Zaranjón
Como ya es sabido por el lector, trabajo en una zapatería a la que denominaré Piticlín Shoes a partir de ahora. Es una cadena de zapaterías que está en mil trescientros cuarenta y dos centros comerciales. Las tardes en Piticlín Shoes suelen ser aburridas, dedicadas al sensacionalismo y a la crítica marujil típica de Aquí hay tomate. El otro día el curso de la tarde cambió. Llamaron por teléfono. Dos de cada tres veces la que llama es una dependienta de otra tienda para pedirte que le envíes algo. La otra vez que queda suele ser una maruja de tomo y lomo que te llama para preguntarte si han llegado ya sus zapatos encargados con un tacón nada despreciable de 83 cm que pretende conjuntar con su chándal In Extenso cuando salga a comprar el pan. Esta vez la voz al otro lado del hilo telefónico tenía un tono de voz muy distinto al común. Era alguien con clase. Se le notaba. Y nuestra conversación fue la siguiente:
RITA: Piticlín Shoes, buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?
CLIENTA CON CLASE: Perdone, ¿es Zaranjón?
Yo mientras tanto pensando que Zaranjón podría ser una ciudad de Valladolid donde la empresa tiene alguna sucursal.
RITA: No, está llamando al Piticlín Shoes de Madrid. ¿En qué puedo ayudarla?
CLIENTA CON CLASE: ¿Zaranjón?
Yo empezaba a pensar que por mucha clase que tuviera, estaba más sorda que una tapia.
RITA: No, esto no es el Piticlín Shoes de Zaranjón. Éste es el Piticlín Shoes de Madrid. Si me dice donde está Zaranjón le puedo buscar el teléfono.
CLIENTA CON CLASE: Mira perdona es que no entiendo lo primero que me dices. ¿Dónde llamo?
RITA: Al Pi-ti-clín Sho-es de Madrid. Pi-ti-clín Sho-es. Aquí en Madrid. Una zapatería.
A mí ya se me estaba desencajando la mandíbula de reírme. Parecíamos Gila y su comandante hablando por teléfono.
CLIENTA CON CLASE: ¡¡¡¡Ah!!!! Pensaba que estaba llamando a... ZARA HOME.
Me cuelga y después de secarme las lágrimas me pregunto para qué quiere la gente tener clase si no saben ni pronunciar bien. Al menos, la clienta con clase me alegró la tarde.
RITA: Piticlín Shoes, buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?
CLIENTA CON CLASE: Perdone, ¿es Zaranjón?
Yo mientras tanto pensando que Zaranjón podría ser una ciudad de Valladolid donde la empresa tiene alguna sucursal.
RITA: No, está llamando al Piticlín Shoes de Madrid. ¿En qué puedo ayudarla?
CLIENTA CON CLASE: ¿Zaranjón?
Yo empezaba a pensar que por mucha clase que tuviera, estaba más sorda que una tapia.
RITA: No, esto no es el Piticlín Shoes de Zaranjón. Éste es el Piticlín Shoes de Madrid. Si me dice donde está Zaranjón le puedo buscar el teléfono.
CLIENTA CON CLASE: Mira perdona es que no entiendo lo primero que me dices. ¿Dónde llamo?
RITA: Al Pi-ti-clín Sho-es de Madrid. Pi-ti-clín Sho-es. Aquí en Madrid. Una zapatería.
A mí ya se me estaba desencajando la mandíbula de reírme. Parecíamos Gila y su comandante hablando por teléfono.
CLIENTA CON CLASE: ¡¡¡¡Ah!!!! Pensaba que estaba llamando a... ZARA HOME.
Me cuelga y después de secarme las lágrimas me pregunto para qué quiere la gente tener clase si no saben ni pronunciar bien. Al menos, la clienta con clase me alegró la tarde.
