Así salí del armario. Parte III.
“El DBL (El Decálogo de las Buenas Lesbianas, para las no iniciadas) versión 2.1
El DBL se hace en base a tres normas básicas principales. El resto son igual de importantes pero la taxatividad es más relajada. No pueden llegar a incumplirse pero establecen un grado de elasticidad siguiendo al principio universal de “todas las personas no son iguales”. [Nota personal: no creo en dicho principio.]
La primera y más importante es que antes que nada, más que mujer, persona, ser vivo o habitante de la tierra, eres LESBIANA. Todo suceso acontecido en tu vida debes llevarlo al ámbito de tu orientación sexual, tanto si es bueno, como si es malo (sobre todo si es malo). Este es nuestro principio regidor de modelo de vida.
Seguidamente, debes evitar al máximo todo tipo de contacto con los varones heterosexuales. Tu padre, tu hermano y poco más. Pero es altamente recomendable, imperativo incluso, que tu mejor amigo sea un hombre...gay.
Y por último, debes, en algún momento de tu vida lésbica enamorarte-obsesionarte-fijarte en una chica heterosexual. Y si tiene novio, mejor que mejor, para que las penurias de tu vida se multipliquen por dos; ella no sólo te rechazará sino que te querrá como amiga y te contará con todo tipo de detalles lo que hace con el maromo en cuestión.
Hemos madurado como personas, ya no hace falta llevar el “soy lesbiana” tatuado en la frente, con vestimentas fácilmente reconocibles y el pelo corto (de todos modos, si quisieras hacerlo no puedes, por lo menos con nosotras, pues ese rol ya está ocupado por Belinda). Pero si que debes reconocer tu orientación sexual a la primera oportunidad que se presente, acompañado por una sonrisa de satisfacción de “¿y que pasa?”.
Bajo ningún concepto debes explicitar lo que sucede en la cama entre dos mujeres. Es uno de nuestros SECRETOS; los heterosexuales llevan siglos intentando averiguarlo sin éxito. Es uno de nuestros mayores logros.
Debes comprarte pósters de Angelina Jolie en posturas eróticas, o de Katherine Moennig en posturas eróticas, o de Verónica Romeo en posturas eróticas o, en su defecto, Alaska en posturas eróticas. Son nuestras musas y si quieres hacer una petición o incluir alguna mujer que suscite nuestro más profundo deseo y admiración mándanos un correo con dicha petición, que la estudiaremos, someteremos a debate y fallaremos a favor o en contra. Por supuesto, los pósters debes colgarlos de las paredes de tu cuarto, salón o cuarto de baño, junto con la bandera del Orgullo Gay de la que se hará entrega el día de tu iniciación.
Los zapatos planos son tus mejores amigos. La coleta de caballo es tu aliado. El maquillaje es vengativo e innecesario (a menos que tu rol establezca que debes usarlo que entonces nosotras rezaremos por tu alma). Los vaqueros son tus compañeros. Sudaderas con capuchas y cinturones de pinchos al poder.
Necesitas una pulsera de cuero. O una pulsera con la bandera del arcoiris. O ambas.
Tienes que estar atenta, existen entre nosotras millones de mujeres heterosexuales deseando convertirse a nuestro mundo sáfico. Tu misión es detectarlas y hacer eso que tanto ansían. No hagas caso a sus protestas, es parte del ritual.
No te dejes las uñas largas.
Establece vínculos emocionales-afectivos con las mujeres que conozcas por la noche. Pero tu mayor lealtad será siempre hacia nosotras, somos tus guías y protectoras.
No dudes del poder de la ENDOGAMIA LÉSBICA. Todos tus pasos por el mundillo quedarán registrados.
Esto no es una norma, sino una sugerencia, para hacer más real la famosa idea de la endogamia lésbica deberías primero formar una pareja de corta duración con una de nuestro grupo, proceder a la ruptura y luego conocer y empecer a salir con su ex (si acabas tú, o la afortunada del grupo que habías elegido, despechada mejor que mejor). Los círculos viciosos de todas conocen a todas nos encantan.
El día del Orgullo Gay si no puedes conseguir meterte en una carroza ponte en primera fila, bikini y botella de agua formarán tu uniforme".
Bueno, tampoco había sido tan traumático...La mayoría de las cosas creo que podría afrontarlas sin problemas. Quizá lo más complicado sería lo de limitar mi contacto a dos hombres heterosexuales. Yo no tenía hermano, ¿podría hacer pasar a Rigoberto como tal? El email tenía una post data:
"Y eso es todo camarada" (¿camarada?). "Por supuesto que hay normas consuetudinarias entre nosotras, pero como en cualquier grupo humano, por lo que no debes desalentarte. Bajo nuestra fachada lésbica late un corazón, como el tuyo. Nos llevaremos bien.
Espero que estes contando las horas para el día de la presentación. Xena, Belinda, Tsunami y Lucy están totalmente impacientes por conocerte. La verdad es que yo también estoy expectante para que te unas a nuestras filas.
Quien sabe, a lo mejor entre nosotras conoces a tu bollo gemelo..."
Joder, ¿en que lío me había metido? Ay.
Tendría pesadilllas toda la noche...
El DBL se hace en base a tres normas básicas principales. El resto son igual de importantes pero la taxatividad es más relajada. No pueden llegar a incumplirse pero establecen un grado de elasticidad siguiendo al principio universal de “todas las personas no son iguales”. [Nota personal: no creo en dicho principio.]
La primera y más importante es que antes que nada, más que mujer, persona, ser vivo o habitante de la tierra, eres LESBIANA. Todo suceso acontecido en tu vida debes llevarlo al ámbito de tu orientación sexual, tanto si es bueno, como si es malo (sobre todo si es malo). Este es nuestro principio regidor de modelo de vida.
Seguidamente, debes evitar al máximo todo tipo de contacto con los varones heterosexuales. Tu padre, tu hermano y poco más. Pero es altamente recomendable, imperativo incluso, que tu mejor amigo sea un hombre...gay.
Y por último, debes, en algún momento de tu vida lésbica enamorarte-obsesionarte-fijarte en una chica heterosexual. Y si tiene novio, mejor que mejor, para que las penurias de tu vida se multipliquen por dos; ella no sólo te rechazará sino que te querrá como amiga y te contará con todo tipo de detalles lo que hace con el maromo en cuestión.
Hemos madurado como personas, ya no hace falta llevar el “soy lesbiana” tatuado en la frente, con vestimentas fácilmente reconocibles y el pelo corto (de todos modos, si quisieras hacerlo no puedes, por lo menos con nosotras, pues ese rol ya está ocupado por Belinda). Pero si que debes reconocer tu orientación sexual a la primera oportunidad que se presente, acompañado por una sonrisa de satisfacción de “¿y que pasa?”.
Bajo ningún concepto debes explicitar lo que sucede en la cama entre dos mujeres. Es uno de nuestros SECRETOS; los heterosexuales llevan siglos intentando averiguarlo sin éxito. Es uno de nuestros mayores logros.
Debes comprarte pósters de Angelina Jolie en posturas eróticas, o de Katherine Moennig en posturas eróticas, o de Verónica Romeo en posturas eróticas o, en su defecto, Alaska en posturas eróticas. Son nuestras musas y si quieres hacer una petición o incluir alguna mujer que suscite nuestro más profundo deseo y admiración mándanos un correo con dicha petición, que la estudiaremos, someteremos a debate y fallaremos a favor o en contra. Por supuesto, los pósters debes colgarlos de las paredes de tu cuarto, salón o cuarto de baño, junto con la bandera del Orgullo Gay de la que se hará entrega el día de tu iniciación.
Los zapatos planos son tus mejores amigos. La coleta de caballo es tu aliado. El maquillaje es vengativo e innecesario (a menos que tu rol establezca que debes usarlo que entonces nosotras rezaremos por tu alma). Los vaqueros son tus compañeros. Sudaderas con capuchas y cinturones de pinchos al poder.
Necesitas una pulsera de cuero. O una pulsera con la bandera del arcoiris. O ambas.
