<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[Del Caos al Orden y Viceversa]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Buscando las Palabras Exactas]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.chueca.com]]></generator><item><title><![CDATA[RING RIN RIIIIING!!!!]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_14.htm]]></link><description><![CDATA[Sonó el móvil y desperté del sueño más profundo. No me hizo falta mirar el display del teléfono para saber que eras tú. En vez de contestar rompí de una patada el ataúd y salté del nicho. Atravesé el cementerio corriendo lo más rápido que pude mientras el teléfono seguía sonando. Salté la verja y viajé a la Ciudad Desierta . Allí sonaban absolutamente todos los teléfonos: los de las cabinas telefónicas y todos los móviles que la gente había dejado abandonados sobre los bancos, en las aceras, al lado de los semáforos y en las papeleras, antes de desaparecer. Sonaban también todos los teléfonos fijos dentro de las casas, todas vacías. No me hizo falta contestar ninguna llamada para saber que eras tú. Me limité a buscarte por la ciudad. Te busqué por las calles, por las plazas, dentro de los contenedores... luego pensé que igual se te había tragado la tierra, y te busqué por las alcantarillas y dentro de los volcanes. Todos los teléfonos del mundo seguían sonando: melodías polifónicas, monofónicas, sonitónicas, sonidos reales... no quise contestar a ninguna llamada porque sabía que eras tú... por eso salí a buscarte. Y al final te encontré sentada en una piedra en el centro de la tierra, pegada a tu movil marcando todos los números de teléfono del mundo.<br/><br/>Cuando me viste dejaste de marcar números y los teléfonos seguían sonando. Me invitaste a sentarme a tu lado y me hiciste una pregunta: ''Te he contado alguna vez que sé hacer magia?''. Yo contesté que no moviendo la cabeza, y tú me dijiste  'pos sí que sé hacer magia, sí, ya verás... sé hacer que el mundo entero desaparezca''. Entonces te subiste las mangas del abrigo diciendo ''nada por aquí y nada por aquí''  y me pediste que cerrase los ojos... yo los cerré y tú dijiste ''ves qué facil? a que ya no está el mundo?''. Soltaste una carcajada y yo abrí los ojos ofreciéndote a cambio una sonrisa. <br/><br/>-Ahora en serio, ya verás como el mundo entero desaparece.<br/><br/>Me abrazaste tan fuerte que tus brazos se conviertieron en labios y tu cuerpo en boca. Me engulliste hacia tu mundo y me invitaste a que también fuese el mio.<br/><br/>Después desperté, metida en mi ataúd y pensé... ostrass... qué susto... por un momento creí que estaba viva otra vez. Me puse un espejo delante de la boca y comprobé que no se empañaba. Entonces ya pude no-respirar tranquila.<br/><br/>Conecté mi móvil y jugué a la serpiente hasta que se quedó sin batería.]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item><item><title><![CDATA[¿QUÉ QUIERES SER DE MAYOR?]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_13.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/>De mayor yo quiero ser... normal, tan normal y feliz como todas las personas que son normales y felices, quiero levantarme cada día para preparar el desayuno de mi marido y de mis hijos. Me levantaré antes que nadie. Mis hijos desayunarán y se irán al colegio. Después fregaré los platos. Mi marido todavía dormirá unas 2 o 3 horas más por que trabaja d noche en la fábrica. Trabaja mucho. Para cuando se levante, yo ya habré limpiado toda la casa y estaré preparando la comida. Se levantará y se irá al bar a jugar a las cartas con sus amigos. Volverá a la hora de comer, y yo ya tendré la cama hecha, la comida preparada y la mesa puesta. Le esperaré viendo la tertulia d Tele-LE, presentada por María Teresa Campolechugas, me encanta esa mujer. Ya lleva muchos años trabajando en la tele ¡y qué razón tienen sus contertulianos siemmmpre!. Es que les pagan mucho dinero por tener la razón.<br/>Cuando llegue mi marido esperaremos a los niños y comeremos todos juntos. Mi marido se levantará de la mesa y se irá al salón a ver el Telediario. Mis hijos irán a la biblioteca a hacer los deberes, que son muy aplicaos y estudian mucho... y son tan guapos... han salido a su padre. Me quedaré en la cocina fregando los platos y preparando café para mi marido y para mí.  Mariaaaa, deja ya la cocina y vente pacá a ver las noticias conmigo!!! Pues si, yo me llamaré María, y mi marido se llamará Pepe, y mis dos hijos aun no sé cómo se llamarán pero tendrán nombres normales, como todo el mundo.<br/><br/>Cuando lo tenga todo listo echaré de comer al perro, que se llamará Rufo, y me sentaré en el sofá con mi marido para ver la telenovela de la primera. A los 10 minutos mi marido se dormirá en el sofá y se perderá, entre ronquidos, el último episodio de la novela, que se titula ‘’No sabes cuánto te quiero, amor mío de mis entrañas’’. <br/>Luz María y Pedro Alfonso están enamorados, pero no se pueden casar porque ella es pobre y él es rico. Luz María va a la cárcel pero se demuestra que no fue ella quien mató al padrastro de Pedro Alfonso, sino que fue el mayordomo junto con la esposa de Pedro Alfonso, que es mala malísima. Pedro Alfonso se recupera milagrosamente de su parálisis irreversible, provocada por 1 desafortunada caída al resbalar en la calle con una caca de caballo. El análisis de adn de la caca permite descubrir que ésta no pertenece a un caballo, sino al perro del mayordomo, un dogo argentino enorme. En su huída de la policía, la malvada esposa de Pedro Alfonso y el mayordomo mueren atropellados accidentalmente por un autobús en el centro de Caracas, por haber sido malos. <br/>Al final se sabe que Luz María es hija de un rico magnate venezolano de origen kuwaití y ya se puede casar sin problemas con su amor. La novela, como todas, termina en bodorrio colectivo.