El fin de una era
Hoy se acaba una era. Ha durado lo que duran las eras: millones de años. ¡SE ACABARON LAS OBRAS! En mi casa claro. Las de la M-30 durarán cinco o seis eras más. A veces pienso que algún día no muy lejando saldré de Príncipe Pío con el autobús hacia mi casa y en la Plaza San Vicente cogerá el desvío de la Nacional V que en vez de llevarme a mi casa me llevará a Tombuctú o a la Conchinchina. No lo tengo muy claro todavía. Es lo que pasa si cada tres días te cambian los desvíos. Menos mal que yo sólo soy un pasajero más no-pensante ataviada con mis gafas de sol y mi música, adormecida porque no seré yo quien me lleve a casa.
Me desvío del tema principal. Se acabaron las dichosas obras en mi casa. Ya han durado bastante. Más de un mes y medio. ¡Horror! Últimamente pensaba adoptar a los obreros y su hucha como animales de compañía. He visto más culos masculinos en un mes que en toda mi vida. Por eso creo que no me venía el período. Estaba asustado. Lo entiendo, no está acostumbrado. Han sido irse los obreros y venir a mí con los brazos abiertos.
He guardado en el baúl de los recuerdos el primer día que me pude pegar una ducha tranquilamente con agua caliente. El agua no estaba caliente, ardía. La piel no se me cayó a cachos de milagro. Yo, que en las últimas semanas no había visto más agua caliente que en ollas precocinadas, verla salir de un grifo fue como descubrir la rueda. Sólo quería abrazar el chorro y guardarlo en una cajita. No se dejó y me entristeció.
Es un sinvivir salir de la habitación con pelos de rata, las legañas que ni un gato, el pijama de perros y un bostezo que ganaría a un oso pardo y encontrarte de frente con un señor con una barriga tan grande como tú, con ojos desorbitados (de lujuria o de susto, espero que la segunda), y un olorcillo que se desprende de sus axilas. El olorcillo, aparte de sentirlo con la nariz, lo ves. Es como en los dibujos animados que de la comida salen unas ondillas. Pues igual. ¿Pepe le Pew será familiar suyo? No lo sé. Pero tampoco me importa ya mucho.
Me desvío del tema principal. Se acabaron las dichosas obras en mi casa. Ya han durado bastante. Más de un mes y medio. ¡Horror! Últimamente pensaba adoptar a los obreros y su hucha como animales de compañía. He visto más culos masculinos en un mes que en toda mi vida. Por eso creo que no me venía el período. Estaba asustado. Lo entiendo, no está acostumbrado. Han sido irse los obreros y venir a mí con los brazos abiertos.
He guardado en el baúl de los recuerdos el primer día que me pude pegar una ducha tranquilamente con agua caliente. El agua no estaba caliente, ardía. La piel no se me cayó a cachos de milagro. Yo, que en las últimas semanas no había visto más agua caliente que en ollas precocinadas, verla salir de un grifo fue como descubrir la rueda. Sólo quería abrazar el chorro y guardarlo en una cajita. No se dejó y me entristeció.
Es un sinvivir salir de la habitación con pelos de rata, las legañas que ni un gato, el pijama de perros y un bostezo que ganaría a un oso pardo y encontrarte de frente con un señor con una barriga tan grande como tú, con ojos desorbitados (de lujuria o de susto, espero que la segunda), y un olorcillo que se desprende de sus axilas. El olorcillo, aparte de sentirlo con la nariz, lo ves. Es como en los dibujos animados que de la comida salen unas ondillas. Pues igual. ¿Pepe le Pew será familiar suyo? No lo sé. Pero tampoco me importa ya mucho.
Comentario:
me temo q las obras de madrid serán comparables a las de el escorial....
un besín
un besín
Comentario:
no te quejes que has estado rodeada de Manolo y compañia... jejejejeje.
Pobre regla, yo la tengo acojonada desde hace 9 meses...
por otos motivos claro,....
BEsines guapa
Pobre regla, yo la tengo acojonada desde hace 9 meses...
por otos motivos claro,....
BEsines guapa
