí tres sushis y tres nosequé. Vete tu a saber qué era. El caso que el primer trozo de sushi que me llevé a la boca era para que Filóloga se quedara más tranquila. Era calamar. Qué asco. En la sartén están divinamente, pero crudos...es otro cantar. No podía ni desgarrarlo con los dientes. Filóloga me miraba con una cara más parecida a la de un babuino con cagalera que a la de una persona normal. Yo fingí que estaba rico. Ella sabía que no. El pseudo-japonés nos dijo que el wasabi que había traído era picante, que tuviéramos cuidado. Filóloga se pensó que si le echaba eso comería algo. Le puso un poquito en un sushi de atún, se lo llevó a la boca y...de repente..¡zas! ¡¡¡Me lo estaba pseudovomitando!!! Empezó a regurgitar todo el trozo de sushi que se había metido en la boca como si hubiera probado aguarrás en vez de algo picante. Tenía razón, luego lo probé y era absolutamente asqueroso. Sabía a dentífrico blanqueador con sabor a eucaliptus extrafuerte. Nuestras caras eran un poema. El pseudojaponés nos miraba extrañado. ¡Pobres occidentales que no saben apreciar mis manjares! Al final vi un trozo de algo parecido a jamón York y me dije: "Esta es la mía. Me como esto y quedo como una reyna". Lo cogí, me lo llevé a la boca y...¡¡¡¡¡olía a Ajax Pino!!!!! Así que con miedo de que en realidad fuera un adorno, lo dejé en su sitio. Por lo visto, es jengibre pero vamos yo sigo pensando que está aderezado con Ajax Pino. Acuciadas por la prisa y la angustia de ese sitio tan tétrico y esa comida tan...tan...tan...original, pagamos y salimos corriendo jurando al viento que nunca más volveríamos a comer japonés.
Epílogo: Terminamos en el Burger King zampándonos una hamburguesa en condiciones.
Comentario:
ehhh?
Que guay tu wolf...
El mundo de la blogosfera va a estar lleno de mascotas.
Que guay tu wolf...
El mundo de la blogosfera va a estar lleno de mascotas.
Comentario:
Nunca olvidaré tu cara mientras rasgabas con los dientes el calamar crudo... ;)
Comentario:
oye pues a mi me encanta el japones... Lo unico que nunca me pide nada crudo...
Vente a mi ciudad que aqui el japones es bueno.
JEJEJEJE
Vente a mi ciudad que aqui el japones es bueno.
JEJEJEJE