Tienes que estar atenta, existen entre nosotras millones de mujeres heterosexuales deseando convertirse a nuestro mundo sáfico. Tu misión es detectarlas y hacer eso que tanto ansían. No hagas caso a sus protestas, es parte del ritual.
No te dejes las uñas largas.
Establece vínculos emocionales-afectivos con las mujeres que conozcas por la noche. Pero tu mayor lealtad será siempre hacia nosotras, somos tus guías y protectoras.
No dudes del poder de la ENDOGAMIA LÉSBICA. Todos tus pasos por el mundillo quedarán registrados.
Esto no es una norma, sino una sugerencia, para hacer más real la famosa idea de la endogamia lésbica deberías primero formar una pareja de corta duración con una de nuestro grupo, proceder a la ruptura y luego conocer y empecer a salir con su ex (si acabas tú, o la afortunada del grupo que habías elegido, despechada mejor que mejor). Los círculos viciosos de todas conocen a todas nos encantan.
El día del Orgullo Gay si no puedes conseguir meterte en una carroza ponte en primera fila, bikini y botella de agua formarán tu uniforme".
Bueno, tampoco había sido tan traumático...La mayoría de las cosas creo que podría afrontarlas sin problemas. Quizá lo más complicado sería lo de limitar mi contacto a dos hombres heterosexuales. Yo no tenía hermano, ¿podría hacer pasar a Rigoberto como tal? El email tenía una post data:
"Y eso es todo camarada" (¿camarada?). "Por supuesto que hay normas consuetudinarias entre nosotras, pero como en cualquier grupo humano, por lo que no debes desalentarte. Bajo nuestra fachada lésbica late un corazón, como el tuyo. Nos llevaremos bien.
Espero que estes contando las horas para el día de la presentación. Xena, Belinda, Tsunami y Lucy están totalmente impacientes por conocerte. La verdad es que yo también estoy expectante para que te unas a nuestras filas.
Quien sabe, a lo mejor entre nosotras conoces a tu bollo gemelo..."
Joder, ¿en que lío me había metido? Ay.
Tendría pesadilllas toda la noche...
Tropiezo...
Tenía examen a las siete de la tarde. Partiendo de la base de que siempre es mejor quitarse los exámenes por la mañana porque así tienes el día libre entero, sin la presión, y es cuando más fresca la gente –yo no me incluyo- está, sería una putada. De las buenas. Pero, yo no soy como el resto del universo. Yo soy más vaga. Por lo que mi alegría era palpable por todos los rincones de, esta, mi pequeña morada. Pude despertarme tarde, desperezarme a gusto, quitarme los restos del sueño erótico festivo que había tenido de la cabeza (sueño erótico, y raro, donde los haya, tanto por la temática, como por los protagonistas), y repasar, con calma, los puñeteros quince temas que me entraban.
Llegué al examen, con mi bolígrafo en el bolso y el programa del temario en la otra tranquila y con parsimonia. Respondiendo a la pregunta del “¿cómo lo llevas?” con una sonrisa y un “no lo llevo”. La verdad es que no. Si el examen era de quince temas, yo me sabría tres bien, el resto dependía de mi inventiva (lo cual no es mucho, porque en esta asignatura las inventadas me llevan por el camino de la amargura) y de mi poder de no cagarla con el lenguaje técnico que me obligan a usar. El profesor, raya en medio incluida, llegó y procedió a colocarnos para el examen. Teniendo en cuenta de que hacíamos el examen en el aula Magna de la facultad, y ésta estaba a rebosar, era una ardua tarea. Tardó el chaval media hora en ponernos en una posición que nos impidiera copiarnos. No sin antes advertirnos:
- A menos que sean ustedes unos genios, no copien. Porque si os pillo, directamente seríais expulsados de la facultad. Y eso no lo quiero, porque el papeleo del expediente me quita mucho tiempo. Además, he infiltrado a gente entre ustedes para saber si copiáis o hacéis chuletas. Vamos, espías. Nunca sabes quien puede estar vigilando a tus espaldas.
Sonora carcajada por toda el aula.
- No es broma.
Del examen, mejor ni hablo. Me salió bastante bien, teniendo en cuenta de que sólo me preguntó uno de los tres temas que dominaba. Además de uno que no sabía siquiera que entraba. Si no me aprueba por mi dominio de la asignatura por lo menos que valore el esfuerzo de inventarme cuatro folios en una hora acerca de su materia. Bajando la infinidad de escaleras que me llevaban hacia el estrado me tropecé y casi bajo rodando el tramo final. El profesor me miró preocupado –o a punto de descojonarse- y le planté el examen en la mano.
La verdad, es que no se exactamente en qué momento de mi vida dejé de ser inteligente para volverme idiota. Porque si, ahora soy idiota. ¿Dónde está esa Galletita que sacaba notables y sobresalientes con un solo batir de pestañas? ¿Dónde? Yo también era la chica de las notas (no como las del Conejito, sino de las otras), lo confieso. Y me avergüenzo al decirlo ahora, porque creo expectativas. Y luego suspendo de esas maneras tan habituales ya en mi. Ahora me doy con un canto en el pecho si el profesor no me insulta al darme la nota del examen (que tengo uno que lo hace. Bueno, realmente grita para todo); antes, un ocho era mi nota más baja (repugnante, lo se).
Debo confesar, además (esto si que me duele), que yo, llegué a la universidad sin haber suspendido nunca un examen. Me sorprende lo rápido que me he adaptado a la tónica, pensé que me afectaría...algo, al menos. Pero la verdad es que me la sopla. Por lo menos tengo asumida mi estupidez, junto con mi vagancia, que unidas son un equipo invencible. Ahora, al mirarme retrospectivamente me admiro. Sí, me admiro. Porque sacaba notas asquerosamente altas sin hacer aspavientos. Además, mantenía un ritmo de vida bastante parecido al que tengo ahora. Rata de biblioteca no era, precisamente. Que mal me ha venido haberme emancipado. Quien dijo eso que la experiencia de vivir sola hace madurar, conmigo se equivocó. De medio a medio. Porque ahora no sólo soy más idiota y vaga, sino más inmadura.
PD: En el metro me gocé una pelea de enamorados, me pareció súper romántico la verdad.
ÉL: joder, Verónica (mismamente), ¿por qué estas tan fría conmigo? Ya no eres cálida, ni nada.
ELLA: no es verdad. Estoy como siempre.
ÉL: No. Es que casi te prefiero cuando estamos con gente.
Aquí ella dijo una cosa que no logré captar.
ÉL: es que no se si te pasa algo conmigo, o qué. Siempre igual.
Ella, le dio un besito casto en los labios y fue a sentarse en el asiento contiguo al mío, y había otro libre.
ELLA: ¿vienes?
ÉL: no. Y giró la cabeza con gesto enfadado.
Vale, quizá romántica no es la definición correcta para esta pareja, pero me pareció tan real...tan...típica. El chico pidiendo atención y la piba pasando mil. Pobrecillo. Espero que la reconciliación haya valido la pena.
PPD: Saliendo del metro me metí el típico tropiezo subiendo las escaleras, menos mal que mi cara amortiguó el golpe. Es broma. No lo amortiguó.
PPPD: Bueno vale, me dejo de exageraciones. Realmente, lo que pasó fue la típica escena de cuando alguien se tropieza, pone las manos y luego como que anda-corre-gatea hasta que recobra el equilibro, ¿sabes?. Pues eso.
Llegué al examen, con mi bolígrafo en el bolso y el programa del temario en la otra tranquila y con parsimonia. Respondiendo a la pregunta del “¿cómo lo llevas?” con una sonrisa y un “no lo llevo”. La verdad es que no. Si el examen era de quince temas, yo me sabría tres bien, el resto dependía de mi inventiva (lo cual no es mucho, porque en esta asignatura las inventadas me llevan por el camino de la amargura) y de mi poder de no cagarla con el lenguaje técnico que me obligan a usar. El profesor, raya en medio incluida, llegó y procedió a colocarnos para el examen. Teniendo en cuenta de que hacíamos el examen en el aula Magna de la facultad, y ésta estaba a rebosar, era una ardua tarea. Tardó el chaval media hora en ponernos en una posición que nos impidiera copiarnos. No sin antes advertirnos:
- A menos que sean ustedes unos genios, no copien. Porque si os pillo, directamente seríais expulsados de la facultad. Y eso no lo quiero, porque el papeleo del expediente me quita mucho tiempo. Además, he infiltrado a gente entre ustedes para saber si copiáis o hacéis chuletas. Vamos, espías. Nunca sabes quien puede estar vigilando a tus espaldas.
