Juventud divino tesoro...
Cuando era más joven, en mi época larvaria o de pupa no recuerdo bien, oraba cada fin de semana para que mis progenitores desaparecieran tres días de la faz de la tierra para poder quedarme sola en casa y llevarme a quien me apeteciera, comer toda la comida basura que hubiera en tres kilómetros a la redonda y bailar un twist en pelotas si me apetecía.
El tiempo ha pasado, la crisálida de la que renací se ha secado al sol de primavera y ya no quiero que mis padres se marchen ningún fin de semana. Porque eso significa que nadie me lleva y me trae del trabajo, que nadie me grita que voy a llegar tarde como siempre, que nadie me hace la comida ni la cena, que nadie me prepara el café y las tostadas con aceite antes de irme a trabajar, que nadie hace conmigo un rally que ni Carlos Sainz para que no llegue tarde a trabajar (por no haberme levantado antes claro), que nadie me arropa por la noche y me da un besito en la frente mientras me echa vips vaporub en el pecho y espalda. También significa que tengo que bajar a Flavia y a Grumpy cuando me levanto, cuando me acuesto, darles de comer, jugar con ellas y darles el cariño de dos personas que faltan, aparte del mío propio. Y encima nadie se viene a mi casa a saltar en los sillones, a comer galletas en la cama y a llenar globos de agua para tirarselos a los insulsos viandantes.
Después de ocho horas trabajadas de pie, un bocata de chorizo de tentempié, una regla recién aparecida y una casa solitaria no puedo pensar en positivo...
El tiempo ha pasado, la crisálida de la que renací se ha secado al sol de primavera y ya no quiero que mis padres se marchen ningún fin de semana. Porque eso significa que nadie me lleva y me trae del trabajo, que nadie me grita que voy a llegar tarde como siempre, que nadie me hace la comida ni la cena, que nadie me prepara el café y las tostadas con aceite antes de irme a trabajar, que nadie hace conmigo un rally que ni Carlos Sainz para que no llegue tarde a trabajar (por no haberme levantado antes claro), que nadie me arropa por la noche y me da un besito en la frente mientras me echa vips vaporub en el pecho y espalda. También significa que tengo que bajar a Flavia y a Grumpy cuando me levanto, cuando me acuesto, darles de comer, jugar con ellas y darles el cariño de dos personas que faltan, aparte del mío propio. Y encima nadie se viene a mi casa a saltar en los sillones, a comer galletas en la cama y a llenar globos de agua para tirarselos a los insulsos viandantes.
Después de ocho horas trabajadas de pie, un bocata de chorizo de tentempié, una regla recién aparecida y una casa solitaria no puedo pensar en positivo...
Comentario:
Vaya dia!!!!!
Me ha parecido precioso aunque triste el post.... Como se echa de menos los detalles que antaño te resultaban molestos o pesados...
Los tiempos cambian?
Me ha parecido precioso aunque triste el post.... Como se echa de menos los detalles que antaño te resultaban molestos o pesados...
Los tiempos cambian?
Comentario:
Jovencita Rita: Cuando quieras una "casa" tan detallista y delicada como la que tienes o que al menos pone todo su empeño en intentar serlo, pasa por Alicante que no hay regla que pueda conmigo ;p
Un besito, ánimo y sigue manteniendonos informadas sobre tus reflexiones blogeras ;)
Un besito, ánimo y sigue manteniendonos informadas sobre tus reflexiones blogeras ;)