<br/><br/>Después de 3 horas, que es lo que dura la novela, mi marido ya se habrá despertado e iremos a pasear a Rufo. Volveremos a casa. Prepararé la cena. Cenaremos todos. Fregaré los platos. Mi marido se irá a trabajar. Yo me iré a dormir y mis hijos se irán a estudiar a casa d 1 amigo, como cada viernes, por que son muy aplicados y estudian mucho.<br/>Por la mañana iré temprano al mercado. Me acercaré a la parada del frutero para comprar unas naranjas y una maruja enorme enfundada en una bata a  flores se colará y me mirará con cara de arpía comentando con su cuñada lo mal que le caemos yo y todo el mundo. Ella es mejor que nadie y siempre tiene la razón, me extraña que no la llamen para intervenir en la tertulia de Tele-LE, por tener siempre la razón.<br/>Me pasaré también por la pescadería y compraré unas caballas. Las cocinaré al horno con patatas. A mi marido le encantan. Y cuando vuelva a casa mi marido y mis hijos todavía estarán durmiendo. Os he dicho que trabajan mucho?<br/>Aysss tengo que fregar la entrada, hay pisadas d Rufo y bolas de pelo blanco por todo el suelo. Voy a limpiarlo antes d que venga la Mister Proper y haga la prueba del algodón.<br/>La Mister Proper es mi vecina Puri. Vivimos puerta con puerta. Tiene el piso tan limpio... Siempre limpia con las ventanas abiertas para que todo el mundo vea lo limpia que es y lo mucho que limpia. La Puri odia a Rufo. Sería capaz de morderse la mano ella misma y llamar a los d la perrera para que se lo lleven y lo maten. La odio.<br/><br/>Después de asar las caballas, se enfriarán en la mesa por que serán  ya las 4 d la tarde y ni el desgraciado d mi marido ni los vagos d mis hijos se habrán levantado... pues sabéis q? Las caballas se las doy a Rufo y vosotros os vais a comer a 1 puto McDonnalds, que estoy hasta los ovarios de aguantaros a los 3!!<br/>Entonces me raparé al cero y me pondré 1 collar de pinchos. Arrancaré las mangas d todas mis camisetas y empezaré a destrozar el mobiliario con un bate de béisbol. Ellos se levantarán y me preguntarán qué está pasando. Yo les gritaré 1 montón de palabrotas seguidas pero ellos seguirán sin entender nada, plantados delante de mí en pijama y con cara de sueño creyendo que me he vuelto loca.<br/>Rufo estará tirado en medio dl salón eructando y echándose pedos, con 1 empacho colosal después d haberse comido las 4 caballas con sus correspondientes raciones d patatas al horno. <br/>Al oír el escándalo la Mister Proper vendrá a ver qué pasa, porque es bastante maruja y le gusta enterarse siempre de todo. Abriré la puerta y le estampare 1 puñetazo en el ojo izquierdo sin mediar palabra. La curiosidad mató al gato. Se quedará tendida en el suelo, inconsciente. <br/>Rufo despertará y empezará a vomitar y a cagar por toda la casa, vomitará y cagará por toda la entrada y por todo el pueblo. <br/>Mi marido saldrá corriendo e intentará reanimar a la Mister Proper. No es la primera vez que la reanima. De hecho va a reanimarla cada noche fingiendo que se va a trabajar a la fábrica. Yo lo sé desde el principio, pero nunca he dicho nada por mis niños. Pero resulta que mis niños son unos vagos que se dedican a robar coches y a traficar con drogas. Nunca han puesto 1 pie en la escuela, ni siquiera saben leer. Si no es por que soy su madre, diría que son unos hijos de puta. Como ya he dicho antes, han salido a su padre. <br/><br/>Después de pegarle fuego a la casa, cogeré el coche y pondré música de Marilyn Manson a todo volumen. Me plantaré en los estudios de Tele-LE y me colare en la tertulia de María Teresa Campolechugas. No me moveré de allí hasta que ella y a todos los contertulianos reconozcan que el mundo no es blanco y negro. El mundo es de colores. EL MUNDO ES DE COLORES.<br/>Después secuestraré 1 cohete de la NASA y me iré a vivir a una estación espacial. Y Rufo seguirá vomitando y cagando  por todo el país y por todo el extranjero. Y al verle vomitando y cagando, el mundo entero se pondrá a vomitar y el planeta se convertirá en un vómito gigantesco dando vueltas en el sistema solar.<br/> <br/>...de mayor yo quiero ser PUNKY.<br/>]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item><item><title><![CDATA[Bowling for Esquiar]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_12.htm]]></link><description><![CDATA[Hola pipol!, ando un poco desaparecida porque estoy de vacaciones en la playa, a lo verano azul. ¡Ya he estrenado bikini! ole ole olee, y no me he ahogado! Ni siquiera he sido atacada por una jauría de medusas desvocadas y hambrientas de carne humana. Pos na, pa refrescar un poco el ambiente os voy a contar lo que me ocurrió la primera  y última vez que fui a esquiar. <br/><br/>Sucedió cuando iba al instituto y, como no podía ser de otra manera, me obligaron a ir bajo amenaza de muerte. Si me negaba, Hitler (mi profe de gimansia) me restaría un punto de la nota final, asi que... tal y como iba el curso, no podía permitirme perder ni un solo punto. Me armé de valor, me puse dos abrigos de lana (made in ''mi madre'') debajo del anorak, dos pares de pantalones de pana y un número incalculable de pares de calcetines. Metí un bocata de chorizo en la mochila y al paredón. <br/><br/>Parecía yo toa un híbrido entre muñeco Michelín y anuncio de Calcedonia, pero no pasaría frio. Al llegar a a estación, el profe nos dividió en grupos: desde el grupo de craks que podían presentarse perfectamente a las olimpiadas de invierno con opción a medalla, al grupo de los kazurros integrales sin opciones ni a premios de consolación. <br/><br/>A los cazurrillos, mi grupo, se nos asignó un monitor y nos pusieron a tós en la pista más light. Aquello parecía la cara norte del K2... pensé, cómo serían las otras pistas!!!