Sonora carcajada por toda el aula.
- No es broma.
Del examen, mejor ni hablo. Me salió bastante bien, teniendo en cuenta de que sólo me preguntó uno de los tres temas que dominaba. Además de uno que no sabía siquiera que entraba. Si no me aprueba por mi dominio de la asignatura por lo menos que valore el esfuerzo de inventarme cuatro folios en una hora acerca de su materia. Bajando la infinidad de escaleras que me llevaban hacia el estrado me tropecé y casi bajo rodando el tramo final. El profesor me miró preocupado –o a punto de descojonarse- y le planté el examen en la mano.
La verdad, es que no se exactamente en qué momento de mi vida dejé de ser inteligente para volverme idiota. Porque si, ahora soy idiota. ¿Dónde está esa Galletita que sacaba notables y sobresalientes con un solo batir de pestañas? ¿Dónde? Yo también era la chica de las notas (no como las del Conejito, sino de las otras), lo confieso. Y me avergüenzo al decirlo ahora, porque creo expectativas. Y luego suspendo de esas maneras tan habituales ya en mi. Ahora me doy con un canto en el pecho si el profesor no me insulta al darme la nota del examen (que tengo uno que lo hace. Bueno, realmente grita para todo); antes, un ocho era mi nota más baja (repugnante, lo se).
Debo confesar, además (esto si que me duele), que yo, llegué a la universidad sin haber suspendido nunca un examen. Me sorprende lo rápido que me he adaptado a la tónica, pensé que me afectaría...algo, al menos. Pero la verdad es que me la sopla. Por lo menos tengo asumida mi estupidez, junto con mi vagancia, que unidas son un equipo invencible. Ahora, al mirarme retrospectivamente me admiro. Sí, me admiro. Porque sacaba notas asquerosamente altas sin hacer aspavientos. Además, mantenía un ritmo de vida bastante parecido al que tengo ahora. Rata de biblioteca no era, precisamente. Que mal me ha venido haberme emancipado. Quien dijo eso que la experiencia de vivir sola hace madurar, conmigo se equivocó. De medio a medio. Porque ahora no sólo soy más idiota y vaga, sino más inmadura.
PD: En el metro me gocé una pelea de enamorados, me pareció súper romántico la verdad.
ÉL: joder, Verónica (mismamente), ¿por qué estas tan fría conmigo? Ya no eres cálida, ni nada.
ELLA: no es verdad. Estoy como siempre.
ÉL: No. Es que casi te prefiero cuando estamos con gente.
Aquí ella dijo una cosa que no logré captar.
ÉL: es que no se si te pasa algo conmigo, o qué. Siempre igual.
Ella, le dio un besito casto en los labios y fue a sentarse en el asiento contiguo al mío, y había otro libre.
ELLA: ¿vienes?
ÉL: no. Y giró la cabeza con gesto enfadado.
Vale, quizá romántica no es la definición correcta para esta pareja, pero me pareció tan real...tan...típica. El chico pidiendo atención y la piba pasando mil. Pobrecillo. Espero que la reconciliación haya valido la pena.
PPD: Saliendo del metro me metí el típico tropiezo subiendo las escaleras, menos mal que mi cara amortiguó el golpe. Es broma. No lo amortiguó.
PPPD: Bueno vale, me dejo de exageraciones. Realmente, lo que pasó fue la típica escena de cuando alguien se tropieza, pone las manos y luego como que anda-corre-gatea hasta que recobra el equilibro, ¿sabes?. Pues eso.
Así salí del armario. Parte II.
[...]
-No soy yo la falsa lesbiana. Lo tomas o lo dejas.
-De acuerdo-abdiqué-¿algo más?
- Sí, claro. Pequeñas cosas sin importancia. Tendrás que aprenderte el Decdelabele...
- ¿El qué?- la cosa se estaba complicando por momentos. ¿Sería demasiado tarde para arrepentirme?
- El Decálogo de la Buena Lesbiana –dijo con un deje de impaciencia en la voz. Quizá ella también se estaba dando cuenta de que esto no era buena idea.- Aquí las cosas las vamos a hacer bien. Llegado el momento de presentarte en sociedad nadie puede dudar que no eres lo que dices ser. Verás tú la de puntos que vamos a ganar en el bollomundo al tenerte a ti en nuestras filas, jejeje.
- Me estas asustando. Son ustedes un poco sectáreas, ¿no?
- Sí, un poco. –admitió, con la decencia de avergonzarse – ¡Pero somos buena gente!
- No lo dudo – nivel de miedo aumentando por momentos.
- Bueno, me tengo que ir. Recibirás más indicaciones por email, además del DecdelaBL y los datos de nuestra siguiente cita. Además, te mandaremos el primer conjunto les que llevarás en tu vida –aquí enronqueció sospechosamente la voz-. Sigue las instrucciones de su correcto uso, sino, te penalizaremos con una semana sin salir de tu casa (es broma, tan sólo será un día). Ve por la sombra, Wendi.
Y se fue. Haciendo un extraño gesto con las manos. ¿Qué sombra? ¿De que me ha hablado esta mujer? ¿Por qué puñetas habré accedido? Sin duda ya era muy tarde para echarme para atrás. Maldita impulsividad de los piscis, ¿y porque cojones la tengo, si soy libra? Joder, joder, joder...Bueno, en fin. Mejor me iba yendo, que había quedado con Rigoberto.
Durante el trayecto en el metro no dejé de maldecirme y de pensar en que trataría ese maldito Decálogo; EL Decálogo, por como lo nombró. Al pensar de nuevo en la extraña conversación que había mantenido hace unos minutos me entró un cosquilleo en el estómago. “Miedo”, pensé. Pero no, esta sensación molaba. Era...como de nerviosismo, expectación...sí, eso, expectación. No me lo podía creer, tenía ganas de saber de que iba todo este tema de locos. Maldita curiosidad de los aries (y maldita yo, que seguía siendo libra).
Finalmente, llegué al lugar de la cita. Rigoberto estaba ya esperándome con una sonrisa en los labios. Por lo menos con él sabía a que atenerme, no más conversaciones chorras por hoy. Que ganas tenía de verle, de estar con él, de...de...de...contarle todo esto...abrí la boca para empezar a soltar toda la historia.
-Cari –dijo a modo de saludo, interrumpiendo mi inminente explosión-, lo siento, pero me tengo que ir, vine sólo a darte un beso. Es que tengo que ir a hacer de figurante en una película de Carmen Maura. Hago de chico sordomudo. ¿A que doy el perfil?
Cojones, ¿con nadie iba a poder tener una conversación normal hoy? ¡Que puñetas! ¿Con nadie iba a poder diseccionar lo pasado hoy? Rigoberto ya se estaba yendo, más feliz que unas castañuelas, dejándome atribulada y sorprendida (¿Carmen Maura? ¿Sordomudo? ¿Dónde se había metido la gente normal hoy?) Bueno, iría a ver a Paquita, mi fiel confidente a contarle todo esto, pues.
