Martes 13...ah, no coño, que era 14...da igual, como si lo fuera...
Me iba a ir a Madrid el lunes. Lunes veinte de noviembre. Y volvería el día veintidós. De diciembre.
Esa fue la amenaza que planeaba sobre mi cabeza, proferida por mi padre (como no), ese señor que me dio la vida, me paga mi ropa y alimentación y se encarga de pagarme los estudios (además de todos los demás gastos, para qué negarlo).
El motivo: mi manera de cagar las cosas, de arriesgar mis estudios y de pasar tres putos pueblos de todo.
Mi reacción: textualmente: ni de coña, olvídate.
Conclusión: más de cuatro horas (afortunadamente no todas seguidas, entonces me podría haber dado un síncope) de pura discusión, aderezada con lágrimas (no diré de quién), salpicada de reproches y recriminaciones, alusiones veladas y más amenazas (por ambas partes) en la que ninguno de los dos logró imponer su punto de vista e incluso se refugió más en su postura.
En cuanto me siento amenazada u obligada me radicalizo. Por lo que…dejaré de estudiar si me amenaza con enviarme a Madrid ahora. No me iré en contra de mi voluntad, eso seguro.
Esa fue la amenaza que planeaba sobre mi cabeza, proferida por mi padre (como no), ese señor que me dio la vida, me paga mi ropa y alimentación y se encarga de pagarme los estudios (además de todos los demás gastos, para qué negarlo).
El motivo: mi manera de cagar las cosas, de arriesgar mis estudios y de pasar tres putos pueblos de todo.
Mi reacción: textualmente: ni de coña, olvídate.
Conclusión: más de cuatro horas (afortunadamente no todas seguidas, entonces me podría haber dado un síncope) de pura discusión, aderezada con lágrimas (no diré de quién), salpicada de reproches y recriminaciones, alusiones veladas y más amenazas (por ambas partes) en la que ninguno de los dos logró imponer su punto de vista e incluso se refugió más en su postura.
En cuanto me siento amenazada u obligada me radicalizo. Por lo que…dejaré de estudiar si me amenaza con enviarme a Madrid ahora. No me iré en contra de mi voluntad, eso seguro.