<br/><br/>El monitor nos enseñó a ponernos los esquies sin rompernos los tobillos, nos dio unas cuantas lecciones de supervivencia en la nieve. y ale! ya estábamos listos para comernos la montaña (yo no me la comí por poco...). <br/><br/>Del minicursillo no entendí na de na, estaba yo más pendiente del ascenso del telesilla: la gente se montaba, el telesilla los llevaba cuesta arriba, de repente bajaba por un montículo y se perdía unos segundos de vista para volver a subir con la mitad de las sillas vacías. Imaginé que detrás del montículo había un montón de personas cazurras como yo, allí tiradas con los esquies puestos por sombrero y revueltos sin poder levantarse. Eso me quitó las ganas de provar el telesilla, así que me las ingenié para subir de otra manera. <br/><br/>Armada de paciencia, decidí pasar del telesilla asesino y comencé a subir chino chano, sin prisa pero in pausa, poniendo los esquies en perpendicular a la subida... pa que me entendais: subí andando de lado hasta que se me salieron los higadillos por las orejas del esfuerzo (más o menos iba ya por la mitad de la pista). Entonces intenté dar un giro de 90º encarando la bajada, pisé un esquí con el otro y al suelo. Las vistas desde la parte superior de la pista, pensé, serían de vídeos de primera, por no hablar de las vistas de los supervivientes del telesilla, que iban desfilando a mi lado, montaña arriba. <br/><br/>Me incorporé, no sin cierta dificultad, y conseguí empezar a bajar como dios manda, con los esquíes en paralelo y los palos patrás a o Blanca Fernández Ochoa. Al principio guay, pero a medida que iba pillando velocidad, ya iba yo toa acojonándome bastante. Ni Blanca Fernández ni leches! Cómo coño se para ésto!! las lagrimillas se me conjelaban en las pestañas y la boca se me llenaba de aire. Allá que iba yo, tó rígida, a la velocidad del tocino y con los mofletes hinchados como un hámster. <br/><br/>El final de la pista se acercaba y yo iba volando sin frenos por encima de la nieve a una velocidad que me pareció de vértigo, sin poder cerrar la boca por el efecto del aire, los dientes apretados y la lengua medio congelada pegada al paladar. Lo peor de todo no era que la pista se terminaba, no, lo peor era que a pie de pista había un grupo de níños con una monitora, justo en mi trayectoria. Saqué fuerzas de no sé dónde y empecé a rezar un padre nuestro. <br/><br/>Cuando faltaba poco para la estampada, tiré uno de los palos (no sé cómo no perdí el equilibrio), y con la mano ya libre empecé a hacer señas para que se apartasen. Fue inútil, nadie se percató de mi presencia hasta que me comí a tres de los niños y a la monitora. Uno de mis esquíes salió volando y no cayo en la cabeza de nadie de milagro. Por suerte, no hubo que lamentar daños personales. <br/><br/>Ya no lo intenté más. En vez de eso, me reuní con dos de mis compis de clase, que estuvieron todo el día tomando el sol con las gafas de esquiar puestas pa luego fardar de moreno de haber ido a esquiar. Me senté a su lado, saqué mi bocata de chorizo (made in ''mi madre'') y merendé. <br/><br/>]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item><item><title><![CDATA[Paranoia 2ª en Do Mayor]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_11.htm]]></link><description><![CDATA[El tiempo lo enfría todo y hace que las cuatro estaciones se conviertan en un invierno perenne que hiela los corazones, penetrando con su escarcha en los rincones más profundos del alma. TIC TAC TIC TAC. A los únicos a quienes no se les hiela el corazón es a los desilusionados, porque en vez de corazones tienen un hueco vacío y no queda en ellos ya nada que congelar. No se puede aprovechar de ellos ni la más mínima gota de sangre, ni un miserable ventrículo. El espacio que ocupaban sus corazones en el pecho, se ha convertido en una habitación de piedra, cerrada y oscura. TIC TAC TIC TAC. Todo esto ocurrió mucho antes de que el tiempo trajera el hastío a los corazones; antes de que el hastío saliese de los corazones a la calle y amueblase el mundo a su manera. TIC TAC TIC TAC. El frío llegó lentamente, doblando sigilosamente las esquinas, y empezó a helarlo todo poco a poco hasta que ya fue demasiado tarde para que nadie se pudiese salvar. Y quienes tenían refugios, no tuvieron tiempo de llegar a ellos, se congelaron por el camino. Y después de helar el suelo, el hastío heló las plantas, comenzando por las raíces. Y los árboles se convirtieron en terroríficas garras negras que lanzaban su sombra amenazante sobre las aceras y los paseos. Ni siquiera los meteorólogos más renombrados encontraban una explicación a ese extraño fenómeno que se producía en pleno agosto. Unos le echaban la culpa a la capa de ozono, otros lo achacaban a los políticos, y otros pensaban que era un castigo divino. Lo único cierto es que cada día hacía más frío y se hacía más insoportable salir a la calle. TIC TAC TIC TAC. Después de helar el suelo y las plantas, el hastío heló todo lo demás, retorció los edificios como si fuesen de goma, hundiéndolos en un mar de escarcha. Y a las personas las convirtió en estatuas heladas que contemplaban mudas el gran monumento a la desilusión en el que se estaba convirtiendo el mundo entero. Los únicos supervivientes fueron los desilusionados, que, por no tener corazón, no se vieron afectados por la glaciación... pero se vieron obligados a vagar eternamente por un mundo que se iba perdiendo poco a poco a muchos grados bajo cero, y bajando. TIC TAC TIC TAC, y bajando.<br/><br/>Solamente dos palabras podrían devolver las cosas a su sitio y la vida al mundo, dos sencillas palabras... pero es requisito imprescindible que salgan de un corazón vivo y de una voz que las diga de verdad. Mientras esas palabras no sean pronunciadas, el tiempo seguirá enfriándolo todo hasta convertir el mundo entero en una enorme pelota de nieve. Dos palabras que los desilusionados desearían pronunciar, pero, saben que si lo hacen, esas palabras caerían en picado y se estrellarían contra el suelo rompiéndose en cien mil pedazos de hielo. <br/><br/>Los desilusionados vagan por el mundo, en silencio, cabizbajos, arrastrando su sombra sobre la escarcha, sin esperanza, sin ninguna ilusión, atrapados en una especie de limbo eterno, un círculo de aburrimiento que nunca se cierra, nunca se cierra, alimentándose de sus propias desilusiones, que, aunque bastante sosas, son sin embargo, muy nutritivas.