Podría hablar de que...
He empezado el año, como decirlo, mal. Llorando (cosa que hago de muy vez en cuando, pero cuando lo hago lo hago bien y a lo grande, hombre ya) y sintiéndome horriblemente mal por dos motivos, principalmente.
He recibido tremendas broncas, sorpresas (de las malas) y desplantes de gente a la que quiero (con toda mi alma) y no se que hacer para remediarlo.
He soñado que era Whitney Houston y robaba el dinero a unos mafiosos. Finalmente, me dieron caza y procedieron a ajusticiarme. Haciendo gala de una elocuencia maravillosa me permitieron que me desangrara hasta morir en lugar de rebanarme el cuello (seré masoca), circunstancia que aproveché para escabullirme como una rata. El sueño acababa cuando un amigo mío se quitaba el pene porque era lo que permitía que me reencarnara en otra persona (Freud se volvería loco conmigo).
Dando vueltas y mas vueltas en mi cama (no conciliaba el sueño) batí el record del mundo mundial en desplazamientos sin moverse del sitio, por encima incluso de los ciclistas estáticos. Esperando estoy para que me llamen para recoger el premio (¿qué será?)
El día de Reyes se organizó una fumada familiar con la cachimba (realmente se llama Narguile -o algo así- pero para aclararnos) que le habíamos regalado a mi madre. Ella, inquieta, pues también le habíamos regalado el Brain Trainer, nos preguntaba cual personalidad suya nos molaba más, si la fumada o la cerebral. Mutismo total.
Kelemvor y yo hemos decidido dejar las marchas de los jueves.
Llevo tres días enferma (por causas ajenas a mi voluntad, no es el típico síndrome del estudiante que vuelve a clase –entre otras cosas, porque no voy a clase), a base de gelatina y zumo de piña (¿relación?) y lo único por mi casa que me da mimos es mi perra, y sólo por las mañanas. Tristeza infinita. Me paso el día sollozando, a ver si mi madre me hace caso, una caricia, algo.
Definitivamente, tengo dos millones de neuronas desaparecidas. Me olvido de las cosas de un minuto para otro, tengo la capacidad de concentración de una oveja y el Brain Trainer me dice que mi edad mental es de sesenta y cinco años (importante sin duda la importancia del dichoso juego de marras ahora, es casi más importante en esta familia que Lola, y eso ya es decir).
El otro día, cuando salí de marcha vi a más gente conocida, amiga o simplemente fuera de lugar que en toda mi vida. Me pegúe toda la noche eufórica por ello. Tuve que hasta apuntarlo para contarlo a mis allegados.
Pero, realmente, lo que quiero contar no es nada de eso, sino que por fin, se ha ido. Sabes, ese peso que se tiene en la mente, cuando una persona ocupa tu pensamiento, aunque no le dediques realmente ni un minuto al día, pero sabes, que simplemente, está ahí, que en el momento más inoportuno saltará y volverás a recordar y demás. Pues, ese peso, ya no está. Simplemente, me descubrí pensando en que hacía tiempo que no pensaba en ella (a pesar de que, oficialmente, HACIA TIEMPO que no pensaba en ella). La verdad, es que siempre me olvido de cómo es olvidar. Quiero decir, siempre creo que lo sentiré físicamente; un día levantarte y decir “ya está, lo olvidé”. Pero es más lento, pasan los días y simplemente te das cuenta. Al contrario que otras veces, esta no he sentido más que alivio (hubo una vez en la que por olvidar al sujeto de mis penas sentí más pena, aún) y un peso que se me ha ido de encima.
Esperemos que no haya sido que haya bajado el kilito navideño, que entonces si que si.
Aunque bien pensado, probablemente lo haya bajado. Adiós dieta Special K, bienvenida dieta Gelatina-Piña.
He recibido tremendas broncas, sorpresas (de las malas) y desplantes de gente a la que quiero (con toda mi alma) y no se que hacer para remediarlo.
He soñado que era Whitney Houston y robaba el dinero a unos mafiosos. Finalmente, me dieron caza y procedieron a ajusticiarme. Haciendo gala de una elocuencia maravillosa me permitieron que me desangrara hasta morir en lugar de rebanarme el cuello (seré masoca), circunstancia que aproveché para escabullirme como una rata. El sueño acababa cuando un amigo mío se quitaba el pene porque era lo que permitía que me reencarnara en otra persona (Freud se volvería loco conmigo).
