a preguntas embarazosas...
Sindicación
 
¿quién eres?
Nació en una familia bien. Niñita malcriada con zapatos de charol. El ojito derecho de papá. Juventud esplendorosa. Guapa y elegante. Todos los hombres querían bailar con esa rubia de aspecto nórdico que se movía tan bien. Lucía sus tacones como nadie y su sonrisa conquistaba a todo el que la conocía. Se enamoró de un tipo parecido, un cabeza loca. Se casaron y esa misma noche ella supo que había cometido un error. Empezaron una vida lejos de su ciudad natal. Nunca se sintió bien junto a un hombre que no le trataba bien pero “tenía que seguir a su lado”. Su querido padre no hubiese aceptado que eso no funcionase. Ella misma no se permitió separarse. Supongo que no hubiese soportado la presión social. Tuvieron hijos. La alegría de su casa y de su vida. Después llegaron los nietos. Y ahí llegué yo. Ella mi madrina.

Cuando tenía diez años vi a mis abuelos darse un beso y no pude evitar poner cara de sorpresa. Fue tan evidente que mi abuela empezó a reírse y dijo: “¿sabes? los abuelos también se dan besos de vez en cuando”. Eran fríos al trato. El cariño se medía según el grosor de los sobres que te daban cuando les visitabas. No recuerdo apenas un beso con amor. Todo era exageradamente formal. Se comía a las 2, se cenaba a las 9. Los lunes y miércoles mi abuelo jugaba a tenis. Los martes y jueves ella tenía partida de mah jong. Él le decía; “vete a la puñeta” y ella cogía un billete para perderse por algún rincón del mundo en el que pudiese ser ella misma sin llorar. Cuando mi abuelo (mal marido pero buen padre y gran abuelo) falleció ella se fue de compras, para olvidar. No pasaron más de dos meses y ya tenía un “amigo” que le hacía descubrirnos partes de ella que nunca en vida de mi abuela conocimos.

“¿quién eres?”. Hoy "comí" con ella. Y no, no fue a las 2. “¿quién eres?”. Me fijé en sus pupilas, perdidas en el plato y joder, por primera vez, no me reconoció. “¿quién eres?”. Toda su vida por delante de mis ojos. “¿quién eres?”. Tragué saliva, sonreí para ella, respondí: “soy tu nieta, mira mi nariz…la tenemos igual :P”, pinché una patata relamiéndome y diciéndole cómo está de buena, se la acerqué a sus labios… pero es una puta mierda, se pasa el día mirando a la puerta, esperando que llegue alguien a verla, ya no se le puede contar nada porque no atiende, porque tanto le da una cosa que otra, porque en 2 minutos te lo va a volver a preguntar… sólo dice que “está sola”, que “no es mala” y se pone a llorar.