<br/>]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item><item><title><![CDATA[Sólo sé que no sé nadar]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_10.htm]]></link><description><![CDATA[Esta noche he estado en el messenger charlando con una amiga y, entre muchos otros temas, ha salido el tema de la natación. Sonia, te dedico a tí este post :)<br/><br/>Claro, es que resulta que es verano y la gente va a la playa y eso, a nadar y a asarse como pollos rebozaos vuelta y vuelta, unos con más fortuna que otros. <br/><br/>Os lo creais o no, hace unos cinco años que no piso una playa (por no hablar de las pisicinas), y es que eso de ir a la playa a mi no me mola nada, entre otras cosas, porque no sé nadar. Ya sé... te metes donde no cubre y listos. Jolin, pero y si se me lleva una ola mar adentro o resbalo patrás, pierdo la orientación y no encuentro la superficie? Me ahogaría. Tampoco es plan, con 31 años que tengo, ir a la playa con manguitos, saldría en Gente o en Vídeos de Primera. No mola. Aunque, bien pensado, tampoco es plan tener 31 años y no saber nadar. No es plan no, pero weno, tampoco tengo pensado hacer ningún crucero en el Titanic ni a medio ni a largo plazo.<br/><br/>Jo, pos cuando iba a tercero de bup, el profe de gimnasia me obligó a apuntarme a natación. O eso, o me suspendía directamente el curso entero. El examen final iba a consistir precisamente en una prueba de natación. Vaya tela, tuve que comprarme un bañador y un gorro de esos de latex, además de unas chanclas de plástico. Mi primer día de piscina fue una experiencia realmente traumática. Estaba yo toa allí, con la cabeza embasada al vacío, sintiéndome como una bola de billar verde pistacho, bañador horroroso blanco a rayas horizontales verdes y chanclas a juego (efecto dramatizado). Me acompañaban 5 mujeres de edades comprendidas entre los 60 y los 70 años, y la monitora.<br/><br/>Allí estábamos toas frente a la piscina, en fila india. La monitora nos obligó a tirarnos de una en una. Yo me iba moviendo todo el rato hacia el final de la fila, dejando pasar a toas mis compañeras mu amablemente. Abuela número uno al agua, abuela número dos al agua, y así sucesivamente hasta que me tocó dar el salto a mi... uff ya no había nadie más detrás. Mis cinco compañeras estaban todas flotando alegremente, y yo estaba allí en mis marcas, con mi cabezamelón apuntando hacia el interior de la piscina. Qué horror, todas pendientes de mi salto triunfal.<br/><br/><b>Monitora</b>: <i>Vamos, SateLite, te toca a ti. Tírate</i><br/><b>SateLite</b>: <i>Tírate tú</i><br/><b>Monitora</b>: <i>Cómo?</i><br/><b>SateLite</b>: <i>Mira, monitora, si quieres me tiro, pero que sepas que me voy a ahogar inmediatamente, no voy a tardar ni tres segundos en beberme la piscina entera.</i><br/><b>Monitora</b>: <i>Que te tires</i><br/><b>SateLite</b>: <i>Bueno, pero yo ya te he avisado, voy a ahogarme, que lo sepas.</i><br/><br/>Ufff, me armé de valor y me tiré. Plasssssssssss!! Y tal como me tiré me fui directa al fondo cual torpedo. Y allí estaba yo toa en el fondo, de pie, con los brazos cruzados mirando parriba (efecto dramatizado también, en realidad estaba realizando un extraño ejercicio de natación asincronizada). <br/><br/>En estas que estaba yo toa allí mismo, palpando el fondo a ver si encontraba el tapón del desagüe de la piscina, cuando vi acercarse a mi posición una especie de abrelatas gigante (interpreté que debía de ser una cosa de esas que usan pa quitar las mierdecillas que flotan en la piscina), me agarré y me sacaron a la superficie.<br/><br/>No fue grabe, no me tuvieron que hacer el boca a boca ni nada. Lástima, la monitora no estaba nada mal, vaya cara de susto tenía la pobre. <br/><br/>Y... bueno, estuve dando clases durante un mes, y no hubo manera. Sí que conseguí nadar algunos metros seguidos, pero enseguida que me paraba un poco... pal fondo. Pos eso, que lo que es flotar, no floto.<br/><br/>Finalmente, el profe de gimnasa no me suspendió. En vez de hacerme una prueba de natación me hizo correr un rato en el campo de fútbol hasta que el higadillo se me salió por las orejas y así aprobé el curso. Uff<br/><br/>EDITADO: La semana que viene me voy de vacaciones a Almería y he tomado la determinación de comprarme un bikini pa ir a la playa, me lo voy a comprar florescente. Si me hundo por los mares, me encontrarán antes.<br/><br/>bofr, tendré en cuenta tu propuesta jajaja]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item><item><title><![CDATA[Entre Paréntesis]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_9.htm]]></link><description><![CDATA[Gracias a tod@s por vuestros comentarios. El último post es un poquillo largo. Hacía tiempo que tenía el texto escrito y reescrito (y más que lo voy a reescribir) y me apetecía colgarlo. Me alegra que os haya gustado.<br/><br/>Ale! ya mismo va el próximo post.<br/><br/>Saludos!]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item><item><title><![CDATA[OFELIA SIN VOZ]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_8.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Había una vez una chica llamada Ofelia que vivió a mediados del siglo XII en el Palacio Real de Elsinor, en Dinamarca. Tanto ella como su padre Polonio formaban parte de la corte del rey Hamlet, quien murió en extrañas circunstancias, siendo sucedido en el trono por su hermano Claudio, el hombre que vivía agarrado a su jarra de vino.