Como suele pasar con las Fieles Confidentes sales de una charla con ellas más ligera que cuando la empezaste, ya sea por el hecho de decir las cosas en voz alta y escuchar una réplica o simplemente, por el placer de la compañía y los mimos que esa FC te brindará en exclusiva. Esta vez no fue menos. A pesar de que flipara en colores, a pesar de que me dijera que no lo hiciera, a pesar de que quisiera hacerlo ella, a pesar de que me insistiera de forma persistente, a pesar de que me dijera que me pusiera un micro cuando fuera a la primera reunión de Lesbianas Anónimas, a pesar de que dijo que más me valía que le llevara conmigo alguna vez si no quería perder la vida; bueno, pues a pesar de todo eso, le conseguí quitar importancia al asunto. Sin duda era una broma de Segismunda, y yo era idiota por creermelo, a saber la cara de tonta que se me había puesto cuando me lo creí (porque me lo creí, no te voy a engañar, como una china). Wendi...que ingeniosa. Lo que se estaría riendo a mi costa. La verdad es que no le veía puta gracia al asunto, pero me reí. Que mente más perversa, pensaba, menuda broma. No querría saber las que haría el día de los inocentes.
Llegué a mi casa, despreocupada y feliz (prestar especial atención a este estado de ánimo, me duraría poco), contenta y ligera como un malteser, y con ganas de tumbarme con mi mantita de ovejas a leer un libro de V.C. Andrews. Ya casi podía saborear sus frases:
“Mirando hacía el infinito, mientras la luna teñía de tonos azulado violetas sus ojos color verde esmeralda pensaba en lo feliz que se sentiría si su hermano Luke sintiera lo que ella sentía por el...El incesto no tenía porque ser un pecado mortal si había amor de por medio...”
Que arte, que arte.
Por inercia, encendí el ordenador pero miraba anhelante el libro posado sobre la mesa. Por más inercia aún, metí mi contraseña y accedí al correo. Y ya no por inercia, sino por estupidez miré si tenía algún email nuevo. Y ni siquiera por estupidez, sino porque soy imbécil integral entré en ese que ponía en el remitente Segismunda Marrero Prat. Con dedos temblorosos iba dándole a la ruedita del ratón para ir leyendo rápidamente dicho correo. Mierda. No era una broma. Me había enviado el correo, con el DBL (ya el decálogo tenía siglas y todo), el día que quedaríamos todas por vez primera (pasado mañana) y la orden de que mañana estuviera en mi casa a las cinco, porque pasaría Segismunda en persona a darme EL conjunto que tendría que llevar el día de mi presentación. La curiosidad se mezclaba con el terror, y ese terror tenía tintes histéricos a juzgar por la risilla que se me estaba escapando entre los labios herméticamente cerrados. No quería saber que pasaría si los abría. Inspiré hondo. Expelí el aire. Leí con más calma.
“Hola Wendi, ¿qué tal estás? Me he dado prisa al mandarte esto, porque todas están que arden de impaciencia en conocerte. Se han puesto muy contentas al saber que te unirías al Club de las Tres Mellizas (ya te contaré la historia del nombre en otra ocasión). En especial Tsunami. (No se por qué. La verdad es que no la veía tan contenta desde hace tiempo, antes de dejar a su novia.) Bueno, me centro, debes saber, que somos muy exclusivas y esperamos que entiendas la oportunidad que te estamos ofreciendo al decirte que te unas a nosotras, quizá ahora no lo acabes de asumir, pero ya verás. Serás una de las bollos más cotizadas de Madrid una vez que acabemos contigo (en el sentido de remodelarte, no de matar, jejeje)”
Dejé de leer. Inspira hondo, expira despacio Wendi...¿Wendi? ¡Joder, que rápido se pega esto!
“Lamento decirte que tu iniciación al mundo sáfico se hará más rápido de lo que me gustaría, pero es que todo ha sido muy precipitado. Nosotras queríamos tener un componente heteroliberalsexual que entendiera (porque acabarás entendiendo, te lo digo yo) y tu encajabas perfectamente con el perfil. Es la moda. Al igual que los grupos heteros tienen su punto gay con un miembro o dos, en el mundo homosexual es lo más tener a una hetero que corromper (lo sentimos, es que entre nuestras aficiones comunes está el intentar pasar al otro bando a las heteras). Pero no te preocupes, te lo haremos despacito, leeeentamente y tu disfrutarás, tanto o más que nosotras...”
Que mal me sonó esto. Seguí leyendo.
“El DBL (El Decálogo de las Buenas Lesbianas, para las no iniciadas) versión 2.1”
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Continuará...
-No soy yo la falsa lesbiana. Lo tomas o lo dejas.
-De acuerdo-abdiqué-¿algo más?
- Sí, claro. Pequeñas cosas sin importancia. Tendrás que aprenderte el Decdelabele...
- ¿El qué?- la cosa se estaba complicando por momentos. ¿Sería demasiado tarde para arrepentirme?
- El Decálogo de la Buena Lesbiana –dijo con un deje de impaciencia en la voz. Quizá ella también se estaba dando cuenta de que esto no era buena idea.- Aquí las cosas las vamos a hacer bien. Llegado el momento de presentarte en sociedad nadie puede dudar que no eres lo que dices ser. Verás tú la de puntos que vamos a ganar en el bollomundo al tenerte a ti en nuestras filas, jejeje.
- Me estas asustando. Son ustedes un poco sectáreas, ¿no?
- Sí, un poco. –admitió, con la decencia de avergonzarse – ¡Pero somos buena gente!
- No lo dudo – nivel de miedo aumentando por momentos.
- Bueno, me tengo que ir. Recibirás más indicaciones por email, además del DecdelaBL y los datos de nuestra siguiente cita. Además, te mandaremos el primer conjunto les que llevarás en tu vida –aquí enronqueció sospechosamente la voz-. Sigue las instrucciones de su correcto uso, sino, te penalizaremos con una semana sin salir de tu casa (es broma, tan sólo será un día). Ve por la sombra, Wendi.
Y se fue. Haciendo un extraño gesto con las manos. ¿Qué sombra? ¿De que me ha hablado esta mujer? ¿Por qué puñetas habré accedido? Sin duda ya era muy tarde para echarme para atrás. Maldita impulsividad de los piscis, ¿y porque cojones la tengo, si soy libra? Joder, joder, joder...Bueno, en fin. Mejor me iba yendo, que había quedado con Rigoberto.
Durante el trayecto en el metro no dejé de maldecirme y de pensar en que trataría ese maldito Decálogo; EL Decálogo, por como lo nombró. Al pensar de nuevo en la extraña conversación que había mantenido hace unos minutos me entró un cosquilleo en el estómago. “Miedo”, pensé. Pero no, esta sensación molaba. Era...como de nerviosismo, expectación...sí, eso, expectación. No me lo podía creer, tenía ganas de saber de que iba todo este tema de locos. Maldita curiosidad de los aries (y maldita yo, que seguía siendo libra).
Finalmente, llegué al lugar de la cita. Rigoberto estaba ya esperándome con una sonrisa en los labios. Por lo menos con él sabía a que atenerme, no más conversaciones chorras por hoy. Que ganas tenía de verle, de estar con él, de...de...de...contarle todo esto...abrí la boca para empezar a soltar toda la historia.
-Cari –dijo a modo de saludo, interrumpiendo mi inminente explosión-, lo siento, pero me tengo que ir, vine sólo a darte un beso. Es que tengo que ir a hacer de figurante en una película de Carmen Maura. Hago de chico sordomudo. ¿A que doy el perfil?
Cojones, ¿con nadie iba a poder tener una conversación normal hoy? ¡Que puñetas! ¿Con nadie iba a poder diseccionar lo pasado hoy? Rigoberto ya se estaba yendo, más feliz que unas castañuelas, dejándome atribulada y sorprendida (¿Carmen Maura? ¿Sordomudo? ¿Dónde se había metido la gente normal hoy?) Bueno, iría a ver a Paquita, mi fiel confidente a contarle todo esto, pues.
