El baúl de los recuerdos
Toda persona guarda en una cajita o similar los recuerdos de su vida. El mío es una caja bastante grande en el que guardo demasiadas cosas. Creo que debo de tener un síndrome de diógenes sentimental. Tengo guardadas desde la pulsera que llevaba el día que me caí fuera del armario sin darme cuenta hasta las notitas que le enviaba en clase a mi primer y único novio. Novio que me dejó a los tres meses alegando que le había causado maltrato psicológico. Aún hoy, seis años después mi madre me sigue amenazando entre risas con denunciarme por maltrato psicológico como él.
Lo malo de mi peculiar síndrome de diógenes es que no soy capaz de tirar nada. Ya me contaréis qué hago yo con pegatinas de las Spice Girls y de Titanic si en realidad la película nunca me gustó. Pero no puedo tirarlas. Son cuentos del pasado a los que me aferro para cuando el recuerdo no me alcance para eras tan pasadas.
Es la caja de mi paso por Londres, de donde me traje treinta y ocho millones de folletos y revistas para tener qué leer y recordar cuando volviera. Todavía hoy, tres años después, no los he leído todos. Los tengo que dosificar hasta que vuelva a ir. También están todas las cartas que me escribía una amiga de Cádiz que con 9 años pseudoprofetizó mi lesbianismo cuando ponía en todas las cartas a lo grande: Rita y Amparo para siempre. No faltan las cartas que aquel novio me escribió y algún pretendiente más. Hasta uno que me la escribió a ordenador. ¡Qué poco romanticismo!. Así no se conquista a una chica. Hasta hay cartas de un profesor del colegio que, tras obligar a toda la clase a enviarle una misiva como ejercicio de clase, se quedó con mi dirección para seguir mandándome christmas año tras año.
Para solucionar mi problema drásticamente he decidido cerrar los ojos de mi alma y desechar aquellas cosas que no me transmiten nada o aquellas en las que alguna persona ha dejado plasmados sus sentimientos. Así que las malditas notitas no las tiro. Y mira que tengo ganas. Porque leerme decir que sólo le veo a él me produce hasta risa espasmódica.
Tiro las pegatinas, no se las puedo dar a mi sobrina porque ni siquiera sabe quién es la amada Mel C. Me quedo con las notitas. Tiro los mapas de Málaga que puedo conseguir otra vez que vaya. Aunque ya no me hagan falta porque sé dónde está todo. Me quedo con las 25 millones de entradas de cine que empecé a coleccionar hace años en las que ni siquiera se ve el título de la película. Los dientes de Flavia no los tiro ni de cachondeo. Tiro objetos inservibles. Me quedo con los recuerdos.
Lo malo de mi peculiar síndrome de diógenes es que no soy capaz de tirar nada. Ya me contaréis qué hago yo con pegatinas de las Spice Girls y de Titanic si en realidad la película nunca me gustó. Pero no puedo tirarlas. Son cuentos del pasado a los que me aferro para cuando el recuerdo no me alcance para eras tan pasadas.
Es la caja de mi paso por Londres, de donde me traje treinta y ocho millones de folletos y revistas para tener qué leer y recordar cuando volviera. Todavía hoy, tres años después, no los he leído todos. Los tengo que dosificar hasta que vuelva a ir. También están todas las cartas que me escribía una amiga de Cádiz que con 9 años pseudoprofetizó mi lesbianismo cuando ponía en todas las cartas a lo grande: Rita y Amparo para siempre. No faltan las cartas que aquel novio me escribió y algún pretendiente más. Hasta uno que me la escribió a ordenador. ¡Qué poco romanticismo!. Así no se conquista a una chica. Hasta hay cartas de un profesor del colegio que, tras obligar a toda la clase a enviarle una misiva como ejercicio de clase, se quedó con mi dirección para seguir mandándome christmas año tras año.
Para solucionar mi problema drásticamente he decidido cerrar los ojos de mi alma y desechar aquellas cosas que no me transmiten nada o aquellas en las que alguna persona ha dejado plasmados sus sentimientos. Así que las malditas notitas no las tiro. Y mira que tengo ganas. Porque leerme decir que sólo le veo a él me produce hasta risa espasmódica.
Tiro las pegatinas, no se las puedo dar a mi sobrina porque ni siquiera sabe quién es la amada Mel C. Me quedo con las notitas. Tiro los mapas de Málaga que puedo conseguir otra vez que vaya. Aunque ya no me hagan falta porque sé dónde está todo. Me quedo con las 25 millones de entradas de cine que empecé a coleccionar hace años en las que ni siquiera se ve el título de la película. Los dientes de Flavia no los tiro ni de cachondeo. Tiro objetos inservibles. Me quedo con los recuerdos.
Comentario:
No me hables de notitas, no me hables de notitas... jajaja
Yo guardo tanta cosa dentro que... así me va... cuando empiece a sacar, que se prepare el mundo!
Besazos!
Yo guardo tanta cosa dentro que... así me va... cuando empiece a sacar, que se prepare el mundo!
Besazos!
Comentario:
yo tengo síndrome de diógenes perpetuo, tanto en los sentimientos (por eso estoy como tatuada emocionalmente por todo el cuerpo) como en las cosas...
un kiss
un kiss
Comentario:
jajaja he llegado aqui d casualidad,como me ha pasado con otros muchos blogs.solo he leido este post xo me hace muchísima gracia,porque en cuanto a los recuerdos soy igual....incapaz de tirar nada.Y además es un poco masoquista tenerlo porque cuando me da por mirar esas notitas,esas fotos sólo me entra nostalgia...A veces risa también,para q engañarnos.jeje
Nos leemos.
Besos.
Nos leemos.
Besos.