<br/>Ofelia amaba al hijo del difundo rey, el príncipe Hamlet, y su amor era correspondido. Por lo menos eso era lo que Ofelia creía, ya que Hamlet solía demostrarle sus nobles sentimientos entregándole lo que parecían ser sinceras cartas de amor, y regalándole joyas y ropa de diseño. Ofelia se convirtió en la chica más guapa y más fashion del lugar. Todas las mujeres de palacio rabiaban de la envidia al verla pasar tan ricamente ataviada, y andaban por ahí criticándola sin tregua (eran unas marujas de cuidado, se criticaban incluso entre ellas).<br/>Pero lo que pudo haber sido una bella historia de amor, comenzó a irse a la mierda cuando el asunto llegó a oídos de Polonio. El padre se reunió con la hija y, después de soltarle un rollo sobre el amor, el sexo y el matrimonio, le dio la orden de rechazar a Hamlet. Lo correcto era que Ofelia se casase con un hombre de su mismo estatus social. Hamlet era príncipe y le tocaba casarse con una princesa. Ofelia no lo era. <br/>La chica no podía hacer más que obedecer al padre, puesto que en aquella época las mujeres no tenían ni voz ni voto, y estaban sometidas a la autoridad de padres y maridos. Sin el padre, la hija no era ni siquiera una persona. Sin Polonio, Ofelia no tenía voz, eso era lo que dictaba Dios. <br/>Por debajo de Dios, se encontraba El rey, aunque fuese analfabeto, corrupto y mononeurona; después estaban los príncipes, la mayoría sufrían retrasos mentales más o menos graves; justo por debajo, el clero, la nobleza y los hombres de estado, que solían venderse al rey de turno o conspiraban contra él; a continuación estaban los campesinos, que vivían sumidos en el hambre y la miseria, obligados a pagar los desorbitados tributos que la nobleza y el clero les imponía; por debajo de éstos, los animales y las plantas, los más afortunados; y, finalmente, las más silenciadas y oprimidas, las mujeres, a las que podríamos incluir en la categoría “plantas”, por lo de silenciadas. <br/>Polonio prohibió a Ofelia amar a Hamlet. <br/>Una noche, los dos jóvenes quedaron para tomar un cortado en la posada de la esquina y la voz de Polonio habló a través de Ofelia, “Hamlet, lo nuestro no puede ser”; a lo que Hamlet dijo ‘’Ofelia, mi amor, vaya vozarrón, fumas ducados o desayunas carajillos?’’. Ofelia no habló y le devolvió todas las cartas, todas las joyas y todos los vestidos de diseño con los que el príncipe la había obsequiado para demostrarle su amor y devoción por ella.<br/>Al sentirse rechazado y herido en lo más hondo de su orgullo masculino, Hamlet se enfureció tanto que golpeó a la pobre Ofelia, quien quedó tendida en el frío suelo de palacio, llorando desconsoladamente con un ojo morado y tres dientes menos. Hay que tener en cuenta que a estas alturas del cuento, Hamlet ya estaba completamente desquiciado porque tenía problemas personales, y quién sabe si sexuales (no sabía si ser o no ser, esa era la cuestión), así que se podía esperar ya cualquier cosa de él, incluso que fuera gay, algo súper mal visto en la época. Llevaba el tío tal descontrol mental, que un día mató por accidente al padre de Ofelia (yo creo que lo hizo queriendo), y en ese momento Ofelia se volvió completamente loca, ya que en el preciso instante en el que el padre murió, la hija se quedó sin voz, y al no poder expresarse, enloqueció.<br/>Desde entonces Ofelia solía salir muy temprano a pasear por el bosque, y volvía al atardecer con un cesto lleno de flores silvestres y con guirnaldas en la cabeza. Se paseaba por los pasillos de palacio regalando flores a todo aquél que se cruzaba en su camino. Solía vestir de blanco y generalmente llevaba el cabello suelto y despeinado como una pirada. Andaba con la mirada perdida, cantando canciones sobre la vida, el amor y la muerte, canciones que ella misma componía y que nadie comprendía. Las mujeres de palacio ya no sentían envidia al ver pasar a Ofelia, ahora sentían pena, pero seguían criticándola porque eran unas marujas y no sabían hacer otra cosa.Parecía como si Ofelia se estuviese despidiendo de todo y de todos. Y así fue. <br/>Una mañana, Ofelia se levantó para ir al bosque a buscar flores, como hacía cada día, y ya no regresó a Elsinor. Se cayó por accidente a un río (yo creo que lo hizo queriendo), y mientras la corriente se la llevaba río abajo, ella seguía cantando sus canciones, hasta que finalmente el agua apagó su dulce y melancólica voz.<br/>El cuerpo sin vida de Ofelia flotaba en el agua, brazos en cruz, rodeado por un cortejo fúnebre de flores silvestres también muertas. Su vestido largo y blanco dejaba entrever la desnudez de su cuerpo, y en su rostro se dibujaba una expresión de calma que nunca antes ningún rostro ha expresado.<br/><br/>La corriente arrastró el cuerpo de Ofelia hasta el mar. El mar lo recogió cuidadosamente, lo llevó al fondo, a su mismísimo seno, y allí permaneció durante mucho tiempo, protegido en el líquido amniótico silencioso y tranquilo que lo envuelve todo. <br/>Un día hubo un temporal terrible, el temporal más violento de todos los tiempos. Fue tan terrible que todo lo que había en el mar, emergió a la tierra.  El cuerpo de Ofelia apareció en la orilla de una playa remota, en una época remota, acompañada por una ensalada de calamares con algas. <br/>La chica abrió los ojos y vio dos edificios que se levantaban imponentes hacia el cielo. Eran las Torres Mafre de Barcelona, joss... el mar había transportado su cuerpo a través del tiempo y del espacio hasta llevarlo a Barcelona, allá por el año dosmil y pico.<br/>Lo primero que hizo Ofelia fue comerse la ensalada. La colega estaba hambrienta después de tantos siglos sin catar bocado. Después intentó escribir algo sobre la arena. Se encontraba tendida en la orilla y apenas podía moverse a causa del atracón, pero consiguió extender su brazo derecho y con el dedo índice dibujó un garabato que, instantes después, fue engullido vorazmente por una ola. Lo intentó varias veces y siempre con el mismo resultado. Siempre llegaba una ola que devoraba el garabato ininteligible que Ofelia dibujaba una y otra vez en la arena, hasta que finalmente se cansó y se levantó, con cierta dificultad, ya que tenía los músculos entumecidos a causa del largo viaje.