Como suele pasar con las Fieles Confidentes sales de una charla con ellas más ligera que cuando la empezaste, ya sea por el hecho de decir las cosas en voz alta y escuchar una réplica o simplemente, por el placer de la compañía y los mimos que esa FC te brindará en exclusiva. Esta vez no fue menos. A pesar de que flipara en colores, a pesar de que me dijera que no lo hiciera, a pesar de que quisiera hacerlo ella, a pesar de que me insistiera de forma persistente, a pesar de que me dijera que me pusiera un micro cuando fuera a la primera reunión de Lesbianas Anónimas, a pesar de que dijo que más me valía que le llevara conmigo alguna vez si no quería perder la vida; bueno, pues a pesar de todo eso, le conseguí quitar importancia al asunto. Sin duda era una broma de Segismunda, y yo era idiota por creermelo, a saber la cara de tonta que se me había puesto cuando me lo creí (porque me lo creí, no te voy a engañar, como una china). Wendi...que ingeniosa. Lo que se estaría riendo a mi costa. La verdad es que no le veía puta gracia al asunto, pero me reí. Que mente más perversa, pensaba, menuda broma. No querría saber las que haría el día de los inocentes.
Llegué a mi casa, despreocupada y feliz (prestar especial atención a este estado de ánimo, me duraría poco), contenta y ligera como un malteser, y con ganas de tumbarme con mi mantita de ovejas a leer un libro de V.C. Andrews. Ya casi podía saborear sus frases:
“Mirando hacía el infinito, mientras la luna teñía de tonos azulado violetas sus ojos color verde esmeralda pensaba en lo feliz que se sentiría si su hermano Luke sintiera lo que ella sentía por el...El incesto no tenía porque ser un pecado mortal si había amor de por medio...”
Que arte, que arte.
Por inercia, encendí el ordenador pero miraba anhelante el libro posado sobre la mesa. Por más inercia aún, metí mi contraseña y accedí al correo. Y ya no por inercia, sino por estupidez miré si tenía algún email nuevo. Y ni siquiera por estupidez, sino porque soy imbécil integral entré en ese que ponía en el remitente Segismunda Marrero Prat. Con dedos temblorosos iba dándole a la ruedita del ratón para ir leyendo rápidamente dicho correo. Mierda. No era una broma. Me había enviado el correo, con el DBL (ya el decálogo tenía siglas y todo), el día que quedaríamos todas por vez primera (pasado mañana) y la orden de que mañana estuviera en mi casa a las cinco, porque pasaría Segismunda en persona a darme EL conjunto que tendría que llevar el día de mi presentación. La curiosidad se mezclaba con el terror, y ese terror tenía tintes histéricos a juzgar por la risilla que se me estaba escapando entre los labios herméticamente cerrados. No quería saber que pasaría si los abría. Inspiré hondo. Expelí el aire. Leí con más calma.
“Hola Wendi, ¿qué tal estás? Me he dado prisa al mandarte esto, porque todas están que arden de impaciencia en conocerte. Se han puesto muy contentas al saber que te unirías al Club de las Tres Mellizas (ya te contaré la historia del nombre en otra ocasión). En especial Tsunami. (No se por qué. La verdad es que no la veía tan contenta desde hace tiempo, antes de dejar a su novia.) Bueno, me centro, debes saber, que somos muy exclusivas y esperamos que entiendas la oportunidad que te estamos ofreciendo al decirte que te unas a nosotras, quizá ahora no lo acabes de asumir, pero ya verás. Serás una de las bollos más cotizadas de Madrid una vez que acabemos contigo (en el sentido de remodelarte, no de matar, jejeje)”
Dejé de leer. Inspira hondo, expira despacio Wendi...¿Wendi? ¡Joder, que rápido se pega esto!
“Lamento decirte que tu iniciación al mundo sáfico se hará más rápido de lo que me gustaría, pero es que todo ha sido muy precipitado. Nosotras queríamos tener un componente heteroliberalsexual que entendiera (porque acabarás entendiendo, te lo digo yo) y tu encajabas perfectamente con el perfil. Es la moda. Al igual que los grupos heteros tienen su punto gay con un miembro o dos, en el mundo homosexual es lo más tener a una hetero que corromper (lo sentimos, es que entre nuestras aficiones comunes está el intentar pasar al otro bando a las heteras). Pero no te preocupes, te lo haremos despacito, leeeentamente y tu disfrutarás, tanto o más que nosotras...”
Que mal me sonó esto. Seguí leyendo.
“El DBL (El Decálogo de las Buenas Lesbianas, para las no iniciadas) versión 2.1”
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Continuará...
Vuelta a los Madriles
En teoría regreso dentro de tres semanas, para los carnavales, pero el simbolismo de mi marcha no me lo quita nadie. Porque eso será una visita, meramente, luego me volvería a ir. No comentaré nada más referente a este tema, porque hablar de mi y más en concreto de mis sentimientos nunca fue mi fuerte. Más chula que tu pelo, ea.
En el vuelo de avión (que me lo pegué entero empotrada contra el cristal de la ventanilla, sobando y dejándome el cuello en el intento) decidí que sólo publicaría las secuelas de la historia de la salida del armario (atención las avispadas al doble sentido) los martes. Uno por semana. Así tienen tiempo ustedes de prepararse, hacerse las palomitas y disfrutar con calma (y así yo tampoco me sofoco), luego, si quieren, haremos una charla-coloquio acerca de las partes verídicas, las exageradas y las sacadas de mi mente (que no inventadas, que yo no me invento nada...tan solo veo cosas donde no las hay), para disfrute de todas.
Y ahora, iba a escribir acerca de un tema que lleva mucho tiempo rondándome la cabeza, pero el dolor de espalda y el de alma (uys) me lo impiden, por lo que, emulando a (Ella) pregunto:
¿Cuál es la mejor fórmula para despedirse de alguien? (en plan partida, irse a la guerra y cosas similares). Bueno, realmente, ¿existe esa fórmula?
Porque mira a ver, que me toca hacerlo un rato de veces al año y cada vez voy a peor, dentro de poco optaré por un "hasta luego, zorra" y tirando millas.
PD: ya arreglé lo de los links...soy un desastre...
En el vuelo de avión (que me lo pegué entero empotrada contra el cristal de la ventanilla, sobando y dejándome el cuello en el intento) decidí que sólo publicaría las secuelas de la historia de la salida del armario (atención las avispadas al doble sentido) los martes. Uno por semana. Así tienen tiempo ustedes de prepararse, hacerse las palomitas y disfrutar con calma (y así yo tampoco me sofoco), luego, si quieren, haremos una charla-coloquio acerca de las partes verídicas, las exageradas y las sacadas de mi mente (que no inventadas, que yo no me invento nada...tan solo veo cosas donde no las hay), para disfrute de todas.
Y ahora, iba a escribir acerca de un tema que lleva mucho tiempo rondándome la cabeza, pero el dolor de espalda y el de alma (uys) me lo impiden, por lo que, emulando a (Ella) pregunto:
¿Cuál es la mejor fórmula para despedirse de alguien? (en plan partida, irse a la guerra y cosas similares). Bueno, realmente, ¿existe esa fórmula?
Porque mira a ver, que me toca hacerlo un rato de veces al año y cada vez voy a peor, dentro de poco optaré por un "hasta luego, zorra" y tirando millas.
PD: ya arreglé lo de los links...soy un desastre...
Ay, que emoción
Iba a publicar la segunda parte de la famosa historia de mi salida del armario, pero hoy pasa una cosa aún más emocionante: ¡cumplo años!
Ya puedo beber legalmente (en Estados Unidos), lo cual me satisface enormemente, además, como soy tan frívola me encanta el número tan lindo que ahora forman mis años. Nunca jamás me negarán la entrada en una discoteca de renombre jojojo (no que va, ahora fijo que se ponen chulos y piden cincuenta tacos o algo así); y si viviera en los años setenta ya estaría esperando a mi segundo churumbel. Joder, que emoción me da esto de cumplir años. Estoy que no quepo en mi de alegría (también puede ser por culpa de la comida japonesa que me atacó y quiso meterse en mi cuerpo).
Vamos, que me siento incluso un poco más madura (ataque intenso de tos)...Mejor me dejo de chorradas, ya que esto si que nadie se lo cree.
