ESA LUNA INTERIOR
Hay una luna dentro de todos nosotros que ilumina en la oscuridad de nuestros pesares.
Hay una luna dentro de nosotros que ilumina el lago nocturno de nuestras lágrimas.
Esa luna siempre es luna llena, porque su luz debe iluminar muchos días de pesar y sufrimiento, y sólo desaparece cuando ya no hay oscuridad, en esos breves momentos de la vida que podemos llamar alegres.
La luna interior es mejor que la de fuera, porque no hace distinción entre el día y la noche. Si tus lágrimas son diurnas, la luna interior te iluminará igual en esa oscura penumbra de tu tristeza, y si son nocturnas, se unirá a la luna exterior para recogerlas y absorberlas, y darte cuanta luz pueda para salir de esa cueva que parece no tener fin, y que a veces es húmeda y tenebrosa como las de las mejores películas de terror.
Hay una luna dentro de todos nosotros que no se cansa de estar ahí todo el tiempo. Si nos la ha dado un ángel, o el Señor, es un misterio sin resolver. Lo cierto es que cuando salimos del paso, debemos pensar en esos rayos diminutos de nuestra luna interior que no han dejado de iluminar el camino de vuelta hacia la salida del túnel, hacia la salida de la cueva de la tristeza y la oscuridad.