<br/>Ofelia observó el mar desde la orilla. Las olas iban y venían cubriendo y descubriendo sus pies desnudos. La playa estaba desierta y el día apenas despuntaba en el horizonte. De repente, le apeteció buscar un bar para tomarse un cortado.<br/>Echó a andar por el paseo marítimo, con la mirada vacía y clavada en el suelo. Caminó por las Ramblas hasta llegar a la Plaza de Catalunya. Ni un alma por la calle. Era como si el mundo se hubiese parado y toda la gente hubiese desaparecido. Quizá fue el temporal... si todo lo que había en el mar había emergido a la tierra, también era posible que todo lo que había sobre la tierra hubiese sido engullido por el mar. Lo cierto es que nadie sabe por qué todo el mundo desapareció, del mismo modo que nadie sabe por qué Ofelia apareció en aquel lugar remoto tantos siglos después.<br/><br/>El día era claro y soleado. Ofelia caminaba sin despegar la mirada del suelo, envuelta en su vestido blanco y pálida como un fantasma. Bajó por el Portal de l’Àngel. Todas las tiendas estaban abiertas. Ofelia se detuvo delante de la luna de un bar y levantó lentamente la mirada, encontrándose frente a su propio reflejo. A ella se le antojó que aquello era un fantasma. <br/>La chica no se reconoció en aquella espectral imagen que le devolvía una mirada interrogante. No se atrevió a entrar dentro para pedir un cortado. ‘’Yo soy Ofelia’’, pensó. Era como si respondiera a una pregunta que le planteara su propio reflejo. Se despidió de él como quien se despide de un extraño y siguió caminando, y caminó durante horas, o meses, o años,... quién sabe, el tiempo es relativo, es algo convencional que poco importa en esta historia nada convencional. El tiempo es lo único que sobrevive a todo. No tiene ni minutos, ni años, ni siglos porque es eterno. ‘’Minutos’’, ‘’años’’ y ‘’siglos’’ son conceptos que hemos inventado para intentar controlar el tiempo. Pero da igual lo que hagamos o quienes seamos, el tiempo va transcurriendo, unas veces deprisa, otras despacio. Es algo que existe y no existe a la vez. Por mucho que nos empeñemos en controlarlo, siempre irá transcurriendo.<br/><br/>Los bares, las tiendas,... estaba todo abierto. Era como si todos los habitantes de Barcelona (incluidos los guiris, las prostitutas, los inmigrantes, los chorizos, las palomas, las ratas y los perros abandonados... por no hablar de las cucarachas y de los políticos) se hubiesen marchado de la ciudad precipitadamente.<br/>Ofelia sólo recordaba su propio nombre, no recordaba a Hamlet, ni a su padre, ni al Rey Claudio, ni a las marujas de palacio. Tampoco recordaba haberse ahogado en un río. Su pasado se había convertido en garabatos enquistados en su memoria. El viaje había sido largo y extraño; largo por la distancia recorrida, y extraño porque esa distancia no se medía ni en kilómetros ni en minutos, se medía en las palabras que Ofelia no sabía expresar, más que nada porque nunca las había pronunciado. ‘’Yo soy Ofelia’’ no era una respuesta.<br/>La chica seguía caminando por las calles desiertas de Ciutat Vella y su reflejo interrogante siempre la perseguía y la observaba desde los escaparates y desde los cristales de los portales, preguntándole constantemente con la mirada cosas que Ofelia no comprendía. La chica terminó por desesperarse e intentó escapar de aquel lugar silencioso y abandonado lo más deprisa que pudo, hasta que finalmente cayó extenuada en la orilla de la playa que la vio llegar quién sabe cuánto tiempo hacía ya. En cuanto pudo moverse de nuevo, extendió su brazo derecho y con el dedo índice escribió algo sobre la arena. Esta vez no era un garabato ininteligible, eran dos palabras que se entendían perfectamente, escritas con una caligrafía impecable y sin faltas de ortografía. En vez de acercarse a la orilla, las olas se apartaban.<br/>El mar entero retrocedió por lo menos dos metros, para que aquellas palabras que Ofelia acababa de escribir nunca se borrasen e la orilla. Desde entonces hay dos metros más de playa en Barcelona para deleite de los guiris.<br/>Ofelia fijó la vista en lo que había escrito. Lo leyó y lo releyó hasta que se le grabó en la memoria. Después comenzó a pensar las palabras. Cerró los ojos y las pensó aun más, las abrazó cuidadosamente y las besó, y empezó a llorar de tanto pensarlas y besarlas, y estuvo allí llorando y besando las palabras que ella misma había escrito quién sabe cuánto tiempo hace ya, hasta que un día por fin las pronunció. La primera vez fue solamente un susurro; la segunda vez las pronunció con un hilo de voz casi imperceptible. Y cuando pronunció por tercera vez te quiero, lo hizo tan alto que el mundo entero tembló y Ofelia cayó inconsciente sobre la arena.<br/><br/>Algún tiempo después, no sabría precisar si transcurrieron segundos o siglos, un rumor lejano despertó a Ofelia de su plácido sueño. La chica abrió los ojos, se levantó y permaneció de pie en la orilla mientras las olas iban y venían cubriendo y descubriendo sus pies descalzos. El mar estaba en calma y el día apenas despuntaba en el horizonte. Todo parecía igual que antes, todo excepto aquel nuevo sonido que se había instalado en el ya familiar paisaje. Ofelia echó a andar y, a medida que avanzaba, el sonido se fue haciendo cada vez más y más claro... eran risas, las risas de unos niños que jugaban en la playa.