Ya puedo beber legalmente (en Estados Unidos), lo cual me satisface enormemente, además, como soy tan frívola me encanta el número tan lindo que ahora forman mis años. Nunca jamás me negarán la entrada en una discoteca de renombre jojojo (no que va, ahora fijo que se ponen chulos y piden cincuenta tacos o algo así); y si viviera en los años setenta ya estaría esperando a mi segundo churumbel. Joder, que emoción me da esto de cumplir años. Estoy que no quepo en mi de alegría (también puede ser por culpa de la comida japonesa que me atacó y quiso meterse en mi cuerpo).
Vamos, que me siento incluso un poco más madura (ataque intenso de tos)...Mejor me dejo de chorradas, ya que esto si que nadie se lo cree.
Así salí del armario. Parte I.
Me desperté y sin mirar el despertador ya sabía que iba a llegar tarde. Llámalo intuición, sexto sentido o lo que sea, pero lo sabía. Eché una ojeada rápida al móvil y efectivamente, era muy tarde. Más que una siesta había hecho un agujero en la cama. Tenía el tiempo justo para pegarme una ducha rápida y salir pitando; Segismunda estaría a punto de llegar a la esquina del Corte Inglés
Media hora después (record del mundo mundial) llegué a la nombrada esquina, eso sí, con la gota detrás de la cabeza. Extrañamente, soy ilógicamente puntual las primeras veces que quedo con alguien. Quizá es por no quedar mal, pero que ni siquiera haciéndolo a posta, nada, que no, que siempre llego a mi hora. Esto realmente me supone un problema, porque parezco una persona puntual y eficiente, y mantener luego esa errónea (pero gratificante) imagen de mí cuesta demasiado. Sobra decir que nunca lo consigo y sumisamente pido perdón ante la mirada decepcionada de una persona que me ha esperado más allá de lo inaceptable. Lo bueno de todo esto es que tengo bastante aguante a los tardones, así que pacientemente, me dispuse a esperar a Segismunda, que aún no daba señales de vida.
Finalmente, tras unos largos y apasionantes minutos (tres, creo) apareció Segismunda. Dos besos, de rigor, y la entrega de mis apuntes, que era por lo que habíamos quedado. Tras una mirada incómoda y una carcajada cohibida (quizá fuera al revés) dijimos de ir a tomarnos algo, por eso de matar el tiempo. Dentro de dos horas yo tendría que estar yéndome porque había quedado con Rigoberto, por lo que una o dos gotas de alcohol en mi sangre me ayudaría a sobrellevarlo mejor (demonios, ¿de veras pensé eso?). Total, que allá nos fuimos. Dos cañas y un vodka-sprite después se produjo la revelación (horas después afirmaría y reafirmaría en que algo me había olido, que yo lo sabía y demás…mentira cochina, claro).
-Verás- me dijo Segismunda -en realidad yo quería decirte algo- "ajá", le diría aquí a Paquita, mi fiel confidente, "el momento que estaba esperando"- ya se que nos conocemos poco, menos y nada también. Pero tengo que hacerte una proposición…
Ay, Dios, que al final iba a ser verdad. Yo, que nunca creí de los rumores, de que a Segismunda le gustaran las mujeres en general y me hacía ojitos a mi en particular (quien dice rumores dice comentarios, y quien dice comentarios dice un pensamiento compartido entre Paquita y la que suscribe. Bueno, que ya sabes como va esto. No te aburriré con detalles) y ahora se me va a declarar. ¿Qué hago? ¿Dejo que me coja desprevenida? ¿Digo aquello de “ya lo sabía”? ¿Le tengo que decir alguna mentira piadosa? ¿Me perseguirá con una katana? ¿Le rompo el corazón diciendo que soy hetero y Rigoberto y yo vamos a casarnos? ¿Lo superará? ¿Lo superaré yo (lo de casarme con Rigoberto, claro)? Diablos, cuanta incertidumbre.
-Ya, ya lo se.- opté por interrumpir el momento meloso declaración. Vergüenza ajena las justas, ese es mi lema.- Eres lesbiana y te gusto yo…Yo…lo siento, me pareces mona y eso, también me siento halagada. Pero yo soy hetero…quizá si no estuviera con Rigober…
-No, espera, no te prives. Si, soy lesbiana pero tú no me gustas.
-Yo creía que…
-Ya se lo que creías, pero si te miraba en clase tanto no era por deseo ni por que me gustaras. Tan sólo quería saber si eras digna.
Joder, que palo.
-¿Digna de qué?- finalmente la curiosidad pudo más que mi primer rechazo lésbico.
-De nosotras- ¡coño! esta chica hace trata de blancas ¿o que?
-Em…esto… ¿pienso mal, o me lo explicas?- preferí asegurarme.
-Bueno, mira, resulta que en mi grupo de amigas lesbianas nos falta un componente. Y ahí es donde entras tú. No me mires así. El caso es que somos cinco, y queremos ser un número par, que da como más nivel e imponemos más por la calle (vale, podríamos echar a Lucy, que no hace más que dar el coñazo y echarse novias locas, pero va en contra de nuestra moral), por lo que queremos que te integres. Primero como lesbiana hetero de primer nivel y de ahí en aumento.
-¿Tendría que hacer algo especial?
-No. Bueno, lo típico. Quedar con nosotras, tus amigas las bolleras…
-¿En serio?- la interrumpí emocionada. Caray, iba a pasar de tener una conocida supuesta lesbiana a tener un grupo completo de amigas “entendidas”, eso si que es nivelón. Marifefi se iba a poner verde de envidia.
-Sí, en serio. Y no sólo eso, tendrías que salir por Chueca, coquetear con chicas, besarte con ellas incluso (aquí si hacemos las cosas las hacemos bien) y cosas de ese estilo. Estilismo, peluquería, argot…que esto de ser lesbiana es a tiempo completo ¿eh?
-No, ya veo, y tendría que dejar a mi novio y eso ¿no?
-Menudencias. Lo debatiremos. Pero una cosa, tienes que cambiarte el nombre, el tuyo es demasiado…
-¿Internacional?
-De estar por casa. Nosotras tenemos glamour, ¿sabes? Podrías llamarte…
-¿Natasha?-susurré ilusionada
-Wendi-susurró ella a su vez.
-¿Wendi? ¿Que clase de nombre es ese? Además, ¿que tiene de malo mi nombre? Vamos, como si el tuyo fuera el colmo del buen gusto, no te jode- dije indignada.
-No soy yo la falsa lesbiana. Lo tomas o lo dejas.
-De acuerdo-abdiqué-¿algo más?
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Continuará...
Media hora después (record del mundo mundial) llegué a la nombrada esquina, eso sí, con la gota detrás de la cabeza. Extrañamente, soy ilógicamente puntual las primeras veces que quedo con alguien. Quizá es por no quedar mal, pero que ni siquiera haciéndolo a posta, nada, que no, que siempre llego a mi hora. Esto realmente me supone un problema, porque parezco una persona puntual y eficiente, y mantener luego esa errónea (pero gratificante) imagen de mí cuesta demasiado. Sobra decir que nunca lo consigo y sumisamente pido perdón ante la mirada decepcionada de una persona que me ha esperado más allá de lo inaceptable. Lo bueno de todo esto es que tengo bastante aguante a los tardones, así que pacientemente, me dispuse a esperar a Segismunda, que aún no daba señales de vida.
Finalmente, tras unos largos y apasionantes minutos (tres, creo) apareció Segismunda. Dos besos, de rigor, y la entrega de mis apuntes, que era por lo que habíamos quedado. Tras una mirada incómoda y una carcajada cohibida (quizá fuera al revés) dijimos de ir a tomarnos algo, por eso de matar el tiempo. Dentro de dos horas yo tendría que estar yéndome porque había quedado con Rigoberto, por lo que una o dos gotas de alcohol en mi sangre me ayudaría a sobrellevarlo mejor (demonios, ¿de veras pensé eso?). Total, que allá nos fuimos. Dos cañas y un vodka-sprite después se produjo la revelación (horas después afirmaría y reafirmaría en que algo me había olido, que yo lo sabía y demás…mentira cochina, claro).