Dando vueltas y mas vueltas en mi cama (no conciliaba el sueño) batí el record del mundo mundial en desplazamientos sin moverse del sitio, por encima incluso de los ciclistas estáticos. Esperando estoy para que me llamen para recoger el premio (¿qué será?)
El día de Reyes se organizó una fumada familiar con la cachimba (realmente se llama Narguile -o algo así- pero para aclararnos) que le habíamos regalado a mi madre. Ella, inquieta, pues también le habíamos regalado el Brain Trainer, nos preguntaba cual personalidad suya nos molaba más, si la fumada o la cerebral. Mutismo total.
Kelemvor y yo hemos decidido dejar las marchas de los jueves.
Llevo tres días enferma (por causas ajenas a mi voluntad, no es el típico síndrome del estudiante que vuelve a clase –entre otras cosas, porque no voy a clase), a base de gelatina y zumo de piña (¿relación?) y lo único por mi casa que me da mimos es mi perra, y sólo por las mañanas. Tristeza infinita. Me paso el día sollozando, a ver si mi madre me hace caso, una caricia, algo.
Definitivamente, tengo dos millones de neuronas desaparecidas. Me olvido de las cosas de un minuto para otro, tengo la capacidad de concentración de una oveja y el Brain Trainer me dice que mi edad mental es de sesenta y cinco años (importante sin duda la importancia del dichoso juego de marras ahora, es casi más importante en esta familia que Lola, y eso ya es decir).
El otro día, cuando salí de marcha vi a más gente conocida, amiga o simplemente fuera de lugar que en toda mi vida. Me pegúe toda la noche eufórica por ello. Tuve que hasta apuntarlo para contarlo a mis allegados.
Pero, realmente, lo que quiero contar no es nada de eso, sino que por fin, se ha ido. Sabes, ese peso que se tiene en la mente, cuando una persona ocupa tu pensamiento, aunque no le dediques realmente ni un minuto al día, pero sabes, que simplemente, está ahí, que en el momento más inoportuno saltará y volverás a recordar y demás. Pues, ese peso, ya no está. Simplemente, me descubrí pensando en que hacía tiempo que no pensaba en ella (a pesar de que, oficialmente, HACIA TIEMPO que no pensaba en ella). La verdad, es que siempre me olvido de cómo es olvidar. Quiero decir, siempre creo que lo sentiré físicamente; un día levantarte y decir “ya está, lo olvidé”. Pero es más lento, pasan los días y simplemente te das cuenta. Al contrario que otras veces, esta no he sentido más que alivio (hubo una vez en la que por olvidar al sujeto de mis penas sentí más pena, aún) y un peso que se me ha ido de encima.
Esperemos que no haya sido que haya bajado el kilito navideño, que entonces si que si.
Aunque bien pensado, probablemente lo haya bajado. Adiós dieta Special K, bienvenida dieta Gelatina-Piña.
No te cortes:
Buena teoría, creo que tienes razón...me pasa muy a menudo. Así que a partir de ahora te haré caso y cada vez que me pase esto [día sí, día también...u.u'] pegaré "posits" por toda la pared: "Estoy enamorada" "Estoy realmente enamorada" "Le amo con todo mi corasoun", etc.
Muá!
Muá!
No te cortes:
Ay tonta, k no mencionas k parto la piña a kaxitos para hacerte el avion
No te cortes:
Siempre vuelve, aunque no sea con la misma intensidad o con el mismo sentimiento, pero vuelve. No el peso, sino la nostalgia, quizá un poco del sentimiento...no sé, yo nunca olvidé del todo.
Muá.
Muá.
No te cortes:
Siempre vuelve, aunque no sea con la misma intensidad o con el mismo sentimiento, pero vuelve. No el peso, sino la nostalgia, quizá un poco del sentimiento...no sé, yo nunca olvidé del todo.
Muá.
Muá.
No te cortes:
Esa sensación de "ya se ha ido!", es mentira. Vuelve. Efecto boomerang, que ya podÃa ser boomer y tirar el pensamiento cual chicle ya cansino.
Pero bueno, igual tu tienes suerte. Si es asÃ, receta plis. Osea, dirección del camello jajajaja
Un beso
Pero bueno, igual tu tienes suerte. Si es asÃ, receta plis. Osea, dirección del camello jajajaja
Un beso