<br/>Los niños se volvieron hacia Ofelia y la observaron con miradas extrañas. La verdad es que Ofelia tenía una pinta un poco rara. Después de haber estado tanto tiempo dando tumbos por ahí, llevaba el pelo sucio y despeinado como una pirada. El vestido, que ya no se sabía de qué color era, se le caía a pedazos. Los niños pensaron que se trataba de una indigente más, o que quizá había vuelto la moda de los grunges esos que nunca se lavan. Pronto dejaron de prestarle atención y siguieron jugando en la arena.<br/>Ofelia siguió caminando y observando todo lo que sucedía a su alrededor. De repente todos habían vuelto a la ciudad. Barcelona volvía a la normalidad del bullicio de los coches, y de las personas que corren porque llegan tarde al trabajo, o porque se les escapa el metro, o corren sencillamente por correr. Ofelia caminó por las Ramblas hasta la Plaza de Catalunya y bajó por el Portal de l’Àngel. Las tiendas y los bares volvían a estar repletos de gente. Los guiris se paseaban con sus cámaras fotográficas y sus inseparables sombreros mexicanos, tan típicos de Barcelona, fotografiando todo lo que encontraban a su paso, incluso fotografiaban papeleras y farolas, por ser tan diferentes a las de sus ciudades de origen.<br/>Ofelia se detuvo delante  de la luna de un bar, encontrándose frente a su propio reflejo. Esta vez la Ofelia del escaparate le devolvió una sonrisa, y ella entró en el bar y pidió un cortado. El del bar se asustó y la echó, pero ella siguió caminando y paseando feliz por la ciudad hasta que se perdió de vista, inmersa en la marea humana que inundaba el Portal de l’Àngel a aquellas horas de la tarde, tarareando las canciones que ella misma había compuesto algunos siglos –o incluso segundos- atrás. Y fue entonces cuando Ofelia comprendió la intensidad del silencio en el que, quién sabe cuánto tiempo hacía ya, había estado sumida la ciudad entera. Nunca fue tan consciente de lo abandonada que había estado Barcelona hasta ese preciso instante, el instante en el que el sonido volvió al mundo.<br/>]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item><item><title><![CDATA[MI PRIMER DESENGAÑO AMOROSO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_7.htm]]></link><description><![CDATA[La primera cinta de música que tuve fue la de Horacio Pinchadiscos (ke ke keee), la pena es que duró poco, después de pasar por el radiocassette un par de veces, terminó en la boca de mi babosilla y pequeñilla hermana, la cual se lió a bocado limpio con el pobre dj afro de trapo, empleándose a fondo con sus recien estrenados dientes de leche. <br/><br/>Cuando mi padre me regaló la cinta  del Thriler de Michael Jackson (después de arrastrarme yo por los suelos implórandole que me la comprase), la guardé y la cuidé como si fuese un preciado tesoro, lejos de las fauces asesinas de mi hermana caníbal. De hecho, a los 7 años (mi hermana tenía 2) era yo súpermengafan del Jackson, me quedaba embobada viendo el video de los muertos vivientes (asbuachi trileeeee, trileeee naiii...uh uh  ah uuuuuh). Mis padres intentaban que no lo viese, para que no tuviese pesadillas, pero yo me las ingeniaba para verlo y también para ver Mis Terrores Favoritos de Ibañez Serrador, escondida en el pasillo por la noche, lejos de la vista de mis padres. Al Jackson le debo mi afición al cine de terror. Seguro que en mi vida anterior fuí zombie, vampira o mujer lobo. Uff, ahora ma tocao ser persona, cómo cuesta, sobretodo los domingos por la mañana (por no hablar de los lunesss).<br/><br/>Incluso tenía un póster de mi ídolo que arranqué de la página central de una TeleIndiscreta, o fue de una SuperPop? Ya no me acuerdo. El caso es que me enamoré locamente de Michael Jackson a los 7 años, fue mi primer amor. Dormía abrazada al poster, os lo juro.<br/><br/>Un buen día pusieron en Tocata el último vídeo del Jackson, cantaba con Pol Macarni -o comosescriba- la canción Say Say Say. Joe pero que guapaaaaaaaa estaba ahí Michael Jackson, y se lo dije a mi madre. Oye mama, está mu guapa en ese vídeo Michael Jackson. Mi madre me miró seria, me puso la mano en un hombro  y me dijo: hija, Michael Jackson es un chico.<br/><br/>El mundo cayó a mis pies, vi mi corta vida pasar ante mis ojos. Fue peor que cuando me dijeron que los Reyes Magos son los padres y que los niños no vienen de París. Cómo podía ser que Michael Jackson fuese un chico, con lo guapa que es! Es imposible que sea un chico! La culpa seguro que es del Pol Macarni ese! Se me rompió el corazón y desde entonces ya no dormí más abrazada al poster. Ostrasss, tanto tiempo durmiendo con un tío y yo sin saberlo...<br/><br/>Este fue verdaderamente mi primer desengaño amoroso. Ahora escucho música metal.]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item><item><title><![CDATA[CREO QUE SOY LESBIANA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_6.htm]]></link><description><![CDATA[Ocurrió hace ya añísimos, en una de esas fiestas de instituto que se montan en fin de curso. Aleee, todos a cenar al restaurante de turno y a tirarnos las sobras por la cabeza después de bebernos todo el vino. Qué salvajura! Tendría yo unos 15 o 16 años (hace ya media vida, por dió, que ya soy el doble de lo que era, tanto en edad como en kilos de carne).<br/><br/>Después de la batalla campal que se montó en el restaurante, fuimos a la discoteca del pueblo (sólo había una, ahora hay dos) a perseguir chicos guapos sin atrevernos a decirles nada, a beber y a bailar tecnotronic, locomía y otras horteradas similares. Recuerdo que con la entrada te daban una consumición y una consulta gratis con una pitonisa que tenía su mesa instalada en el fondo de la discoteca (friki, eeh?). Pasé de ir a la pitonisa porque a mí eso de saber el futuro nunca me ha llamado, me gustan más las sorpresas. Mis amigas se fueron toas pallá a hacer cola para preguntar sobre el amor y yo me quedé en la barra pidiendo una cerveza.  