-Verás- me dijo Segismunda -en realidad yo quería decirte algo- "ajá", le diría aquí a Paquita, mi fiel confidente, "el momento que estaba esperando"- ya se que nos conocemos poco, menos y nada también. Pero tengo que hacerte una proposición…
Ay, Dios, que al final iba a ser verdad. Yo, que nunca creí de los rumores, de que a Segismunda le gustaran las mujeres en general y me hacía ojitos a mi en particular (quien dice rumores dice comentarios, y quien dice comentarios dice un pensamiento compartido entre Paquita y la que suscribe. Bueno, que ya sabes como va esto. No te aburriré con detalles) y ahora se me va a declarar. ¿Qué hago? ¿Dejo que me coja desprevenida? ¿Digo aquello de “ya lo sabía”? ¿Le tengo que decir alguna mentira piadosa? ¿Me perseguirá con una katana? ¿Le rompo el corazón diciendo que soy hetero y Rigoberto y yo vamos a casarnos? ¿Lo superará? ¿Lo superaré yo (lo de casarme con Rigoberto, claro)? Diablos, cuanta incertidumbre.
-Ya, ya lo se.- opté por interrumpir el momento meloso declaración. Vergüenza ajena las justas, ese es mi lema.- Eres lesbiana y te gusto yo…Yo…lo siento, me pareces mona y eso, también me siento halagada. Pero yo soy hetero…quizá si no estuviera con Rigober…
-No, espera, no te prives. Si, soy lesbiana pero tú no me gustas.
-Yo creía que…
-Ya se lo que creías, pero si te miraba en clase tanto no era por deseo ni por que me gustaras. Tan sólo quería saber si eras digna.
Joder, que palo.
-¿Digna de qué?- finalmente la curiosidad pudo más que mi primer rechazo lésbico.
-De nosotras- ¡coño! esta chica hace trata de blancas ¿o que?
-Em…esto… ¿pienso mal, o me lo explicas?- preferí asegurarme.
-Bueno, mira, resulta que en mi grupo de amigas lesbianas nos falta un componente. Y ahí es donde entras tú. No me mires así. El caso es que somos cinco, y queremos ser un número par, que da como más nivel e imponemos más por la calle (vale, podríamos echar a Lucy, que no hace más que dar el coñazo y echarse novias locas, pero va en contra de nuestra moral), por lo que queremos que te integres. Primero como lesbiana hetero de primer nivel y de ahí en aumento.
-¿Tendría que hacer algo especial?
-No. Bueno, lo típico. Quedar con nosotras, tus amigas las bolleras…
-¿En serio?- la interrumpí emocionada. Caray, iba a pasar de tener una conocida supuesta lesbiana a tener un grupo completo de amigas “entendidas”, eso si que es nivelón. Marifefi se iba a poner verde de envidia.
-Sí, en serio. Y no sólo eso, tendrías que salir por Chueca, coquetear con chicas, besarte con ellas incluso (aquí si hacemos las cosas las hacemos bien) y cosas de ese estilo. Estilismo, peluquería, argot…que esto de ser lesbiana es a tiempo completo ¿eh?
-No, ya veo, y tendría que dejar a mi novio y eso ¿no?
-Menudencias. Lo debatiremos. Pero una cosa, tienes que cambiarte el nombre, el tuyo es demasiado…
-¿Internacional?
-De estar por casa. Nosotras tenemos glamour, ¿sabes? Podrías llamarte…
-¿Natasha?-susurré ilusionada
-Wendi-susurró ella a su vez.
-¿Wendi? ¿Que clase de nombre es ese? Además, ¿que tiene de malo mi nombre? Vamos, como si el tuyo fuera el colmo del buen gusto, no te jode- dije indignada.
-No soy yo la falsa lesbiana. Lo tomas o lo dejas.
-De acuerdo-abdiqué-¿algo más?
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Continuará...
Podría hablar de que...
He empezado el año, como decirlo, mal. Llorando (cosa que hago de muy vez en cuando, pero cuando lo hago lo hago bien y a lo grande, hombre ya) y sintiéndome horriblemente mal por dos motivos, principalmente.
He recibido tremendas broncas, sorpresas (de las malas) y desplantes de gente a la que quiero (con toda mi alma) y no se que hacer para remediarlo.
He soñado que era Whitney Houston y robaba el dinero a unos mafiosos. Finalmente, me dieron caza y procedieron a ajusticiarme. Haciendo gala de una elocuencia maravillosa me permitieron que me desangrara hasta morir en lugar de rebanarme el cuello (seré masoca), circunstancia que aproveché para escabullirme como una rata. El sueño acababa cuando un amigo mío se quitaba el pene porque era lo que permitía que me reencarnara en otra persona (Freud se volvería loco conmigo).
Dando vueltas y mas vueltas en mi cama (no conciliaba el sueño) batí el record del mundo mundial en desplazamientos sin moverse del sitio, por encima incluso de los ciclistas estáticos. Esperando estoy para que me llamen para recoger el premio (¿qué será?)
El día de Reyes se organizó una fumada familiar con la cachimba (realmente se llama Narguile -o algo así- pero para aclararnos) que le habíamos regalado a mi madre. Ella, inquieta, pues también le habíamos regalado el Brain Trainer, nos preguntaba cual personalidad suya nos molaba más, si la fumada o la cerebral. Mutismo total.
Kelemvor y yo hemos decidido dejar las marchas de los jueves.
Llevo tres días enferma (por causas ajenas a mi voluntad, no es el típico síndrome del estudiante que vuelve a clase –entre otras cosas, porque no voy a clase), a base de gelatina y zumo de piña (¿relación?) y lo único por mi casa que me da mimos es mi perra, y sólo por las mañanas. Tristeza infinita. Me paso el día sollozando, a ver si mi madre me hace caso, una caricia, algo.
Definitivamente, tengo dos millones de neuronas desaparecidas. Me olvido de las cosas de un minuto para otro, tengo la capacidad de concentración de una oveja y el Brain Trainer me dice que mi edad mental es de sesenta y cinco años (importante sin duda la importancia del dichoso juego de marras ahora, es casi más importante en esta familia que Lola, y eso ya es decir).
El otro día, cuando salí de marcha vi a más gente conocida, amiga o simplemente fuera de lugar que en toda mi vida. Me pegúe toda la noche eufórica por ello. Tuve que hasta apuntarlo para contarlo a mis allegados.
Pero, realmente, lo que quiero contar no es nada de eso, sino que por fin, se ha ido. Sabes, ese peso que se tiene en la mente, cuando una persona ocupa tu pensamiento, aunque no le dediques realmente ni un minuto al día, pero sabes, que simplemente, está ahí, que en el momento más inoportuno saltará y volverás a recordar y demás. Pues, ese peso, ya no está. Simplemente, me descubrí pensando en que hacía tiempo que no pensaba en ella (a pesar de que, oficialmente, HACIA TIEMPO que no pensaba en ella). La verdad, es que siempre me olvido de cómo es olvidar. Quiero decir, siempre creo que lo sentiré físicamente; un día levantarte y decir “ya está, lo olvidé”. Pero es más lento, pasan los días y simplemente te das cuenta. Al contrario que otras veces, esta no he sentido más que alivio (hubo una vez en la que por olvidar al sujeto de mis penas sentí más pena, aún) y un peso que se me ha ido de encima.
Esperemos que no haya sido que haya bajado el kilito navideño, que entonces si que si.
Aunque bien pensado, probablemente lo haya bajado. Adiós dieta Special K, bienvenida dieta Gelatina-Piña.
He recibido tremendas broncas, sorpresas (de las malas) y desplantes de gente a la que quiero (con toda mi alma) y no se que hacer para remediarlo.
He soñado que era Whitney Houston y robaba el dinero a unos mafiosos. Finalmente, me dieron caza y procedieron a ajusticiarme. Haciendo gala de una elocuencia maravillosa me permitieron que me desangrara hasta morir en lugar de rebanarme el cuello (seré masoca), circunstancia que aproveché para escabullirme como una rata. El sueño acababa cuando un amigo mío se quitaba el pene porque era lo que permitía que me reencarnara en otra persona (Freud se volvería loco conmigo).