Esa es una costumbre que he mantenido a lo largo de los años. Mientras pedía la cerveza se me acercó un chico y me preguntó todo eso de cómo te llamas, de dónde eres y que si quieres salir fuera a la calle un rato conmigo y así puedo meterte la lengua hasta la campanilla mientras te toco las tetas. Bueno ésto último no lo dijo con palabras, pero lo decía con la mirada. Y pensé, pos venga. Nunca he ligao, pos ya he ligao, mira que bien. Ale!. Pafuera que nos fuimos cogidos de la mano cual tortolillos apunto de enamorarse locamente y ser la parejita del verano, o no.<br/><br/>Estuvimos paseando un rato por las inmediaciones en plan timidillo mirándonos lo justo a los ojos, hasta que encontramos un banco lo suficientemente escondido y oscuro para empezar a enrollarnos. Él era mayor que yo, por lo menos dos años y era simpatiquillo y graciosillo (igual aún lo es), aunque no demasiado guapo. Pos allá que estábamos los dos sentados en el banco y en estas que va el tío y pasa su brazo por encima de mis hombros acercando su cabeza cada vez más a la mía con los labios entreabiertos y los ojos entrecerrados. De repente me entraron unas ganas incontenibles de salir de allí en estampida. Fue como un efecto imán a la inversa. Tal como se me acercó, me deshice de su brazo y me fui cagando leches y sin mediar palabra. A mi éste no me pincha la cara, por poca barba que tenga. <br/><br/>Cuando llegué a la discoteca, mis amigas ya habían salido de la consulta de la pitonisa, unas más satisfechas que otras y empezaron a interrogarme. Que dónde has estado, que nos han dicho que has salido de la discoteca con tal, que qué habéis hecho, os habéis enrollao? Y pensé, pos mira, él le va a decir a sus colegas que se ha enrollado conmigo, pos yo lo mismo. Una mentirijilla que me mantendría segura y tranquila en el confortable mundo de mi armario empotrado. Y la verdad era que me moría por los huesitos de una de mis amigas, pero la mera idea de pensar en decírselo me hacía temblar de terror. De momento me conformaba con ser su mejor amiga.<br/><br/><br/>EDITADO: Un día de estos os contaré mi salida del armario... y la de alguna de mis amigas. Al final, resultó que yo no era la única bollo del grupo :)]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item><item><title><![CDATA[PARANOIA Nº1 EN DO MENOR]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/sateliteofelia/c_5.htm]]></link><description><![CDATA[¡¡¡NO ME LO PUEDO CREER!!! ¡¡¿¿ Pero cómo se atreve a decir el hombre del tiempo  que  está lloviendo??!! No hay más  que  asomarse a la ventana para ver que no hay una sola nube en el cielo. Hace un sol de justicia y el mercurio del termómetro roza los 30 grados centígrados.<br/> <br/>La gente que se lo ha creído, va por la calle con sus chubasqueros y sus paraguas, esquivando charcos de agua inexistentes, e incluso estornudan mostrando síntomas de un incipiente catarro. ¡No me lo puedo creer! ¿Hasta dónde va a llegar la manipulación informativa? Voy a tener que ir a la tele a hablar muy seriamente con el hombre del tiempo para que rectifique  y diga la verdad.<br/> <br/>En la parada del bus la gente se hacina debajo del toldo y habla de lo feo que está el día. Entre ellos está el típico guarro que se sorbe los mocos y la típica vieja que se  que ja del reuma a causa de la humedad. Si no para de llover, dicen algunos, el río terminará por desbordarse. ¡Pero si el río apesta a agua estancada! ¡Hace siglos que no llueve!<br/> <br/>Enfrente de los estudios de Tele Tiempo se concentran unas 5mil personas (25mil según los organizadores; 4 gatos según la guardia urbana) Los manifestantes corean consignas del tipo "ol ol ol, hacen mucho sol" y "ira ira ira, eso es mentira" Al ver que la manifestación persiste, el señor director de los informativos meteorológicos de Tele Tiempo sale para intentar calmar a la gente: “Las últimas informaciones que nos llegan del Meteosat apuntan a que está cayendo una tormenta monumental en todo el territorio español. Les pido por favor que se dispersen y se dirijan a sus casas, de lo contrario vendrán los antidisturbios a dispersarles por la fuerza, y les aseguro que disfrutarán mucho haciéndolo”. Algunos manifestantes se retiran, pero la mayoría sigue allí coreando "ira ira ira, eso es mentira”, "eve eve eve, aquí no llueve"<br/> <br/>Entre el gentío hay algunos punkis con neveras vendiendo latas de cerveza y repartiendo flyers para conciertos. También hay chinos vendiendo abanicos y rumanas con muñecos Nenuco pidiendo limosna. En estas que pasa por allí Tamara, y al ver tal concentración de gente, no se le ocurre otra cosa que subirse al capó de un coche para promocionar su último disco a grito pelao. Los manifestantes la aclaman cual diosa de la canción post-abstracta: "ara ara ara, esa es Tamara".<br/> <br/>Sin embargo el espectáculo dura apenas 5 minutos. De repente el cielo se cubre de nubes y comienza a caer la de San Quintín entre rayos, truenos y centellas. Los manifestantes corren en estampida sin rumbo fijo, chocando los unos contra los otros, huyendo de la tormenta como quien huye de la lluvia ácida. Los chinos guardan sus abanicos y sacan su stock de paraguas con pararrayos incorporado; los punkis se beben las últimas cervezas que les  que dan; y las rumanas guardan a sus hijos de plástico en bolsas para que no se mojen, y se marchan.<br/><br/>El director de los informativos meteorológicos vuelve a salir para dar una información de última hora: “Según nuevos datos que nos llegan del Meteosat, ha dejado de llover y las temperaturas están subiendo. Aprovechen para ir a la playa a tomar el sol” De repente una inmensa riada se lo lleva todo y la única superviviente es Tamara, que logra salvar su vida gracias a sus descomunales labios neumáticos todo terreno.<br/><br/>PRONÓSTICO PARA MAÑANA: El día amanecerá soleado, aunque  por la tarde pueden producirse chubascos tormentosos en zonas del interior.<br/><br/>]]></description><author><![CDATA[SateLite]]></author></item></channel></rss>