Dando vueltas y mas vueltas en mi cama (no conciliaba el sueño) batí el record del mundo mundial en desplazamientos sin moverse del sitio, por encima incluso de los ciclistas estáticos. Esperando estoy para que me llamen para recoger el premio (¿qué será?)
El día de Reyes se organizó una fumada familiar con la cachimba (realmente se llama Narguile -o algo así- pero para aclararnos) que le habíamos regalado a mi madre. Ella, inquieta, pues también le habíamos regalado el Brain Trainer, nos preguntaba cual personalidad suya nos molaba más, si la fumada o la cerebral. Mutismo total.
Kelemvor y yo hemos decidido dejar las marchas de los jueves.
Llevo tres días enferma (por causas ajenas a mi voluntad, no es el típico síndrome del estudiante que vuelve a clase –entre otras cosas, porque no voy a clase), a base de gelatina y zumo de piña (¿relación?) y lo único por mi casa que me da mimos es mi perra, y sólo por las mañanas. Tristeza infinita. Me paso el día sollozando, a ver si mi madre me hace caso, una caricia, algo.
Definitivamente, tengo dos millones de neuronas desaparecidas. Me olvido de las cosas de un minuto para otro, tengo la capacidad de concentración de una oveja y el Brain Trainer me dice que mi edad mental es de sesenta y cinco años (importante sin duda la importancia del dichoso juego de marras ahora, es casi más importante en esta familia que Lola, y eso ya es decir).
El otro día, cuando salí de marcha vi a más gente conocida, amiga o simplemente fuera de lugar que en toda mi vida. Me pegúe toda la noche eufórica por ello. Tuve que hasta apuntarlo para contarlo a mis allegados.
Pero, realmente, lo que quiero contar no es nada de eso, sino que por fin, se ha ido. Sabes, ese peso que se tiene en la mente, cuando una persona ocupa tu pensamiento, aunque no le dediques realmente ni un minuto al día, pero sabes, que simplemente, está ahí, que en el momento más inoportuno saltará y volverás a recordar y demás. Pues, ese peso, ya no está. Simplemente, me descubrí pensando en que hacía tiempo que no pensaba en ella (a pesar de que, oficialmente, HACIA TIEMPO que no pensaba en ella). La verdad, es que siempre me olvido de cómo es olvidar. Quiero decir, siempre creo que lo sentiré físicamente; un día levantarte y decir “ya está, lo olvidé”. Pero es más lento, pasan los días y simplemente te das cuenta. Al contrario que otras veces, esta no he sentido más que alivio (hubo una vez en la que por olvidar al sujeto de mis penas sentí más pena, aún) y un peso que se me ha ido de encima.
Esperemos que no haya sido que haya bajado el kilito navideño, que entonces si que si.
Aunque bien pensado, probablemente lo haya bajado. Adiós dieta Special K, bienvenida dieta Gelatina-Piña.
Los jueves la estamos armando xD
Ahora a FidoDido-Kelemvor y a mí nos ha dado por salir de marcha los jueves. En parte porque no tenemos nada mejor que hacer pero también porque el chaval anda explotado los fines de semana en su curro, así que no nos vamos a quedar nosotros sin nuestra ración mutua de desfases por alcohol.
Así entre nosotros, creo que deberíamos empezar a derogar esta práctica nuestra, porque claro, aquí en nuestra capital isleña no puede decirse que haya mucha marcha un jueves noche, por lo que nos la buscamos nosotros mismos. Si hay que ir al antrogay, se va; si vamos a estar prácticamente solos con nuestra melancolía, lo estamos; pero antes, nos emborrachamos. Y en ese momento se suceden las armadas.
Inciso.
Momento Déjà Vu: al llegar a la discogay, ver al travesti de la semana pasada repitiendo exactamente el mismo chiste del jueves anterior.
- Fíjense en si soy gay, que me puse tacones para joderme yo mismo.
La primera vez que lo escuchamos nos hizo gracia. Pero creo que la segunda más.
Fin del inciso.
Bueno, sin duda hemos tenido jueves peores (armadamente hablando), esa es la parte buena, pero me sirvió para darme cuenta de que probablemente me convierta en una ex de manual. Resulta que como soy tan maravillosa (y cabrona) decidí dejar a mi novia el día de fin de año. La historia es un poco más complicada, pero como que ese es un buen resumen, el caso es que media deprimida por ese tema (y por haber escuchado a una pureta cantando heavy metal-punk-rock en la gala de OT) salí con Kel. Y claro, depresión más alcohol no es una buena combinación (lo más gracioso es que salí con mi Código Penal y mi libro de derecho por todos los garitos) y sumado al reencuentro con la mujer casada y acosadora propiciaron el que me largara a mi casa murmurando “quiero dormir con la Ninia”. En una de estas Kel me escuchó (no sé, si antes o después de haber hecho huir a la Casada) y me dijo “pues no puedes, perra herida”. Más ancho que largo que se quedó, y se dedicó a lo suyo, es decir, comerle la boca a un sudamericano que se sacó de la manga.
Mi pregunta es: ¿ahora empezaré a lloriquear por las esquinas, copa en mano, por la chica a la que dejé? ¿La empezaré a llamar, colocada como un chucho, para decirle que la quiero? ¿Iré por las banquetas, abrazando a la gente, para hablarles de mi ex?
Joder, que poco me gusta decirlo. Ex.
Así entre nosotros, creo que deberíamos empezar a derogar esta práctica nuestra, porque claro, aquí en nuestra capital isleña no puede decirse que haya mucha marcha un jueves noche, por lo que nos la buscamos nosotros mismos. Si hay que ir al antrogay, se va; si vamos a estar prácticamente solos con nuestra melancolía, lo estamos; pero antes, nos emborrachamos. Y en ese momento se suceden las armadas.
Inciso.
Momento Déjà Vu: al llegar a la discogay, ver al travesti de la semana pasada repitiendo exactamente el mismo chiste del jueves anterior.
- Fíjense en si soy gay, que me puse tacones para joderme yo mismo.
La primera vez que lo escuchamos nos hizo gracia. Pero creo que la segunda más.
Fin del inciso.
Bueno, sin duda hemos tenido jueves peores (armadamente hablando), esa es la parte buena, pero me sirvió para darme cuenta de que probablemente me convierta en una ex de manual. Resulta que como soy tan maravillosa (y cabrona) decidí dejar a mi novia el día de fin de año. La historia es un poco más complicada, pero como que ese es un buen resumen, el caso es que media deprimida por ese tema (y por haber escuchado a una pureta cantando heavy metal-punk-rock en la gala de OT) salí con Kel. Y claro, depresión más alcohol no es una buena combinación (lo más gracioso es que salí con mi Código Penal y mi libro de derecho por todos los garitos) y sumado al reencuentro con la mujer casada y acosadora propiciaron el que me largara a mi casa murmurando “quiero dormir con la Ninia”. En una de estas Kel me escuchó (no sé, si antes o después de haber hecho huir a la Casada) y me dijo “pues no puedes, perra herida”. Más ancho que largo que se quedó, y se dedicó a lo suyo, es decir, comerle la boca a un sudamericano que se sacó de la manga.
Mi pregunta es: ¿ahora empezaré a lloriquear por las esquinas, copa en mano, por la chica a la que dejé? ¿La empezaré a llamar, colocada como un chucho, para decirle que la quiero? ¿Iré por las banquetas, abrazando a la gente, para hablarles de mi ex?
Joder, que poco me gusta decirlo. Ex.
Año nuevo y demás
Lo más destacado sin duda fue, durante la retransmisión de las uvas, alrededor de la tercera campanada se escucha como el presentador le dice a su compañera:
-Come, come. Come las uvas.
A lo que ella responde:
-¿Estás loco o qué? No voy a comerme las uvas.
Dicho con el mejor acento del polvorín. Genial.
Feliz entrada de año a todos.
-Come, come. Come las uvas.
A lo que ella responde:
-¿Estás loco o qué? No voy a comerme las uvas.
Dicho con el mejor acento del polvorín. Genial.
Feliz entrada de año a todos.